Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

domingo, 6 de enero de 2013

Jesús, tu mejor amigo. El último cuento de esta Navidad.

Convento franciscano de Santa Catalina del Monte.




En la homilía de la misa de hoy, un sacerdote franciscano  del precioso convento de Santa Catalina del Monte de Murcia, nos ha contado este cuento como ejemplo de la bondad de Jesús. Me ha gustado tanto que le he pedido permiso para poder subirlo a mi blog y, él, amablemente, me lo ha dado. Nadie sabe quién es el autor; dice que lo ha oído muchas veces pero ha pasado de unos a otros como ejemplo de la ayuda que podemos encontrar en Jesús.




Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
-Acércate-le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
-No me atrevo…no tengo nada que darte.
-Me gustaría que me dieses un regalo-dijo el recién nacido. (Jesús como era Dios podía hablar)
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
-De verdad no tengo nada…nada es mío, si tuviera algo, algo mío, te lo daría…mira.
Y buscando en los bolsillos de su pantalón, andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.
-Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…
-No – contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
-Con gusto- dijo el muchacho- pero… ¿qué?
-Ofréceme el último de tus dibujos.
El chiquillo, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró al oído del Niño Jesús:
-No puedo…mi dibujo es horrible… ¡nadie quiere mirarlo…!
-Justamente, por eso lo quiero…siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
-Pero… ¡lo rompí esta mañana!-tartamudeó el chico.
-Por eso lo quiero…Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora- insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció, bajó la cabeza. Avergonzado, y, tristemente, murmuró:
-les mentí…Dije que se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡estaba enojado y lo tiré con rabia!
-eso es lo que quería oírte decir –dijo Jesús_ Dame lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías, tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas…No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.


Ojalá que todos los amigos que tengamos sean como Jesús.


 



San Luis Potosí México
http://www.navidaddigital.com/belenes/de/chuy12rc/ San Luis Potosí Méjico.





jueves, 3 de enero de 2013

Una Real visita. Para todas las edades.

http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=4807730931073196456#editor/target=post;postID=4880652766035673947

Blasito estaba mirando la calle a través de los cristales de su casa; fuera soplaba un viento  muy fuerte y unos nubarrones grises cubrían el cielo. Parecía que iba a descargar un chaparrón en cualquier momento, además había bajado la temperatura bastantes grados. Seguro que ya estaban  bajo cero; allí donde vivía, en el momento en que se ponía el sol, no se podía asomar la nariz fuera.
-No hace una tarde muy agradable para salir de paseo, pero si los Reyes Magos vienen  desde muy lejos al pueblo para hacernos una visita y traernos regalos, no puedo quedarme en casa de brazos cruzados.

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Saldría a verlos como todos los años. Blas vivía en una aldea pequeña en la montaña y, allí  en invierno, normalmente hacía un tiempo desapacible que no invitaba a pasear. Dentro de su casa, aunque era muy humilde, se respiraba un ambiente cálido y confortable. En la cocina era donde hacían la vida, comían y veían la televisión; la chimenea estaba encendida día y noche durante  varios meses. Tenían leña almacenada en la cuadra para poder afrontar las heladas y las nieves. Su abuelo era el encargado de recogerla durante el verano y él le ayudaba muchos días. También echaban piñas al fuego, que chisporroteaban como si fueran palomitas de maíz. Siempre olía a café recién hecho, y a la comida que hacía su abuela. Sus padres trabajaban un pequeño trozo de tierra que apenas les daba para ir tirando. Acababa de merendar una rebanada gruesa de pan con crema de cacao y le daba un poco de pereza pensar en dejar aquel ambiente tan agradable. Blasito miraba a la chimenea y a continuación a la calle y la verdad es que había que pensárselo dos veces para salir, pero ya lo tenía decidido, iría a ver la cabalgata como todos los años.
Cada Navidad, Blas ponía el belén , pero era un belén muy sencillo, igual que su familia. Solo tenía el Nacimiento, dos pastores, uno de ellos cojo, tres ovejas y una lavandera. No tenía Reyes Magos; cuando su padre se lo regaló no había dinero para más figuras; los reyes y los pajes eran las más caras, así que le prometieron que cuando pudiesen se las comprarían, pero nunca llegó ese momento. Blasito ya estaba acostumbrado a su belén incompleto y, para él, era el más bonito de todos los del pueblo; le gustaba más que el del Ayuntamiento, que ya es decir. Lo adornaba con piñas naturales, musgo, piedras del río y castañas. Siempre lo ponía cerca de la lumbre para que al  Niño Jesús le dieran calor las llamas, y los reflejos rojos y naranjas del fuego lo iluminaban tanto, que no le hacían falta  colocarle ninguna bombilla, despedía luz como si las tuviera.
Blasito tenía una costumbre: el día de la Cabalgata cogía con mucho cuidado sus figuritas, se las metía en los bolsillos y se iba con ellas para que vieran pasar a  los Reyes Magos.
-Ya que no los tienes en tu belén-le decía al Niño Jesús-,por lo menos los verás todos los años; al fin y al cabo vienen a saludarte a ti.
Por fin se decidió, se puso el gorro, la bufanda , los guantes y un abrigo tan corto  que las mangas no  le llegaban a las muñecas y se colocó en los bolsillos, con mucha delicadeza a San José, la Virgen y al Niño. En los pantalones se escondió a los pastores y a la lavandera y , así, salió de la casa . Inmediatamente el frío del atardecer le dio en la cara, miró al cielo y vio algunas estrellas en el cielo.
-Vaya, parece que  nos vamos a librar de la lluvia -exclamó contento, mientras de dirigía a la Plaza del Ayuntamiento.
 Allí, siempre se colocaba  a horcajadas en la rama de un árbol muy grueso y ponía en fila  a todas las figuritas para que viesen venir a sus Majestades. Esa tarde la gente se agolpaba  debajo de los soportales, al menos allí estaban a cubierto, pensaban. Ya se aproximarían cuando oyesen anunciar que venían los camellos y los pajes. Blasito se encaramó al árbol de siempre, su amigo Tomás estaba esperándole. Desde arriba se notaba más el frío y el aire  que en el suelo.
-¿Te has traído tu belén?

Realizado por Guille Martínez Ortiz  11 años.
-Claro, como todos los años-le contestó-.Venga vamos a colocarlo antes de que llegue la cabalgata.
Tomás y Blas colocaron a la Virgen, a San José y al lado al Niño Jesús, enganchados en  los nudos de la madera para sujetarlos bien. Los pastores estaban un poco más atrás. El pastorcito cojo apenas podía guardar el equilibrio, así que Tomás,  con una navaja, hizo una hendidura en la rama en donde estaban encaramados y  colocó la figurita.  Se estaba haciendo de noche y el viento arreciaba, más aún encima del árbol. Por fin se oyeron sonar las trompetas. Desde arriba todo se veía estupendamente; primero aparecieron las motos de la policía que iban despejando las calles  para que pasasen los pajes sin ninguna dificultad; estos conducían unas carrozas preciosas, adornadas con todo tipo de flores, dulces y caramelos. Dentro  de los remolques se veían los paquetes con todos los regalos para los niños que se habían portado bien.
-Tomás, ¿Qué le has pedido a los Reyes?
-Yo le he pedido una bicicleta aunque mis padres dicen que si no me la traen, será porque este año los Reyes están más pobres, y ¿Tu?
-Yo quiero una video consola, pero ya veremos si tengo suerte.
Mientras hablaban vieron llegar en sus camellos a Melchor con su gran barba blanca y tres pajes, detrás iba  Gaspar y por último Baltasar con un turbante precioso sujeto con un gran broche con una esmeralda en el centro. Blas se inclinó para verlos mejor pero, con la emoción del momento, no se dio cuenta de que se habían movido las figuras y los dos pastorcillos se cayeron en el momento en que pasaba Baltasar por debajo. Este,  al verlas caer del árbol, alargó la mano cogiéndolas al vuelo. Blas se quedó sin respiración; no se podía imaginar que le fuera a pasar eso.  El Rey y él estaban a la misma altura, entonces Baltasar acercó su camello para poder hablar mejor con el niño:
-Blas, debes tener más cuidado, todos los años el mismo trajín con tu belén; tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, esto tenemos que arreglarlo.
Blas no sabía que quería decir eso del cántaro, además, nunca se hubiese imaginado que el rey Baltasar iba a hablarle ni que  se hubiese dado cuenta de que siempre montaba el nacimiento en la rama para que el Niño los viese pasar. Luego le sonrió y siguió despacio a sus otros dos compañeros. Tomás estaba emocionado, le parecía que su amigo era el más afortunado del pueblo porque  había podido hablar con uno de los Magos.
-¡Qué suerte! te ha llamado por tu nombre, te ha conocido.
-Oye, ¿te has dado cuenta de lo que me ha dicho? Con los nervios no lo he podido escuchar.
-Pues la verdad es que no lo he entendido bien. Ha dicho algo de un cántaro y una fuente.
-¿Qué habrá querido decir? Comentó a su amigo muy intrigado.
Foto.Día de lluvia.
http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=4807730931073196456#editor/target=post;postID=4880652766035673947
 Después del sobresalto, cuando terminó de pasar la cabalgata, cogieron las  figuras y  rápidamente descendieron al suelo. En ese momento empezaron a caer unas gruesas gotas que se convirtieron en un aguacero en pocos minutos. Blasito y Tomás se refugiaron en los soportales de la Plaza, pero el aire empezó a soplar con tanta fuerza que el agua se metía hasta donde ellos estaban. Cuando comentaban lo ocurrido aquella tarde, vieron llegar al  padre de Blas con dos paraguas muy grandes, venía a buscarles.
-Menos mal que estáis a cubierto con la que está cayendo. Venga Tomás, te acompañamos a tu casa. Coge este paraguas.
Cuando iban por el camino, le contaron, muy excitados, todo lo que había sucedido aquella tarde. Por fin dejaron a su amigo en casa y se encaminaron hacia la suya. Abrieron la puerta y entraron en el  pequeño recibidor.   Después de sacarse las figuras de los bolsillos, colgaron los abrigos en una cabeza de ciervo disecada que servía de perchero y pasaron a la cocina , entonces las volvieron  a colocar en el belén. El ambiente cálido que se respiraba allí les reconfortó. Fuera quedaba la noche oscura y fría. Su madre salió a recibirlos llena de alegría.
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-Menos mal que ya estáis en casa, ¡menuda nochecita! Blas, ¡no sabes lo que ha pasado mientras estabas fuera! has recibido una visita y te han traído un  paquete.
-Mamá, ¿quién ha venido a verme?
-¿AH? Abre el regalo y te enterarás tú mismo.
El niño, muy nervioso,  cogió con mucho cuidado la  caja  que estaba envuelta en un precioso papel de regalo. La abrió y vio que dentro había unas figuras liadas en papeles que las protegían de los golpes. Las desenvolvió  despacio y fueron apareciendo  los tres Reyes Magos con sus pajes. Eran las figuras más bonitas que había visto en su vida, ahora sí que tenía el belén completo; ¡Por fin podía dejar tranquilo al Niño Jesús en su cuna! Las colocó al lado del Portal y luego  leyó la carta que acompañaba al paquete:
Querido Blas:
tu cariño hacia nosotros ha hecho que pensemos en recompensarte. No podíamos dejar ni un año más que sacases  todas tus figuritas de casa, con el frío que hace en estos días; por eso te hemos traído unas réplicas nuestras para que las coloques adorando al Niño. Esperamos que te gusten.
¡Ah! Explícale a Tomás que el refrán “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe” quiere decir que de tanto sacar a tus pastores, seguramente, algún día se te podrían romper; esta tarde  ha estado a punto de suceder un desastre.
Tus amigos
Melchor, Gaspar y Baltasar.
Aquella noche, su madre le preparó su cena favorita: hamburguesas con patatas fritas y Blas con la alegría de todo lo ocurrido se las comió muy satisfecho.
-Mamá, es la cena más rica que me comido en mi vida.


Este cuento está dedicado  a un  párroco llamado José Andrés, que contaba que cuando era niño,todas las navidades, el día de la cabalgata sacaba en los bolsillos las figuritas del belén para que viesen a los reyes ; también a todos los pequeños y mayores que creen en la magia de la noche de Reyes.

lunes, 24 de diciembre de 2012

El belén de la Abuela Atómica. Navidad 2012-2013

 Queridos lectores, no hay nada más entrañable para mí en Navidad que hacer un belén; sin él, la Navidad no existe. En mi casa, cuando era pequeña, mi padre  quitaba una puerta de una habitación y sobre ella colocábamos el corcho para hacer las montañas y la escoria que traía mi hermano de una carbonería que había debajo de casa. Luego íbamos a la Plaza Mayor y  comprábamos el musgo y alguna figurita nueva. Cuando hago mi belén siento que mi padre me acompaña. Aquí os muestro el que he hecho este año para conmemorar el nacimiento del Niño Jesús. Espero que os guste.






OS DESEO A TODOS FELIZ NAVIDAD

martes, 11 de diciembre de 2012

Los chupetes y los tres Reyes Magos Cuento de Navidad

Dibujo reciclado de otro cuento hecho por mi nieto Guille (10 años)
                         
Este cuento está dedicado a las personas a las que se les ocurrió la feliz idea de buscar un sitio adecuado para que los niños pequeños pudiesen dejar sus chupetes cuando se hicieran mayores. ¡Qué mejor lugar que un árbol para colgarlos! A estos árboles les llaman ahora Los Árbloles de los chupetes. Entre esas personas se encuentran dos seres encantadores : La gallina pintadita Carmen y Marga Lama; las dos se han esforzado mucho para llevar este proyecto a cabo.
Un abrazo para ellas y

FELIZ NAVIDAD


Tres siluetas se adivinaban en la lejanía; montadas en bonitos caballos avanzaban solemnemente seguidas por una multitud de pajes y camellos que, cargados con infinidad de regalos, se iban acercando según la noche se hacía más negra.Melchor iba delante y su voz se oía cansada:
-¡Qué ganas tengo de repartir todos los juguetes y volver a nuestro palacio! Cada vez estoy más viejo y el cansancio de esta noche, luego me dura algunos meses. Tengo que estar varios días metido en ese menjunje de pétalos de rosas, pensamientos y alcohol para que se me quiten los dolores de las piernas. Luego mi fiel Said me frota por la noche con gel de aloe que es tan bueno para curar las grietas de los pies y, así, me voy recuperando poco a poco. Si no fuera por al amor que les tengo a los niños, y porque sabemos la ilusión que les hace que vayamos esta noche a visitarlos, no tendría fuerza para llevar a cabo esta empresa.
- Pues tienes razón, este trabajo es muy duro; por muy Magos que seamos, supone un gran esfuerzo realizarlo. Antes cuando dejábamos los regalos volvíamos a casa libres de peso y equipaje pero ahora… ¿qué opináis de la manía que les ha entrado a los padres y a los abuelos de decirles a los niños que nos tienen que dejar los chupetes para que nos los llevemos? que si no, se quedarán sin regalos -, añadió Gaspar-, el año pasado regresamos a casa con 150 kilos de esa goma que a los peques les da por masticar.

Ilustración de Guille


-No seas protestón, Gaspar, acuérdate que los reciclamos e hicimos unas magníficas pelotas con los nombres de los niños que nos regalaron sus chupetes, y botaron tanto que llegaron hasta las estrellas-aclaró Baltasar- Ahora hay muchas estrellas que llevan los nombres de los peques.
- Es una maravilla que con nuestro poder y la goma masticada de esos chupetes hayamos podido mandar hasta el firmamento los nombres de sus dueños. Yo creo que con los que recojamos este año, podríamos hacer lo mismo. Así no se quedará ninguna estrella sin nombre y por la noche los niños podrán hablar con ella y pedirle deseos.
Hablando y hablando, los magos llegaron a una encrucijada de caminos y entonces decidieron separarse; cada uno sabía que sendero debía tomar, así que, seguidos por decenas de porteadores aceleraron la marcha para llegar a tiempo antes de que amaneciera.
Esa noche en todas las casa reinaba un gran nerviosismo. Los niños habían cenado pronto y limpiado bien sus botas, habían puesto paja para los camellos y los caballos y, para los Reyes y sus criados, unos riquísimos trozos de turrón y tortas de Pascua. Además en algunas casas había también sobre la mesa un chupete o dos. Los pequeños sabían que debían dejarlos para que se los llevasen, esa sería una señal de que se estaban haciendo mayores. Era la única forma de convencerlos de que debían abandonar esa costumbre de chupar y chupar cuando se hacían mayorcitos.
Después de varias horas de intenso trabajo, al despuntar el alba, se volvieron a encontrar en el cruce de caminos en donde se habían separado por la noche.
Todos los pajes venían cargados de vuelta con algunos sacos llenos de chupetes, todos menos uno, que no traía nada en su mochila.
-Parece que este año vamos a volver a hacer pelotas; habéis recogido un buen cargamento. Pero tú Mohamed ¿por qué no llevas ninguno? ¿Es que se te olvido traerlos? -, pregunto Gaspar-. Se le han perdido los chupetes y también la casaca y el turbante-, siguió el Rey muy enfadado.
-Yo, Señor, dijo preocupado el sirviente pensando que le iban a regañar-, yo no tengo la culpa, además, si les cuento lo que me pasó, tampoco me van a creer.
-Tú habla y veremos si nos convences o no-, le ordenó Melchor.
-Pues en Sevilla se rumoreaba que la culpa de que los niños no nos entregasen sus chupetes es del reino vegetal que se ha hecho amigo del reino animal; vamos, eso es lo que por allí se oía.
- ¡Pero qué acertijo es ese! no hay quién te entienda.
- Ve como ya les decía yo que no me iban a creer. Majestad, parece ser que una flor-reino vegetal- se ha hecho amiga de una gallina- reino animal- y las dos juntas tienen unas ideas… ¿cómo diría yo? Un poco raras
-¿Una gallina y una flor?-, dijeron todos los que le escuchaban soltando una carcajada.
-¿Acaso las gallinas comen goma en lugar de trigo y las flores hablan con los animales?-, dijo en voz alta Hamed, otro de los pajes.
-Sí, sí, vosotros reíros pero os voy a contar lo que me ocurrió cuando llegué a Sevilla. Empecé a repartir los juguetes y a darle de comer a los camellos con los alimentos que los niños nos habían dejado para ellos y, enseguida, me di cuenta de que en ninguna de las casas había chupetes para recoger. Entonces le pregunté a un mendigo que estaba en la calle casi sin ropa,- me dio tanta pena que le di mi casaca para que se protegiese del frio y el turbante para que con el rubí que llevaba prendido pudiese comprar todo lo que necesitaba para subsistir-.Oiga, buen hombre, ¿es que aquí en Sevilla los niños no usan chupetes para dormir? No me han dejado ninguno para llevarme-, le pregunté
-Claro que tienen chupa y algunos llevan enganchados dos o tres en el cuello; pero desde que el reino vegetal se ha hecho amigo del reino animal todo ha cambiado.
-Y dale con el acertijo, ¿se quiere explicar bien de una vez? me van a volver loco-, le dije ya un poco enfadado con tanta palabrería.
-Mire, yo, a veces, voy a un parque que está por aquí cerca- El parque de los descubrimientos- y he oído decir que una gallina pintadita se ha hecho amiga de una flor y, ya se sabe qué puede salir del cerebro de un ave aconsejada por una flor. Pues una idea un poco loca: han tenido la idea brillante de que los niños pequeños cuelguen sus chupetes en un árbol según se vayan haciendo mayores, así que ellas son las causantes de que no hayas encontrado ningún chupete por la ciudad.
-¿Una gallina pintadita? Pintadita ¿de qué?
-Ah, pues no sé, será pintadita de colores, creo que la gallina se llama Carmen. A lo mejor esa gallina es la que pone los huevos de Pascua, todos llenos de colorines, porque la gallina pintadita pondrá huevos ¿no cree? -, preguntó el mendigo
-¿Y la flor?-, le dije yo.
 La gallinita es de mi sobrino Quique (5 años), la margarita, mía.
-La flor se llama Margarita.
-Cuando oí todo lo que me contaba y que encima le habían puesto nombre a la gallina y a la flor, os digo de verdad que pensé que el mendigo se estaba riendo de mí-, aclaró el servidor-. Me pidió que le acompañase, que me iba a enseñar en donde estaban todos los chupetes de la ciudad y entonces nos acercamos al parque en donde había un pequeño árbol. Vi como de él colgaban los chupetes como si fuesen frutas maduras El mendigo me dijo que muchos días, las mamás se acercaban con sus niños y estos con lágrimas en los ojos dejaban sus chupetes colgados del árbol pero después, ellas les contaban cuentos o les leían poesías a sus pies y todos se ponían muy alegres; miraban a las ramas y se sentían protegidos por estas. Después de esta ceremonia se daban cuenta de que ya se estaban haciendo mayores y a partir de ese momento el chupete no tenía que estar en sus vidas. Si alguno seguía llorando y diciendo-¡Quiero mi chupete, quiero mi chupete! significaba que todavía no era lo suficientemente mayor como para desprenderse de él. Tendría que volver algunos meses más tarde.
Melchor se quedó pensativo, quería saber qué tenía que ver una gallina en todo ese embrollo y encima aconsejada por una margarita, pero se les estaba haciendo tarde y debían volver, ningún niño debía verles; si no, se rompería el hechizo y todos los juguetes desaparecerían.
-Queridos Gaspar y Baltasar ¿qué pensáis de todo lo que nos ha contado este chiflado de Mohamed? ¿De verdad creéis que una gallina va a tener la idea de que cuelguen los chupetes en un árbol, que sea amiga de una margarita y, además que se llame Carmen? Vamos ¡una gallina llamada Carmen!
-Melchor, es una pena que tengamos que volvernos enseguida, yo creo que Mohamed se ha perdido por Sevilla o se le ha olvidado


El árbol de de mi nieto Pablo, hermano de Guille, 6 años.




recoger los chupetes. De todas formas tendremos los suficientes para seguir mandando nombres a las estrellas,-comentó Baltasar-. Aunque pensándolo bien no es mala idea esa del árbol de los chupetes. En cuanto hayamos regresado y descansado unos días, enviaremos a alguien de confianza para que investigue y nos aclare todo este lío; con todos los chupetes que llevamos podríamos hacer no un árbol, sino Un bosque de los chupetes.
Dejaron de hablar y empezaron el viaje de regreso, les quedaba mucho camino por delante, pero a los tres les había calado la idea de la flor Margarita y de La gallina Pintadita Carmen.

Las ilustraciones
Ahora, voy a hablaros de los niños que han hechos las ilustraciones:
En primer lugar ni nieto Guille, 10 años: Ha reciclado el dibujo de los Reyes que me hizo para otro cuento y le ha agregado el camello. También ha dibujado al paje con el carrito de chupetes.
Pablo: mi otro nieto de 6 años, nos ha obsequiado con el ärbol de los chupetes; también le ha quedado precioso.
Mi sobrino Quique, con solo 5 años, nos ha regalado La gallina pintadita. os digo de verdad que cuando le ví con qué gracia la dibujaba me quedé con la boca abierta.
Por último yo misma hice la margarita. Me entraron ganas de dibujar al ver a los niños lo bien que lo estaban haciendo. Lo pasamos estupendamente.
Les doy las gracias por ponerme el blog tan bonito.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ocurrió en Navidad. 2º, 3er ciclo y Secundaria.


http://ampaceipmerida14.blogspot.com.es/2010/12/nacimientos-navidenos-en-merida.html

Leonor se había matriculado  en el Instituto de Bellas Artes; quería conseguir la titulación de Maestra de Artes plásticas pero, para eso, debía trabajar duro. Había mucha competencia y, además, no se podía permitir el lujo de suspender ninguna asignatura; en su casa casi  no tenían  ni para comer. Sus padres se habían sacrificado mucho para que ella pudiese cumplir su sueño y no pensaba defraudarlos. Siempre se ingeniaba la forma de sacar algunos dinerillos para ayudar en su manutención. Ahora se acercaba la Navidad y pensó que podría hacer en el  taller de la escuela  algunas figuritas de Belén, para luego venderlas en los puestos de la Plaza Mayor. Estuvo dándole vueltas a esa idea durante unos días hasta que se decidió y fue a ver al director  para pedirle permiso:
-¿Puedo pasar, D. Jacinto? -dijo un poco nerviosa mientras empujaba la  pesada puerta de madera del despacho. Le temblaba un poco la voz; era la primera vez que hablaba con él. El director, un poco sorprendido por la interrupción, levantó la cara del papel que estaba leyendo. Normalmente los chicos no le iban a visitar, más bien le rehuían.
-Pasa pasa,  debes  de ser nueva, no me suena tu cara.
-Sí, es que he empezado este año.
- Bien, ¿que deseas, tienes algún problema?-dijo con una voz, que a Leonor le pareció  muy cordial, mientras le hacía un gesto con la mano invitándola a que se sentase. Leonor acercó una de las  viejas sillas de terciopelo que tenía detrás y  se sentó con mucho cuidado; parecía que se iba a romper en cualquier momento.
- Perdone mi atrevimiento, pero quiero pedirle permiso para usar el  taller de cerámica. Me gustaría hacer unas cuantas figuras para el belén.
- Pues…, no sé si eso será apropiado -contestó perplejo; no se hubiese imaginado que venía a verle por ese motivo-. A lo mejor alguno de los profesores protesta. Si se estropea algo de lo que hay allí, no se podrán dar las clases. Lo comprendes ¿verdad?
-D. Jacinto, solo quiero hacer unas figuritas de belén y luego cocerlas en el horno del taller. Si pudiera usarlo,  las vendería y así me  ayudaría en los gastos. Me cuesta muy caro estudiar en Madrid; si mis padres viviesen aquí, sería distinto pero somos de un pueblo cercano a Cuenca y no estamos muy sobrados de dinero.
El director se la quedó mirando muy pensativo, parecía  una chica muy responsable y le gustó su decisión y desenvoltura.
-Está bien, tienes mi permiso, pero con la condición de que lo dejes siempre limpio para la siguiente clase. Si tengo una sola queja de algún profesor, no podrás entrar más al taller.
Leonor no pudo ocultar su alegría y se acercó con ganas de abrazarlo. Solo la mesa que había entre los dos impidió que lo hiciese. D. Jacinto se levantó y le acercó la mano.
-De acuerdo –contesto Leonor estrechándosela-, dejaré el taller tan limpio como me lo encuentre.
Salió muy contenta, había conseguido lo que quería. En el pasillo se tropezó con Enrique, un compañero de clase. Ella pensaba que Quique era el alumno más prometedor de todos los matriculados en su curso y él opinaba lo mismo de Leonor. Todavía no conocía a mucha gente ya que solo había transcurrido un trimestre, por eso, al verle quiso compartir con él  lo que acababa de conseguir.
-¡Qué alegría, Leo! Siempre pensé que eras la mejor. Verás como al final haces un trabajo estupendo.
 Estuvieron un rato comentando el tipo de figuras que iba a realizar y, después se despidieron. Cuando Enrique se quedó solo recordó, cómo Leonor, el primer día, en la hora de modelado, cogió una pequeña pella de arcilla entre sus manos y, sin ningún esfuerzo, solo con un ligero movimiento de sus dedos la transformó en un precioso pájaro. Tanto el profesor como el resto de sus compañeros quedaron asombrados ante su  destreza.  Durante los días siguientes, Leo tuvo mucho trabajo entre los exámenes y la preparación de la arcilla para hacer las figuras. Decidió modelar  las  del Nacimiento solamente. De todas formas eran  las  más importantes del belén  y como eran muy delicadas, requerían mucha maestría. Llegó el día elegido y Leonor estuvo toda la mañana trabajando en  ellas, esa mañana modeló ocho juegos completos: ocho ángeles, ocho vírgenes, ocho niños Jesús y el mismo número de San José,  mulas y  bueyes. Las dejó cociendo en el horno, y cuando comprendió que ya estarían listas volvió a por ellas. La verdad es que habían quedado preciosas, parecía que tenían vida propia, solo faltaba pintarlas, pero eso podría hacerlo en casa. Las estaba empaquetando con mucha delicadeza, cuando entró D. Luis el profesor de modelado.
-¡Ah Leonor! D. Jacinto me ha dicho que eche una ojeada a tus trabajos.
-Mire, aquí tiene, todavía no he terminado de envolverlas–dijo la chica mientras le mostraba algunas de sus figuras.
D. Luís se quedó observándolas detenidamente. Realmente estaba sorprendido.
-Son fantásticas, creo que tienes muchas posibilidades de  ser  la elegida para representar al Instituto  ante el Ayuntamiento. Bueno, como esta es tu primera Navidad con nosotros no estarás enterada de que todos los años enviamos los trabajos de tres alumnos de este Centro y el Alcalde elige entre ellos el Nacimiento que se colocará en el belén del Ayuntamiento. Te comunico que el ganador tiene una recompensa bastante sustanciosa y además una beca para el próximo curso.
- ¡Caray! Menudo regalo navideño podría hacerle a  mis padres. Si se enterasen en el pueblo  de que me han dado un premio en un Concurso de Belenes sería una noticia estupenda. Allí nunca ocurre nada extraordinario.
- Cuando termines de pintarlas, déjame un Nacimiento completo para mandarlo; los enviaré  junto con los otros dos seleccionados- le explicó D. Luís.
 Leonor  le dio las gracias y quedó con él en que al día siguiente le llevaría a la Escuela un juego terminado. A la mañana siguiente, después de darle al profesor lo que le había pedido, preparó  bien colocados en cajas siete más  para llevarlas su amigo Paco, un paisano de su pueblo  que tenía un  puesto de la Plaza Mayor. Cuando entró en los soportales de la Plaza, la inundó la alegría que allí se respiraba. Infinidad de chiquillos con sus padres paseaban por el centro buscando  con mucha algarabía todo lo necesario para celebrar las fiestas.

 Muchas de las personas que paseaban por allí llevaban en la cabeza diademas con cuernos de renos,  gorros de Papá Noel y algunos, los más atrevidos, pelucas doradas o plateadas. Había puestos con artículos de broma para el día de los Inocentes, en otros se vendían adornos navideños pero, en la mayoría de ellos ofrecían todo lo que pidiesen los   padres  más exigentes  para realizar un belén, que como es natural sería el más bonito de todos. Los abetos y el musgo colocados en medio de la Plaza le trajeron el olor de la Sierra y le recordaron su ciudad encantada. Dio una vuelta por delante de los puestos hasta que encontró a su amigo. Leonor le abrazó con alegría, en aquellos día ver una cara familiar  después de un trimestres desconectada del pueblo le pareció lo más reconfortantes que le había ocurrido desde que llegó a Madrid.
Después de los primeros saludos, Leonor le comentó a Paco para qué estaba allí y le   enseñó  los Nacimientos que había hecho; Paco se quedó maravillado.
-¡Eh, Marcelo! Ven a ver qué cosa más bonita –dijo  al vendedor del puesto de al lado que, también como él, vendía  figuritas de arcilla. Entre los dos llenaban los belenes de las casas de Madrid de lavanderas, alfareros, pescadores, soldados, casitas, puente Castillos de Herodes…
Todos  los  que veían los Nacimientos de Leo estaban de acuerdo en que eran las figuras mejor hechas de toda la Plaza Mayor.
-Mira -dijo a la chica-, no sé que pagarte por ellas. Son tan buenas que si tuviéramos que venderlas  por lo que valen realmente, nadie las podría comprar.
Leonor ante la duda de su amigo le dijo una cifra:
-¿Qué te parece  si las ponemos a diez euros cada una?, Son cuarenta y siete figuras, así que  serían en total 420 euros. Me das 210 a mí y otro tanto para ti.
Paco se quedó un momento pensativo, pero le parecieron bien las cuentas que había hecho su paisana:
-De acuerdo – dijo sacando los doscientos diez euros. Leonor se los guardó en el pantalón y se despidió con un apretón de manos.
-Si haces más figuras no te importe traérmelas, seguro que las vendo.
-Vale, no te preocupes, si hago alguna más vendré por aquí.
Leonor se fue muy contenta, tenía dinero para comprar regalos a sus padres y si además ganaba el premio, serían unas navidades inolvidables.
Nada más despedirse de Paco se encontró con su compañero Quique  que también había ido a pasear por la Plaza Mayor.
-¡Qué casualidad Leonor! ¿cómo llevas la venta de tus figuras? -Le preguntó su amigo.
-Acabo de venderlas todas. Se las ha quedado un paisano de Cuenca que todos los años pone en la Plaza un puesto para Navidad; también trae  musgo de la sierra y lo vende muy bien. Oye, sabes que me ha dicho D. Luis que le deje un juego completo para representar a la Escuela. Cuando lo escuché, me quedé de piedra, imagínate, representar al Instituto de Bellas Artes ¡No me lo puedo creer!
-Seguro que te llevas el premio, eres la mejor con diferencia. ¿Quieres tomar un café? La preguntó Quique.
-Si no te importa otro día, llevo el dinero encima y quiero dejarlo pronto en casa.
Para ella doscientos euros era todo un capital. Quique se rió y se despidieron hasta el día siguiente.  Al poco rato, Paco había vendido todos los Nacimientos que le había llevado Leonor.
A la mañana siguiente, estaban en clase de dibujo artístico cuando entró D. Luís con la cara desencajada; estuvo hablando bajito con el profesor que la impartía y cuando terminaron pidió a Leonor que lo acompañase al pasillo:
-¿Quieres salir?, tengo que decirte algo.
La chica se dio cuenta de que pasaba algo malo. No sabía lo que era, hasta  pensó que podía tratarse de sus padres.
-No sé cómo ha podido ocurrir, pero esta mañana, cuando he ido a embalar tus figuras para enviarlas al concurso, me las he encontrado rotas. Los libros que había en la leja se han volcado sobre ellas y las han destrozado. Es algo rarísimo, estaban muy bien sujetos. Yo mismo me aseguré ayer de que no se pudiesen mover- le explicó D. Luís apesadumbrado.-No sé si vas a tener tiempo de volver a hacer otras.
-De hoy a mañana, ¡imposible! - le contestó.
Leonor creía que estaba viviendo una pesadilla, no podía pasarle esto, ahora que estaba tan ilusionada y con tantas esperanzas puestas en el concurso… De repente se le habían roto todas sus ilusiones pero se acordó de los belenes de Paco y  pensó que, a lo mejor, todavía podría solucionarse el problema.
-Llevé siete juegos iguales a Paco, un vendedor de la Plaza Mayor; es posible que  le quede alguno sin vender. ¿Me da permiso para salir de clase e ir a buscarle? –preguntó con ansiedad.
 A D. Luís no le gustaba mucho la idea de que saliese de la Escuela en hora lectiva, pero ella le miraba suplicante; no podía dejarla con esa zozobra durante toda la mañana.
-Vale, pero vuelve pronto. Mira mejor haces una cosa, si le queda alguno, directamente lo llevas a esta dirección, así ganamos tiempo.
D. Luís le escribió en un papel la calle en dónde se celebraba el concurso de Belenes y Leonor echó a correr hacia la Plaza Mayor, quería ver a Paco cuanto antes y salir de dudas. Cuando llegó casi no podía hablar; tuvo que descansar durante unos segundos.
-Paco ¿te queda algún nacimiento de los que te traje ayer?-le preguntó con angustia.
-Nada más irte, un chico se los llevó todos. Dijo que este año quería regalar artesanía.
 A Leo fue como si le echasen un jarro de agua fría. Los ojos se le llenaron de lágrimas y le pidió una silla para sentarse.
-Pero niña, ¿qué te pasa? No creía que te iba a disgustar tanto que se vendiesen tus figuras ¿no era eso lo que querías?
Leonor le contó a su paisano todo lo que había ocurrido y cómo con las figuras, se habían roto sus ilusiones de un día para otro; Paco la sonrió y le dijo:
-Venga vamos,  no te preocupes, aquí está tu amigo Paco para ayudarte; hoy es tu día de suerte. Yo tengo un juego completo, me gustó tanto tu trabajo que me quedé con uno para mi casa. Ahora mismo vamos a por él y lo llevamos al Ayuntamiento, ya me lo devolverás cuando pase el concurso.
Leonor no se lo podía creer, parecía que sus problemas se iban a solucionar, así que Paco dejó el puesto a cargo de un amigo y los dos se fueron a recoger el Nacimiento sin perder tiempo.  Antes de que terminaran las clases, Leonor estaba de vuelta con su belén entregado; Paco la había llevado en su coche y por eso tardó menos de lo que pensaba. Cuando llegó  al Instituto, los chicos estaban en la hora de modelado con D. Luís.
-Cuenta, cuenta-, exclamó el profesor con mucha inquietud. Leonor con la cara resplandeciente explicó todo lo sucedido. Todos los compañeros se levantaron para felicitarla. Sin embargo, D. Luís  observó una actitud muy extraña en uno de sus alumnos; aunque también le había dado la enhorabuena a Leonor, al volverse a su mesa dio un puñetazo sobre la misma creyendo que nadie le observa. Esto le pareció bastante raro.
-¿Qué te pasa, no estás contento  de que a Leonor se le ha solucionado el problema?
-Sí, claro-, contestó de mala gana, pero no pudo dominar su enfado y en pocos segundos su cara enrojeció al ver que su plan había fracasado:
-¡Cómo es posible que se guardase un juego! yo le dije que los quería todos. Él me aseguró que me los  había vendido a mí, le dije que  los necesitaba para hacer unos regalos-, exclamó indignado.
 En ese momento a Leonor se le cayó la venda de los ojos, a ella y a otros compañeros. Se habían dado cuenta de que no todos los que se dicen amigos, lo son realmente. Entonces otra de las alumnas se levantó y dijo enojada:
- Ahora caigo, D. Luís, ayer vimos salir a  Quique de la clase en dónde usted guardaba las figuras y cuando nos vio se puso rojo como un tomate.
-A ver Quique, ¿que estabas haciendo ayer en mi clase sin mi permiso?
Quique se vio acorralado, se dio cuenta de tenía que haberse callado; había sido muy impulsivo  y por esta causa se iba a descubrir todo. Intentó serenarse para enmendar su error.
-Yo solo fui a ver  cómo le habían quedado las figuras a Leonor después de pintarlas y al cogerlas se me cayeron los libros sobre ellas sin querer. Pero, me gustaron tanto que quise quedarme con todos los Nacimientos para regalárselos a mi familia.
- ¿Sabes lo que te digo? Que  no me lo creo, las rompiste a propósito-le dijo indignada Leonor con los ojos llenos de lágrimas-, por eso estabas en la Plaza Mayor, estabas espiándome para ver dónde las dejaba y así hacerlas desaparecer. Yo creía que eras mi amigo pero por tu culpa me he llevado la mayor decepción de mi vida.
-¿Qué has hecho con los otros Nacimientos? Le preguntó el profesor muy enojado, que hasta entonces había querido guardar la calma.
Quique avergonzado de que le hubiesen descubierto empezó a contarlo todo.
-Perdóneme,  D. Luis,  pero cuando las vi tan bien hechas, me di cuenta de que las mías, al lado de las suyas, no tenían ninguna oportunidad, pensé que el premio se lo iban a dar a ella, entonces decidí romperlas. Por eso,  como yo sabía que las iba a llevar a la Plaza Mayor estuve por allí paseando hasta que me hice el encontradizo. Cuando  se fue, me acerqué al puesto y compré todos los que el vendedor me dijo que tenía. Ya se había roto el juego que había en la Escuela, yo tenía los demás, así que cómo solo quedaban dos días para la presentación, Leonor no tendría tiempo de hacer otro nuevo. En el camino pensé que era  incapaz de romperlas las demás,  por eso, mientras me acercaba a mi casa tiré  todos los paquetes  menos uno, en diferentes  contenedores de basura. Ya en mi habitación, desenvolví con cuidado las figuras, ¡eran preciosas! Parecían de verdad. Leonor, no sé cómo se me ocurrió hacerte eso, me volví loco pero es que necesito la beca para el próximo curso, sino no voy a poder seguir estudiando.
 -Mira, no tienes escusa, siempre nos lo podías haber dicho a los profesores y te habríamos ayudado-, le reprendió D. Luís muy enfadado.
-Me las vas a devolver ahora mismo, no quiero que tengas nada mío,- dijo Leonor sin parar de llorar, era el primer  gran desengaño que se había llevado en su vida.
-Tendrás una sanción. Vamos a ver al director inmediatamente- le dijo D. Luis sacándole de la clase.
 Cuando Quique abandonó la clase y aunque se había portado muy mal con ella,  Leonor sintió  pena por él. ¡Qué mal lo estaría pasando en ese momento después de lo que había hecho!
Llegaba la Navidad y a los pocos días recibió una noticia que le compensó de los malos ratos que había vivido,  Leonor que era la ganadora del concurso y todos sus profesores y compañeros se alegraron por ella; de verdad que se lo merecía. Su Nacimiento fue expuesto en el Ayuntamiento junto con figuras de otros eminentes escultores. Durante las visitas que hicieron los niños madrileños al belén  hubo algunos que se empeñaban en algo que parecía imposible:
-Papá ese nacimiento es como el nuestro. El que encontramos en la basura.
-Pero niña, como va a ser igual, si este debe ser de una gran escultora, no ves que lo han premiado, eso es imposible.
Julita siguió empeñada en la idea de que ella tenía uno como el que allí había, vamos era tan igual que estaba segura que lo había hecho la misma persona. Lo mismo ocurrió con Luisito, con Pilarín, con Guille y con D. Norberto el basurero. Todos pensaron que en esas Navidades el Niño Jesús les había hecho un regalo maravilloso: un nacimiento tan bonito como el que estaba allí expuesto. Ese regalo les había hecho muy felices. 



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 Este es mi primer cuento navideño de este año y aunque todavía queda otro, espero que os haya gustado.

 Os deseo una Feliz Navidad a todos los que os molestáis en leerme

 

 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Las lecciones de la vida. 2º y 3er.Ciclo y Secundaria



Dedicado a todas las personas que voluntariamente se juegan la vida para salvar  la de otras  que consideran más indefensas.



Era un día de verano. La familia de Juan había acudido a la playa con la esperanza de que el agua hiciese más soportable el sofocante calor y ya llevaban más de una hora instalados debajo de la sombrilla. La habían sujetado fuertemente porque en Tarifa, cuando el viento decía de soplar, lo hacía con  furia y los bañistas estaban acostumbrados a ver los quitasoles salir volando como si fueran cometas. Juan estaba haciendo un castillo con la arena de las dunas, cuando al levantar la cabeza se dio cuenta de que pasaba algo que no era normal. Sus padres miraban al horizonte señalando un punto a lo lejos:
-Parece una barca; está tan llena que no puede avanzar. Yo diría que es una patera –dijo el padre a la madre- Creo que tienen problemas. Si no saben nadar, aunque estén cerca de la orilla pueden ahogarse, no ha sido la primera vez que ha ocurrido eso.
-Es verdad, hay que ayudarles -en ese momento todos los que estaban por allí cerca echaron a correr hacia el agua.
-¿Qué pasa papá? ¿A dónde vas?
-Juan, quédate aquí con tu hermana. No os mováis, por favor, la gente de aquella barca parece que está en apuros.
La hermana mayor de Juanito lo tenía cogido de la mano y este miraba con cara de susto lo que ocurría a su alrededor sin perderse detalle. Solo habían pasado unos minutos, cuando llegaron dos ambulancias de la Cruz Roja y de ellas bajaron muchos chicos y chicas que se dirigieron corriendo hacia la orilla. Sacaron a algunos hombres y  mujeres y los  dejaron descansando en la playa. El viaje tan largo les había extenuado.
-Juanito, mira –dijo su hermana- esos chicos son voluntarios.
-¿Y eso qué es?
-Voluntarios son las personas que ayudan a otros desinteresadamente;  no cobran por su trabajo. Ahora están ayudando a los inmigrantes que acaban de llegar.
-¿Inmigrantes? ¿Qué son inmigrantes?
-A la gente que viene de otro país  y se queda a vivir aquí, se les llama inmigrantes.
- ¡Ah! –exclamó asombrado de todo lo que sabía su hermana. Juanito vio cómo un grupo de jóvenes llevaba mantas y agua y las repartían a todos los hombres y mujeres que habían bajado de la barca.
-¿Por qué les dan mantas? si hace mucho calor.
-Seguro que ellos tendrán el frío metido en los huesos; habrán estado dos o tres noches en alta mar y allí la temperatura es más baja.
Después vieron cómo dos enfermeros llevaban en una camilla a una mujer embarazada. En otra, transportaban una persona totalmente cubierta: llevaba la cabeza tapada. Clara se quedó callada, no sabía si decirle a su hermano, que ese hombre o mujer  ya no tenía frio, ni frío ni calor, sino que había muerto en el camino, buscando un mundo, que ellos creían mejor. Él era pequeño y pensó que era mejor que sus padres, cuando volviesen, le contasen lo que ellos creyeran oportuno. Estuvieron de pie durante mucho rato viendo pasar a los pobres hombres y mujeres tapados con las mantas y con botellas de agua en la mano; les acompañaban los voluntarios. Una enfermera llevaba de la mano un niño que era como un muñeco.
-Parece un bombón de chocolate,-dijo la hermana de Juan.
Tendría cinco o seis años y miraba todo su alrededor  con unos ojos enormes que  le resaltaban en la cara como si fueran dos faros. La enfermera lo soltó de la mano para ayudar a un compañero. En ese instante, Juan se separó de su hermana y  fue  corriendo hacia donde estaba el  pequeño.
¿Jugamos? –le preguntó. Al otro niño se le iluminó la cara cuando oyó a Juanito. No le entendía, pero sabía que le estaba diciendo algo bueno. Juan le cogió de la mano y ambos echaron a correr hacia donde estaba su sombrilla. Al recién llegado se le pasaron todos los males cuando vio el cubo y la pala de Juan. Los dos querían decirse miles  de cosas pero no podían, no hablaban el mismo idioma; entonces el niño de la patera se puso a dibujar en la arena; con el dedo fue trazando la silueta de un gran árbol, alto y de tronco muy grueso; al terminarlo lo señaló y dijo:
-Baobab, Baobab;  al lado trazó una línea larga que parecía un río, con muchos cocodrilos y, junto al río, un elefante con su cría bebiendo agua. Juanito se quedó maravillado al ver los dibujos de su amigo. Cuando terminó, le señaló a Juan hacia el otro lado del mar. Juan pensó que algún día visitaría ese país tan maravilloso con árboles tan fantásticos y animales salvajes; después se pusieron a jugar al escondite. La hermana de Juan, de repente, cayó en la cuenta de que la madre  del niño lo estaría buscando preocupada y, entonces,  le llamó:
-Juan, ¿no crees que  su  mamá  se va a asustar si no lo ve? Anda, vamos a llevarlo con su familia. Cuando llegaron donde estaba el grupo, la enfermera se enfadó con Juanito y la madre  del niño empezó a llorar mientras lo abrazaba desesperadamente, las dos creían que se había perdido. Los niños se despidieron del pequeño con pena y la enfermera metió al chiquillo negro con su madre en una ambulancia. Juan estaba arrepentido de lo que había hecho, pero él solo quería hacerse su amigo. Al poco rato volvieron sus padres muy tristes.
-Mamá, cuéntame qué ha pasado por favor, ¿qué es una patera?
La madre no podía hablar, tenía un nudo en la garganta;  entonces le respondió su padre:
 -Mira hijo, Tarifa es el punto más cercano que hay desde España al continente africano, por eso, estos hombres lo han elegido para traer su barca. Parece que son de Senegal, allí son muy pobres, y  piensan que al otro lado del mar está su salvación.
-Pero papá, es verdad, aquí  están salvados. Ya no les va a pasar nada malo, ¿no?
-Hijo, seguramente, los devolverán a su país, aquí no hay trabajo para todo el mundo que entra a buscarlo; lo más grave es que venía con ellos otra patera y durante la noche han perdido su rastro. Van a empezar a buscarla los helicópteros del ejército. Clara y Juanito miraron  la cara de su madre y, al verla preocupada, se echaron en sus brazos; estuvieron así los tres durante un buen rato. Verdaderamente los que vivían a este lado del mar eran afortunados. Cuando se tranquilizaron, Juanito se levantó y, sin decir nada, echó a correr hacia donde estaban todavía algunos voluntarios y miembros de La Cruz Roja.
-¿Dónde vas? Vuelve –le dijo su padre.
-Espera  un momento,  papá, que tengo que preguntar una cosa.
El niño se acercó al  voluntario que estaba más cerca de él; era una chica un poco  mayor que su hermana:
-¿Es muy difícil hacerse voluntario?-preguntó.
-No hijo, solo tienes que querer serlo - le contestó con una sonrisa.
-Pues entonces  de mayor seré voluntario -y, diciendo esto, regresó junto a su familia.
Los padres le miraron con satisfacción, Juan había reaccionado como un hombre ante la dura lección que había recibido aquel día y que no olvidaría nunca;  sin tener que estudiar, la había aprendido en el libro que más nos enseña: el libro de la vida.

El precioso dibujo es de mi nieto Guille.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Vanesa de los cardos. Educación infantil y 1er y 2º ciclo

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Dña.  Vanesa, una elegante mariposa de bellos colores, acababa de llegar de un largo viaje  desde África; había recorrido mil kilómetros en dos o tres días como quien no quiere la cosa, y no estaba nada cansada. Ella tenía un truco: aprovechaba los vientos que venían del desierto del Sahara y se dejaba llevar por ellos, así no tenía que realizar ningún esfuerzo.
Era primavera y necesitaba un lugar donde poner sus huevos para tener descendencia. Normalmente  utilizaba una  zona  en donde proliferaban los cardos. Allí, sus huevos, primero se convertían en unas oruguitas negras y amarillas, bastante peludas, que se alimentaban de las flores que estas plantas pinchosas daban, después se encerraban en una crisálida y,  más tarde, de cada una de ellas salía una preciosa mariposa, tan bonita, como su madre.
Vanesita, una de las orugas, estaba muy triste porque se encontraba horrorosa. No le gustaba la forma agusanada de su cuerpo ni el color a rayas negras y amarillas; tampoco le gustaba que estuviese cubierto de pelos y, por último, lo que más le desagradaba era no poder volar como su madre.
-¿Cuándo podré volar cómo tú, mamá? Es aburridísimo ir arrastrándome por el suelo mientras que tú vuelas por las alturas. Además… soy tan fea, tengo muchas ganas de parecerme a ti.
-Mira, Vanesita-, le decía su madre con  mucho cariño-, tendrás que tener mucha paciencia; para llegar a mariposa primero hay que  ser  durante una semana, más o menos, una  oruguita  y aunque tú te veas fea, para mí eres la cosa más linda del mundo-, le explicaba su mamá dándole ánimos-, luego te encerrarás en un saquito de dormir colgada de una rama y después de estar allí unos días despertarás una mañana transformada en una linda  mariposa



Vanesita no veía la hora de convertirse en  una Vanesa de los Cardos hecha y derecha, que era como llamaban los demás insectos a su mamá, hasta que un día se hizo  el milagro, el saquito desapareció y pudo desplegar al aire sus preciosas alas de color naranja, moteadas con lunares negros y blancos. ¡Qué guapa se veía! Ya no tenía ningún complejo; revoloteaba por aquí y por allá luciendo palmito y presumiendo delante de otros insectos a los que ella consideraba más feos. No se había dado cuenta  de que cada insecto tiene una  forma diferente porque se tiene que adaptar al medio que le rodea y, ahí, no hay ni guapos ni feos si no  que  son de una manera y no de otra porque siguen las leyes de la Madre Naturaleza
 El día amaneció precioso, el sol no calentaba demasiado y  soplaba una ligera brisa que Vanesita aprovechó para levantar el vuelo y recorrer un espacio muy grande sin tener que esforzarse demasiado. Se detuvo cerca de un gran lago. Se acercó revoloteando y se dio cuenta de que había otra Vanesa de los cardos frente a ella dentro del agua.
-¡Sal de ahí que te vas a ahogar! Exclamó Vanesita, pero la otra mariposa no la hizo caso, parecía que le estaba haciendo burla; todos los movimientos  que hacía ella, los repetía sin parar.
Tan enfadada se puso que echó a volar y volvió con su madre, creyendo que dejaba  a la otra mariposa dentro del agua.
Cuando se lo contó a Dña. Vanesa ella se imaginó lo que había ocurrido y volvieron las dos juntas al lago; tenía que empezar a darle lecciónes a la pequeña.
-Mira, Vanesita, ¿Cuántas mariposas ves ahí dentro?
-Dos, mamá.
-¿Y si yo me aparto de la orilla?
-Solo una, mamá.
-Entonces ¿Qué es lo que crees que ocurre?
-Pues no sé-, la pobre Vanesita era muy guapa pero un poco lenta de reflejos.
-Mira, las dos mariposas que ves ahora  somos nosotras. El agua nos devuelve nuestra imagen cuando nos acercamos al lago.
-Entonces esas alas tan bonitas ¿son mías? ¿Y ese cuerpo tan esbelto también?
-Sí, así eres tú ahora-, contestó su madre.
-Pues entonces, vendré todos los días al lago a mirarme.
-Ni hablar, no sabes lo peligroso que es eso, Vanesita, aquí hay muchos  pájaros, peces, ranas y sapos que estarán encantados de que te acerques para comerte.-
-¿Para comerme? ¡Qué va mamá!  Quién va a querer comerse una cosa tan linda como yo. Los mayores siempre amargando a los jóvenes.
La madre se preocupó al escuchar a su hija.
-Prométeme que no vendrás, prométemelo.
Vanesita hizo un gesto de asentimiento con sus antenas y la madre se quedó satisfecha.
Esa noche la mariposa no dejaba de pensar en lo bonita que se había visto reflejada en el agua; la luna estaba en el cielo iluminándolo todo y ella no pudo resistirse.
-Iré una vez más, solo esta noche. Me fijaré bien cómo soy y mañana  saldré de viaje con mi madre y mis hermanas.
http://ichn.iec.cat/Bages/brolles/Imatges%20grans/cVanessa%20cardui.htm

Vanesita voló hasta el lago;  el cielo estaba cuajado de estrellas y la luna tan brillante que parecía que era de día. Se acercó al agua y estuvo volando por encima como si estuviera interpretando un ballet acuático. No dejaba de mirarse reflejada en ese líquido espejo y de pensar en lo linda que era. Se oía un ruido sordo y seco que ella no conocía; era el croar  de las ranas,  también el chapotear de algunos peces que saltaban fuera del agua para capturar insectos, pero ella inconscientemente creía que el peligro no existía; de repente algo saltó a su lado y la salpicó. Se sobresaltó mucho pero voló más alto y se recuperó pronto del susto, después volvió a interpretar su danza, cada vez más segura de la belleza de sus movimientos y de su cuerpo. De repente, algo  largo y glutinoso salió de un cuerpo viscoso con ojos saltones que se encontraba encima de una roca. No tuvo tiempo de reaccionar, era tarde para levantar el vuelo  y, Vanesita cayó  atrapada dentro del estómago de un sapo horrible, que se relamió con su captura.


Queridos peques, es la primera vez que termino un cuento sin final feliz, pero no hacer caso de los consejos de los mayores trae a veces malas consecuencias.
 Si queréis saber más cosas sobre las mariposas podéis pinchar en este enlace y allí encontrareis cosas muy interesantes

Todas las fotos llevan indicado el link de su autor.

http://www.kidsbutterfly.org/life-cycle/spanish