Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

martes, 21 de mayo de 2013

Una clienta incómoda. Educación secundaria.

La tienda de modas que le habían recomendado estaba situada en el primer piso de un edificio muy moderno en la zona centro de la ciudad. A Dña. Patro le hubiese gustado más que se encontrase en una planta baja; cuando tenía que subir al primer piso le daba apuro llamar al ascensor, prefería ir por las escaleras, no porque no se cansase no, sino por el qué dirían. Sus kilos de más le pesaban bastante. Hizo una parada en el rellano y cuando consiguió coger aire terminó el tramo de escaleras que le faltaba para  llegar. Quería un traje de madrina y, en ese lugar, podía encontrar lo que ella necesitaba. Un letrero fluorescente señalaba que estaba en el sitio adecuado: “Modas Ana, vestidos inteligentes para gente elegante”. Las letras parpadeaban intermitentemente avisando de los trajes que podían encontrar y de quiénes los podían vestir. Cuando se recuperó del impacto que le había producido el anuncio, llamó al timbre y esperó jadeante a que abriesen la puerta mientras su corazón se iba calmando según pasaban los segundos.
Una señora  rubia, elegantemente  vestida  toda de negro, salió a recibirla:
-Buenas tardes, ¿qué desea? -dijo mirándola con cara de extrañeza al darse cuenta de que esa señora, precisamente, no era del tipo de las que se vestían en su tienda.
-Buenas tardes. Verá, necesito un vestido para una boda. Voy a ser la madrina y me han dicho que ustedes tienen los mejores de la ciudad.
La señora rubia la volvió a mirar de abajo a arriba. Paseó  despacio sus ojos por los tobillos hinchados y  las pantorrillas rechonchas de la clienta y siguió por los michelines de la cintura y su abundante pecho.
-Pase, pero…, no sé si aquí habrá algo que pueda servirle. Vaya mirando entre los vestidos que hay expuestos –le indicó señalando unos percheros- y cuando encuentre algo que le guste, veremos si tenemos su talla – dijo de una manera algo despectiva, como si quisiera perdonarle la vida por el atrevimiento de  querer vestirse en su local.
Dña. Patro fue repasando las perchas: gasas, terciopelos, sedas adamascadas, muarés… Por fin pareció decidirse por uno de ellos,lo señaló para  que la señora rubia y elegante que la había recibido, le buscase su talla:
-Me gusta este. Creo que me hará más delgada.
-Pues lo siento, ese modelo es el único que nos queda, y es una treinta y ocho- dijo regodeándose con una sonrisa que no tenía nada de agradable-, pero aquí hay uno que le puede sentar de maravilla. Tiene que vérselo puesto. No diga nada hasta que se lo pruebe.
Dña. Patro cogió el vestido que le enseñaban y entró en el probador; primero se quitó la blusa un poco sudada -¡como le molestaba esa humedad que siempre le acompañaba debajo de las axilas cuando iba de compras!-, luego la falda. Con un poco de esfuerzo intentó meterse en el vestido de terciopelo rojo que le habían ofrecido,por fin entró en él. Empezó a subirse la cremallera hasta que logró cerrársela. Se encontraba muy incómoda. El vestido le apretaba y se iba ciñendo más y más a su cintura, era como  si los tentáculos de un pulpo la abrazaran dejándola sin respiración. Intentó quitárselo pero era imposible, la cremallera se había atascado.  Llamó a la encargada de la tienda pero nadie la oía, se empezó a marear y   a asfixiarse, hasta que la falta de aire  fue la causante de que perdiera el conocimiento.
El golpe que Dña. Patro se dio en el suelo, hizo que entrasen enseguida a socorrerla. Rápidamente le bajaron la cremallera y una corriente de aire fresco empezó a entrar en sus pulmones.
-¿Se encuentra usted bien? le preguntaron las dos mujeres que en ese momento estaban en la tienda.
-¡Ay, sí, qué alivio! Ya se me está pasando. ¡Qué susto me he llevado! Creí que me moría.
La dueña la ayudó a vestirse y, Dña. Patro recogiendo su bolso que también había ido a parar al suelo, salió de la tienda disparada con el susto todavía en el cuerpo.
La señora rubia y elegante vestida de negro –un poco molesta- habló con su dependienta:
-Mis creaciones son así, no sé porqué no leen bien el rótulo de la entrada, lo pone bien claro:
“ Modas Ana, vestidos inteligentes, para gente elegante”.

El dibujo lo he tomado  prestado una página de "Dibujos de señoras gordas" de internet.

sábado, 4 de mayo de 2013

Visita al colegio Virgen de la Fuensanta con motivo del Día del Libro 2013.

El pasado 23 de abril mis antiguas compañeras de cole me invitaron a  visitarlas para que los niños y yo hablásemos sobre los cuentos. Como era el día de San Jorge, me recibieron con una rosa. Estaban celebrando la Semana Cultural y, con este motivo, cada niño o niña  había escrito un cuento, lo había encuadernado y estaban todos expuestos en la entrada del colegio. Daba gusto ver con qué primor habían elaborado sus primeras obras literarias.


En la biblioteca del cole

La charla fue en la biblioteca y me acompañaron varias profesoras. Salieron muchos temas, todos relacionados con los cuentos, por eso,  les expliqué que en mi blog los niños pueden encontrar muchos cuentos que voy subiendo de vez en cuando; les indiqué cómo pueden buscar los cuentos en él. También hablamos de la inspiración, ellos me contaron los temas sobre los que han escrito sus historias: sobre muñecas de porcelana, sobre la amistad, sobre naves espaciales… Una niña nos explicó que había hecho uno sobre  una Caperucita diferente. Así, con este motivo, hablamos de que, a veces, se pueden hacer variaciones sobre un tema por ejemplo el de Caperucita.
Da la casualidad de que yo tengo un cuento en mi blog llamado “Caperucita roja, pero menos” y estuvimos leyéndolo. Les gustó mucho porque es muy gracioso. Les conté que el dibujo del cuento lo había hecho mi nieto.  Pasamos un rato estupendo. A casi todos los niños les gusta mucho leer, pero había  dos o tres  que dijeron que les aburría. Yo les aconsejé lo siguiente:

-Si te aburres al leer un libro, déjalo y busca otro; hay muchos libros para que te empeñes en leer uno que no te gusta; seguro que encuentras alguno que te enganchará y, entonces empezarás a amar los libros y la lectura.



Después les firmé para la biblioteca del colegio algunos libros  de “Tango, el perro pastor” y hablamos de mi nuevo libro “Paloma y el corzo blanco”.

Se portaron estupendamente. Volveré cuando ellos quieran.

Os pongo el enlace de" Caperucita roja pero menos" por si queréis leerlo.
http://laabuelaatomica.blogspot.com.es/2012/04/caperucita-roja-pero-menos-2-y-3er.html

viernes, 26 de abril de 2013

2ª Visita al colegio Jesús María de Murcia, con motivo del Día del Libro.


Este año, como el pasado, con motivo del día del libro, me volvieron a invitar a dos colegios para que contase mis experiencias como escritora de cuentos infantiles.


Después de la charla, durante la firma de libros.
 En El C.E.I.P. Jesús María de Murcia, los tutores de 4ª curso habían elegido por segundo año consecutivo mi libro Tango, el perro pastor. Me hizo mucha ilusión que me dijesen que a los niños del curso pasado les había gustado tanto que, este año, lo habían vuelto a elegir como libro de lectura. Aunque está recomendado para el tercer ciclo, cuando los niños tienen hábito de lectura, como pasa en este colegio, es fácil leerlo en 4º. Sin embargo, hay algunas palabras que pueden desconocer, por lo que deberán usar el diccionario. Así, el 22 de abril les hice una visita que me resultó muy gratificante. Los tres cursos los agruparon en dos y  estuve una hora con el 1er. grupo y otra con el segundo. Me llama mucho la atención cómo la marcha de la charla es totalmente diferente entre los dos grupos, cada uno tiene sus características. Yo casi siempre empiezo de la misma forma, pero luego los niños me llevan a lugares diferentes. Primero, empecé a interesarme por si había algún escritor en ciernes; una niña me dijo que a ella sí que le gustaría escribir cuentos cuando fuese mayor y que ya tenía elegido el cuento que iba a escribir y el nombre. Estuvimos charlando durante un rato sobre el cuento: sobre los perros, el pueblo de Burgui, los almadieros, las presas, los bosques etc.  En una clase se me ocurrió cantar como si fuese un rap la canción de los almadieros y eso les gustó mucho. Ellos, casi siempre, me preguntan cosas parecidas, pero a mí no me cansa responderles: que cómo  me inspiré, que cuáles son los personajes reales y cuáles son los ficticios, que si conocía Burgui, que cómo se me ocurrió el capítulo del oso y el del rapto de Tango. Una niña me preguntó algo que nunca me habían preguntado:

-Conchita, cuando estabas escribiendo que Tango se moría ¿tuviste pena? Yo les expliqué que no, que entonces si escribes una historia de miedo, lo pasarías muy mal.
Con Ismael, uno de los tutores de 4º

Después, muy rápidamente tuve que firmarles los libros. Me hubiese gustado que las dedicatorias fuesen más largas y personales pero, como eran casi noventa libros, tuve que ponerles una frase cortita a cada uno y siempre la misma.

Al final de la clase me entregaron un montón de dibujos preciosos sobre Tango. Yo he elegido entre todos, unos pocos, en representación del colegio. También dos poesía que copio para que las leáis.
Autor: Pablo Monteagudo




Autora:Susana Flores Riquelme



 
TANGO, EL PERRO PASTOR, TAN BONITO COMO UNA FLOR

DE PEQUEÑO LA ALERGIA, DE MAYOR LA CURACIÓN

¿QUÉ SERÁ LO PRÓXIMO QUE LE OCURRA AL CAMPEÓN?

QUE LE ROBE UN LADRÓN, QUE SE ENCUENTRE UN LEÓN,

QUE SE VAYA EN AVIÓN, QUE SE META EN EL PELOTÓN.

AUTOR.MASSIMO VAN PASSEL FUSTEC
 


Autor:Adrián Pérez Ruiz
Autora: Cristina hernández Millán.





Autor desconocido


 

 








DESDE MUY PEQUEÑO

TANGO TENÍA UN PROBLEMA     





ERA ALERGICO




El autor de este dibujo tampoco lo firmó.
A LA LANA DE LAS OVEJAS

CUANDO FUE MAYOR

YA SE LE PASÓ

PASTOREÓ Y PASTOREÓ

HASTA QUE NO PUDO HACERLO MEJOR

CUIDÓ DE LUIS, TENÍA UN GRAN CORAZÓN.

AUTORA:MARIOLA ROS

 MIRO POR LA VENTANA  
VEO LA PRADERA                                                    

QUE HUELE A PRIMAVERA



Autor:Pablo Guirao López.


ES UN EXPLENDOR LO QUE MIRO

POR EL MIRADOR.

ES TAN BONITO COMO EL MAR MARÍTIMO

TANGO EN MI AMIGO Y DE TODOS MI FAVORITO.

AUTOR:ANÓNIMO.

Como veréis, las poesías no tienen desperdicio. Luego, me regalaron una caja de bombones que me supieron a gloria. Me despedí hasta el próximo curso si  Dios y ellos quieren.

lunes, 15 de abril de 2013

Paloma y el corzo blanco, 2º y tercer ciclo de primaria.

Por fin, despues de muchos meses de gestación, hoy sale a la venta en las librerías, PALOMA Y EL CORZO BLANCO. Estoy deseando verlo en las manos de los pequeños lectores.

Os comunico que ya está en la web de Dylar el primer capítulo 
 
 
 



http://www.dylar.es/Libros/770/09.%20Paloma-y-el-corzo-blanco.html
Si pincháis en el enlace  y cuando estéis dentro, buscáis VER MUESTRA DEL LIBRO podréis leer el primer capítulo.

Estoy segura de que os gustará.










lunes, 8 de abril de 2013

Guille y Pablo vuelven a Alicante. Educación infantil y 1º de primaria.

-


Escudo de Alicante realizado con flores.


-¡Abuelo, yo nunca he ido a Alicante!- dice Pablo suplicando- ¡Guille, sí!

-Sí que has ido, lo que ocurre es que eras muy pequeño y casi no te acuerdas.

-Anda,  llévanos, aunque sean solo unos  días.

-Vale, de acuerdo, os vendréis con nosotros-dice la abuela.

¡Qué contentos están! Guille y Pablo van a pasar  unos días de vacaciones con sus abuelos en esa bonita ciudad. Guille ya ha ido varias veces , y  su hermano Pablo  también, pero como este es más pequeño, no se acuerda muy bien de cómo es; solo tenía tres años cuando estuvo por última vez y ahora ya tiene cuatro, ya es más mayor y podrá darse cuenta de todo. Llevan toda la semana hablando con  las profesoras del taller de verano diciéndolas que durante una semana no van a ir al cole, porque se van a bañar en la playa de Alicante, y a sus amigos y a sus primos también les están dando la paliza diciéndoles lo mismo.

La mamá de Guille y Pablo les ha preparado las mochilas, una con la ropa, los bañadores y las cosas de aseo y, otra, con todos los juguetes y un libro para leer en la hora de la siesta. Les ha puesto además, crema protectora pues en la playa, el sol, a veces, juega malas pasadas. Los niños están nerviosos esperando que vengan a por ellos, así  que cuando llegan sus abuelos les dicen muy contentos:

-Creíamos que ya no veníais.

Cuando se meten en el coche, se llevan una sorpresa porque también va con ellos su tía Paloma que como es muy joven le gusta mucho jugar con los niños, así es mejor, porque se van a divertir más.

 

El viaje, desde Murcia, dura una hora pero nada más montarse, Pablo pregunta:

-¿Falta mucho para llegar?

 Vuelve a repetir la misma pregunta unos segundos después, así que la abuela piensa que hay que hacer algo para distraerle y se pasan el viaje jugando a Veo Veo y cantando canciones infantiles. Por fin llegan pero como no tienen comida en la casa, se van todos al Mercado.

Plaza de abastos, mercado Central.
A Guille le gusta mucho la plaza de abastos de Alicante porque allí hay pescados de todas clases: morenas grandísimas y congrios, también atunes y emperadores gigantes, meros y unos peces rojos  que se llaman gallinetas. La cabeza de un atún tremendo está de adorno en uno de los puestos, y Guille pregunta que en cuanto la venden.

-Te la regalo si la quieres  -le dice la pescadera.

Puesto de pescado.
-¡Sí, sí!  -exclama Guille muy ilusionado.

-Pero ¡cómo vamos a llevarnos eso! -dicen asustados los abuelos-, dentro de un rato la cabeza empezará a oler mal y tendríamos que salirnos de casa.

Guille se conforma con ver los pescados, pues en dónde él vive  casi nunca traen peces grandes. Aquí, sí que es divertido. También han visto  tres mandíbulas de tiburón colgadas en otro puesto. Mientras, Pablo  va andando con la nariz tapada; dice que del pescado no le gusta ni el olor. Después pasan a la parte de la fruta y Pablo se quita la mano de la nariz y dice en voz alta:

-¡Frutita frutita, que bien huele! A Pablo sí que le gusta la fruta porque está muy buena y, además, la profesora, sus padres  y sus abuelos dicen que la fruta es muy sana. Eligen paraguayas, nectarinas, naranjas y melocotones. También les gusta mucho el pan de Alicante, la coca de moyitas y los fartons. Los abuelos les compran todo lo que los niños les piden. Después, suben por las escaleras mecánicas al piso de arriba y allí se aprovisionan de carne y de fiambre. Luego de dar unas cuantas vueltas más se van muy contentos comentando todo lo que allí han visto.


La Expalnada por la mañana
Explanada por la tarde.
Esta noche van  a cenar a un restaurante del puerto. ¡Qué bonito que está el paseo de La Explanada! Guille y  Pablo se han quedado con la boca abierta al ver tanta agitación en la calle; aunque ya lo han visitado otras veces, siempre les sorprende y  les parece  precioso. Las palmeras y los mosaicos  rojos, azules y blancos que hacen como olas en el suelo, les maravillan. Hay muchísima gente paseando, algunos son alicantinos pero, ahora en vacaciones, hay muchos turistas y todo está animadísimo.

Fotografo en la explanada
También les asombra la cantidad de personas que venden cosas encima de  mantas que ponen en el suelo: bolsos, gafas, gorros y, los  chinos y chinas que ofrecen juguetes con pilas que se mueven sin cesar al compás de una música un poco machacona, pero que alegran el ambiente. A un lado del paseo, se colocan todas juntas, unas  chicas negras guapísimas, muy altas, vestidas con túnicas de muchos colores con la cabeza llena de trencitas que están, a su vez, peinando a niñas rubias o morenas  que quieren llevar el cabello como ellas y los grupos de indios que cantan canciones de los Andes y tocan flautas hechas con caña y tambores multicolores. A los niños les encanta todo lo que ven allí, por eso tenían tantas ganas de volver.  Los abuelos les dicen que todas esas personas han venido de muy lejos porque en su país no tienen donde trabajar.  También  hay muchos pintores haciendo caricaturas. Guille y Pablo se han sentado y les han hecho un dibujo a los dos, vestidos de futbolistas, Pablo, con el nº 10 y Guille con el 9. Les ha hecho mucha ilusión y se han puesto la mar de contentos.
Artesanía con azucar.
También les gustan mucho las casetas de la feria de Artesanía que han instalado allí mismo. Después, han cruzado a la zona del puerto y  en un restaurante desde dónde se veían todos los barcos, han cenado de maravilla. A Guille, que le gusta mucho el pescado,  ha comido como los mayores; Pablo prefiere las chuletas de cordero, pero los dos han cenado muy bien.

A la mañana siguiente, se han preparado para ir a la playa bien tempranito.

Juegos para niños en El Postiguet.
-La playa que tiene Alicante se llama El Postiguet-les explica el abuelo.

-¡Menuda suerte, tener una playa en el centro de la ciudad! -dice Guille a sus abuelos. La verdad es que el niño tiene razón. Es estupendo tenerla tan cerca y poder bañarse siempre que uno quiere sin tener que marcharse lejos. Han cogido una sombrilla y dos tumbonas, pero ellos no quieren estar tumbados, quieren hacer un castillo y una muralla. Cuando llega su tía Paloma,  les ayuda a hacerla. Al terminar, se van al final de la playa  con un trozo de pan duro a una cala pequeña, a la que llaman la playa del Cocó; allí lo desmenuzan y lo  echan al mar. De repente empiezan a acudir pececillos y el agua empieza a moverse como si hirviera. Se acerca uno bastante grande, como una pescadilla, de esas de ración y a Pablo le da miedo; dice que le va a morder y se quiere salir del agua. Paloma se sale con él, pero Guille se queda con su abuela y, otros niños, se acercan a ver como comen los peces.

-¡Qué divertido abuela, cuántos peces han venido! 

Pablo  está bañándose  cuando ha levantado la cabeza y ha visto  el Castillo de Santa Bárbara. ¡Qué imponente le parece esa mole de piedra! ¡Tan alta y tan grande!

Castillo de Santa Bárbara desde la playa del Postiguet.
-Abuela, yo quiero subir allí- le dice el niño asombrado

-¡Abuela, mira, en el castillo hay una piedra que parece la cara de un jefe moro! ¿Cuando vamos a ir a verlo?- dice Guille.

-Cuando haga más fresco porque ahora hace mucho calor.

 El agua está buenísima y se bañan durante mucho rato, pues la bandera está verde y no hay peligro. Están muy contentos porque saben que después de la siesta toca ir a montar en las atracciones del parque de Canalejas.

Después de merendar se han puesto guapos y se han ido a la feria.  Cuando llegan allí se vuelven locos porque no saben en qué montarse primero; casi siempre eligen los tirantes. A su abuela se le pone el estómago a la boca cuando los ve subir tan alto, pero los otros niños también lo hacen, por eso no tienen más remedio que dejarles.

Un paseo por la feria.
Después se han montado en unas canoas indias que van por un rio artificial y las van moviendo con remos, por un momento se han imaginado que eran pieles rojas. Han repetido el viaje porque les ha encantado. Luego Guille, ha conseguido un peluche muy gracioso pescando unos patitos con una caña. Pablo se ha puesto muy contento porque se lo ha regalado a él. Ya es tarde, así  que se van a casa para poder levantarse temprano al día siguiente.

 Así, casi sin darse cuenta se les han pasado los tres días muy deprisa  y sus papás han venido a recogerlos. Ellos se marchan de Alicante con mucha pena -¿Cuándo nos vais a traer otra vez? preguntan los niños.

-Pronto, al final no hemos subido al castillo, así que esa visita queda pendiente para otro día, le responde la abuela.

Sus padres  les prometen que pronto harán otra excursión a Alicante, y entonces verán otro montón de cosas bonitas que les están esperando.

 

lunes, 18 de marzo de 2013

El mejor padre del mundo.Para todos los padres, en su día.

Para escribir este cuento me he inspirado en un precioso reportaje de la segunda cadena sobre los pingüinos emperador, espero que os guste.

El mejor padre del mundo.

El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una  mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta  que se fueron perfilando sus  siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían  buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather  la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y  se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras  las madres se marchaban  a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él.  Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
 Habían pasado dos meses aproximadamente y  los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin  un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que  llevaba más de dos  meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos  no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar  debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy  oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de  Pinkfeather y Whitefeather  que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres,  y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron  a sus parejas;  cada  macho tenía una llamada inconfundible que  las guiaba  hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre,  a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos.  Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White  esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King  y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían  la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá  y a su mamá por la colonia de cría.  Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían,  no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos,  no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron  en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a  su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.

Los pingüinos emperador son  padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse   de la colonia de cría  a temperaturas  de -40ª y vientos muy fuertes, y están sin comer muchos días. ¿¡Os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador!?


El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una  mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta  que se fueron perfilando sus  siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían  buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather  la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y  se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras  las madres se marchaban  a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él.  Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
 Habían pasado dos meses aproximadamente y  los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin  un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que  llevaba más de dos  meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos  no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar  debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy  oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de  Pinkfeather y Whitefeather  que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres,  y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron  a sus parejas;  cada  macho tenía una llamada inconfundible que  las guiaba  hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre,  a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos.  Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White  esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King  y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían  la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá  y a su mamá por la colonia de cría.  Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían,  no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos,  no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron  en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a  su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.


Aptenodytes forsteri -Snow Hill Island, Antarctica -adults and juvenile-8.jpg

Los pingüinos emperador son  padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse   de la colonia de cría temperaturas  de -40ª y vientos muy fuertes, además están sin comer muchos días. Queridos niños, os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador, por eso les rindo este pequeño homenaje en el día del padre.
Si queréis más información sobre este tema, podéis consultar esta página
http://es.wikipedia.org/wiki/Aptenodytes_forsteri
 Las fotos las he cogido prestadas de esta página; espero que no les moleste, ya que no lo hago con ánimo de lucro.

martes, 5 de marzo de 2013

Visita al Colegio Virgen de la Fuensanta, Educación infantil.


La pasada navidad fui a mi colegio invitada por María y Noelia, dos profesoras de educación infantil, para contar un cuento navideño a sus alumnos, ellas dan clase  a niños de 5 años. Elegí “Los chupetes y los tres reyes magos” que acababa de subir a mi blog porque estaba gustando mucho a todos los que lo leían; luego, debido a circunstancias imprevisibles, no he podido contaros esa visita ni  subir las fotos que nos hicimos; ahora intentaré hacer un pequeño reportaje sobre la misma.
Entré en  mi cole, con mucha ilusión, siempre me ocurre cuando llego allí. En sus aulas he dejado muchas horas de mi vida, por eso le tengo mucho cariño. En la puerta del aula de tercero de Educación Infantil, me recibió un pequeño belén que habían montado con figuritas de papel y que tenían las caritas de todos los niños de esa clase, ¿a qué os gusta? A mí me pareció muy gracioso. Mirad las fotos.
Los niños y niñas me recibieron con mucha alegría porque a ellos les gusta mucho que les cuenten cuentos y, además, el tema de los chupetes es algo que tienen muy cercano todavía; muchos recordaban lo que les había costado dejar el chupete para hacerse mayores. Aquí os pongo el enlace del cuento por si lo queréis volver a leer. http://laabuelaatomica.blogspot.com.es/2012/12/los-chupetes-y-los-tres-reyes-magos.html
Dibujos realizados por los niños y niñas de tercero de Educación Infantil.



 Lo que más les llamó la atención fue que los reyes convirtieran los chupetes en grandes pelotas con los nombres de los niños que habían dejado de usarlos y que saltaban tanto que llegaban a las estrellas. Después de contárselo  les pregunté qué era lo que habían hecho ellos con los suyos, algunos me dijeron que los habían tirado a la basura y otro me dijo que su madre lo había enganchado en un globo y había salido volando hacia el cielo. También me dieron ideas sobre lo que se podría hacer para reciclarlos y el más emprendedor sugirió  montar una fábrica para hacer balones de goma. Pasamos un rato muy agradable. Luego, los niños  hicieron unos dibujos muy bonitos  sobre el árbol de los juguetes de mi cuento; como no puedo ponerlos todos, he elegido  por azar unos pocos, aunque todos  eran igual de   artísticos.


Antes de marcharme me hablaron del proyecto en el que estaban trabajando: El vocabulario de El Quijote; me pareció estupendo que desde pequeños le den tanta importancia a una  de  las obras más importantes de la literatura. Para trabajar el vocabulario habían hecho muchos disfraces de la época y los niños estaban entusiasmados: había un traje completo de D. Quijote con la armadura, la celada, la adarga, la bacía de barbero y un montón de objetos mas que van trabajando según la letra que toca esa semana.  Me dijeron que ahora, como cierre de este trabajo tan enriquecedor iban a hacer un viaje para que los niños vieran Los Molinos que tantos problemas le dieron a D. Quijote en uno de sus capítulos. Pasarán por Alcázar de San Juan, Almagro, Las Tablas de Daimiel…  En fin, que me fui muy contenta al comprobar que la escuela pública seguirá funcionando mientras haya profesoras que la defiendan tan bién como María y Noelia.
Contando el cuento