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¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

miércoles, 26 de julio de 2017

Polluélago, el pollito que quería ser murciélago.

Obra de Mural estudio http://muralestudio.com/


Cuando vi esta ilustración, inmediatamente me enamoré de ella. Así que en este cuento, primero fue la imagen, y luego la historia. Pensamos en que sería bonito hacer algo juntos, pero por causas ajenas a nuestra voluntad, no se ha podido llevar a cabo.Yo escribí una historia y ellos hicieron dos esbozos sobre lo que podría haber sido y no fue.
Ahora después de mucho tiempo he decidido sacarla a la luz, creo que es graciosa y merece ser leída.
Sus autores siguen dedicados a su verdadero trabajo que es el de pintar murales.Me han dado permiso para que use las ilustraciones.
Si queréis ver sus trabajos entrad en su página web 
 http://muralestudio.com/


Polluélago, el pollito que quería ser murciélago.

-Psst, psst, ¡oye pollo! Aquí arriba.
Poli miraba para todos los lados pero era incapaz de distinguir de dónde salí la voz que acababa de escuchar.
-Aquí, en la rama, soy yo,  Bruzz.
 Volvió a levantar su cabeza  y como estaba debajo de un  gran árbol, solo vio una rama gruesa llena de hojas.
-Mamá, mira esas  tres hojas grises me están llamando.
-Poli, tienes mucho que aprender todavía; eso que ves colgando de esa rama no son hojas, son murciélagos arborícolas.
-¿Morcílagos?
-Morcílagos no, murciélagos, pero no me gusta que hables con desconocidos y menos con esa gente. Los animales que salen de noche, cuando todos los demás dormimos, no son de fiar. Venga, vamos para casa.
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 El pollito no escuchó a su madre y se fijó  en ellos más detenidamente; se dio cuenta  de que,  lo que él había confundido con hojas enrolladas, eran  en realidad… ¿Ratones? Quizá eran pájaros. La verdad es que no sabía bien   lo que eran, pero sí observó que iban muy elegantes; llevaban una capa  oscura que los envolvía desde la cabeza a los pies.
-Oye, ¿Quiénes sois? -preguntó Poli, notando que de tanto mirar hacia arriba le estaba entrando un terrible dolor de cuello.
-Yo soy Brizz y, ellos son Brazz y Bruzz, mis hermanos.
-¿Vais a una fiesta?
-¿Por qué lo dices?
-Por esa ropa.
Brizz, Brazz y Bruzz  empezaron a reírse a carcajadas, tanto, que estuvieron a punto de soltarse de la rama y caerse al suelo.
-¡Hay que me troncho! Chiquillo, pero tú ¿de dónde has salido? ¿Es que no has visto nunca un murciélago? Nuestra ropa tan elegante, como tú dices, son simplemente  nuestras alas y mira para qué nos sirve -y diciendo esto, los tres hermanos las extendieron para que Poli  se diese cuenta de cómo eran. Empezaron a volar por encima de su cabeza rozándola con sus patas.
-¡Vaya! ¡Qué chulas! Me gustaría ser morcílago en lugar de pollo para tener unas alas como las vuestras.
-Y dale, que somos murciélagos arborícolas, porque vivimos en los árboles, no morcílagos -insistió Brizz un poco enfadado ante la torpeza de Poli. Como  era el más bromista de los tres, empezó a volar una y otra vez por encima de él hasta que logró asustarle, tanto, que salió corriendo hacia el gallinero en dónde estaba su mamá con las demás gallinas.
-¡Eh! Chiquillo, no te vayas que estaba bromeando, solo queremos jugar contigo -le gritó Brizz cuando vio que se alejaba.
-Siempre igual, todos tienen miedo de nosotros, pero esta vez te has pasado -le increpó su hermano Brazz.
La mamá murciélago se acercó al oír el alboroto que estaban formando:
-¡Otra vez intentándolo! Os lo he dicho mil veces, vosotros tenéis que jugar con vuestros amigos murciélagos, dejad en paz a los otros animales; no os convienen, no es bueno mezclarse con otras especies.
Abajo, sobre la tierra, Poli siguió corriendo hasta que vio a  su mamá; se acercó  a ella  y se le quitó todo el  miedo que había pasado. 
-“Ya no me voy a separar más de mi familia” pensó.
Poli, que en realidad se llamaba Policarpo, era un pollito bastante curioso e inquieto; le gustaba tanto ir de un sitio a otro que ni de  noche quería dormir. Vicenta, la gallina, no podía descansar ni un momento porque sus hijos no paraban quietos picoteando de aquí para allá y ella tenía que estar siempre vigilándolos para que no les pasase nada malo.
-Poli, ya es hora de que vengas  a acostarte, ponte aquí que te tape con mis plumas. Por la noche hay muchos animales peligrosos que en un descuido pueden comerte. 
-Mamá, ¿los morcílagos son malos?
-Hijo, no son ni buenos ni malos, son diferentes a nosotros, por eso no quiero que hables con ellos.
-Pero mamá, si ya soy mayor; soy muy valiente y me sé defender. Además me he hecho amigo de ellos. Cuando crezca quiero ser morcílago, para poder volar y estar con la cabeza para abajo colgado de un árbol. El campo debe  verse muy bien desde arriba.
-Lo que me faltaba  por oír. Yo, la madre de un murciélago. Serías una mezcla de pollo y murciélago, un  Murcie-pollo o un  Polluélago ¡qué horror! Anda y duérmete ya, no me des disgustos por la noche que luego no pego ojo.
 A Policarpo le gustó eso de Polluélago, de ahora en adelante a Brizz, Brazz Y Bruzz, les diría que le llamasen Polluélago.
La casa en dónde vivía Polluélago, perdón, Policarpo, estaba muy cerca del bosque y todos sabían que por la noche, salía de allí gente poco recomendable; lo mejor era mantenerse lejos de ellos: el señor zorro, el señor búho, la señora serpiente e infinidad de murciélagos que revoloteaban  por encima del gallinero  y les ponían las plumas de punta. La verdad es que nunca habían tenido ningún problema con estos últimos, solo que eran muy feos y un poco molestos, pero como se alimentaban de insectos, no les perjudicaban para nada. Otra cosa era el  señor Zorro y la señora serpiente, con esos individuos sí que tenían que tener cuidado.
Una noche, Poli no quería dormir; la luna estaba tan llena que parecía una enorme luz en el cielo. Se veían todas las estrellas y había tanta claridad que parecía de día.
-¡Qué bonito que está el campo! -dijo mientras miraba al cielo.
 En ese momento algo pasó rozándole por encima de su cabeza.
-¡Eh! Soy Bruzz, ¿quieres venir a  jugar con nosotros? 
-Sí que me gustaría, pero ¿Cómo? Vosotros estáis en el aire y yo en el suelo. ¿Por qué no bajáis hasta dónde yo estoy?
-Imposible, si nos pusiésemos en el suelo, ya no podríamos levantar el vuelo y moriríamos. ¿Por qué no subes tú?
La verdad es que la propuesta era muy tentadora para el pollito. Siempre había soñado trepar a los árboles pero, ¿cómo hacerlo? En ese momento llegaron Brizz y Brazz, ¡los que faltaban!
-Tenemos una idea. Cerca de aquí hay una rama tronchada que por un lado está unida al árbol todavía, pero por el otro extremo toca el suelo. Seguro que puedes subir por ella hasta llegar arriba. Entonces podremos estar juntos.
A Poli le pareció una idea estupenda. Cuando llegaron, lo que parecía tan sencillo, se volvió de lo más arriesgado para el pollito, pero este  se llenó de valor y piando fuertemente dijo:
-Polluélago al ataque, no me daré por vencido.
Con mucho valor, fue subiendo con sus alitas abiertas para no caerse, hasta que llegó a la rama en la que le esperaban sus tres amigos. Cuando llegó hasta ellos, empezaron a aplaudirle  tan fuertemente que el aire que se formó con sus alas casi lo tira al pobre.
-¡Por fin estamos juntos! Ahora, yo estoy hacia arriba y vosotros hacia abajo. ¡Qué complicada es la amistad! -dijo Polluélago.
-¡Qué va!, solo tienes que agarrarte bien con tus patas, hinca las uñas entre la madera de la rama y ponte pico abajo; ya verás cómo no es tan difícil.
Polluélago lo intentó; puso todo su entusiasmo y, durante unos segundos, consiguió mantenerse en esa posición pero la tierra empezó a girar debajo de él y todo lo que veía daba vueltas a su alrededor.
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-¡Hay que mareo! Creo que me voy a caer. ¡Socorro, qué me mato!
Sin poderlo remediar se soltó de la rama y,  antes de que se diera cuenta, Brazz, que era muy rápido, voló por debajo de él, haciendo que se amortiguara el golpe con sus alas. Poli se vio en el suelo sano y salvo.
-Lo voy a intentar de nuevo, quiero ser realmente un polluélago, como dice mi madre.
Repitió la operación  volviendo a subir por la rama que estaba apoyada en el suelo; lo hizo varias veces,  hasta que consiguió la agilidad suficiente para mantenerse pico abajo durante unos minutos ¡Lo estaba consiguiendo! Casi parecía un murciélago de verdad.
Mientras estaban los cuatro colgando como frutos maduros, a Poli se le ocurrió una idea disparatada:
-Oye, ¿por qué no me lleváis volando? Seguro que tenéis tanta fuerza, que podéis sujetarme  y darme un paseo por encima de los árboles.
-¡Chiquillo! ¿Tú estás loco o qué?
Mientras estaban  en esa postura tan incómoda para Polluélago pero tan relajada para Brizz, Brazz y Bruzz, escucharon unos pasos sigilosos que avanzaban por debajo de ellos.
-Psst, ojo, mirad quién va hacia la casa del gallinero, el zorro, seguro que está hambriento -dijo Bruzz, avisando a su amigo.
 Poli se dio cuenta del peligro que estaba amenazando a toda su familia y a sus amigos.
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-Debo bajar deprisa para avisarles. Si los pilla dormidos matará a un montón de gallinas  y de pollitos.
-¡Chiquillo! Si bajas tú, y te ve, serás el aperitivo de su  cena; mejor te quedas aquí y nosotros idearemos algo para que no se salga con la suya. 
Brizz, Brazz y Bruzz abrieron sus alas y salieron volando haciendo unas cuantas pasadas por encima del árbol en dónde estaban colgados.
A los pocos segundos, cientos de murciélagos arborícolas los seguían en dirección a la casa.
En el gallinero todo era paz y tranquilidad, los pollitos dormían debajo de sus madres sin sospechar lo que iba a suceder en breves segundos.
Un terrible zumbido despertó  a todos los habitantes  del gallinero; decenas de murciélagos irrumpieron en dónde descansaban todas las aves del corral chocando con  lo que se encontraban a su paso. Todo el mundo  se despertó y empezó a protestar:
-¡Se puede saber que quieren estos bichos! –chillaron algunas gallinas presas del pánico.
-¡Fuera de aquí! Nosotros no tenemos nada que os pueda interesar -les gritó desde el palo más alto, Torcuato, un gallo bastante presumido que lo único que hacía era pasearse durante el día delante de las gallinas luciendo sus plumas multicolores.
Como todos estaban bien despiertos, el mayor sorprendido  fue el zorro, que al traspasar la puerta de la granja se encontró con un alboroto tan grande que  tuvo que dar media vuelta y volverse con el rabo entre las patas.
-Qué barbaridad, menudo jaleo tienen ahí dentro; me tendré que conformar con un poco de miel de las colmenas.
Brizz, Brazz y Bruzz estaban contentísimos; con su acción habían salvado a la familia  y a los amigos de Polluélago. Rápidamente volvieron al árbol en dónde lo habían dejado para contarle las buenas noticias.
-El zorro se ha quedado con tres palmos de narices, no ha podido hacer de las suyas, porque cuando iba a entrar hemos despertado a todo el mundo.
-Chiquillo, me hubiese gustado que lo hubieses visto. El zorro será muy listo, pero nosotros somos más -decía Brizz muy satisfecho de su hazaña.
-Muchas gracias por todo, sois mis mejores amigos pero me tengo que ir corriendo; cuando mi madre se de cuenta de que no estoy en mi casa se va a  asustar mucho.
¡Cómo le hubiese gustado tener unas alas tan grandes como las de  Brizz! Con ellas, en un momento hubiera llegado. Cuando por fin lo consiguió, se dio cuenta de que todo el mundo le estaba buscando:
-Pobre Policarpo, seguro que se ha asustado por culpa de esos murciélagos; a saber lo que  le puede pasar en el bosque.
Sus hermanitos, también le llamaban con desesperación:
-Poli, Policarpo  ¿dónde estás? Vuelve a casa, que los murciélagos ya se han ido.
-¡Estoy aquí! No me ha pasado nada y los murciélagos no me dan miedo, son amigos míos.
Los que estaban allí reunidos pensaron que se había vuelto loco, después de haberles despertado a todos, encima decía que eran sus amigos.
-Dejadme que os lo explique, veréis como vais a entender por qué digo eso.
Poli empezó a contar toda la aventura que había vivido con Brizz, Brazz y Bruzz, bueno todo no, no dijo que se había subido a un árbol y menos aún que había estado colgado pico abajo, no quería que a su madre le diera un ataque al corazón. 
-Gracias al alboroto que se ha formado, el zorro ha salido huyendo.
Después de escucharlo, estaban arrepentidos de lo mal que habían tratado a los murciélagos, sobre todo Torcuato que los había echado de muy malos modos.
-¿Ves mamá, como no es malo tener  amigos diferentes?
-Tienes razón hijo, a veces los mayores tenemos mucho que aprender de los jóvenes.
A partir de ese día, Poli fue más Polluélago que nunca y  Brizz, Brazz y Bruzz le visitaban de vez en cuando en el gallinero sin que a nadie le pareciese extraña esa amistad.





10 comentarios:

Marisa Alonso Santamaría dijo...

¡Qué bonito cuento Conchita! Y con una buena lección.
Un abrazo muy fuerte

Anónimo dijo...

Me parece una muy buena lección sobre los prejuicios sociales y que a los niños les va a llegar facilmente porque son mas abiertos. Y la aventura es lo suficientemente transgresora para que les encante. Yo la viviria asi si pudiera quuitarme años.Elisa





































Elisa




Conchita dijo...

Gracias Marisa y Elisa. Para mí vuestras opiniones son muy importantes. Gracias.
Un beso.

Conchita dijo...

Precioso Conchita me ha encantado ..es bueno hasta para los mayores !!!!....a veces con la inocencia , ternura y limpieza de cuore de niños ,que nos queda a todos dentro ...vemos las cosas mejor !!!!...
Graciassss 👏👏👏👏......no sé cómo añadir el comentario ....
Tengo que ir preparando para mi nieto su pequeña biblioteca ...todavía es pronto , ya me dirás en que orden debo comprar tus cuentos ...me chiflan ...
Enhorabuena amiga ...😘😘😘
María

Carmen Mazon dijo...

Conchita, me ha encantado el cuento. Que suerte tienen tus nietos!!! Tienes que venir al cole a contarlo. Felicidades, chica de oro������

Conchita dijo...

Muchas gracias Carmen. Felices vacaciones.

Conchita dijo...

Muchas gracias Carmen. Felices vacaciones.

Marisa Alonso Santamaría dijo...

Conchita te he dejado un regalo en mi blog.
Espero que te guste.
Un abrazo muy fuerte

Conchita dijo...

Gracias Marisa, voy a verlo.

Blanca Lafarga dijo...

No lo conocía y me gusta. Gracias por compartir.

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