Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

viernes, 15 de abril de 2011

Pepa y Pepe, Infantil,1er y 2º ciclo.

Guille y Pablo llevaron a casa dos huevos de gusanos de seda; eran como dos puntas de alfiler de color marrón oscuro. Se los habían regalado en el colegio y, ellos, los cogieron con mucho cuidado para no perderlos por el camino. Nada más llegar, los pusieron sobre un pañuelo blanco, dentro de una caja de zapatos y esperaron a que nacieran. Los miraban todos los días antes de irse a clase para ver si habían salido los gusanos, hasta que una mañana:

-¡Mamá, ya han nacido! -grito Guille-. Hay que buscar hojas de morera.

Los niños tenían en el jardín un árbol de moras. De sus ramas cogieron unas hojas muy verdes y brillantes, para que comieran tres veces al día. Pepa y Pepe, que así se llamaban los gusanitos, crecían muy rápido. Después de comer, les gustaba esconderse entre las hojas para descansar, por eso, cuando Guille y Pablo venían a verlos, no los encontraban. Iban levantando una a una las hojas de morera, pero no los veían:

-No están aquí ni aquí ni tampoco aquí. ¿Se habrán escapado?

Por fin, debajo de la tercera o cuarta hoja que levantaban, aparecían los dos gusanos:

-¡Qué bromistas son!-decía Pablo.

Pepa y Pepe se pusieron tan gordos como los dedos de la mano de Guille. Un día al volver del colegio, como de costumbre, los niños miraron la caja, levantaron todas las hojas de morera y no los encontraron. En su lugar vieron dos ovillos pequeños de hilo: uno de color rosa y otro amarillo. Fueron corriendo asustados a buscar a su mamá:

-Mamá, esta vez sí que se han escapado de verdad. No hay nada en la caja; solo dos bolas pegadas al cartón, que parecen dos bobinas de las que tú tienes para coser.

-A ver- dijo la madre-. ¡Claro! Sí que están, pero se han metido dentro de sus capullos. Tienen que hacerse una casita de hilos de seda y, ahí dentro, se quedarán dormidos, hasta que se conviertan en mariposas. Cuando estén preparadas, saldrán del capullo. ¡Ya lo veréis! Pero, antes, vamos a despegarlos del cartón y los colocaremos encima de otro pañuelo limpio, para que cuando pongan los huevos se vean bien.

-¿Es que las mariposas ponen huevos? Yo me creía que los ponían los gusanos -comentó Pablo.

Guille y Pablo, todas las mañanas, se asomaban a su caja de zapatos para ver, si las dos bolitas de seda habían sufrido algún cambio. Un día, observaron que los capullos se estaban moviendo. Por un agujerito muy pequeño aparecieron unas patitas negras que, poco a poco, lo fueron haciendo más grande, hasta que con un gran esfuerzo, como si se estuvieran quitando un saco de dormir muy apretado, salieron Pepa y Pepe convertidos en dos mariposas blancas un poco peludas.

-Mamá, ya han salido las mariposas. ¡Qué feas son!-dijeron los niños.

-No son ni feas ni bonitas: son así, porque así tienen que ser, la naturaleza es muy sabia.

De vez en cuando, los niños se acercaban a la caja y las oían revolotear, parecía que estaban bailando. A los pocos días, una de ellas puso un montón de huevos y los chicos se alegraron mucho.

-El año que viene se repetirá la historia- les dijo su madre.

-Mamá, parece magia ¿verdad? -dijo Pablo sorprendido ante la transformación que habían sufrido los gusanos.

-Sí hijo, en la naturaleza todo es mágico y, a la vez, normal; ya lo entenderéis cuando seáis mayores.

Los niños se miraron sorprendidos ante la explicación de su madre; de verdad tendrían que esperar un poco más para comprenderlo mejor.



Ilustración: Otra vez vuelve a ser Guille el que me adorne el cuento y, de verdad, que el niño que ha dibujado es igualito a Pablo.

domingo, 3 de abril de 2011

Visita al colegio Jesús María



La autora de este precioso dibujo ha sido la niña Clara García Ayala 3ºB Infantil Esta simpática ranita bañandose en la charca es obra del niño Santiago Colomer Andreu 3º A Infantil








Este dibujo ha sido realizado por la niña Carmen Moreno Alcazar 3º C

Infantil





El jueves día 31 de marzo, saqué a pasear a La Ranita Rafaelita. Ella tenía muchas ganas de ver a los niños en el colegio, así es que la llevé a visitarlos al colegio de Jesús María. Los niños y niñas de Infantil de cinco años de ese Centro se portaron estupendamente. Las profesoras Montserrat Ortega, Pilar Hernández y Leonor Franco los colocaron a todos juntos, en una sala muy grande, sentados en corro para que oyesen mejor el cuento que les iba a leer. Me di cuenta de que estos niños saben mucho de abuelas, animales y colores. Hablamos de las abuelas; les pregunté qué cuantas cosas hacían con ellos y me contestaron que: -Las abuelas sirven para abrazar, para coser, para dar cariño, para rezar, para preparar la comida y para contar cuentos. Después hablamos de los animales ¡Madre mía! Casi no quedaron animales sin nombrar; por último repasamos los colores del Arco Iris y les leí el cuento. Después, en clase con sus tutoras, hicieron unos preciosos dibujos de los que he puesto una muestra. Espero que se divirtieran tanto como la ranita y yo. Volveré otro día con más cuentos.

viernes, 1 de abril de 2011

Guille y Pablo 1: Los amigos de Guille, infantil y 1er ciclo


Guille y sus amigos.

Guille tiene tres años y muchas mascotas: Nana, una perrita blanca,  Pongo, un hermoso dálmata y Paco, un pato blanco, con unas manchas negras en la cabeza y en las alas. 
 Además de todas sus mascotas, tiene una colección muy grande de  animales de juguete. 
Cuando está en casa de los abuelos, mientras llegan sus papás, su abuela y él eligen cada tarde un cuento distinto, siempre de animales, claro está, y repasan, juntos, todos los nombres de los mismos, desde los más corrientes a los más raros; Guille se los sabe todos. También leen un libro de adivinanzas de cuando su tía  Paloma era pequeña. Hay dos   que se sabe de memoria. Dicen así:
Alto altanero
Gran caballero,
Gorro de grana
Capa dorada
Espuela de acero
-¿Qué es? –le pregunta la abuela.
  Guille, con  ojos  pícaros y  simpática sonrisa, le responde:
-El gallo.
Después, leen otra:
Animal de buen olfato
Cazador dentro de casa
Rincón por rincón repasa
Y lame, si pilla, un plato.
-¿Qué es? Vuelve a preguntar la abuela:
-El gato, contesta muy ufano Guille.
  Ha llegado la primavera y el pato Paco, ha crecido mucho. A veces se pelea con Nana, porque ella es una perra de caza. Un día al volver del mercado, ven a Paco con el ala rota. Los padres de Guille le han curado con mucho cuidado, pero tienen que buscar una solución: algún día, Nana le puede hacer mucho daño. 
-Guille, hemos pensado que ya va siendo hora de llevar a Paco con sus amigos. No querrás que viva solo sin familia  -le dice su mamá.
Guille se queda pensativo: sabe que sus padres tienen razón.
-Vamos a llevarlo a un sitio en donde hay muchos patos y patas. Así, cuando sea mayor, podrá tener hijitos y compañía.
Al día siguiente lo llevan al estanque. Lo cogen con mucho cuidado y lo meten en una caja para que no se dañe durante el trayecto.
Cuando llegan al parque, lo sacan y lo ponen sobre el césped que rodea el estanque. Llega el momento de dejarlo con sus amigos
Paco, en cuanto ve el agua, sale corriendo con mucha gracia, moviendo la cola de derecha a izquierda y se zambulle en el agua enseguida.
-¡Adiós Paco! -dice Guille-. Papá, Paco no se ha despedido de mí.
-Sí que lo ha hecho, ¿no has visto cómo movía la cola para los lados diciendo adiós? Los patos  se despiden de esa manera.
  Guille está feliz, desde dónde está ve a su amigo deslizarse por el estanque  como si lo hubiera hecho durante toda la vida. Esta noche, Guille se ha acostado pensando en él. 
-Mamá, ¿Paco tendrá miedo  de noche?
-No, no lo creo, los patos viven en el agua. Seguro que duerme mejor que nunca. Dame un beso y sueña con los angelitos.
Guille se duerme, pero no sueña con los angelitos como le ha dicho su madre, sino con el gran estanque del parque y con Paco. En su sueño, lleva un flotador amarillo y Guille se baña con Paco y sus amigos. 




La ilustración es de mi nieto Guillermo.

El caracol pianista Infantil,1er.ciclo y 2º ciclo


Lucía se levantó temprano como todos los días para realizar sus ejercicios de piano.¡Ni ahora en vacaciones, podía verse libre de Bela Bartok! Tenía que practicar, antes de bajar a nadar a la piscina; le había prometido a sus padres que lo haría y, ella, siempre cumplía sus promesas. Cuando puso sus dedos sobre las teclas, notó algo húmedo y pegajoso.

-¡Qué asco! Tía ven, hay algo mojado encima del teclado.

El día anterior había olvidado bajar la tapa; sabía que debía cerrarlo siempre para evitar el polvo, pero estaba muy cansada y no lo hizo. María que estaba en la cocina, ante los gritos de la niña, dejó lo que estaba haciendo y fue corriendo hacia el salón.

-¡Qué exagerada eres! Baja la cabeza y mira de lado las teclas ¿Qué ves?

La niña colocó su cabeza apoyada sobre el piano y vio unas líneas brillantes que parecían hechas con rotulador.

-Son rastros de un caracol. Ha pasado por encima de las teclas; no creo que sea para chillar tanto. Si lo hubieses cerrado, no se hubiera manchado-le reprendió su tía .

Después de limpiarlo, Lucía empezó a calentar los dedos. Antes de interpretar la melodía tenía que hacer unas cuantas escalas. Una de las veces, levantó los ojos y, justo, entre las fotografías de su abuela y su hermano Marcos, que estaban colocadas encima del piano, se encontró con el pequeño animalito que había dejado el surco de baba. Se notaba que estaba a gusto, relajado, con los cuernos muy estirados, mirando y escuchando como si estuviese asistiendo a un concierto. La niña, asombrada, se dirigió a él:

-Parece que te gusta la música ¿Eh amiguito?

Entonces, Lucía quiso comprobar si de verdad la estaba escuchando o se había subido al piano por casualidad. Empezó a tocar un vals y, después, cambió el ritmo y pasó a una polka; los cuernecillos del caracol se movieron al mismo compás que ella marcó con su música. ¡Estaba siguiendo la melodía! De repente, el caracol empezó a bajar, deslizándose por la pared del instrumento hasta que llegó al teclado y, suavemente, se subió encima de uno de sus dedos. ¡Era tan pequeño!

-¡Es estupendo! Quieres tocar conmigo ¿Verdad? El caracol se pegó fuertemente a la mano de Lucía y, con ella, se movió tan rápido como nunca había podido soñar. Había tocado el piano con la niña que veía todos los días desde el jardín. La mamá caracol, desde la ventana, le miraba con cara de susto.

-Ves mamá -dijo Caracolín muy divertido-, como no ha pasado nada. He sido pianista durante un rato. Hoy he cumplido mi sueño.

-Este hijo mío un día se va a meter en un problema gordo.

Después, ante la cara pasmada de su madre, Caracolín disfrutó como nunca moviéndose al compás de un pasodoble que Lucía interpretó para él.



Ilustración: Como podéis ver, mi nieto Guille me ha hecho otro precioso dibujo para ilustrar este cuento. A veces, abuso un poco de él, pero como le gusta tanto dibujar, nunca protesta.Seguro que lo encontráis muy bonito.