Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

sábado, 17 de mayo de 2014

Mi niña tiene un pollito. Poesía para educación infantil.

 
 
Viendo el vídeo de esta niña, me quedé prendada de su desparpajo y sus ganas de trabajar, así que se me ocurrió inmediatamente una sencilla poesía que le dedico con mucho cariño.
 
 
 
 
 



                                                   
                                                  Mi niña tiene un pollito
 
Mi niña tiene un pollito

que no la deja estudiar.

Se pasea por  la mesa

¡no para de fastidiar!

Estate quieto pollito

 no me puedo concentrar,

   mañana tengo un examen

y me van a castigar.

El pollito se ha aburrido,

no tiene con quien jugar

y con la cabeza gacha

   se ha marchado a descansar.
 
                                                             


 
Little Chick Stock Vector - 4812711


El dibujo del pollito lo he sacado de Internet, de la página http://www.123rf.com/photo_4812711_little-chick.html Dibujos de pollitos.

lunes, 5 de mayo de 2014

Las aventuras de Pablo. Para todas las edades.

 
Pablo con su hermano y su primo jugando al fút
 
 


     En este cuento he puesto, con mucho cariño, algunas anecdotas de la vida de mi nieto Pablo.Yo he ido escribiendo, en forma de cuentos, las cosas que me han hecho gracia de él  y de su hermano. Lo mismo que iba recogiendo los dibujos que Guille ha hecho durante mucho tiempo y que guardo como un tesoro en una carpeta.Aquí esta el resultado,espero que os guste.
 

 -¡Pablo ha nacido!– dice la tía Paloma muy contenta-, venga, vamos todos a verlo.
Guille está muy nervioso, va a conocer a su hermano y piensa que ya no se separará más de él. Al entrar en la habitación del hospital, ve a su mamá que le llama:
-Ven Guille, mira, tu hermanito quiere conocerte.
 Guille se sube a la cama con ella y, entre los dos, sujetan en brazos a Pablo.

Le parece muy pequeño, pero es muy guapo y está muy gordito. Desde ese momento, Guille, todos los días por la mañana, se asoma a su cuna y le da un beso antes de
irse al cole.
-Está creciendo mucho-, dice a su madre con una sonrisa antes de despedirse. Efectivamente, es verdad, Pablo está muy grande porque no hace más que comer y dormir.


      Desde los tres o cuatro meses, su mamá y Mayra, su cuidadora, le llevan todos los días al trabajo y pronto se acostumbra a los sonidos de la oficina; cuando oye el ruido de las fotocopiadoras, se pone nervioso y empieza a patalear al ver salir los folios disparados de la máquina. Le dejan que ponga el dedo en el botón y cuando lo pulsa y ve salir los papeles le da mucha risa: Pablo hace fotocopias con solo tres meses.

       Enseguida, ha dejado de ser un bebé y, en la silleta, totalmente derecho, observa todo con mucha atención mientras Mayra le pasea. Es muy curioso, por eso aprende muy deprisa: con dos años sabe hablar muy bien. Le gusta chasquear la lengua y hace un ruido que parece el vuelo de un helicóptero. Los que intentan imitarlo, en seguida se dan por vencidos; les salen otros sonidos, pero no se parecen al suyo. A él, cuando les escucha, le da mucha risa.
Le gusta mucho dormirse mientras su papá le  canta la canción de los cochinitos y también que le pasee en el trasportín de su bici.

     Ya tiene tres años; es hora de ir al colegio con su hermano pero va muy contento porque sabe que Guille está en una clase muy cerquita de la suya. Por la mañana, antes de entrar, siempre se para en la puerta y le pide un beso; entonces, los dos se dan un abrazo muy fuerte como si se fueran a ir de viaje. Solo así, se queda contento.

     Pablo veranea con su familia cerca del mar y allí tiene muchos amigos y sus primos Fer y Claudia. A veces va a visitarle su primo Quique; juegan mucho con él aunque es más pequeño. Cuando terminan las vacaciones no quiere volver al colegio. Su abuela es profesora, pero desde hace un año está jubilada. Él sabe que ella también iba al cole:
-¿Cuándo empieza tu cole, abuela?
-Pablo, yo ya no voy a trabajar, me he
jubilado.



 

 
-Abuela, yo me quiero jubilar como tú para no ir al colegio. ¿Qué hay que hacer, para jubilarse? -le pregunta el niño con mucho interés.
La abuela le explica que antes de jubilarse hay que estudiar mucho y hacerse una persona preparada para tener un buen trabajo.
-¡Pero abuela, yo no me sé hacer persona! -La abuela se ríe con sus ocurrencias.
Su abuelo también está jubilado, pero Pablo siempre dice que su abuelo trabaja en el dominó.


      A Pablo no le gusta mucho dar besos, cuando llegan sus abuelos, para no tener que darles ninguno, busca unas excusas muy raras y se esconde donde pilla: detrás del sillón, debajo de la mesa de la cocina, en el lavadero o a veces, se queda tumbado en el sofá y se tapa con alguna manta.
-Hola Guille, ¿Estás solo?-, le preguntan sus abuelos guiñándole un ojo
-Pues sí, Pablo se ha ido.
-No estoy, soy invisible, soy un niño mágico, así que no me podéis ver -dice una vocecita que sale de algún rincón de la casa.
Los abuelos le siguen el juego y empiezan a buscarle por la cocina.
-¿Estás debajo de la mesa? A lo mejor está en un armario-, dice el abuelo.
-Creo que, esta vez, se ha ido de verdad de casa-, le responde la abuela.
Guille dice un poco fastidiado:
-Está en el sofá, tapado con una manta.
                 
  
-Nos vamos a sentar a descansar un poco-, comentan los abuelos guiñando un ojo a Guille y, con cuidado para no hacerle daño, se sientan encima de él. Entonces, Pablo empieza a chillar porque le han descubierto.
-Anda, pero si estás aquí, venga danos un beso que te hemos pillado, –le ruegan sus abuelos.
-A ver: Pito pito gorgorito ¿Dónde vas tú tan bonito? A la era verdadera Pin pan fuera:”pues hoy no toca beso” -, dice  Pablo con mucha cara dura. Por fin se decide  a darles uno, pero tan pequeño que casi no se nota.
-Venga, abuela que ya te lo he dado, cuéntame un cuento. A Pablo le gusta mucho que le cuenten cuentos.
- Bueno, vale, empiezo-, dice la abuela.
 -Erase una vez una ranita amarilla que vivía en una charca en medio de un bosque
-Abuela, las ranas son verdes. 
-Pablo, hay ranas de muchos colores
-¿Pero aquí, en este planeta?
-Sí, en este planeta,- le explica-,
¿Quieres verlas en internet?
-Sí, sí, vamos a verlas-, le contesta el niño muy contento.
Así se convence de que hay ranas naranjas, a rayas, amarillas y de muchos colores.

      Ha vuelto el verano otra vez y  Guille, Pablo y sus abuelos, han bajado a la piscina a refrescarse. Pablo ha echado a correr y se ha tirado sin saber nadar, sin manguitos ni flotador, en la parte más honda de la piscina de mayores. Varias personas se han dado cuenta de su imprudencia y le han sacado del agua inmediatamente. Sus abuelos casi se mueren del susto. Cuando ha salido de la piscina, Pablo, temblando, dice:
-¡Por poco me ahogo, como el año pasado!
Sus abuelos le han regañado y él, llorando, ha prometido que nunca lo va a hacer más. La verdad es que ha cumplido la promesa y  ya no se baña sin manguitos. Pero para aprender a nadar tiene que quitárselos de vez en cuando; el socorrista les ha dicho que los alterne con el chaleco salvavidas, así, un día se baña con él y al siguiente con los manguitos. Ha puesto mucho interés y, una mañana, cuando está en el agua dice:
-Mamá, quítame el chaleco, que ya floto.
Su madre duda un poco, pero al final le hace caso. ¡Por fin Pablo avanza en el agua como los peces! Ya lo ha conseguido: sabe nadar. El niño se ha inventado diferentes formas para tirarse al agua: estilo palito, rana, viejecito, cojito y bomba. El estilo rana es el que tiene más seguidores, pues va saltando como un batracio por el borde de la piscina croando sin parar hasta que se sumerge en la piscina; sus amigos le aplauden.

      Poco a poco se están terminando las vacaciones y su mamá llega con los libros que les ha comprado y con los uniformes y Guille y Pablo se ponen muy contentos. La época de los estudios está a punto de empezar.
     Son la ocho de la mañana y ha sonado el teléfono en casa de los abuelos:
-¿Mamá, puedo dejar a Pablo con vosotros? Está malito y hay que llevarlo al médico pero yo tengo que trabajar, ¿podéis hacerlo vosotros?
La abuela le dice que sí, que luego ellos lo acercarán a la doctora. Pablo llega casi sin fuerzas, no ha desayunado ni dormido. Viene llorando:
-¿Qué te pasa cielo? La doctora te mandará una medicina que te curará muy rápido-, le dice su abuela
El niño sigue llorando.
-Sí, pero ¿Y mi cumpleaños? es esta tarde.
¡Es verdad! Esa tarde tenían la fiesta del cumpleaños, Pablito no tiene consuelo. Sabe que hay muchos niños de su clase que esperan con ilusión la salida del colegio para ir a una sala de bolas donde lo iban a celebrar.
-Mira, Pablo, no te preocupes; a lo mejor para esta tarde ya estás bien. Vamos a ver lo que te dice el médico
Se ha tumbado en el sofá mientras llega la hora de ir a la pediatra. Le abrigan mucho porque hace frio. Él está muy pálido y algo mareado. Además le duele un poco la cabeza.
-A ver Pablo ¿qué te pasa? Le pregunta la pediatra.
-Pues, es que esta noche he gomitado y no podía dormir porque me dolía la cabeza.
La doctora le pone la mano en la frente y le dice:
-Tú tienes fiebre. Vamos a comprobarlo.Efectivamente,37’8.Tienes que estar en casa tranquilito.
Debe tomar mucho suero y hoy que esté a dieta. Solo alguna galleta o un poco de pan tostado. Que beba mucha agua.
-¿Y mi cumpleaños? ¿Puedo ir esta tarde a celebrarlo?
-Me temo que no, no vas a tener fuerzas, además debes reposar.
Pablo se calla pero no lo puede remediar, nada más oírla, empiezan a caerle unas lágrimas gordísimas que le mojan toda la chaqueta. Mientras sale, la abuela intenta convencerle.
-Te voy a contar lo que le pasó a tu tío José Miguel un día, cuando era un poco mayor que tú.-
Pablo se seca los ojos y escucha atentamente.
-Toda la clase se iba a esquiar a la nieve y él estaba muy contento. Tenía el equipaje preparado para salir por la mañana muy temprano. Él iba todos los días a natación, y esa tarde hizo lo mismo de siempre pero, se resbaló y se cayó al suelo rompiéndose el tobillo.
-¿Y no pudo ir de viaje, abuela?-, preguntó el niño con cara de pena.
-Pues no, le tuvimos que llevar al hospital y le pusieron una escayola. Estuvo un mes sin poder moverse.
-Sí, pero todos mis amigos me están esperando esta tarde -dijo Pablo volviéndose a acordar de su cumpleaños.
-No te preocupes, que tu mamá les va a avisar y lo celebraréis otro día.
-Abuela, ¿y el tío José Miguel pudo ir luego a la nieve?
-Pues sí, pero ese día se fueron todos sus compañeros menos él. Así es la vida Pablo, hay veces que las cosas no salen como queremos.
 Pablo parece que se convence pero, de repente, se vuelve hacia ella.
-Abuela, entonces ¿me vas a comprar cromos?-, le pregunta con voz lastimera.
-Hay que ver; como me lo pides así, es difícil decirte que no. Vale, luego te compraré dos sobres.
-No, cuatro –replica el niño.


      Pablo se ha ido haciendo mayor y es un niño muy responsable; le gustan mucho los animales: los gusanos de seda,  los perros, las tortugas moras, los agapornis. Lo que más le gusta del mundo es ir con sus papás, en verano, a alguna casa rural para ver los  animales que suelen tener allí: ovejas, cabritillos, gallinas, vacas y caballos. Luego van a visitar los parques naturales que hay cerca y así disfruta mucho. Un día sus abuelos le quieren dar una sorpresa y se lo llevan a Valencia para ver el Oceanografic y el Bioparc con su hermano Guille. ¡Allí sí que van a disfrutar! No ha montado nunca en tren, así que para él la aventura va a ser doble. Van a estar dos noches fuera y dormirán en casa de su tía Amalia y de sus primos Amalín e Inti. En la estación tienen que pasar las maletas por el escáner y eso le hace mucha gracia. Después, cuando se sube al tren, lo observa todo atentamente.
-Mira auriculares, pónmelos abuelo. ¿Dónde
está la campana del tren? –pregunta Pablo
buscándola.

-Pablo, estos trenes no llevan campana,
 esos son los de la feria –le explican.
Guille ya ha ido a Madrid, una vez, en tren, pero Pablo solo ha montado en los de juguete, por eso piensa que todos, aunque sean de verdad, llevan campana. Nada más arrancar, Pablo empieza a preguntar:
-¿En coche ya habríamos llegado?, ¿cuánto queda?
-Sí sigues así, no te vas a venir más con nosotros –le advierten los abuelos.
Poco a poco, casi sin darse cuenta, llegan a Valencia en donde les está esperando su tía. La estación es muy bonita y tiene unas cristaleras con muchas frutas que le gustan mucho. Esa tarde después de comer van al Oceanografic. Le fascina el túnel de cristal en donde ve pasar por encima de su cabeza montones de tiburones con sus peces piloto pegados a sus colas, mantas, peces luna, meros. Las mantas tienen unas caras muy graciosas cuando se pegan al cristal.
-Mirad, esa tiene cara de fantasma y esa otra de payaso-, comentan los niños muy nerviosos.
Quieren verlo todo y no paran de moverse de un lado a otro: morsas, pingüinos y ballenas Beluga. Después, van a ver el espectáculo de los delfines. Al entrar, se sientan en las gradas y uno de los adiestradores ha llamado a Guille para preguntarle si quiere tocar los delfines; él ha dicho que sí muy contento, y ha salido rápido para probarse unas botas de goma que le han dado para no mojarse los pies pero… Pablo…, el pobre, quiere también ir con Guille, sin embargo le han dicho que no hay botas de goma de su número  y no debe arriesgarse a mojarse los zapatos: se puede resbalar y caer al agua.
-Yo también quiero tocarlos –dice llorando.
Un entrenador, al verlo tan apenado, se ha acercado a él y se lo ha llevado para hacerle un regalo. Ha vuelto muy contento con una camiseta negra muy chula que le han hecho especialmente para él. Se la ha puesto y se le ha pasado el disgusto. Empieza el espectáculo y los delfines saltan y hacen muchos juegos con los adiestradores. Los niños los acarician. Guillermo también le ha dado un beso a uno de ellos.
-¿Cómo es el tacto del delfín? le preguntan los abuelos y Pablo.
-Es como si tocaras un globo mojado, pero muy suave.


Es la hora de regresar a casa de su tía; cogen un taxi, y después de jugar con sus primos se acuestan rendidos. Al día siguiente tienen muchas más cosas que ver.

     Hoy toca ir al Bioparc. Como es sábado puede ir su primo Inti con ellos. Este parque es un zoológico que está situado en la cabecera del rio, es muy bonito. Tienen que cruzar un puente muy alto para poder entrar; como Pablo se acerca demasiado a la barandilla, la abuela le pide que le de la mano, pero él niño no le hace caso, así que ella busca una excusa:
-¡Ay! Cuánto vértigo me da, ¿me podéis dar la mano? Enseguida Pablo se acerca muy protector y se agarra de la mano de su abuela.
-A mí no me da vértigo. ¿Qué es el vértigo abuela? Ella se lo explica y de esa manera consigue llevarlo sujeto hasta que pasan el puente.
Inti hace de cicerone:
-Vamos primero a ver Madagascar.
Empiezan visitando la zona dedicada a la isla de Madagascar y lo que más les gusta son los lémures y la fossa. Es la primera vez que ven una fossa. Parece una leona pequeña pero muy musculosa.
También hay leones gorilas, hipopótamos, jirafas, serpientes, búfalos y un montón de animales más. Lo que más les ha impresionado han sido los elefantes cuando se echan barro con la trompa por encima.
Los abuelos dicen que es el parque más bonito que han visto y eso que han estado en muchos.

     Cuando llegan a Murcia tienen un montón de cosas que contar a sus padres.
Pablo es un chico muy despierto; su abuelo le dice:
-Pablo, eres muy listo-, y él contesta:
-No abuelo, es que me fijo mucho.

      La otra tarde le preguntó a su abuela:
-Abuela, ¿los percebes son caros?
-Pues sí son caros porque son difíciles de pescar-, le contesta
-Se pescan donde hay muchas rocas ¿verdad?
-Sí y además normalmente se agarran en las zonas en donde las olas baten más fuerte.
-En mi playa en Campoamor hay muchos, y este verano yo voy a vender percebes.
-Me extraña que en Campoamor haya percebes-
le responde sorprendida.
-Abuela, ¿cómo se cogen los percebes?-, continúa.
-Pues con un cuchillo para poder despegarlos bien de las rocas-, le explica.
-Y ¿con tijeras no se puede?-, sigue preguntando.
-Yo creo que no, porque las romperías-, le aclara.
-Pues yo este verano voy a vender percebes y pescadillas. En mi playa hay muchas, yo las he visto.
-Sí, pero tienes que pedir un permiso en el ayuntamiento para que te dejen vender.
-Y para vender en la calle ¿también?
-Sí,- le contesta.
-Sabes lo que te digo, que a lo mejor mi madre no me deja vender pescadillas, porque el año pasado me metí donde va mi hermano Guillermo y mi primo Fernando a bucear y casi me ahogo. Tuvo que entrar ella a por mí porque no llegaba a la orilla.

     Pablo no sabe lo que será de mayor pero lo que sí sabe es manejar las matemáticas como nadie; le gusta también leer, montar en monopatín, en bicicleta y, sobre todo “EL JAMÓN DE JABUBO”, como decía cuando era pequeño. 

 También se divierte mucho cuando duerme en casa de su primo Quique.

     Hoy está muy contento porque, por primera vez, va a recibir la primera comunión. Ha estado dos años preparándose porque es algo muy importante: va a estar con Jesús cada vez que comulgue. Pablo es un niño muy bueno, así que todas las personas que están aquí, acompañándole en este día tan importante, saben que Jesús estará, siempre, muy contento con él.

     Fin

 

Autora: Conchita García de las Bayonas.
Ilustración: Guillermo Martínez Ortiz y
Pablo Martínez Ortiz.