Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

lunes, 18 de marzo de 2013

El mejor padre del mundo.Para todos los padres, en su día.

Para escribir este cuento me he inspirado en un precioso reportaje de la segunda cadena sobre los pingüinos emperador, espero que os guste.

El mejor padre del mundo.

El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una  mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta  que se fueron perfilando sus  siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían  buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather  la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y  se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras  las madres se marchaban  a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él.  Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
 Habían pasado dos meses aproximadamente y  los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin  un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que  llevaba más de dos  meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos  no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar  debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy  oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de  Pinkfeather y Whitefeather  que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres,  y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron  a sus parejas;  cada  macho tenía una llamada inconfundible que  las guiaba  hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre,  a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos.  Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White  esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King  y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían  la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá  y a su mamá por la colonia de cría.  Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían,  no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos,  no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron  en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a  su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.

Los pingüinos emperador son  padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse   de la colonia de cría  a temperaturas  de -40ª y vientos muy fuertes, y están sin comer muchos días. ¿¡Os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador!?


El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una  mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta  que se fueron perfilando sus  siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían  buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather  la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y  se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras  las madres se marchaban  a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él.  Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
 Habían pasado dos meses aproximadamente y  los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin  un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que  llevaba más de dos  meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos  no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar  debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy  oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de  Pinkfeather y Whitefeather  que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres,  y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron  a sus parejas;  cada  macho tenía una llamada inconfundible que  las guiaba  hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre,  a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos.  Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White  esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King  y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían  la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá  y a su mamá por la colonia de cría.  Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían,  no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos,  no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron  en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a  su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.


Aptenodytes forsteri -Snow Hill Island, Antarctica -adults and juvenile-8.jpg

Los pingüinos emperador son  padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse   de la colonia de cría temperaturas  de -40ª y vientos muy fuertes, además están sin comer muchos días. Queridos niños, os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador, por eso les rindo este pequeño homenaje en el día del padre.
Si queréis más información sobre este tema, podéis consultar esta página
http://es.wikipedia.org/wiki/Aptenodytes_forsteri
 Las fotos las he cogido prestadas de esta página; espero que no les moleste, ya que no lo hago con ánimo de lucro.

martes, 5 de marzo de 2013

Visita al Colegio Virgen de la Fuensanta, Educación infantil.


La pasada navidad fui a mi colegio invitada por María y Noelia, dos profesoras de educación infantil, para contar un cuento navideño a sus alumnos, ellas dan clase  a niños de 5 años. Elegí “Los chupetes y los tres reyes magos” que acababa de subir a mi blog porque estaba gustando mucho a todos los que lo leían; luego, debido a circunstancias imprevisibles, no he podido contaros esa visita ni  subir las fotos que nos hicimos; ahora intentaré hacer un pequeño reportaje sobre la misma.
Entré en  mi cole, con mucha ilusión, siempre me ocurre cuando llego allí. En sus aulas he dejado muchas horas de mi vida, por eso le tengo mucho cariño. En la puerta del aula de tercero de Educación Infantil, me recibió un pequeño belén que habían montado con figuritas de papel y que tenían las caritas de todos los niños de esa clase, ¿a qué os gusta? A mí me pareció muy gracioso. Mirad las fotos.
Los niños y niñas me recibieron con mucha alegría porque a ellos les gusta mucho que les cuenten cuentos y, además, el tema de los chupetes es algo que tienen muy cercano todavía; muchos recordaban lo que les había costado dejar el chupete para hacerse mayores. Aquí os pongo el enlace del cuento por si lo queréis volver a leer. http://laabuelaatomica.blogspot.com.es/2012/12/los-chupetes-y-los-tres-reyes-magos.html
Dibujos realizados por los niños y niñas de tercero de Educación Infantil.



 Lo que más les llamó la atención fue que los reyes convirtieran los chupetes en grandes pelotas con los nombres de los niños que habían dejado de usarlos y que saltaban tanto que llegaban a las estrellas. Después de contárselo  les pregunté qué era lo que habían hecho ellos con los suyos, algunos me dijeron que los habían tirado a la basura y otro me dijo que su madre lo había enganchado en un globo y había salido volando hacia el cielo. También me dieron ideas sobre lo que se podría hacer para reciclarlos y el más emprendedor sugirió  montar una fábrica para hacer balones de goma. Pasamos un rato muy agradable. Luego, los niños  hicieron unos dibujos muy bonitos  sobre el árbol de los juguetes de mi cuento; como no puedo ponerlos todos, he elegido  por azar unos pocos, aunque todos  eran igual de   artísticos.


Antes de marcharme me hablaron del proyecto en el que estaban trabajando: El vocabulario de El Quijote; me pareció estupendo que desde pequeños le den tanta importancia a una  de  las obras más importantes de la literatura. Para trabajar el vocabulario habían hecho muchos disfraces de la época y los niños estaban entusiasmados: había un traje completo de D. Quijote con la armadura, la celada, la adarga, la bacía de barbero y un montón de objetos mas que van trabajando según la letra que toca esa semana.  Me dijeron que ahora, como cierre de este trabajo tan enriquecedor iban a hacer un viaje para que los niños vieran Los Molinos que tantos problemas le dieron a D. Quijote en uno de sus capítulos. Pasarán por Alcázar de San Juan, Almagro, Las Tablas de Daimiel…  En fin, que me fui muy contenta al comprobar que la escuela pública seguirá funcionando mientras haya profesoras que la defiendan tan bién como María y Noelia.
Contando el cuento
 

domingo, 3 de marzo de 2013

Guille y Pablo. Guille y las tortugas moras. Educación infantil y 1º y 2º ciclo de primaria.






Han pasado varios meses desde que están en su nueva casa y Guille  quiere tener sus tortugas. Todos los días le pregunta a su mamá que cuándo van a ir a recogerlas.
-Todavía no hemos preparado bien el terreno-,les dice siempre su padre pero, un día, harto ya de  oírles protestar, se levanta temprano y arregla toda la zona en dónde van a vivir sus tortugas. Remueve la tierra para que esté blanda y cuando llegue el invierno se puedan esconder fácilmente; también,  les ha construido una cueva, ha puesto una valla de madera para que no se salgan de su sitio, ha plantado muchas hierbas aromáticas: romero, tomillo, lavanda y aloe, y ha hecho unos agujeros en la tierra en donde ha puesto unos platos hondos con agua para que se puedan bañar.
-Papá, los niños de mi clase no se creen que a las tortugas de tierra les guste el agua. Me dicen que me he inventado eso de que se bañan-, le comenta Guille un poco enfadado.
-No te preocupes, cuando las tengamos aquí, los traes  un día para que vean que es verdad lo que dices.
Guille se pone muy contento al oír a su padre, por fin van a ver que no miente.
Ya tienen el terreno preparado, así que una tarde van a casa de su abuela a recogerlas. Son cuatro hembras y dos machos que ya están muy grandes.
-Mamá, ¿cómo distingues a las hembras de los machos? –, pregunta Guille.
-Las hembras tienen  un tamaño doble al del macho y la cola ancha y corta;  los machos la tienen estrecha y larga –le responde.
Han llevado una caja grande para meterlas y su abuela se ha puesto un poco triste porque a ella le gustaba  mucho cuidarlas.
-No te preocupes abuela, que en cuanto críen, te traemos alguna para que te hagan compañía-,le dice Guille para consolarla.
Ya las tienen en casa y van a ser Guille y Pablo los que se encarguen de alimentarlas;
 les ponen lechuga, rúcula y canónigos, en fin, las verduras que les gusta comer.
Una mañana, cuando han ido a darles la comida, han visto que una de ellas tiene dos bultos en los oídos y casi no puede mover la cabeza. Tampoco la puede meter dentro de la concha porque la tiene tan inflamada que no le cabe.
-Bonita se ha puesto enferma, vamos a separarla de las otras. La pondremos en una caja con tierra y comida y veremos qué pasa – les dice su madre un poco preocupada.
Bonita fue la primera cría de tortuga que nació en casa de su madre cuando ella todavía era soltera. Le costó mucho trabajo sacarla adelante, por eso la tienen mucho cariño. Como ven que han pasado dos días y la tortuguita no tiene ganas de comer, la mamá dice a los niños:
-Esta tarde, cuando vuelva de trabajar, la vamos a llevar a la veterinaria.
Por la tarde cogen a Bonita en su caja y van a la consulta.
La veterinaria mira a la tortuga, pero parece que no sabe mucho de las afecciones de estos animales.
-Lo siento,  pero no sé qué enfermedad puede tener vuestra tortuga. Tenéis que llevarla a la Facultad de Veterinaria, allí hay un departamento especializado en animales exóticos-, les dice disculpándose al ver que no puede solucionarles el problema.
Piden hora como si fueran a ir al médico y cuando el veterinario la ve, les dice:
-La tortuga tiene una gran infección de oídos, sino la operamos, se morirá.
Bonita tiene cada vez más hinchada la cabeza, los niños no quieren que  se muera y empiezan a llorar cuando le oyen. Al verlos así, su mamá le pregunta que cuando puede operarla:
-Puedo el viernes a las ocho de la mañana-,le contesta-, Mientras cuídenla mucho. Que coma rúcula, canónigos y brócoli, porque son verduras que tienen mucho alimento.
-De acuerdo -responde Mayca-, no se preocupe que la cuidaremos muy bien hasta el viernes.
Le han puesto toda la comida que les ha recomendado, pero la tortuga se encuentra mal y casi no come. Todos están muy preocupados.
 Cuando llega el día fijado, a las ocho en punto, Mayca y Guille están en la Facultad de Veterinaria para dejar a Bonita. Pablo no ha podido ir porque se ha resfriado y tiene mucha tos, así es que se ha quedado con sus abuelos.
 El profesor les aconseja que no se preocupen que todo va a salir bien y ellos se van más tranquilos.
Por la tarde suben a por la enferma:
-Tenía una infección tan fuerte que si no la hubiésemos operado, se hubiera muerto sin remedio -les dice el profesor.
Después de escuchar todas las recomendaciones para su cuidado, se la llevan  a casa.
El veterinario les ha dicho que la bañen en una piscina pequeña porque ellas hacen caca en el agua. Bonita no hace nada:
-Todavía no tiene ganas de comer, le dolerá la mandíbula y por eso no quiere abrir la boca -dice Guille a Pablito.
Pasan los días y, poco a poco, se la ve más contenta. Se baña y hace todas sus necesidades en el agua.
-Eso es señal de que está comiendo, Bonita está fuera de peligro, la pondremos junto a sus hermanas--comenta Mayca, muy feliz  al verla  sana y salva.
Está entrando el otoño. Dentro de poco, el frio aparecerá y todas las tortugas hibernarán. Se esconderán entre la tierra y dejaremos de verlas durante todo el invierno - le dice la mamá a Pablo.
-¿Y cómo comen si están enterradas? pregunta Pablo.
-Durante este tiempo, las tortugas están como dormidas y no necesitan comer. Eso les pasa a muchos animales, por ejemplo a los osos-,le explica Guille a su hermano.
-¿Al oso Yogui también?
-Sí, y a Bubu-, añade Guille riéndose de la ocurrencia de su hermano
 Guille ya sabe eso porque es más mayor y ha visto que todos los años ocurre lo mismo con esos animales, pero Pablito no.
Antes, era muy pequeño para darse cuenta de esas cosas. Ahora, como ya va a cumplir cuatro años, su mamá empieza a explicarle algunas costumbres de los animales para que vaya aprendiendo a comprender lo maravillosa que es la naturaleza que les rodea.

 La fotografía de la tortuga está sacada de internet.

Guille y Pablo:Guille y Pablo se mudan. Educación infantil y 1er. ciclo de primaria.

 
Guille y Pablo ya tienen casa nueva. Ha pasado mucho tiempo desde que fueron por primera vez a ver el lugar en dónde se la iban a construir pero, por fin, ya está terminada. Los chicos están muy ilusionados con cambiarse de domicilio, entre otras cosas, porque  podrán traerse de una vez  sus tortugas moras. Su madre las tiene desde hace quince años aproximadamente. Ahora, se las está cuidando su abuela Lola porque ella tiene un jardín muy grande. En la casa nueva tienen mucho sitio y su mamá dice que allí van a estar muy contentas. Han ido a comprar cajas de cartón a unos grandes almacenes y llevan haciendo paquetes  varios días. Ellos han guardado sus juguetes y sus cuentos, y ya los tienen preparados para cuando se tengan que marchar, están esperando a tener la cocina preparada. Hoy ha llegado su papá y ha dicho:
-Chicos, ya está la cocina puesta.
-¡Bien, bien!-, gritan los niños ya podemos irnos.
Guille y Pablo  están muy contentos, hoy es la primera noche que van a pasar  cada uno en su habitación nueva  pero,  cuando se acuestan y su mamá les apaga la luz, empiezan a escuchar ruidos sospechosos  a los que no están acostumbrados, les entra  mucho miedo y no se pueden dormir.
-¡Mamá! -, dice Pablo gritando para que le oiga-, ¿puedo ir a dormir con Guille?, es que tengo miedo.
-Bueno, por esta noche, vale-, le contesta su madre desde su habitación.
Dibujo realizado por mi nieto Guille.
Le sacan la cama supletoria que hay debajo de la de su hermano y los dos se acuestan juntos, pero ni por esas se pueden quedar dormidos. Esa casa  es muy grande y está muy oscura.  Por mucho que les han explicado  que no tienen que preocuparse, que no les va a pasar nada, siguen con miedo y cuando se duermen tienen pesadillas.  Al final, esa noche, su madre también tiene que dormir con ellos. A la mañana siguiente, los niños se levantan muy contentos, quieren jugar en el jardín y  ver a su primo Quique, que a partir de hoy es su vecino. Se asoman a la ventana y pueden hablar con él. Eso a ellos les gusta mucho. Quique es más pequeño, es como Pocoyo pero sin casco azul y anda, corre y se mueve como el personaje de la serie. Ese día juegan  sin parar, unas veces en casa de Quique y otras en su casa. Colocan todos los animales de juguete en el suelo y una serpiente muy grande de goma la enrollan en un árbol de manera que parece de verdad. Una señora que se ha asomado por la verja, para ver lo que hay dentro,  ha tocado al timbre de la puerta muy asustada:
-¡Mire, le llamo para avisarles de que tienen una culebra en el jardín y los niños están jugando muy cerca de ella!
Mayca, la mamá de los Guille y Pablo,  la tranquiliza:
-Gracias por avisar pero, aunque parece de verdad, es una culebra de goma-, le aclara muerta de risa.
-¡No sabe el susto que me he llevado!, le contesta la señora al otro lado del telefonillo.
Cuando se va la vecina curiosa, la madre llama a los niños:
-Guille, quita la culebra de goma del árbol, que nos van a estar  llamando todos los vecinos. ¿No ves que parece auténtica?-, les dice la mamá aguantándose, todavía, la risa.
Los niños  también se ríen, por cotilla, se ha llevado un buen susto. Si no se hubiese asomado para ver lo que había dentro, no se hubiera alarmado tanto.
La que está contentísima es Cheetah. No para de correr y de dar vueltas alrededor de la casa. Ahora sí que va a hacer ejercicio.
Los niños están impaciente por traerse las tortugas.
-Mamá, ¿cuándo vamos a ir a casa de la abuela Lola a por las tortugas?-, le preguntan .
-Todavía no podemos, tenemos que acondicionar el sitio en donde las vamos a poner. No os preocupéis que iremos pronto a por ellas.
 A Guille y a Pablo les gusta mucho su casa de día pero cuando es de noche empieza a entrarles miedo porque ven muchas sombras y oyen ruidos bastante raros. Su madre tiene que estar con ellos hasta que se duermen.
-No os preocupéis, ya veréis como poco a poco os vais acostumbrando a dormir aquí-, les dice siempre para tranquilizarlos.
A los pocos días, ya están familiarizados con todo lo que les rodea y duermen solos. Cada vez están más a gusto.
-
Las ilustraciones las he tomado de distintas páginas de internet sobre mudanzas y miedos nocturnos, espero que sus creadores no lo tomen a mal, ya que mi blog no tiene ningún ánimo de lucro.

martes, 5 de febrero de 2013

Guille y Pablo: Pablo no va al colegio, se queda en casa.Educación infantil y 1er. ciclo.




Hoy Pablo no ha ido al colegio, está malito. Sus papás le han llevado a casa de sus abuelos porque ellos se tienen que ir a trabajar.  Muchos  abuelos cuidan de sus nietos cuando estos están enfermos.
 Ha llegado muy contento, porque hoy le toca a él quedarse en casa. Hace unos días  tuvo que ir a clase, mientras veía como su hermano Guille, que tosía mucho, se quedaba tan a gusto con los abuelos. Su mamá le ha dicho a su abuela que le controlen la fiebre y que si le sube mucho la avisen. Pero ha tenido suerte  y cada vez que le han puesto el termómetro, ha marcado 36,5º. Para Pablo, el termómetro, es un suplicio. Es tan nervioso, que eso de estar un ratito con el brazo quieto, para que no se le caiga, no le gusta nada en absoluto.
-Pablo, no te muevas tanto -le dice la abuela-; vas a romperlo y no vamos a saber si tienes fiebre o no. Por fin Pablo se tranquiliza y espera a que se lo quiten.

-¿Tengo  febrie?
-No se dice febrie, se dice fiebre, pero tranquilo que no tienes -le dice su abuela.
 Se ha pasado todo el día preguntando y pidiendo cosas.
-¿Cómo se hace un nudo? ¿Cómo se pelan las zanahorias? así hasta cien preguntas
 Luego se ha espabilado más todavía, ha abierto los cajones de la cocina y vuelta a empezar:
-¿Para qué sirve este martillo de madera?
-Es para ablandar la carne
- ¿Y esto?
-Para batir los bizcochos.
 Así media mañana; luego se ha cansado y ha querido dibujar. Los abuelos tienen  en un armario, debajo de la televisión, un verdadero arsenal de lápices, rotuladores y ceras para pintar, folios y además muchas láminas para que las copien y luego las coloreen.
Pablo se pone a dibujar pero todavía no sabe copiar bien. Hace muchos rayajos en el papel y cuando termina pregunta:
-Abuela esto ¿qué parece? La abuela se queda pensando y dice:
-Un árbol. Él se queda satisfecho, pero hubiera dado lo mismo que le hubiera dicho que parecía un hipopótamo, porque solo son rayas de colores.
-¿Me haces un gormiti para que lo pinte de colores? Es que es muy difícil para mí. Yo soy pequeño todavía
Entonces a la abuela se le ocurre una cosa:
-¿Tu sabes calcar?
-¿Eso qué es?
-Ven, te voy a enseñar como enseñé a tu hermano.
Entonces van a por folios y cogen también la lámina en la que está el gormiti dibujado.
-Vamos a calcar en la ventana.
Le sujeta la lámina sobre el cristal con cinta adhesiva y encima le pone el folio en blanco, luego van repasando despacito el dibujo con un lápiz. Pablo se pone contentísimo viendo lo bien que le sale su dibujo.
Le gusta mucho comer en  casa de sus abuelos, porque también están su tío José Miguel y su tía Paloma. Pablo mira el plato y se le pasan las horas muertas. Tiene que darle la comida su abuelo.
-Pablo, todavía eres muy pequeño. Aunque  ya llegues al lavabo, no sabes comer solo-, le dice su tío José Miguel intentando que se anime y coja la cuchara pero como está malito no tiene hambre.
-Bueno por lo menos tómate un yogurt, que tiene mucho calcio.
-¿Qué es el calcio, abuela?
-Es el alimento que necesitan los huesos para estar fuertes.
Parece que le ha convencido porque se lo ha tomado todo.
Pablo no ha ido al cole, pero no ha perdido el día: ha aprendido muchas cosas, a calcar apoyado en el cristal de la ventana, a hacer un nudo  y que   el calcio es estupendo para los huesos.

Los simpáticos dibujos los he sacado de los siguientes enlaces:

https://www.google.es/search?q=dibujos+ni%C3%B1os+enfermos&hl=en&tbo=u&tbm=isch&source=univ&sa=X&ei=dJURUZigL4qi0QWV0YD4BA&
sqi=2&ved=0CCsQsAQ&biw=1350&bih=732
https://www.google.es/search?q=dibujos+de+actividades+infantiles&hl=en&tbo=u&tbm=isch&source=univ&sa=X&ei=uJYRUcWzB4TI0QWwqoCoAw&ved=0CDgQsAQ&biw=1318&bih=626

domingo, 20 de enero de 2013

Guille y Pablo: Pipo y Pipa Educación infantil,1º y 2ºPrimaria de







agapornis con 24 dias (49K)
Guille y Pablo han ido con su mamá a un centro comercial y han visitado una pajarería en donde hay muchos animales.
La encargada está dando de comer una papilla a unos pollitos de agapornis que todavía no tienen plumas.
-¿Qué clase de pájaros son estos? -pregunta Guille a la señora que está alimentando a los pollitos.
-Son agapornis papilleros.
-¿Y eso qué es?  -vuelve a preguntar el niño muy extrañado.
-Son loritos pequeños. Si desde que nacen los alimentas con esta papilla, se acostumbran a ti como si fueras su madre. Los puedes amaestrar fácilmente y sacarlos de la jaula cuando quieras; siempre vuelven con su dueño.  
-¡Queremos comprar un lorito de estos mamá! 
-Yo os recomiendo que os llevéis dos: un macho y una hembra. Estos pajaritos no deben vivir solos; si compráis uno, se moriría de tristeza  -les explica la señora que los está cuidando.
-¿Y eso, por qué?  -insiste Guille.
-Estos pajaritos siempre tienen la misma pareja durante toda la vida, por eso les llaman los pájaros del amor.
-¡Anda mamá, vamos a llevarnos dos agapornis a casa! -le suplican los niños a su madre. 
A la mamá de Guille y Pablo, no hay que insistirle mucho cuando se refiere a animales, le gustan más que a ellos, ¡qué ya es decir! Así que accede a la petición de los niños.
-Antes de pasarlos a la jaula, los debéis de meter en una cajita con papeles suaves para que estén calentitos. ¡Ah! Y limpiadla cada dos días aproximadamente.
agapornis con 28 dias (49K)Después de escuchar todas las recomendaciones de la señora de la tienda, compran la jaula que les indica y dos papilleros pequeñitos, y se van contentísimos a casa.
Les han puesto de nombre Pipo y Pipa y ya los quieren como si fueran de la familia.
Guille les alimenta con su jeringuilla cinco veces al día y cuando los pájaros lo ven llegar, abren el pico como si fuera su mamá la que les está dando de comer. Cuando llegaron a casa tenían las plumitas blancas, pero ya les están saliendo las verdes. Su madre cree que es hora de pasarlos a la jaula y ese cambio lo hacen con mucho cuidado para que no se dañen. Con el tiempo Guille los ha podido amaestrar, se los pone en el hombro y se pasea con ellos por la casa. Los deja que se den una vuelta por el salón y después se meten en su jaula ellos solitos.
Un día la madre de Guille y Pablo, sin darse cuenta, se ha dejado la puerta abierta  y Pipa se  escapa. La busca por todo el jardín porque tiene la esperanza de que vuelva, pero piensa en el disgusto que se va a llevar Guille cuando vuelva.
Pablo es pequeño, no va al colegio, y se ha dado cuenta de todo lo que ha pasado con Pipa.
La mamá se va a la pajarería y compra otra hembra parecida. Esta ya es mayor  y como no ha comido nunca de la mano de Guille, el niño se extraña de que no le haga caso y no se ponga encima de su hombro. Además, algunas veces, pica a Pipo.
-¡Qué raro! -dice Guille-, Pipa se comporta de una forma muy rara. A lo mejor es que está un poco celosa.
-Claro Guille. Siempre haces más caso a Pipo. Tienes que estar un poquito más con ella –le explica su madre para evitar que se de cuenta de que esa no es su pajarita.
Pablo, con su media lengua le dice a Guille:
-“Eta no e Pipa. Pipa sa ido”.
Guillermo no le entiende y cada vez que el niño coge a los agapornis se sigue extrañando de que  Pipa no le haga caso. Pablo  le vuelve a repetir:
-“Eta no e Pipa, Pipa sa ido,” pero Guille sigue sin  entender lo que quiere decir su hermano y continúa muy feliz cuidando de sus papilleros.
Con el tiempo, Pipo y Pipa se han acostumbrado a vivir juntos. Ya no se pelean y además hacen cosas muy graciosas como dar vueltas a la derecha o a la izquierda, bailar y jugar a la pelota con una bolita muy pequeña de fieltro.
En el colegio, con el fin de fomentar el amor y el respeto por los animales, han organizado un concurso. Los niños que tienen animales en casa pueden demostrar lo que se consigue con sus mascotas  a base de cariño y tesón. ¡Allí van Guille y Pablo con sus agapornis para probar que son los mejores!
Se colocan cada uno en los extremos del escenario y un profesor se ofrece para ayudar.
-¡Abra la jaula profesor!
Él hace lo que le dice Guille y los dos pajaritos emprenden el vuelo colocándose cada uno sobre el hombro de uno de los niños.
-Pipo, aquí, y Pipo sale volando a posarse en el dedo de Guille.
-Pipa, aquí, y Pipa hace lo mismo con Pablo.
Sus compañeros les aplauden con mucho entusiasmo. Después los ponen encima de una mesita pequeña que hay sobre el escenario y les colocan una pelotita dentro de un vaso de plástico transparente. Lo empujan con el pico y juegan al fútbol.
Sus amigos se ponen de pie  y aplauden a rabiar;  el jurado les ha dado el primer premio: un viaje para ver el parque zoológico de Madrid. 
Los niños están contentísimos. ¡No podían haber recibido un regalo mejor!



agapornis con 29 dias (54K)
agaporni con 37 dias (33K)


Todas esta fotos tan bonitas las he sacado de una página en donde han fotografiado día a día la evolución de estos loros tan bonitos.  Es un reportaje precioso realizado por un amante de los animales llamado Jordi R. Si queréis enteraros bien  de toda su vida desde que nacen entrad en esta página. Os encantará,aquí la tenéis.
http://www.agaporniscoqui.es/evolucion-agapornis.html

domingo, 6 de enero de 2013

Jesús, tu mejor amigo. El último cuento de esta Navidad.

Convento franciscano de Santa Catalina del Monte.




En la homilía de la misa de hoy, un sacerdote franciscano  del precioso convento de Santa Catalina del Monte de Murcia, nos ha contado este cuento como ejemplo de la bondad de Jesús. Me ha gustado tanto que le he pedido permiso para poder subirlo a mi blog y, él, amablemente, me lo ha dado. Nadie sabe quién es el autor; dice que lo ha oído muchas veces pero ha pasado de unos a otros como ejemplo de la ayuda que podemos encontrar en Jesús.




Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
-Acércate-le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
-No me atrevo…no tengo nada que darte.
-Me gustaría que me dieses un regalo-dijo el recién nacido. (Jesús como era Dios podía hablar)
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
-De verdad no tengo nada…nada es mío, si tuviera algo, algo mío, te lo daría…mira.
Y buscando en los bolsillos de su pantalón, andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.
-Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…
-No – contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
-Con gusto- dijo el muchacho- pero… ¿qué?
-Ofréceme el último de tus dibujos.
El chiquillo, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró al oído del Niño Jesús:
-No puedo…mi dibujo es horrible… ¡nadie quiere mirarlo…!
-Justamente, por eso lo quiero…siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
-Pero… ¡lo rompí esta mañana!-tartamudeó el chico.
-Por eso lo quiero…Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora- insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció, bajó la cabeza. Avergonzado, y, tristemente, murmuró:
-les mentí…Dije que se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡estaba enojado y lo tiré con rabia!
-eso es lo que quería oírte decir –dijo Jesús_ Dame lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías, tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas…No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.


Ojalá que todos los amigos que tengamos sean como Jesús.


 



San Luis Potosí México
http://www.navidaddigital.com/belenes/de/chuy12rc/ San Luis Potosí Méjico.





jueves, 3 de enero de 2013

Una Real visita. Para todas las edades.

http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=4807730931073196456#editor/target=post;postID=4880652766035673947

Blasito estaba mirando la calle a través de los cristales de su casa; fuera soplaba un viento  muy fuerte y unos nubarrones grises cubrían el cielo. Parecía que iba a descargar un chaparrón en cualquier momento, además había bajado la temperatura bastantes grados. Seguro que ya estaban  bajo cero; allí donde vivía, en el momento en que se ponía el sol, no se podía asomar la nariz fuera.
-No hace una tarde muy agradable para salir de paseo, pero si los Reyes Magos vienen  desde muy lejos al pueblo para hacernos una visita y traernos regalos, no puedo quedarme en casa de brazos cruzados.

http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=4807730931073196456#editor/target=post;postID=4880652766035673947
Saldría a verlos como todos los años. Blas vivía en una aldea pequeña en la montaña y, allí  en invierno, normalmente hacía un tiempo desapacible que no invitaba a pasear. Dentro de su casa, aunque era muy humilde, se respiraba un ambiente cálido y confortable. En la cocina era donde hacían la vida, comían y veían la televisión; la chimenea estaba encendida día y noche durante  varios meses. Tenían leña almacenada en la cuadra para poder afrontar las heladas y las nieves. Su abuelo era el encargado de recogerla durante el verano y él le ayudaba muchos días. También echaban piñas al fuego, que chisporroteaban como si fueran palomitas de maíz. Siempre olía a café recién hecho, y a la comida que hacía su abuela. Sus padres trabajaban un pequeño trozo de tierra que apenas les daba para ir tirando. Acababa de merendar una rebanada gruesa de pan con crema de cacao y le daba un poco de pereza pensar en dejar aquel ambiente tan agradable. Blasito miraba a la chimenea y a continuación a la calle y la verdad es que había que pensárselo dos veces para salir, pero ya lo tenía decidido, iría a ver la cabalgata como todos los años.
Cada Navidad, Blas ponía el belén , pero era un belén muy sencillo, igual que su familia. Solo tenía el Nacimiento, dos pastores, uno de ellos cojo, tres ovejas y una lavandera. No tenía Reyes Magos; cuando su padre se lo regaló no había dinero para más figuras; los reyes y los pajes eran las más caras, así que le prometieron que cuando pudiesen se las comprarían, pero nunca llegó ese momento. Blasito ya estaba acostumbrado a su belén incompleto y, para él, era el más bonito de todos los del pueblo; le gustaba más que el del Ayuntamiento, que ya es decir. Lo adornaba con piñas naturales, musgo, piedras del río y castañas. Siempre lo ponía cerca de la lumbre para que al  Niño Jesús le dieran calor las llamas, y los reflejos rojos y naranjas del fuego lo iluminaban tanto, que no le hacían falta  colocarle ninguna bombilla, despedía luz como si las tuviera.
Blasito tenía una costumbre: el día de la Cabalgata cogía con mucho cuidado sus figuritas, se las metía en los bolsillos y se iba con ellas para que vieran pasar a  los Reyes Magos.
-Ya que no los tienes en tu belén-le decía al Niño Jesús-,por lo menos los verás todos los años; al fin y al cabo vienen a saludarte a ti.
Por fin se decidió, se puso el gorro, la bufanda , los guantes y un abrigo tan corto  que las mangas no  le llegaban a las muñecas y se colocó en los bolsillos, con mucha delicadeza a San José, la Virgen y al Niño. En los pantalones se escondió a los pastores y a la lavandera y , así, salió de la casa . Inmediatamente el frío del atardecer le dio en la cara, miró al cielo y vio algunas estrellas en el cielo.
-Vaya, parece que  nos vamos a librar de la lluvia -exclamó contento, mientras de dirigía a la Plaza del Ayuntamiento.
 Allí, siempre se colocaba  a horcajadas en la rama de un árbol muy grueso y ponía en fila  a todas las figuritas para que viesen venir a sus Majestades. Esa tarde la gente se agolpaba  debajo de los soportales, al menos allí estaban a cubierto, pensaban. Ya se aproximarían cuando oyesen anunciar que venían los camellos y los pajes. Blasito se encaramó al árbol de siempre, su amigo Tomás estaba esperándole. Desde arriba se notaba más el frío y el aire  que en el suelo.
-¿Te has traído tu belén?

Realizado por Guille Martínez Ortiz  11 años.
-Claro, como todos los años-le contestó-.Venga vamos a colocarlo antes de que llegue la cabalgata.
Tomás y Blas colocaron a la Virgen, a San José y al lado al Niño Jesús, enganchados en  los nudos de la madera para sujetarlos bien. Los pastores estaban un poco más atrás. El pastorcito cojo apenas podía guardar el equilibrio, así que Tomás,  con una navaja, hizo una hendidura en la rama en donde estaban encaramados y  colocó la figurita.  Se estaba haciendo de noche y el viento arreciaba, más aún encima del árbol. Por fin se oyeron sonar las trompetas. Desde arriba todo se veía estupendamente; primero aparecieron las motos de la policía que iban despejando las calles  para que pasasen los pajes sin ninguna dificultad; estos conducían unas carrozas preciosas, adornadas con todo tipo de flores, dulces y caramelos. Dentro  de los remolques se veían los paquetes con todos los regalos para los niños que se habían portado bien.
-Tomás, ¿Qué le has pedido a los Reyes?
-Yo le he pedido una bicicleta aunque mis padres dicen que si no me la traen, será porque este año los Reyes están más pobres, y ¿Tu?
-Yo quiero una video consola, pero ya veremos si tengo suerte.
Mientras hablaban vieron llegar en sus camellos a Melchor con su gran barba blanca y tres pajes, detrás iba  Gaspar y por último Baltasar con un turbante precioso sujeto con un gran broche con una esmeralda en el centro. Blas se inclinó para verlos mejor pero, con la emoción del momento, no se dio cuenta de que se habían movido las figuras y los dos pastorcillos se cayeron en el momento en que pasaba Baltasar por debajo. Este,  al verlas caer del árbol, alargó la mano cogiéndolas al vuelo. Blas se quedó sin respiración; no se podía imaginar que le fuera a pasar eso.  El Rey y él estaban a la misma altura, entonces Baltasar acercó su camello para poder hablar mejor con el niño:
-Blas, debes tener más cuidado, todos los años el mismo trajín con tu belén; tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, esto tenemos que arreglarlo.
Blas no sabía que quería decir eso del cántaro, además, nunca se hubiese imaginado que el rey Baltasar iba a hablarle ni que  se hubiese dado cuenta de que siempre montaba el nacimiento en la rama para que el Niño los viese pasar. Luego le sonrió y siguió despacio a sus otros dos compañeros. Tomás estaba emocionado, le parecía que su amigo era el más afortunado del pueblo porque  había podido hablar con uno de los Magos.
-¡Qué suerte! te ha llamado por tu nombre, te ha conocido.
-Oye, ¿te has dado cuenta de lo que me ha dicho? Con los nervios no lo he podido escuchar.
-Pues la verdad es que no lo he entendido bien. Ha dicho algo de un cántaro y una fuente.
-¿Qué habrá querido decir? Comentó a su amigo muy intrigado.
Foto.Día de lluvia.
http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=4807730931073196456#editor/target=post;postID=4880652766035673947
 Después del sobresalto, cuando terminó de pasar la cabalgata, cogieron las  figuras y  rápidamente descendieron al suelo. En ese momento empezaron a caer unas gruesas gotas que se convirtieron en un aguacero en pocos minutos. Blasito y Tomás se refugiaron en los soportales de la Plaza, pero el aire empezó a soplar con tanta fuerza que el agua se metía hasta donde ellos estaban. Cuando comentaban lo ocurrido aquella tarde, vieron llegar al  padre de Blas con dos paraguas muy grandes, venía a buscarles.
-Menos mal que estáis a cubierto con la que está cayendo. Venga Tomás, te acompañamos a tu casa. Coge este paraguas.
Cuando iban por el camino, le contaron, muy excitados, todo lo que había sucedido aquella tarde. Por fin dejaron a su amigo en casa y se encaminaron hacia la suya. Abrieron la puerta y entraron en el  pequeño recibidor.   Después de sacarse las figuras de los bolsillos, colgaron los abrigos en una cabeza de ciervo disecada que servía de perchero y pasaron a la cocina , entonces las volvieron  a colocar en el belén. El ambiente cálido que se respiraba allí les reconfortó. Fuera quedaba la noche oscura y fría. Su madre salió a recibirlos llena de alegría.
http://www.imagenesydibujosparaimprimir.com/2012/03/imagenes-de-cumpleanos-para-imprimir.html#axzz2GxWudaqn
-Menos mal que ya estáis en casa, ¡menuda nochecita! Blas, ¡no sabes lo que ha pasado mientras estabas fuera! has recibido una visita y te han traído un  paquete.
-Mamá, ¿quién ha venido a verme?
-¿AH? Abre el regalo y te enterarás tú mismo.
El niño, muy nervioso,  cogió con mucho cuidado la  caja  que estaba envuelta en un precioso papel de regalo. La abrió y vio que dentro había unas figuras liadas en papeles que las protegían de los golpes. Las desenvolvió  despacio y fueron apareciendo  los tres Reyes Magos con sus pajes. Eran las figuras más bonitas que había visto en su vida, ahora sí que tenía el belén completo; ¡Por fin podía dejar tranquilo al Niño Jesús en su cuna! Las colocó al lado del Portal y luego  leyó la carta que acompañaba al paquete:
Querido Blas:
tu cariño hacia nosotros ha hecho que pensemos en recompensarte. No podíamos dejar ni un año más que sacases  todas tus figuritas de casa, con el frío que hace en estos días; por eso te hemos traído unas réplicas nuestras para que las coloques adorando al Niño. Esperamos que te gusten.
¡Ah! Explícale a Tomás que el refrán “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe” quiere decir que de tanto sacar a tus pastores, seguramente, algún día se te podrían romper; esta tarde  ha estado a punto de suceder un desastre.
Tus amigos
Melchor, Gaspar y Baltasar.
Aquella noche, su madre le preparó su cena favorita: hamburguesas con patatas fritas y Blas con la alegría de todo lo ocurrido se las comió muy satisfecho.
-Mamá, es la cena más rica que me comido en mi vida.


Este cuento está dedicado  a un  párroco llamado José Andrés, que contaba que cuando era niño,todas las navidades, el día de la cabalgata sacaba en los bolsillos las figuritas del belén para que viesen a los reyes ; también a todos los pequeños y mayores que creen en la magia de la noche de Reyes.

lunes, 24 de diciembre de 2012

El belén de la Abuela Atómica. Navidad 2012-2013

 Queridos lectores, no hay nada más entrañable para mí en Navidad que hacer un belén; sin él, la Navidad no existe. En mi casa, cuando era pequeña, mi padre  quitaba una puerta de una habitación y sobre ella colocábamos el corcho para hacer las montañas y la escoria que traía mi hermano de una carbonería que había debajo de casa. Luego íbamos a la Plaza Mayor y  comprábamos el musgo y alguna figurita nueva. Cuando hago mi belén siento que mi padre me acompaña. Aquí os muestro el que he hecho este año para conmemorar el nacimiento del Niño Jesús. Espero que os guste.






OS DESEO A TODOS FELIZ NAVIDAD

martes, 11 de diciembre de 2012

Los chupetes y los tres Reyes Magos Cuento de Navidad

Dibujo reciclado de otro cuento hecho por mi nieto Guille (10 años)
                         
Este cuento está dedicado a las personas a las que se les ocurrió la feliz idea de buscar un sitio adecuado para que los niños pequeños pudiesen dejar sus chupetes cuando se hicieran mayores. ¡Qué mejor lugar que un árbol para colgarlos! A estos árboles les llaman ahora Los Árbloles de los chupetes. Entre esas personas se encuentran dos seres encantadores : La gallina pintadita Carmen y Marga Lama; las dos se han esforzado mucho para llevar este proyecto a cabo.
Un abrazo para ellas y

FELIZ NAVIDAD


Tres siluetas se adivinaban en la lejanía; montadas en bonitos caballos avanzaban solemnemente seguidas por una multitud de pajes y camellos que, cargados con infinidad de regalos, se iban acercando según la noche se hacía más negra.Melchor iba delante y su voz se oía cansada:
-¡Qué ganas tengo de repartir todos los juguetes y volver a nuestro palacio! Cada vez estoy más viejo y el cansancio de esta noche, luego me dura algunos meses. Tengo que estar varios días metido en ese menjunje de pétalos de rosas, pensamientos y alcohol para que se me quiten los dolores de las piernas. Luego mi fiel Said me frota por la noche con gel de aloe que es tan bueno para curar las grietas de los pies y, así, me voy recuperando poco a poco. Si no fuera por al amor que les tengo a los niños, y porque sabemos la ilusión que les hace que vayamos esta noche a visitarlos, no tendría fuerza para llevar a cabo esta empresa.
- Pues tienes razón, este trabajo es muy duro; por muy Magos que seamos, supone un gran esfuerzo realizarlo. Antes cuando dejábamos los regalos volvíamos a casa libres de peso y equipaje pero ahora… ¿qué opináis de la manía que les ha entrado a los padres y a los abuelos de decirles a los niños que nos tienen que dejar los chupetes para que nos los llevemos? que si no, se quedarán sin regalos -, añadió Gaspar-, el año pasado regresamos a casa con 150 kilos de esa goma que a los peques les da por masticar.

Ilustración de Guille


-No seas protestón, Gaspar, acuérdate que los reciclamos e hicimos unas magníficas pelotas con los nombres de los niños que nos regalaron sus chupetes, y botaron tanto que llegaron hasta las estrellas-aclaró Baltasar- Ahora hay muchas estrellas que llevan los nombres de los peques.
- Es una maravilla que con nuestro poder y la goma masticada de esos chupetes hayamos podido mandar hasta el firmamento los nombres de sus dueños. Yo creo que con los que recojamos este año, podríamos hacer lo mismo. Así no se quedará ninguna estrella sin nombre y por la noche los niños podrán hablar con ella y pedirle deseos.
Hablando y hablando, los magos llegaron a una encrucijada de caminos y entonces decidieron separarse; cada uno sabía que sendero debía tomar, así que, seguidos por decenas de porteadores aceleraron la marcha para llegar a tiempo antes de que amaneciera.
Esa noche en todas las casa reinaba un gran nerviosismo. Los niños habían cenado pronto y limpiado bien sus botas, habían puesto paja para los camellos y los caballos y, para los Reyes y sus criados, unos riquísimos trozos de turrón y tortas de Pascua. Además en algunas casas había también sobre la mesa un chupete o dos. Los pequeños sabían que debían dejarlos para que se los llevasen, esa sería una señal de que se estaban haciendo mayores. Era la única forma de convencerlos de que debían abandonar esa costumbre de chupar y chupar cuando se hacían mayorcitos.
Después de varias horas de intenso trabajo, al despuntar el alba, se volvieron a encontrar en el cruce de caminos en donde se habían separado por la noche.
Todos los pajes venían cargados de vuelta con algunos sacos llenos de chupetes, todos menos uno, que no traía nada en su mochila.
-Parece que este año vamos a volver a hacer pelotas; habéis recogido un buen cargamento. Pero tú Mohamed ¿por qué no llevas ninguno? ¿Es que se te olvido traerlos? -, pregunto Gaspar-. Se le han perdido los chupetes y también la casaca y el turbante-, siguió el Rey muy enfadado.
-Yo, Señor, dijo preocupado el sirviente pensando que le iban a regañar-, yo no tengo la culpa, además, si les cuento lo que me pasó, tampoco me van a creer.
-Tú habla y veremos si nos convences o no-, le ordenó Melchor.
-Pues en Sevilla se rumoreaba que la culpa de que los niños no nos entregasen sus chupetes es del reino vegetal que se ha hecho amigo del reino animal; vamos, eso es lo que por allí se oía.
- ¡Pero qué acertijo es ese! no hay quién te entienda.
- Ve como ya les decía yo que no me iban a creer. Majestad, parece ser que una flor-reino vegetal- se ha hecho amiga de una gallina- reino animal- y las dos juntas tienen unas ideas… ¿cómo diría yo? Un poco raras
-¿Una gallina y una flor?-, dijeron todos los que le escuchaban soltando una carcajada.
-¿Acaso las gallinas comen goma en lugar de trigo y las flores hablan con los animales?-, dijo en voz alta Hamed, otro de los pajes.
-Sí, sí, vosotros reíros pero os voy a contar lo que me ocurrió cuando llegué a Sevilla. Empecé a repartir los juguetes y a darle de comer a los camellos con los alimentos que los niños nos habían dejado para ellos y, enseguida, me di cuenta de que en ninguna de las casas había chupetes para recoger. Entonces le pregunté a un mendigo que estaba en la calle casi sin ropa,- me dio tanta pena que le di mi casaca para que se protegiese del frio y el turbante para que con el rubí que llevaba prendido pudiese comprar todo lo que necesitaba para subsistir-.Oiga, buen hombre, ¿es que aquí en Sevilla los niños no usan chupetes para dormir? No me han dejado ninguno para llevarme-, le pregunté
-Claro que tienen chupa y algunos llevan enganchados dos o tres en el cuello; pero desde que el reino vegetal se ha hecho amigo del reino animal todo ha cambiado.
-Y dale con el acertijo, ¿se quiere explicar bien de una vez? me van a volver loco-, le dije ya un poco enfadado con tanta palabrería.
-Mire, yo, a veces, voy a un parque que está por aquí cerca- El parque de los descubrimientos- y he oído decir que una gallina pintadita se ha hecho amiga de una flor y, ya se sabe qué puede salir del cerebro de un ave aconsejada por una flor. Pues una idea un poco loca: han tenido la idea brillante de que los niños pequeños cuelguen sus chupetes en un árbol según se vayan haciendo mayores, así que ellas son las causantes de que no hayas encontrado ningún chupete por la ciudad.
-¿Una gallina pintadita? Pintadita ¿de qué?
-Ah, pues no sé, será pintadita de colores, creo que la gallina se llama Carmen. A lo mejor esa gallina es la que pone los huevos de Pascua, todos llenos de colorines, porque la gallina pintadita pondrá huevos ¿no cree? -, preguntó el mendigo
-¿Y la flor?-, le dije yo.
 La gallinita es de mi sobrino Quique (5 años), la margarita, mía.
-La flor se llama Margarita.
-Cuando oí todo lo que me contaba y que encima le habían puesto nombre a la gallina y a la flor, os digo de verdad que pensé que el mendigo se estaba riendo de mí-, aclaró el servidor-. Me pidió que le acompañase, que me iba a enseñar en donde estaban todos los chupetes de la ciudad y entonces nos acercamos al parque en donde había un pequeño árbol. Vi como de él colgaban los chupetes como si fuesen frutas maduras El mendigo me dijo que muchos días, las mamás se acercaban con sus niños y estos con lágrimas en los ojos dejaban sus chupetes colgados del árbol pero después, ellas les contaban cuentos o les leían poesías a sus pies y todos se ponían muy alegres; miraban a las ramas y se sentían protegidos por estas. Después de esta ceremonia se daban cuenta de que ya se estaban haciendo mayores y a partir de ese momento el chupete no tenía que estar en sus vidas. Si alguno seguía llorando y diciendo-¡Quiero mi chupete, quiero mi chupete! significaba que todavía no era lo suficientemente mayor como para desprenderse de él. Tendría que volver algunos meses más tarde.
Melchor se quedó pensativo, quería saber qué tenía que ver una gallina en todo ese embrollo y encima aconsejada por una margarita, pero se les estaba haciendo tarde y debían volver, ningún niño debía verles; si no, se rompería el hechizo y todos los juguetes desaparecerían.
-Queridos Gaspar y Baltasar ¿qué pensáis de todo lo que nos ha contado este chiflado de Mohamed? ¿De verdad creéis que una gallina va a tener la idea de que cuelguen los chupetes en un árbol, que sea amiga de una margarita y, además que se llame Carmen? Vamos ¡una gallina llamada Carmen!
-Melchor, es una pena que tengamos que volvernos enseguida, yo creo que Mohamed se ha perdido por Sevilla o se le ha olvidado


El árbol de de mi nieto Pablo, hermano de Guille, 6 años.




recoger los chupetes. De todas formas tendremos los suficientes para seguir mandando nombres a las estrellas,-comentó Baltasar-. Aunque pensándolo bien no es mala idea esa del árbol de los chupetes. En cuanto hayamos regresado y descansado unos días, enviaremos a alguien de confianza para que investigue y nos aclare todo este lío; con todos los chupetes que llevamos podríamos hacer no un árbol, sino Un bosque de los chupetes.
Dejaron de hablar y empezaron el viaje de regreso, les quedaba mucho camino por delante, pero a los tres les había calado la idea de la flor Margarita y de La gallina Pintadita Carmen.

Las ilustraciones
Ahora, voy a hablaros de los niños que han hechos las ilustraciones:
En primer lugar ni nieto Guille, 10 años: Ha reciclado el dibujo de los Reyes que me hizo para otro cuento y le ha agregado el camello. También ha dibujado al paje con el carrito de chupetes.
Pablo: mi otro nieto de 6 años, nos ha obsequiado con el ärbol de los chupetes; también le ha quedado precioso.
Mi sobrino Quique, con solo 5 años, nos ha regalado La gallina pintadita. os digo de verdad que cuando le ví con qué gracia la dibujaba me quedé con la boca abierta.
Por último yo misma hice la margarita. Me entraron ganas de dibujar al ver a los niños lo bien que lo estaban haciendo. Lo pasamos estupendamente.
Les doy las gracias por ponerme el blog tan bonito.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ocurrió en Navidad. 2º, 3er ciclo y Secundaria.


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Leonor se había matriculado  en el Instituto de Bellas Artes; quería conseguir la titulación de Maestra de Artes plásticas pero, para eso, debía trabajar duro. Había mucha competencia y, además, no se podía permitir el lujo de suspender ninguna asignatura; en su casa casi  no tenían  ni para comer. Sus padres se habían sacrificado mucho para que ella pudiese cumplir su sueño y no pensaba defraudarlos. Siempre se ingeniaba la forma de sacar algunos dinerillos para ayudar en su manutención. Ahora se acercaba la Navidad y pensó que podría hacer en el  taller de la escuela  algunas figuritas de Belén, para luego venderlas en los puestos de la Plaza Mayor. Estuvo dándole vueltas a esa idea durante unos días hasta que se decidió y fue a ver al director  para pedirle permiso:
-¿Puedo pasar, D. Jacinto? -dijo un poco nerviosa mientras empujaba la  pesada puerta de madera del despacho. Le temblaba un poco la voz; era la primera vez que hablaba con él. El director, un poco sorprendido por la interrupción, levantó la cara del papel que estaba leyendo. Normalmente los chicos no le iban a visitar, más bien le rehuían.
-Pasa pasa,  debes  de ser nueva, no me suena tu cara.
-Sí, es que he empezado este año.
- Bien, ¿que deseas, tienes algún problema?-dijo con una voz, que a Leonor le pareció  muy cordial, mientras le hacía un gesto con la mano invitándola a que se sentase. Leonor acercó una de las  viejas sillas de terciopelo que tenía detrás y  se sentó con mucho cuidado; parecía que se iba a romper en cualquier momento.
- Perdone mi atrevimiento, pero quiero pedirle permiso para usar el  taller de cerámica. Me gustaría hacer unas cuantas figuras para el belén.
- Pues…, no sé si eso será apropiado -contestó perplejo; no se hubiese imaginado que venía a verle por ese motivo-. A lo mejor alguno de los profesores protesta. Si se estropea algo de lo que hay allí, no se podrán dar las clases. Lo comprendes ¿verdad?
-D. Jacinto, solo quiero hacer unas figuritas de belén y luego cocerlas en el horno del taller. Si pudiera usarlo,  las vendería y así me  ayudaría en los gastos. Me cuesta muy caro estudiar en Madrid; si mis padres viviesen aquí, sería distinto pero somos de un pueblo cercano a Cuenca y no estamos muy sobrados de dinero.
El director se la quedó mirando muy pensativo, parecía  una chica muy responsable y le gustó su decisión y desenvoltura.
-Está bien, tienes mi permiso, pero con la condición de que lo dejes siempre limpio para la siguiente clase. Si tengo una sola queja de algún profesor, no podrás entrar más al taller.
Leonor no pudo ocultar su alegría y se acercó con ganas de abrazarlo. Solo la mesa que había entre los dos impidió que lo hiciese. D. Jacinto se levantó y le acercó la mano.
-De acuerdo –contesto Leonor estrechándosela-, dejaré el taller tan limpio como me lo encuentre.
Salió muy contenta, había conseguido lo que quería. En el pasillo se tropezó con Enrique, un compañero de clase. Ella pensaba que Quique era el alumno más prometedor de todos los matriculados en su curso y él opinaba lo mismo de Leonor. Todavía no conocía a mucha gente ya que solo había transcurrido un trimestre, por eso, al verle quiso compartir con él  lo que acababa de conseguir.
-¡Qué alegría, Leo! Siempre pensé que eras la mejor. Verás como al final haces un trabajo estupendo.
 Estuvieron un rato comentando el tipo de figuras que iba a realizar y, después se despidieron. Cuando Enrique se quedó solo recordó, cómo Leonor, el primer día, en la hora de modelado, cogió una pequeña pella de arcilla entre sus manos y, sin ningún esfuerzo, solo con un ligero movimiento de sus dedos la transformó en un precioso pájaro. Tanto el profesor como el resto de sus compañeros quedaron asombrados ante su  destreza.  Durante los días siguientes, Leo tuvo mucho trabajo entre los exámenes y la preparación de la arcilla para hacer las figuras. Decidió modelar  las  del Nacimiento solamente. De todas formas eran  las  más importantes del belén  y como eran muy delicadas, requerían mucha maestría. Llegó el día elegido y Leonor estuvo toda la mañana trabajando en  ellas, esa mañana modeló ocho juegos completos: ocho ángeles, ocho vírgenes, ocho niños Jesús y el mismo número de San José,  mulas y  bueyes. Las dejó cociendo en el horno, y cuando comprendió que ya estarían listas volvió a por ellas. La verdad es que habían quedado preciosas, parecía que tenían vida propia, solo faltaba pintarlas, pero eso podría hacerlo en casa. Las estaba empaquetando con mucha delicadeza, cuando entró D. Luis el profesor de modelado.
-¡Ah Leonor! D. Jacinto me ha dicho que eche una ojeada a tus trabajos.
-Mire, aquí tiene, todavía no he terminado de envolverlas–dijo la chica mientras le mostraba algunas de sus figuras.
D. Luís se quedó observándolas detenidamente. Realmente estaba sorprendido.
-Son fantásticas, creo que tienes muchas posibilidades de  ser  la elegida para representar al Instituto  ante el Ayuntamiento. Bueno, como esta es tu primera Navidad con nosotros no estarás enterada de que todos los años enviamos los trabajos de tres alumnos de este Centro y el Alcalde elige entre ellos el Nacimiento que se colocará en el belén del Ayuntamiento. Te comunico que el ganador tiene una recompensa bastante sustanciosa y además una beca para el próximo curso.
- ¡Caray! Menudo regalo navideño podría hacerle a  mis padres. Si se enterasen en el pueblo  de que me han dado un premio en un Concurso de Belenes sería una noticia estupenda. Allí nunca ocurre nada extraordinario.
- Cuando termines de pintarlas, déjame un Nacimiento completo para mandarlo; los enviaré  junto con los otros dos seleccionados- le explicó D. Luís.
 Leonor  le dio las gracias y quedó con él en que al día siguiente le llevaría a la Escuela un juego terminado. A la mañana siguiente, después de darle al profesor lo que le había pedido, preparó  bien colocados en cajas siete más  para llevarlas su amigo Paco, un paisano de su pueblo  que tenía un  puesto de la Plaza Mayor. Cuando entró en los soportales de la Plaza, la inundó la alegría que allí se respiraba. Infinidad de chiquillos con sus padres paseaban por el centro buscando  con mucha algarabía todo lo necesario para celebrar las fiestas.

 Muchas de las personas que paseaban por allí llevaban en la cabeza diademas con cuernos de renos,  gorros de Papá Noel y algunos, los más atrevidos, pelucas doradas o plateadas. Había puestos con artículos de broma para el día de los Inocentes, en otros se vendían adornos navideños pero, en la mayoría de ellos ofrecían todo lo que pidiesen los   padres  más exigentes  para realizar un belén, que como es natural sería el más bonito de todos. Los abetos y el musgo colocados en medio de la Plaza le trajeron el olor de la Sierra y le recordaron su ciudad encantada. Dio una vuelta por delante de los puestos hasta que encontró a su amigo. Leonor le abrazó con alegría, en aquellos día ver una cara familiar  después de un trimestres desconectada del pueblo le pareció lo más reconfortantes que le había ocurrido desde que llegó a Madrid.
Después de los primeros saludos, Leonor le comentó a Paco para qué estaba allí y le   enseñó  los Nacimientos que había hecho; Paco se quedó maravillado.
-¡Eh, Marcelo! Ven a ver qué cosa más bonita –dijo  al vendedor del puesto de al lado que, también como él, vendía  figuritas de arcilla. Entre los dos llenaban los belenes de las casas de Madrid de lavanderas, alfareros, pescadores, soldados, casitas, puente Castillos de Herodes…
Todos  los  que veían los Nacimientos de Leo estaban de acuerdo en que eran las figuras mejor hechas de toda la Plaza Mayor.
-Mira -dijo a la chica-, no sé que pagarte por ellas. Son tan buenas que si tuviéramos que venderlas  por lo que valen realmente, nadie las podría comprar.
Leonor ante la duda de su amigo le dijo una cifra:
-¿Qué te parece  si las ponemos a diez euros cada una?, Son cuarenta y siete figuras, así que  serían en total 420 euros. Me das 210 a mí y otro tanto para ti.
Paco se quedó un momento pensativo, pero le parecieron bien las cuentas que había hecho su paisana:
-De acuerdo – dijo sacando los doscientos diez euros. Leonor se los guardó en el pantalón y se despidió con un apretón de manos.
-Si haces más figuras no te importe traérmelas, seguro que las vendo.
-Vale, no te preocupes, si hago alguna más vendré por aquí.
Leonor se fue muy contenta, tenía dinero para comprar regalos a sus padres y si además ganaba el premio, serían unas navidades inolvidables.
Nada más despedirse de Paco se encontró con su compañero Quique  que también había ido a pasear por la Plaza Mayor.
-¡Qué casualidad Leonor! ¿cómo llevas la venta de tus figuras? -Le preguntó su amigo.
-Acabo de venderlas todas. Se las ha quedado un paisano de Cuenca que todos los años pone en la Plaza un puesto para Navidad; también trae  musgo de la sierra y lo vende muy bien. Oye, sabes que me ha dicho D. Luis que le deje un juego completo para representar a la Escuela. Cuando lo escuché, me quedé de piedra, imagínate, representar al Instituto de Bellas Artes ¡No me lo puedo creer!
-Seguro que te llevas el premio, eres la mejor con diferencia. ¿Quieres tomar un café? La preguntó Quique.
-Si no te importa otro día, llevo el dinero encima y quiero dejarlo pronto en casa.
Para ella doscientos euros era todo un capital. Quique se rió y se despidieron hasta el día siguiente.  Al poco rato, Paco había vendido todos los Nacimientos que le había llevado Leonor.
A la mañana siguiente, estaban en clase de dibujo artístico cuando entró D. Luís con la cara desencajada; estuvo hablando bajito con el profesor que la impartía y cuando terminaron pidió a Leonor que lo acompañase al pasillo:
-¿Quieres salir?, tengo que decirte algo.
La chica se dio cuenta de que pasaba algo malo. No sabía lo que era, hasta  pensó que podía tratarse de sus padres.
-No sé cómo ha podido ocurrir, pero esta mañana, cuando he ido a embalar tus figuras para enviarlas al concurso, me las he encontrado rotas. Los libros que había en la leja se han volcado sobre ellas y las han destrozado. Es algo rarísimo, estaban muy bien sujetos. Yo mismo me aseguré ayer de que no se pudiesen mover- le explicó D. Luís apesadumbrado.-No sé si vas a tener tiempo de volver a hacer otras.
-De hoy a mañana, ¡imposible! - le contestó.
Leonor creía que estaba viviendo una pesadilla, no podía pasarle esto, ahora que estaba tan ilusionada y con tantas esperanzas puestas en el concurso… De repente se le habían roto todas sus ilusiones pero se acordó de los belenes de Paco y  pensó que, a lo mejor, todavía podría solucionarse el problema.
-Llevé siete juegos iguales a Paco, un vendedor de la Plaza Mayor; es posible que  le quede alguno sin vender. ¿Me da permiso para salir de clase e ir a buscarle? –preguntó con ansiedad.
 A D. Luís no le gustaba mucho la idea de que saliese de la Escuela en hora lectiva, pero ella le miraba suplicante; no podía dejarla con esa zozobra durante toda la mañana.
-Vale, pero vuelve pronto. Mira mejor haces una cosa, si le queda alguno, directamente lo llevas a esta dirección, así ganamos tiempo.
D. Luís le escribió en un papel la calle en dónde se celebraba el concurso de Belenes y Leonor echó a correr hacia la Plaza Mayor, quería ver a Paco cuanto antes y salir de dudas. Cuando llegó casi no podía hablar; tuvo que descansar durante unos segundos.
-Paco ¿te queda algún nacimiento de los que te traje ayer?-le preguntó con angustia.
-Nada más irte, un chico se los llevó todos. Dijo que este año quería regalar artesanía.
 A Leo fue como si le echasen un jarro de agua fría. Los ojos se le llenaron de lágrimas y le pidió una silla para sentarse.
-Pero niña, ¿qué te pasa? No creía que te iba a disgustar tanto que se vendiesen tus figuras ¿no era eso lo que querías?
Leonor le contó a su paisano todo lo que había ocurrido y cómo con las figuras, se habían roto sus ilusiones de un día para otro; Paco la sonrió y le dijo:
-Venga vamos,  no te preocupes, aquí está tu amigo Paco para ayudarte; hoy es tu día de suerte. Yo tengo un juego completo, me gustó tanto tu trabajo que me quedé con uno para mi casa. Ahora mismo vamos a por él y lo llevamos al Ayuntamiento, ya me lo devolverás cuando pase el concurso.
Leonor no se lo podía creer, parecía que sus problemas se iban a solucionar, así que Paco dejó el puesto a cargo de un amigo y los dos se fueron a recoger el Nacimiento sin perder tiempo.  Antes de que terminaran las clases, Leonor estaba de vuelta con su belén entregado; Paco la había llevado en su coche y por eso tardó menos de lo que pensaba. Cuando llegó  al Instituto, los chicos estaban en la hora de modelado con D. Luís.
-Cuenta, cuenta-, exclamó el profesor con mucha inquietud. Leonor con la cara resplandeciente explicó todo lo sucedido. Todos los compañeros se levantaron para felicitarla. Sin embargo, D. Luís  observó una actitud muy extraña en uno de sus alumnos; aunque también le había dado la enhorabuena a Leonor, al volverse a su mesa dio un puñetazo sobre la misma creyendo que nadie le observa. Esto le pareció bastante raro.
-¿Qué te pasa, no estás contento  de que a Leonor se le ha solucionado el problema?
-Sí, claro-, contestó de mala gana, pero no pudo dominar su enfado y en pocos segundos su cara enrojeció al ver que su plan había fracasado:
-¡Cómo es posible que se guardase un juego! yo le dije que los quería todos. Él me aseguró que me los  había vendido a mí, le dije que  los necesitaba para hacer unos regalos-, exclamó indignado.
 En ese momento a Leonor se le cayó la venda de los ojos, a ella y a otros compañeros. Se habían dado cuenta de que no todos los que se dicen amigos, lo son realmente. Entonces otra de las alumnas se levantó y dijo enojada:
- Ahora caigo, D. Luís, ayer vimos salir a  Quique de la clase en dónde usted guardaba las figuras y cuando nos vio se puso rojo como un tomate.
-A ver Quique, ¿que estabas haciendo ayer en mi clase sin mi permiso?
Quique se vio acorralado, se dio cuenta de tenía que haberse callado; había sido muy impulsivo  y por esta causa se iba a descubrir todo. Intentó serenarse para enmendar su error.
-Yo solo fui a ver  cómo le habían quedado las figuras a Leonor después de pintarlas y al cogerlas se me cayeron los libros sobre ellas sin querer. Pero, me gustaron tanto que quise quedarme con todos los Nacimientos para regalárselos a mi familia.
- ¿Sabes lo que te digo? Que  no me lo creo, las rompiste a propósito-le dijo indignada Leonor con los ojos llenos de lágrimas-, por eso estabas en la Plaza Mayor, estabas espiándome para ver dónde las dejaba y así hacerlas desaparecer. Yo creía que eras mi amigo pero por tu culpa me he llevado la mayor decepción de mi vida.
-¿Qué has hecho con los otros Nacimientos? Le preguntó el profesor muy enojado, que hasta entonces había querido guardar la calma.
Quique avergonzado de que le hubiesen descubierto empezó a contarlo todo.
-Perdóneme,  D. Luis,  pero cuando las vi tan bien hechas, me di cuenta de que las mías, al lado de las suyas, no tenían ninguna oportunidad, pensé que el premio se lo iban a dar a ella, entonces decidí romperlas. Por eso,  como yo sabía que las iba a llevar a la Plaza Mayor estuve por allí paseando hasta que me hice el encontradizo. Cuando  se fue, me acerqué al puesto y compré todos los que el vendedor me dijo que tenía. Ya se había roto el juego que había en la Escuela, yo tenía los demás, así que cómo solo quedaban dos días para la presentación, Leonor no tendría tiempo de hacer otro nuevo. En el camino pensé que era  incapaz de romperlas las demás,  por eso, mientras me acercaba a mi casa tiré  todos los paquetes  menos uno, en diferentes  contenedores de basura. Ya en mi habitación, desenvolví con cuidado las figuras, ¡eran preciosas! Parecían de verdad. Leonor, no sé cómo se me ocurrió hacerte eso, me volví loco pero es que necesito la beca para el próximo curso, sino no voy a poder seguir estudiando.
 -Mira, no tienes escusa, siempre nos lo podías haber dicho a los profesores y te habríamos ayudado-, le reprendió D. Luís muy enfadado.
-Me las vas a devolver ahora mismo, no quiero que tengas nada mío,- dijo Leonor sin parar de llorar, era el primer  gran desengaño que se había llevado en su vida.
-Tendrás una sanción. Vamos a ver al director inmediatamente- le dijo D. Luis sacándole de la clase.
 Cuando Quique abandonó la clase y aunque se había portado muy mal con ella,  Leonor sintió  pena por él. ¡Qué mal lo estaría pasando en ese momento después de lo que había hecho!
Llegaba la Navidad y a los pocos días recibió una noticia que le compensó de los malos ratos que había vivido,  Leonor que era la ganadora del concurso y todos sus profesores y compañeros se alegraron por ella; de verdad que se lo merecía. Su Nacimiento fue expuesto en el Ayuntamiento junto con figuras de otros eminentes escultores. Durante las visitas que hicieron los niños madrileños al belén  hubo algunos que se empeñaban en algo que parecía imposible:
-Papá ese nacimiento es como el nuestro. El que encontramos en la basura.
-Pero niña, como va a ser igual, si este debe ser de una gran escultora, no ves que lo han premiado, eso es imposible.
Julita siguió empeñada en la idea de que ella tenía uno como el que allí había, vamos era tan igual que estaba segura que lo había hecho la misma persona. Lo mismo ocurrió con Luisito, con Pilarín, con Guille y con D. Norberto el basurero. Todos pensaron que en esas Navidades el Niño Jesús les había hecho un regalo maravilloso: un nacimiento tan bonito como el que estaba allí expuesto. Ese regalo les había hecho muy felices. 



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 Este es mi primer cuento navideño de este año y aunque todavía queda otro, espero que os haya gustado.

 Os deseo una Feliz Navidad a todos los que os molestáis en leerme