En el castillo de la bruja Terrorífica también estaban ansiosos por que llegase esa noche. Sus moradores tenían un motivo muy especial. Este castillo solo existía durante la noche del treinta y uno de octubre en la que se celebraba LaNoche de los Difuntos; el resto del año desaparecía a los ojos de las personas y hasta el siguiente año no volvía a existir. La gran bruja había hechizado a sus habitantes, decía que no servían para nada y que ya no asustaban a los niños.
Cuando llegaron las doce y un minuto de la noche, una niebla muy espesa se formó encima de un pequeño montículo y no se deshizo hasta que todo el castillo resucitó de nuevo.
Lo primero que apareció en el centro del monte fue edificio muy negro con torres muy altas y ventanas estrechas. Una pequeña luz se adivinaba dentro. De las torres salieron volando infinidad de murciélagos. Las telas de araña tejidas minuciosamente por arañas gigantes, parecían cortinajes de tul negro en donde se columpiaban los esqueletos.
De repente, dos armaduras huecas sin cabeza bajaron el puente levadizo y un gran ruido de cadenas resonó en todo el valle, luego se abrió la puerta del castillo con un gran chirrido de goznes.
-¡Ayyyyy!, gritó Terrorífica-, que estaba asomada en lo alto de una torre -. ¡Nunca os acordáis de engrasarlos de un año para otro! ¡Sois unos inútiles!
Cuando se hizo el silencio de nuevo, la puerta empezó a vomitar un gran ejército formado por engendros y seres repugnantes que hubiesen aterrorizado al más valiente de vosotros.
Los fantasmas salieron en primer lugar arrastrando sus cadenas, después les siguió un gran grupo de asquerosos zombis llenos de heridas sangrantes, ogros, vampiros, momias, decapitados, demonios y asesinos.
Los esqueletos dejaron de columpiarse y siguieron a la comitiva y, por último, decenas de brujas montadas en sus escobas salieron volando desde las almenas llenando el oscuro cielo. Cerrando la comitiva salió Frankestein.
Cuando todo el mundo estaba fuera se oyó la voz atronadora de la gran bruja que les gritó:
-¡Ya sabéis estúpidos e infectos seres! conque uno solo de vosotros asuste a alguien os quitaría la maldición y volveríais a vivir, sin desaparecer, como hacíamos antes pero, estoy segura de que sois tan inútiles y necios que tampoco lo conseguiréis este año.
Ellos al escuchar eso se animaron unos a otros:
-De hoy no pasa, estoy seguro de que alguien se asustará cuando nos vean llegar. Cuando os miro a todos, tan feos, me da miedo hasta a mí-, le dijo un vampiro a otro.
Empezaron a caminar hasta llegar al pueblo más cercano llamado Castillejo del Valle. Desde lejos ya se oía el bullicio, la música y se veían las luces y los adornos que tenían puestos en las puertas de las casas.
En todos los jardines había grandes calabazas
-Por favor, no os separéis-, ordenó uno de los fantasmas. No tenemos que perdernos.
Siguieron avanzando hasta que observaron a un grupo de niños que llevaba bolsos llenos de caramelos y golosinas.
Ellos sí que iban disfrazados aunque casi parecían brujas y vampiros de verdad. Llamaban a las puertas y decían.
- ¿Truco o trato?
Entonces los señores de la casa, que eran bastante mayores, les contestaron:
-Trato-, y les sacaron montones de golosinas.
Esperaron a que se marchasen los niños con la ilusión de que pudieran asustarlos y al ser mayores les diera un patatús y se muriesen del susto. Eligieron al más feo. Llamaron al timbre y esperaron.
-¡UUHHH!-, gritó un asqueroso zombi.
La señora se sobresaltó un poquito pero, enseguida llamó a su marido.
-¡Juan!, ven enseguida, mira, estos sí que van bien disfrazados-, dijo a voces a su marido que estaba en otra habitación.
El hombre salió enseguida y al verlos, sonriendo, les dio la mano.
-Enhorabuena, si hubiese un concurso de disfraces, os llevaríais el premio. Dales caramelos, mujer, que se lo merecen.
Los habitantes del castillo se alejaron desanimados. Siguieron caminando de un lado a otro.
-¡UUUGGG! ¡AAAGGGG! Gritaban como locos y todos los recibían con sonrisas y felicitaciones por lo bien que iban.
Cuando la brujas pasaron volando en las escobas por encima de las cabezas de los que estaban de fiesta gritando-¡Jijijiji! -, todos se quedaron mirándolas embobados.
-Mamá, yo quiero que me compres una escoba como esas. El año que viene me disfrazaré de bruja.
-Bueno, hija, veremos lo que cuestan. Deben ser muy caras.
Nuestros amigos, los monstruos, estaban cansados de tanto caminar, solo una vez, una niña dio un respingo cuando vio a Frankestein, pero solo un respingo.
-¿Tú crees que eso ha sido un susto?-, le preguntó Franki a un fantasma que estaba a su lado.
El fantasma le miro con sorna y le dijo:
- Vamos anda, eso no ha sido un susto, si acaso un suspiro.
Empezaba a amanecer, si no aligeraban llegarían de día y se quedarían fuera del castillo. Nuestros amigos apretaron el paso hasta donde se encontraba su hogar. Iban desilusionados sabiendo que habían fracasado de nuevo. Fueron entrando en el castillo hasta que se cerraron las puertas y se levantó el puente levadizo.
-Bueno chicos, por vuestras caras veo que este año tampoco ha habido suerte ¿verdad?-, preguntó la gran bruja.
Al escucharla, un vampiro muy elegante se dirigió a Terrorífica y le dijo:
-Te lo repito todos los años, desde que a la noche de los difuntos le llaman Halloween los niños no tienen miedo a nada.
Se fueron retirando a sus habitaciones mientras una espesa niebla, de nuevo, fue cubriendo el castillo hasta que desapareció. Tendrían que esperar otro año a ver si había más suerte.
Como pasa el tiempo. Otra vez tenemos aquí la fiesta de Halloween y otra vez he escrito un cuento que espero que os guste.
Todas las ilustraciones y fotografías las he tomado prestadas de internet. aquí está la página.
















