Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

lunes, 18 de marzo de 2013

El mejor padre del mundo.Para todos los padres, en su día.

Para escribir este cuento me he inspirado en un precioso reportaje de la segunda cadena sobre los pingüinos emperador, espero que os guste.

El mejor padre del mundo.

El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una  mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta  que se fueron perfilando sus  siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían  buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather  la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y  se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras  las madres se marchaban  a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él.  Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
 Habían pasado dos meses aproximadamente y  los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin  un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que  llevaba más de dos  meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos  no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar  debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy  oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de  Pinkfeather y Whitefeather  que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres,  y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron  a sus parejas;  cada  macho tenía una llamada inconfundible que  las guiaba  hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre,  a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos.  Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White  esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King  y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían  la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá  y a su mamá por la colonia de cría.  Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían,  no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos,  no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron  en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a  su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.

Los pingüinos emperador son  padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse   de la colonia de cría  a temperaturas  de -40ª y vientos muy fuertes, y están sin comer muchos días. ¿¡Os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador!?


El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una  mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta  que se fueron perfilando sus  siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían  buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather  la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y  se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras  las madres se marchaban  a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él.  Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
 Habían pasado dos meses aproximadamente y  los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin  un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que  llevaba más de dos  meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos  no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar  debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy  oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de  Pinkfeather y Whitefeather  que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres,  y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron  a sus parejas;  cada  macho tenía una llamada inconfundible que  las guiaba  hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre,  a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos.  Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White  esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King  y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían  la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá  y a su mamá por la colonia de cría.  Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían,  no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos,  no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron  en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a  su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.


Aptenodytes forsteri -Snow Hill Island, Antarctica -adults and juvenile-8.jpg

Los pingüinos emperador son  padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse   de la colonia de cría temperaturas  de -40ª y vientos muy fuertes, además están sin comer muchos días. Queridos niños, os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador, por eso les rindo este pequeño homenaje en el día del padre.
Si queréis más información sobre este tema, podéis consultar esta página
http://es.wikipedia.org/wiki/Aptenodytes_forsteri
 Las fotos las he cogido prestadas de esta página; espero que no les moleste, ya que no lo hago con ánimo de lucro.

martes, 5 de marzo de 2013

Visita al Colegio Virgen de la Fuensanta, Educación infantil.


La pasada navidad fui a mi colegio invitada por María y Noelia, dos profesoras de educación infantil, para contar un cuento navideño a sus alumnos, ellas dan clase  a niños de 5 años. Elegí “Los chupetes y los tres reyes magos” que acababa de subir a mi blog porque estaba gustando mucho a todos los que lo leían; luego, debido a circunstancias imprevisibles, no he podido contaros esa visita ni  subir las fotos que nos hicimos; ahora intentaré hacer un pequeño reportaje sobre la misma.
Entré en  mi cole, con mucha ilusión, siempre me ocurre cuando llego allí. En sus aulas he dejado muchas horas de mi vida, por eso le tengo mucho cariño. En la puerta del aula de tercero de Educación Infantil, me recibió un pequeño belén que habían montado con figuritas de papel y que tenían las caritas de todos los niños de esa clase, ¿a qué os gusta? A mí me pareció muy gracioso. Mirad las fotos.
Los niños y niñas me recibieron con mucha alegría porque a ellos les gusta mucho que les cuenten cuentos y, además, el tema de los chupetes es algo que tienen muy cercano todavía; muchos recordaban lo que les había costado dejar el chupete para hacerse mayores. Aquí os pongo el enlace del cuento por si lo queréis volver a leer. http://laabuelaatomica.blogspot.com.es/2012/12/los-chupetes-y-los-tres-reyes-magos.html
Dibujos realizados por los niños y niñas de tercero de Educación Infantil.



 Lo que más les llamó la atención fue que los reyes convirtieran los chupetes en grandes pelotas con los nombres de los niños que habían dejado de usarlos y que saltaban tanto que llegaban a las estrellas. Después de contárselo  les pregunté qué era lo que habían hecho ellos con los suyos, algunos me dijeron que los habían tirado a la basura y otro me dijo que su madre lo había enganchado en un globo y había salido volando hacia el cielo. También me dieron ideas sobre lo que se podría hacer para reciclarlos y el más emprendedor sugirió  montar una fábrica para hacer balones de goma. Pasamos un rato muy agradable. Luego, los niños  hicieron unos dibujos muy bonitos  sobre el árbol de los juguetes de mi cuento; como no puedo ponerlos todos, he elegido  por azar unos pocos, aunque todos  eran igual de   artísticos.


Antes de marcharme me hablaron del proyecto en el que estaban trabajando: El vocabulario de El Quijote; me pareció estupendo que desde pequeños le den tanta importancia a una  de  las obras más importantes de la literatura. Para trabajar el vocabulario habían hecho muchos disfraces de la época y los niños estaban entusiasmados: había un traje completo de D. Quijote con la armadura, la celada, la adarga, la bacía de barbero y un montón de objetos mas que van trabajando según la letra que toca esa semana.  Me dijeron que ahora, como cierre de este trabajo tan enriquecedor iban a hacer un viaje para que los niños vieran Los Molinos que tantos problemas le dieron a D. Quijote en uno de sus capítulos. Pasarán por Alcázar de San Juan, Almagro, Las Tablas de Daimiel…  En fin, que me fui muy contenta al comprobar que la escuela pública seguirá funcionando mientras haya profesoras que la defiendan tan bién como María y Noelia.
Contando el cuento
 

domingo, 3 de marzo de 2013

Guille y Pablo. Guille y las tortugas moras. Educación infantil y 1º y 2º ciclo de primaria.






Han pasado varios meses desde que están en su nueva casa y Guille  quiere tener sus tortugas. Todos los días le pregunta a su mamá que cuándo van a ir a recogerlas.
-Todavía no hemos preparado bien el terreno-,les dice siempre su padre pero, un día, harto ya de  oírles protestar, se levanta temprano y arregla toda la zona en dónde van a vivir sus tortugas. Remueve la tierra para que esté blanda y cuando llegue el invierno se puedan esconder fácilmente; también,  les ha construido una cueva, ha puesto una valla de madera para que no se salgan de su sitio, ha plantado muchas hierbas aromáticas: romero, tomillo, lavanda y aloe, y ha hecho unos agujeros en la tierra en donde ha puesto unos platos hondos con agua para que se puedan bañar.
-Papá, los niños de mi clase no se creen que a las tortugas de tierra les guste el agua. Me dicen que me he inventado eso de que se bañan-, le comenta Guille un poco enfadado.
-No te preocupes, cuando las tengamos aquí, los traes  un día para que vean que es verdad lo que dices.
Guille se pone muy contento al oír a su padre, por fin van a ver que no miente.
Ya tienen el terreno preparado, así que una tarde van a casa de su abuela a recogerlas. Son cuatro hembras y dos machos que ya están muy grandes.
-Mamá, ¿cómo distingues a las hembras de los machos? –, pregunta Guille.
-Las hembras tienen  un tamaño doble al del macho y la cola ancha y corta;  los machos la tienen estrecha y larga –le responde.
Han llevado una caja grande para meterlas y su abuela se ha puesto un poco triste porque a ella le gustaba  mucho cuidarlas.
-No te preocupes abuela, que en cuanto críen, te traemos alguna para que te hagan compañía-,le dice Guille para consolarla.
Ya las tienen en casa y van a ser Guille y Pablo los que se encarguen de alimentarlas;
 les ponen lechuga, rúcula y canónigos, en fin, las verduras que les gusta comer.
Una mañana, cuando han ido a darles la comida, han visto que una de ellas tiene dos bultos en los oídos y casi no puede mover la cabeza. Tampoco la puede meter dentro de la concha porque la tiene tan inflamada que no le cabe.
-Bonita se ha puesto enferma, vamos a separarla de las otras. La pondremos en una caja con tierra y comida y veremos qué pasa – les dice su madre un poco preocupada.
Bonita fue la primera cría de tortuga que nació en casa de su madre cuando ella todavía era soltera. Le costó mucho trabajo sacarla adelante, por eso la tienen mucho cariño. Como ven que han pasado dos días y la tortuguita no tiene ganas de comer, la mamá dice a los niños:
-Esta tarde, cuando vuelva de trabajar, la vamos a llevar a la veterinaria.
Por la tarde cogen a Bonita en su caja y van a la consulta.
La veterinaria mira a la tortuga, pero parece que no sabe mucho de las afecciones de estos animales.
-Lo siento,  pero no sé qué enfermedad puede tener vuestra tortuga. Tenéis que llevarla a la Facultad de Veterinaria, allí hay un departamento especializado en animales exóticos-, les dice disculpándose al ver que no puede solucionarles el problema.
Piden hora como si fueran a ir al médico y cuando el veterinario la ve, les dice:
-La tortuga tiene una gran infección de oídos, sino la operamos, se morirá.
Bonita tiene cada vez más hinchada la cabeza, los niños no quieren que  se muera y empiezan a llorar cuando le oyen. Al verlos así, su mamá le pregunta que cuando puede operarla:
-Puedo el viernes a las ocho de la mañana-,le contesta-, Mientras cuídenla mucho. Que coma rúcula, canónigos y brócoli, porque son verduras que tienen mucho alimento.
-De acuerdo -responde Mayca-, no se preocupe que la cuidaremos muy bien hasta el viernes.
Le han puesto toda la comida que les ha recomendado, pero la tortuga se encuentra mal y casi no come. Todos están muy preocupados.
 Cuando llega el día fijado, a las ocho en punto, Mayca y Guille están en la Facultad de Veterinaria para dejar a Bonita. Pablo no ha podido ir porque se ha resfriado y tiene mucha tos, así es que se ha quedado con sus abuelos.
 El profesor les aconseja que no se preocupen que todo va a salir bien y ellos se van más tranquilos.
Por la tarde suben a por la enferma:
-Tenía una infección tan fuerte que si no la hubiésemos operado, se hubiera muerto sin remedio -les dice el profesor.
Después de escuchar todas las recomendaciones para su cuidado, se la llevan  a casa.
El veterinario les ha dicho que la bañen en una piscina pequeña porque ellas hacen caca en el agua. Bonita no hace nada:
-Todavía no tiene ganas de comer, le dolerá la mandíbula y por eso no quiere abrir la boca -dice Guille a Pablito.
Pasan los días y, poco a poco, se la ve más contenta. Se baña y hace todas sus necesidades en el agua.
-Eso es señal de que está comiendo, Bonita está fuera de peligro, la pondremos junto a sus hermanas--comenta Mayca, muy feliz  al verla  sana y salva.
Está entrando el otoño. Dentro de poco, el frio aparecerá y todas las tortugas hibernarán. Se esconderán entre la tierra y dejaremos de verlas durante todo el invierno - le dice la mamá a Pablo.
-¿Y cómo comen si están enterradas? pregunta Pablo.
-Durante este tiempo, las tortugas están como dormidas y no necesitan comer. Eso les pasa a muchos animales, por ejemplo a los osos-,le explica Guille a su hermano.
-¿Al oso Yogui también?
-Sí, y a Bubu-, añade Guille riéndose de la ocurrencia de su hermano
 Guille ya sabe eso porque es más mayor y ha visto que todos los años ocurre lo mismo con esos animales, pero Pablito no.
Antes, era muy pequeño para darse cuenta de esas cosas. Ahora, como ya va a cumplir cuatro años, su mamá empieza a explicarle algunas costumbres de los animales para que vaya aprendiendo a comprender lo maravillosa que es la naturaleza que les rodea.

 La fotografía de la tortuga está sacada de internet.

Guille y Pablo:Guille y Pablo se mudan. Educación infantil y 1er. ciclo de primaria.

 
Guille y Pablo ya tienen casa nueva. Ha pasado mucho tiempo desde que fueron por primera vez a ver el lugar en dónde se la iban a construir pero, por fin, ya está terminada. Los chicos están muy ilusionados con cambiarse de domicilio, entre otras cosas, porque  podrán traerse de una vez  sus tortugas moras. Su madre las tiene desde hace quince años aproximadamente. Ahora, se las está cuidando su abuela Lola porque ella tiene un jardín muy grande. En la casa nueva tienen mucho sitio y su mamá dice que allí van a estar muy contentas. Han ido a comprar cajas de cartón a unos grandes almacenes y llevan haciendo paquetes  varios días. Ellos han guardado sus juguetes y sus cuentos, y ya los tienen preparados para cuando se tengan que marchar, están esperando a tener la cocina preparada. Hoy ha llegado su papá y ha dicho:
-Chicos, ya está la cocina puesta.
-¡Bien, bien!-, gritan los niños ya podemos irnos.
Guille y Pablo  están muy contentos, hoy es la primera noche que van a pasar  cada uno en su habitación nueva  pero,  cuando se acuestan y su mamá les apaga la luz, empiezan a escuchar ruidos sospechosos  a los que no están acostumbrados, les entra  mucho miedo y no se pueden dormir.
-¡Mamá! -, dice Pablo gritando para que le oiga-, ¿puedo ir a dormir con Guille?, es que tengo miedo.
-Bueno, por esta noche, vale-, le contesta su madre desde su habitación.
Dibujo realizado por mi nieto Guille.
Le sacan la cama supletoria que hay debajo de la de su hermano y los dos se acuestan juntos, pero ni por esas se pueden quedar dormidos. Esa casa  es muy grande y está muy oscura.  Por mucho que les han explicado  que no tienen que preocuparse, que no les va a pasar nada, siguen con miedo y cuando se duermen tienen pesadillas.  Al final, esa noche, su madre también tiene que dormir con ellos. A la mañana siguiente, los niños se levantan muy contentos, quieren jugar en el jardín y  ver a su primo Quique, que a partir de hoy es su vecino. Se asoman a la ventana y pueden hablar con él. Eso a ellos les gusta mucho. Quique es más pequeño, es como Pocoyo pero sin casco azul y anda, corre y se mueve como el personaje de la serie. Ese día juegan  sin parar, unas veces en casa de Quique y otras en su casa. Colocan todos los animales de juguete en el suelo y una serpiente muy grande de goma la enrollan en un árbol de manera que parece de verdad. Una señora que se ha asomado por la verja, para ver lo que hay dentro,  ha tocado al timbre de la puerta muy asustada:
-¡Mire, le llamo para avisarles de que tienen una culebra en el jardín y los niños están jugando muy cerca de ella!
Mayca, la mamá de los Guille y Pablo,  la tranquiliza:
-Gracias por avisar pero, aunque parece de verdad, es una culebra de goma-, le aclara muerta de risa.
-¡No sabe el susto que me he llevado!, le contesta la señora al otro lado del telefonillo.
Cuando se va la vecina curiosa, la madre llama a los niños:
-Guille, quita la culebra de goma del árbol, que nos van a estar  llamando todos los vecinos. ¿No ves que parece auténtica?-, les dice la mamá aguantándose, todavía, la risa.
Los niños  también se ríen, por cotilla, se ha llevado un buen susto. Si no se hubiese asomado para ver lo que había dentro, no se hubiera alarmado tanto.
La que está contentísima es Cheetah. No para de correr y de dar vueltas alrededor de la casa. Ahora sí que va a hacer ejercicio.
Los niños están impaciente por traerse las tortugas.
-Mamá, ¿cuándo vamos a ir a casa de la abuela Lola a por las tortugas?-, le preguntan .
-Todavía no podemos, tenemos que acondicionar el sitio en donde las vamos a poner. No os preocupéis que iremos pronto a por ellas.
 A Guille y a Pablo les gusta mucho su casa de día pero cuando es de noche empieza a entrarles miedo porque ven muchas sombras y oyen ruidos bastante raros. Su madre tiene que estar con ellos hasta que se duermen.
-No os preocupéis, ya veréis como poco a poco os vais acostumbrando a dormir aquí-, les dice siempre para tranquilizarlos.
A los pocos días, ya están familiarizados con todo lo que les rodea y duermen solos. Cada vez están más a gusto.
-
Las ilustraciones las he tomado de distintas páginas de internet sobre mudanzas y miedos nocturnos, espero que sus creadores no lo tomen a mal, ya que mi blog no tiene ningún ánimo de lucro.