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¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

domingo, 6 de mayo de 2012

Julia, la niña que no quería aprender a leer.Educación Infantil y 1er. ciclo.





Julia tenía seis años, unos ojos azules  preciosos y unas ganas tremendas de aprenderlo todo. En el colegio, siempre estaba muy atenta escuchando las explicaciones de la profesora; en su casa, cuando sus padres conversaban, les prestaba mucha atención para no perderse ni un detalle de su charla y, cuando salían las noticias por la tele, se sentaba en el sofá y estaba allí calladita hasta que su papá decía:
-Julia, es la hora de cenar; venga vamos a la cocina- y, como si la estuviesen separando de un programa divertidísimo de dibujos animados, se levantaba a regañadientes detrás de él porque todavía no había terminado el telediario.
Por todo lo que os he contado anteriormente es por lo que su profesora se extrañaba tanto de una cosa: Julia no tenía ningún interés en aprender a leer. Daba igual que Dña. Pepita le pusiera los dibujos más bonitos  en la pizarra para que memorizase la L o la M, que las fichas fueran divertidas o que cantasen canciones con las letras; ella lo hacía todo  pero con una desgana tan grande que la maestra se enfadaba y le decía:
-Julia, ¡cómo es posible que sepas el nombre de los continentes y las tablas de multiplicar y no quieras aprender como se lee la M con la A! No lo entiendo.
Julia la escuchaba y se callaba, ella tenía un secreto que no le había contado a nadie.
Su madre, todos los días, a la hora de acostarse entraba en su dormitorio y le leía un cuento. Ella tenía una voz preciosa, suave y acariciadora y la niña que se había acostumbrado a escucharla antes de dormirse, no se imaginaba una noche sin la cálida presencia de su madre recostada  a su lado,  con su cabeza apoyada sobre la almohada.
En una ocasión en que su mamá había vuelto muy cansada del trabajo, después de salir de su cuarto como todas las noches, Julia oyó que su padre susurraba en voz baja:
-¡Qué ganas tengo de que aprenda las letras! Así no tendrás que leerle más cuentos y podrá hacerlo ella sola.
-No me importa, sé que a ella le gusta-le contestó su madre mientras estaban en la cocina preparando la cena.
Julia les escuchó arrebujada debajo de su edredón y no le gustó ni una pizca lo que había oído; pensó que por nada del mundo querría dejar de oír la preciosa voz  de su madre antes de dormirse, eso le ayudaba a no tener pesadillas, así que, allí mismo lo decidió, no aprendería nunca a leer y, su madre, no tendría más remedio que  seguir leyéndole cuentos hasta que fuese muy mayor.
El trimestre estaba terminando y la niña seguía sin prestarle la menor atención al libro de lectura; llegó el invierno y, un día, el termómetro marcó 4 grados bajo cero. Esa noche, la mamá de Julia subió como de costumbre a su habitación con un  cuento bajo el brazo decidida a leérselo, pero  cuando quiso pronunciar la primera palabra del mismo, se dio cuenta de que no  salía ni el más leve sonido de su garganta, intentó volver a empezar pero sus cuerdas vocales se negaban a emitir lo más mínimo; se había constipado y, por consiguiente había perdido la voz.  Aquella noche, Julia se acostó sin su cuento y, cuando se durmió, una pesadilla terrible apareció en su sueño. Soñó que iba con sus padres al médico que cura las gargantas de los niños afónicos. Este señor los recibió en un despacho de paredes muy altas pintadas de negro, con muebles  negros y vestido con una bata también de ese color. En la puerta de su despacho se podía ver este letrero “OTORRINOLARINGÓLOGO” claro que Julia no pudo entender lo que allí decía. Cuando se levantó del sillón  negro en el que estaba sentado avanzó hacia ellas con  cara de mal genio y, señalándola con el dedo, le decía:




-Julia, por tu culpa, a tu madre se le ha gastado la voz; eres una niña egoísta, en lugar de aprender pronto a leer, la has obligado a que fuerce tanto la garganta que ya no podrá hablar nunca más.
El médico  se iba acercando más y más de forma amenazadora y  la fue arrinconando contra la pared hasta que Julia empezó a llorar y a chillar:
-¡No quiero que mi mamá se quede sin voz, voy a aprender a leer para que ya no tenga que esforzarse más! y, así, seguía y seguía suspirando entre sollozos. En ese momento entró el padre de Julia:
-¡Despierta, despierta! Tienes una pesadilla, estás soñando.
Julia abrió los ojos y vio a su lado a su papá:
-¿Y mamá? ¿Está mejor?
-Sí, me ha dicho que te lleve a la cama con nosotros.
Aquella noche Julia durmió entre sus padres y ya no tuvo más pesadillas.
A la mañana siguiente, cuando llegó al colegio, Dña. Pepita observó que se había realizado un cambió en la niña; estaba atendiendo a la pizarra e intentaba leer con sus compañeras. Desde ese día, para ella,  leer fue  coser y cantar. Primero juntó la M, la L, y la S con las vocales y enseguida supo  que se leían Ma, Me, Mi, Mo, Mu, La, Le, Li, Lo, Lu y Sa, SE, Si, So, Su. Luego vinieron sílabas más difíciles como Pra, Pre, Pri, Pro, Pru o Bla, Ble, BLi,  Blo, Blu. Después Trans, Cons  y otras por el estilo y, tras algún esfuerzo más, consiguió leer todas las páginas de su libro de lectura. Por fin había aprendido a leer y pudo descubrir que leer sola, sin necesitar a nadie, también era algo muy bonito.
Todos estaban muy contentos con ella, especialmente Dña. Pepita que al final había visto recompensados todos sus esfuerzos. De todas maneras, su madre siguió leyéndole todas las noches un cuento pero, cuando Julia la veía  con mala cara o con ojeras, le preguntaba:
-Mamá ¿estás cansada esta noche?-, y si le notaba la voz un poco afónica le decía-Hoy no hace falta que me leas nada, te lo voy a leer yo a ti. Entonces la madre de Julia la miraba agradecida con una sonrisa y era ella la que se recostaba para escuchar a su hija. Así Julia comprendió que saber leer no era malo sino todo lo contrario, porque aunque su mamá seguía contándole cuentos por las noches, de vez en cuando, ella podía echarla una mano para que no se cansase demasiado.

Julia,según mi nieto Guille. Este dibujo lo ha hecho co un programa que tiene en su ordenador.


Los otros dibujos están sacados de internet. Uno de ellos coloreado por LuUci. Espero que os gusten

10 comentarios:

Sònia Pascual dijo...

Conchita, que te voy a decir, no tengo palabras, precioso como todos tus cuentos!! Has visto lo que hacen a veces los niños para tener cerca a sus padres siempre?? Los niños hemos sido egoístas, pero para tener a sus padres cerca (lo más valioso para ellos, hacen cosas para llamar su atención) Es increíble, lo que los padres necesitan a sus hijos..pero los hijos escondemos muchos sentimientos para no hacer notar lo mucho que necesitamos a nuestros padres,..de formas sutiles porque no saben expresar igual sus sentimientos que los mayores,...pero todos los sentimientos son igual de buenos...Precisamente ayer vi una pelicula de un niño que me marcó mucho..y se titula "Marcado por el silencio" (un niño que se queda sin poder hablar para no hacer sufrir a sus padres).
ConclusióN. Creo que los niños, y todos lo hemos sido y lo somos en muchos momentos, tienen sentimientos y secretos enormes..que no sabe expresar pero son igual de valiosos que los de los mayores.

Gracias !!

Un beso

Conchita dijo...

Querida Sonia, se que haces una labor estupenda con los niños enfermos.Estoy muy contenta de que les leas mis cuentos y sueñen un poquito con ellos.

Elizabeth Segoviano dijo...

que cuento mas hermoso y encantador ... debo confesar que me llegó al corazón :) que mensaje tan lindo nos dejas!!!!!!!!! me encantó!!!!

Jose Miguel dijo...

Precioso relato, es más estoy con Julia, yo también recuerdo los momentos esos en los que mi madre me leía cuentos, pero sobre todo recuerdo las canciones que me cantaba!!!! No me extraña que ella no quisiese aprender a leer, yo no tuve el valor!!! Muchos Besos

Conchita dijo...

José Miguel, qué comentario más bonito.No me podía imaginar que te acordases de mis canciones.No las olvides nunca, porque luego tendrás que cantárselas a tus hijos para que te digan algo tan bonito como lo que me has escrito aquí.
Un besazo muy muy fuerte
Tu madre.

Teresa Fieltrovitz dijo...

Precioso Conchita! Me ha encantado tu cuento! Eres una gran maestra! Con tu permiso, se lo voy a contar a mis sobris! aunque tal vez la afónica sea yo, porque tengo 10! jajaja, un besote

Conchita dijo...

Teresa , me "encanta" que te "encante". Si no quieres quedarte afónica, juntalos en casa, les das una buena merienda y se lo lees a todos juntos.
Un abrazo.

Dulce Luna dijo...

Cada cuento q leo mas emoción me transmite. Tu blog es precioso, una pequeña joya. Enhorabuena. Pasate por mi blog q te he mencionado en un premio. Un beso (la cara dulce de la luna)

Las Mellis dijo...

Hola, Conchita!!

Qué cuento tan bonito, nos ha encantado!!!
Aquí estamos las dos llorando....

Y qué comentarios tan sentidos los de tus seguidores.

Josemi de momento me canta a mí tus canciones, son preciosas!!!

Mil besos de nuestra parte.

Roro dijo...

Que preciosidad de cuento. Yo acabo de empezar a escribir también un blog de cuentos personalizados y seria un honor que me dieras tu opinión.
http://dondeseescondenlashadas.blogspot.com.es/

Me encanta tu blog, voy a seguirte para no perderme ninguno, son preciosos

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