Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

sábado, 29 de noviembre de 2014

La inquietante historia de un castillo, un gato, una planta carnívora y una olla de lentejas.


 
Pedrito llegó muy contento del cole. El profe le había encargado que hiciera un mural para ilustrar el tema que estaban estudiando: los castillos.
Su madre le abrió la puerta y le dio un beso.
 -¿Qué tal ha ido la clase hijo?
-Bien mami, me voy a mi cuarto que tengo que hacer un trabajo.
Su gato, Chispita, también salió a recibirle. Le gustaba que Pedro le acariciara la espalda y lo hacía siempre que llegaba.
-¡Hola Chispita! ¿Te has portado bien?-. Pedro se agachó y, como siempre,  le rascó el lomo mientras el gato se restregaba en la pata de su pantalón vaquero.
- Pedro, enseguida te llamo para comer, hoy no viene tu padre así que cuando termines  el trabajo, comemos.
-¿Qué hay de comer mamá? ¡Tengo un hambre! - Preguntó  mientras cogía al gato en brazos y se lo llevaba a su habitación.
-Lentejas-, contestó Marisa desde la cocina.
Por suerte para Pedro, no la oyó: ¡odiaba las lentejas!
Para ir a su habitación tuvo que dar un rodeo  para evitar  una maceta que su madre había colocado en el pasillo. Era un regalo de Berta, su mejor amiga.
-Es una planta carnívora,-, le dijo. Debéis tener  cuidado con ella pero en el vivero me han dicho que os mantendrá la casa limpia de insectos.
El chico la miraba siempre con recelo. No se fiaba de ella. Alguna vez, hasta había tenido pesadillas con la dichosa plantita.
Pedro se quitó la chaqueta y  sacó la cartulina que colocó sobre la mesa, luego puso  los lápices, ceras y rotuladores  al lado y empezó a dibujar su castillo ideal, el que siempre tenía en la cabeza cuando jugaba con sus soldados  a guerras.
Primero esbozó  las murallas, las colocó encima de una pequeña montaña rodeada por un río .Después le hizo el puente levadizo,  la puerta y el escudo de armas encima de ella. Dibujo la torre del homenaje y empezó a colocar entre las almenas las cabezas de los soldados que estaban preparados para la batalla. Encima de la torre dibujó al rey.
Separó la cartulina para ver el efecto y su castillo le gustó mucho. Estaba orgulloso de su dibujo, así que se levantó y fue a enseñárselo a su madre que  estaba en la cocina.
Pedro se acercó a la olla y miró dentro. Lo que vio le quitó las ganas de comer: una olla gigantesca llena de lentejas, allí había  por lo menos para tres días.
-¿Lentejas? ¡Mamá, te he dicho mil veces que no me gustan las lentejas! Se me han quitado las  ganas de comer-, exclamó enfadado.
-Ya sabes lo que dice el refrán: Lentejas, comida de viejas, si quieres las comes y sino también-, añadió su madre-. A ver,  enséñame el dibujo.
La alegría de Pedro le desapareció como si fuera humo. Se evaporó junto con el humo que salía de la olla. Ya no tenía ganas ni de seguir dibujando ni de que su madre viera lo que había hecho. Salió hecho un basilisco de la habitación.
-Pedro, ya sabes que no me gusta ese genio que tienes. Vas a comer lentejas quieras o no.  Además, están muy buenas, llevan chorizo y morcilla; eso si te gusta.
Pedro no escuchó a su madre, cogió a Chispita en brazos y se fue bastante contrariado sin fijarse en la planta del pasillo. Tropezó con ella y el gato se le cayó de las manos.
En un momento, la muy traidora abrió sus hojas como si fuera una boca gigante y se engulló al pobre minino.
Pedro se llevó tal susto que, por un momento, no supo qué hacer  pero  enseguida empezó a chillar:
-¡Socorro, mamá! ¡Ven enseguida! Tu planta se ha comido al gato.
Mientras, en la maceta se libraba una batalla que se notaba desde fuera. El gato luchaba por salir, la planta quería masticarlo.
Marisa salió disparada de la cocina con un cuchillo en la mano.
-¿Qué ha pasado?-,  su madre enseguida se dio cuenta de lo sucedido y cortó de cuajo la peligrosa  planta por la parte más baja del tallo. Inmediatamente las hojas se aflojaron y pudieron rescatar a Chispita medio asfixiado, pero vivo.
-Habrá que llevarlo al veterinario-, le dijo Marisa a su hijo, pero no te va a dar tiempo a comer.
-No te preocupes mamá me hago un bocadillo en un momento mientras te vistes.
En un santiamén estaban montados en el coche;  Pedro con el gatito encima de sus piernas,  comiéndose  un  apetitoso bocadillo de chorizo que se preparó rápidamente.
El chico iba sonriendo, sentía pena por el gato, pero él se había librado de comer lentejas.
-No pienses que te has salido con la tuya, mañana  las tienes de primer plato.-, le aseguró su madre bastante molesta viendo la sonrisa en la cara de su hijo.
-Si llega a estar un segundo más aprisionado entre las  carnosas hojas de esa planta, se hubiera muerto-, les explicó el veterinario-. Son muy peligrosas. Dígale a su amiga que otra vez le regale geranios.
De repente a Marisa le cambió la cara.
-¡No recuerdo si he apagado el fuego!-, comentó en voz alta.
El veterinario, al ver la angustia de su clienta, le sugirió que fuera rápido a su casa.
-Ya me pagará otro día.
Salieron corriendo y llegaron enseguida porque la clínica estaba muy cerca, pero al entrar en el ascensor  ya se olía la tragedia.
-¡Se me han pegado las lentejas!- Exclamó.
-Mamá, lo importante es que no se ha prendido fuego a la casa-, añadió Pedrito.
Le había salido el día redondo: la planta exterminada y las lentejas en la basura.
¡Ah! y lo mejor de todo, su gato seguía vivo y coleando.

El dibujo del castillo lo he subido de internet.

martes, 4 de noviembre de 2014

La flor del crisantemo, cuento tradicional japonés, en versión resumida por Aurora Gil Bohórquez.)


A pesar de que en  nuestro país el crisantemo se identifica con el día de difuntos y con los muertos, en China el crisantemo se emplea como flor ornamental desde hace más de dos mil años.



 Despúes su cultivo se trasladó a Japón donde se convirtió en una flor santa que recibía una veneración divina. Es tanta la veneración que tienen en este país por esta flor que algunos creen que  la esfera que podéis ver en la bandera japonesa no representa el sol naciente sino el corazón de un crisantemo despojado de sus pétalos.



Aunque otras personas dicen que el círculo en la bandera japonesa representa un sol naciente. Vosotros podéis quedaros con la historia que más os guste.



A partir de aquí, podéis leer el precioso cuento japonés que Aurora Gil Bohóquez ha tenido la amabilidad de resumirnos para que no se hos haga pesado.


Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy lejano del oriente, vivía una familia feliz. El padre, la madre y un niño pequeño que era la alegría de la casa.

Una mañana el pequeño se despertó con fiebre alta y decaído; apenas sonreía ni podía abrir sus ojitos. Sus padres enseguida empezaron a ponerle los alivios que conocían, pero el niño cada vez estaba peor. Decidieron ir a consultar al sabio del... bosque, un anciano que tenía poderes mágicos y sabía los remedios para casi todos los males.
Cuando vio al niño, sintió pena por sus padres… No conocía una solución para salvar a ese pequeño. Se le iba la vida muy deprisa. Apenas le quedaba tiempo.
¿Qué decir a sus padres?


 - Su hijo vivirá tantos días como pétalos tiene la flor que crece al pie del árbol más alto del bosque, les dijo.

 Intrigados y llenos de incertidumbres, acordaron que fuese la madre a buscar esa flor que indicaba el tiempo de vida del pequeño.
La madre corrió entre los árboles hasta encontrar el más alto. Y a sus pies crecía una hermosa flor. Pero, ay, solo tenía cuatro grandes pétalos.


¡Cuatro días iba a vivir su hijo! No podía ser. Y entonces, sacando una larga aguja que sujetaba su moño, empezó con paciencia y buen pulso, sin hacer caso a sus lágrimas, a dividir cada uno de los pétalos de la flor en cientos de ellos, hasta hacer imposible contarlos. 





 

 Esperanzada, llevó la nueva flor hasta el sabio y se la mostró:
- ¿Es esta la flor que me dice?
Sorprendido, el sabio le respondió:
- Sí, es la flor de la vida… El crisantemo.

Desde entonces, las flores que crecen bajo el árbol más alto del bosque tienen innumerables pétalos. Son los crisantemos. Y el niño vivió muchos, muchísimos años.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Las fotos las he tomado prestadas de páginas de Internet.

jueves, 30 de octubre de 2014

El castillo del miedo. Para los que no son miedosos o eso creen.

A los que leyeron mi cuento El Castillo Encantado, parece que les dió pena de los monstruos. ¡A ver que dicen ahora! El comienzo es el mismo, pero he cambiado el final.






Se acercaba la noche de Los difuntos  y todo el mundo se  preparaba para recibirla.
 En el castillo de la bruja Terrorífica también estaban ansiosos por que llegase esa noche. Sus moradores tenían un motivo muy   especial. Este castillo solo existía durante  la noche del treinta y uno de octubre en la que se celebraba la noche de los difuntos; el resto del año desaparecía a los ojos de las personas y hasta el siguiente año no volvía a existir. La gran bruja había hechizado a sus habitantes,  decía que  no servían para nada  y que  ya no asustaban a los niños.
Cuando llegaron las doce  y un minuto de la noche, una niebla muy espesa se formó encima de un pequeño montículo y no  se deshizo hasta que todo el castillo resucitó de nuevo.
Lo primero que apareció en el centro del monte fue edificio muy negro  con torres muy altas y  ventanas  estrechas. Una pequeña luz se adivinaba dentro. De las torres salieron volando infinidad de murciélagos.  Las telas de araña tejidas minuciosamente por arañas gigantes, parecían cortinajes de tul negro  en donde se columpiaban los esqueletos.
 De repente, dos armaduras huecas sin cabeza  bajaron  el puente levadizo  y un gran ruido de cadenas resonó en todo el valle, luego se abrió la puerta  del castillo con un gran chirrido de goznes.
-¡Ayyyyy!, gritó Terrorífica-, que estaba asomada en lo alto de una torre -. ¡Nunca os acordáis de engrasarlos de un año para otro! ¡Sois unos inútiles!
 Cuando se hizo el silencio de nuevo, la puerta empezó a vomitar un  gran ejército formado por  engendros y seres repugnantes que hubiesen aterrorizado al más valiente de vosotros.
Los fantasmas  salieron en primer lugar  arrastrando sus cadenas, después les siguió un gran grupo de asquerosos zombis llenos de heridas sangrantes, ogros, vampiros, momias, decapitados, demonios y asesinos. Los esqueletos dejaron de columpiarse y siguieron a la comitiva  y, por último, decenas de brujas montadas en sus escobas salieron volando desde las almenas llenando el oscuro cielo. Cerrando la comitiva salió Frankestein. 




Cuando todo el mundo estaba fuera se oyó la voz atronadora de la gran bruja que les gritó:
-Ya sabéis estúpidos e  infectos seres,  conque uno solo de vosotros asuste a alguien  os quitaría la maldición y volveríais a vivir, sin desaparecer, como hacíamos antes pero, estoy segura  de que sois tan inútiles y necios que tampoco lo conseguiréis este año.
Al escuchar a  la gran bruja Terrorífica se indignaron de tal manera empezaron a murmurar entre ellos.
-Esto no hay quién lo aguante-, dijo un zombie que llevaba el ojo en la mano; se lo quitaba o ponía según necesitaba mirar hacia la derecha o hacia la izquierda.
-¡Estate quieto con el ojo!-, exclamó un vampiro al que le chorreaba la sangre por la comisura de los labios y goteaba hasta la camisa. Me da repelús verte.
-No debemos dejarnos avasallar por ese saco de huesos, nariz aguileña y pelos de estropajo. Este año tenemos que organizar algo terrible que nunca olviden los habitantes de Castillejo del Valle. Si desaparecemos de nuevo, le cambiaran el nombre al pueblo y dejará de llamarse así-, añadió un hombre con aspecto de pordiosero que llevaba un gran  saco a la espalda.
-El que tengas alguna idea que la diga, luego se elige por votación la mejor y la ponemos en práctica ¿vale? Sugirió una momia.
-De acuerdo-, dijeron todos sentándose en círculo para preparar su maléfico plan.
Las brujas, que iban volando en las escobas por encima de sus cabezas, al ver que la comitiva de monstruos se había sentado descendieron para aportar sus  ideas.
-Sugiero encender un buen fuego para calentarnos y realizar los  conjuros -, añadió Espantosa, otra bruja que tenía bien ganado su nombre.
Mientras Espantosa lo preparaba, se acomodaron lo mejor que pudieron: los vampiros colgaron sus capas en las ramas de los árboles para que no se les arrugasen,  los decapitados dejaron sus cabezas en el suelo pues era una lata moverse siempre de un lado a otro con la cabeza a cuestas, las brujas soltaron sus escobas, los hombres del saco se lo quitaron pues pesaban lo suyo, los esqueletos se apoyaron  en unos troncos para no desmoronarse y
Dibujo de momia para Halloween
 las momias se soltaron los vendajes que las oprimían pero, todos tuvieron que pedirles que se las volviesen a poner pues apestaban de una forma insoportable. Frankestein se sentó en una piedra para ver mejor lo que las brujas estaban echando en el fuego.
Mientras, en el pueblo,  un grupo de adolescentes tenían un plan para pasar la noche de difuntos.
-A mí no me dan miedo ni los muertos ni los zombis ni nada de esas tonterías, propongo organizar una acampada en las afueras del pueblo. ¿Quién se apunta?-, preguntó Ismael.
Los demás chicos no estaban muy seguros, ¿precisamente esa noche tenían que ir de acampada? ¡Anda que no había días para hacerlo!
-Yo no voy, con el frío que hace y encima esta noche. No contéis conmigo-, dijo Pedro.
-Eres  un gallina. Cuenta conmigo Ismael-, añadió Luis.
Quedaban tres chicos que no sabían que decir. No les hacía gracia la idea pero tampoco les gustaba que los tomasen por miedicas.
-Te lo digo esta tarde, se lo tengo que preguntar a mis padres, a lo mejor no me dejan-, les razonó Carlos.
Ismael no tenía ganas de más excusas así que dijo:
-El que quiera venir que esté esta noche a las ocho a la salida del pueblo. Iremos a la explanada que hay al lado del cementerio y ahí pondremos las tiendas.
Los chicos se despidieron y después de rogar a sus padres que los dejasen, que era una apuesta y que no les iba a pasar nada, consiguieron su permiso. Pedro ni se molestó; con lo bien que se estaba en casa viendo la tele.
Estaban contentos aunque un poco nerviosos, ir de acampada solos y, encima, cerca del cementerio era una idea brillante que solo se le podía ocurrir al loco de Ismael. Los demás no estaban de muy de acuerdo pero se callaron para que no les tachasen de cobardes. Cuando  se estaban acercando a la explanada observaron que había un grupo muy numeroso alrededor de un fuego celebrando
Halloween.   
-Oye, vaya juerga que tienen montada, esos sí que llevan buenos disfraces-, exclamó Javier sorprendido ante el realismo de los trajes.
-Mira, vamos a ponernos en el otro lado. No me gusta estar cerca de un grupo tan grande, dentro de un rato estarán todos borrachos-, dijo Ismael.
Se colocaron al otro lado del cementerio, que por cierto era bastante pequeño. Podían ver lo que ocurría en el grupo pero estos, a ellos no. Les tapaban unos cipreses.
  Los muchachos se estaban preparando para comerse los bocadillos que les habían preparado en su casa cuando escucharon un grito. Un chillido agudo que les heló la sangre.
-¿Qué ha sido eso?-, preguntó Javier. Se me han puesto los pelos de punta.
 Se quedaron quietos; el corazón les latía tan fuerte que casi oían sus palpitaciones. Parecía que  ellos  no eran tan valientes como pensaban. Se agacharon y se quedaron muy quietos. De vez en cuando veían que la mujer que estaba disfrazada de bruja echaba unos polvos a la hoguera y el fuego chisporroteaba más fuerte produciendo  llamaradas que subían hacia el cielo y llenaban los alrededores de olor a azufre.
 Espantosa  estaba haciendo un  conjuro en voz alta.  Los monstruos ya habían decidido lo que hacer para que la maldición de Terrorífica terminase esa noche. Cuando se dieron cuenta de que estaban cerca del cementerio pensaron pedir  ayuda a los difuntos que estaban allí enterrados.
-Por los poderes del infierno, os convoco para que reunáis todas vuestras fuerzas, levantéis las lápidas, salgáis de vuestras tumbas y nos acompañéis  esta noche. Sembraremos el miedo y el terror por el pueblo y nunca más se tomarán a broma esta noche tan importante para todos nosotros-, gritaba enfurecida Espantosa, mientras todas las brujas la acompañaban  bailando alrededor del fuego.
Los chicos empezaron a temblar.
-Ismael, yo, yo creo que, que, que estos no están de de broma. Me parece que son de verdad-, susurró Carlos  en voz baja y con la garganta tan seca que no le salían las palabras.
-Schssss, si estos son monstruos de verdad, estamos en peligro, pero que muy en peligro-, aseveró Tomás.
-¡Callad! Queréis que se den cuenta de que estamos aquí-, ordenó Ismael, dándose cuenta de que lo que había empezado en broma iba muy en serio.
Volvieron a mirar al círculo y cada vez había más monstruos bailando alrededor del fuego. Las momias, los vampiros y todos los demás.  Por encima de sus cabezas, formando remolinos, otras brujas  se habían montado en sus escobas acompañadas por una gran cantidad de murciélagos. Era un espectáculo espeluznante.
Los cinco chicos tenían la cabeza tapada con las sudaderas, no querían mirar lo que ocurría; bastante tenían con escuchar el conjuro y oler a azufre.
-Por los poderes del infierno, os convoco para que reunáis todas vuestras fuerzas, levantéis las lápidas, salgáis de vuestras tumbas y nos acompañéis  esta noche. Sembraremos el miedo y el terror por el pueblo y nunca más se tomarán a broma esta noche tan importante para todos nosotros-, volvía a repetir una y otra vez.
De repente, cuando los chicos creían que no podrían soportar más  el miedo que les producía aquella situación, la cosa empezó a empeorar. Se empezaron a oír chirridos penetrantes, unos cercanos y otros más alejados que les producían escalofríos. 




  Eran los sonidos producidos por las lápidas que  empezaron a deslizarse sobre las tumbas hasta que quedó un espacio suficiente para que salieran  los muertos que estaban allí enterrados. Era niebla con forma humana  y  se les notaba que disfrutaban flotando en el aire. Algunos llevaban poco tiempo enterrados y todavía no se habían deshecho del todo así que iban caminando.




Cuando Espantosa  vio que el grupo de muertos estaba fuera de sus tumbas dio un grito terrible:
-¡A Castillejo del Valle! No hay que dejar a nadie indiferente ni  a hombres  ni a mujeres ni a  niños. Nunca deben olvidar esta noche. Se quedarán helados al vernos y el frio que sentirán se les quedará en sus huesos para siempre.
Los chicos,  cuando los vieron  avanzar, se desmayaron.
Toda la comitiva salió en dirección al pueblo, algunos de los difuntos visitaron a sus familiares y uno de ellos murió de un ataque al corazón. A los pocos minutos este otro muerto se unió al grupo.
Se introdujeron en las fiestas, calles y lugares de reunión y la gente corría aterrorizada, perseguida por ese repugnante ejército. Ni dentro de sus casas se encontraban a salvo.
Empezó a amanecer y la noche de difuntos estaba llegando a su fin, los habitantes del castillo volvieron a su hogar y los muertos se introdujeron en las tumbas de nuevo.
Los chicos nunca supieron lo que pasó esa noche en el pueblo, porque nadie les habló  de ello.
A partir de entonces, desde   un  montículo cercano, un castillo muy negro  con torres muy altas y  ventanas  estrechas  parecía que vigilaba el pueblo de Castillejo del Valle: la maldición de Terrorífica había terminado.




Todas las ilustraciones las he tomado prestadas de internet.  Si alguien se molesta por ello, no tiene más que decirlo y la quitaré de mi cuento.Gracias por subirlas.

jueves, 23 de octubre de 2014

El castillo encantado. Primaria y adultos con alma de niños.

Se acercaba la noche de Los difuntos  y todo el mundo se  preparaba para recibirla.

 En el castillo de la bruja Terrorífica también estaban ansiosos por que llegase esa noche. Sus moradores tenían un motivo muy   especial. Este castillo solo existía durante  la noche del treinta y uno de octubre en la que se celebraba LaNoche de los Difuntos; el resto del año desaparecía a los ojos de las personas y hasta el siguiente año no volvía a existir. La gran bruja había hechizado a sus habitantes,  decía que  no servían para nada  y que  ya no asustaban a los niños.

Cuando llegaron las doce  y un minuto de la noche, una niebla muy espesa se formó encima de un pequeño montículo y no  se deshizo hasta que todo el castillo resucitó de nuevo.
Lo primero que apareció en el centro del monte fue edificio muy negro  con torres muy altas y  ventanas  estrechas. Una pequeña luz se adivinaba dentro. De las torres salieron volando infinidad de murciélagos. Las telas de araña tejidas minuciosamente por arañas gigantes, parecían cortinajes de tul negro  en donde se columpiaban los esqueletos.

 De repente, dos armaduras huecas sin cabeza  bajaron  el puente levadizo  y un gran ruido de cadenas resonó en todo el valle, luego se abrió la puerta  del castillo con un gran chirrido de goznes.
-¡Ayyyyy!, gritó Terrorífica-, que estaba asomada en lo alto de una torre -. ¡Nunca os acordáis de engrasarlos de un año para otro! ¡Sois unos inútiles!

 Cuando se hizo el silencio de nuevo, la puerta empezó a vomitar un  gran ejército formado por  engendros y seres repugnantes que hubiesen aterrorizado al más valiente de vosotros.

Los fantasmas  salieron en primer lugar  arrastrando sus cadenas, después les siguió un gran grupo de asquerosos zombis llenos de heridas sangrantes, ogros, vampiros, momias, decapitados, demonios y asesinos.

Los esqueletos dejaron de columpiarse y siguieron a la comitiva  y, por último, decenas de brujas montadas en sus escobas salieron volando desde las almenas llenando el oscuro cielo. Cerrando la comitiva salió Frankestein.

Cuando todo el mundo estaba fuera se oyó la voz atronadora de la gran bruja que les gritó:
-¡Ya sabéis estúpidos e  infectos seres!  conque uno solo de vosotros asuste a alguien  os quitaría la maldición y volveríais a vivir, sin desaparecer, como hacíamos antes pero, estoy segura  de que sois tan inútiles y necios que tampoco lo conseguiréis este año.

Ellos al escuchar eso se animaron unos a otros:
-De hoy no pasa, estoy seguro  de que alguien se asustará cuando nos vean llegar. Cuando os miro a todos, tan feos, me da miedo hasta a mí-, le dijo un vampiro a otro.
Empezaron a caminar hasta llegar al pueblo más cercano llamado Castillejo del Valle. Desde lejos ya se oía el bullicio, la música  y se veían las luces y los adornos que tenían puestos en las puertas de las casas.

En todos los jardines había grandes calabazas con velas encendidas dentro y la gente iba disfrazada como ellos; si se descuidaban no iban a saber quiénes eran los monstruos de verdad y quienes los disfrazados.
-Por favor, no os separéis-, ordenó uno de los fantasmas. No tenemos que perdernos.
Siguieron avanzando hasta que observaron a un grupo de niños que llevaba bolsos llenos de caramelos y golosinas.
 Ellos sí que iban disfrazados aunque casi parecían brujas y vampiros de verdad. Llamaban a las puertas y decían.
- ¿Truco o trato?
Entonces los señores de la casa, que eran bastante mayores, les contestaron:
-Trato-, y les sacaron montones de golosinas.

Esperaron a que se marchasen los niños con la ilusión de que pudieran asustarlos y al ser mayores les diera un patatús  y se muriesen del susto. Eligieron al más feo. Llamaron al timbre y esperaron.

-¡UUHHH!-, gritó un asqueroso zombi.
La señora se sobresaltó un poquito pero, enseguida llamó a su marido.
-¡Juan!, ven enseguida, mira, estos sí que van bien disfrazados-, dijo a voces a su marido que estaba en otra habitación.
El hombre salió enseguida y al verlos, sonriendo, les dio la mano.
-Enhorabuena, si hubiese un concurso de disfraces, os llevaríais el premio. Dales caramelos, mujer, que se lo merecen.

Los habitantes del castillo se alejaron desanimados. Siguieron caminando de un lado a otro.
-¡UUUGGG! ¡AAAGGGG! Gritaban como locos y todos los recibían con sonrisas y felicitaciones por lo bien que iban.

Cuando la brujas pasaron volando en las escobas por encima de las cabezas de los que estaban de fiesta gritando-¡Jijijiji! -, todos se quedaron mirándolas embobados.
-Mamá, yo quiero que me compres una escoba como esas. El año que viene me disfrazaré de bruja.
-Bueno, hija, veremos lo que cuestan. Deben ser muy caras.

Nuestros amigos, los monstruos, estaban cansados de tanto caminar, solo una vez, una niña dio un respingo cuando vio a Frankestein, pero solo un respingo.
-¿Tú crees que eso ha sido un susto?-, le preguntó Franki a un fantasma que estaba a su lado.
El fantasma le miro con sorna y le dijo:
- Vamos anda, eso no ha sido un susto, si acaso un suspiro.

Empezaba a amanecer, si no aligeraban llegarían de día y se quedarían fuera del castillo. Nuestros amigos apretaron el paso hasta donde se encontraba su hogar. Iban desilusionados sabiendo que habían fracasado de nuevo. Fueron entrando en el castillo hasta que se cerraron las puertas y se levantó el puente levadizo.

-Bueno chicos, por vuestras caras veo que este año tampoco ha habido suerte ¿verdad?-, preguntó la gran bruja.
Al escucharla, un vampiro muy elegante se dirigió a Terrorífica y le dijo:

-Te lo repito todos los años, desde que a la noche de los difuntos le llaman Halloween los niños no tienen miedo a nada.
Se fueron retirando a sus habitaciones mientras una espesa niebla,  de nuevo, fue cubriendo el castillo hasta que desapareció. Tendrían que esperar otro año a ver si había más suerte.


Como pasa el tiempo. Otra vez tenemos aquí la fiesta de Halloween y otra vez he escrito un cuento que espero que os guste.

Todas las ilustraciones y fotografías las he tomado prestadas de internet. aquí está la página.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Las aventuras veraniegas del pulpo Pepito. Para todas las edades.




 
Autores Guille y Pablo,los pescadores de pulpos.


El pulpo Pepito, autor Guille.


Pepito, el pulpo, está preparando una preciosa maleta toda forrada de conchas y  caracoles. Se va  de vacaciones por primera vez en su vida. Él vive en el fondo del mar pero quiere cambiar de ambiente como todo el mundo. ¡Por fin, ha llegado el verano!
 Elige una bonita costa del mediterráneo para pasar el mes de agosto, concretamente una playa de arenas doradas que le conquistan por su belleza.  Entre la arena hay  rocas llenas de cuevas  donde esconderse, algas, anémonas y esponjas, tan bonitas y llenas de colores, que decide quedarse allí durante un tiempo.
-Aquí pasaré mis vacaciones. Este sitio me gusta, parece tranquilo.
 Pepito, el pulpo, está tan cansado que estira sus ocho tentáculos llenos de ventosas y se pasa un rato  tomando el sol bajo las aguas cristalinas.
Busca una gruta protegida por decenas de  anémonas y de algas muy variadas. Los habitantes de la zona son peces muy amables y pacíficos, que  le reciben con las aletas abiertas.
-Nos alegra mucho conocerte, Pepito -le dicen unos boquerones que  nadan con movimientos muy elegantes delante de él, presumiendo de sus reflejos plateados.
Una preciosa estrella de mar de lindos colores se acerca avanzando por la arena con  unos movimientos tan sugerentes que parece que está bailando.
-No había venido ningún pulpo de vacaciones por estas rocas, ¡ya iba siendo hora de tener otros vecinos! -exclama muy contenta.
-Los que vivimos  aquí estamos hartos de ver siempre las mismas caras -comenta un erizo de púas negras y brillantes, mirando a doña Elisa, la estrella, con cara de aburrimiento.
Se acerca, moviéndose con elegancia, un caballito de mar al que todos saludan cariñosamente.
-¿Qué tal Carmelo? 
Carmelo enseguida ve al pulpo y empiezan a charlar como si fueran amigos de toda la vida.
Mientras están hablando, aparece por allí Vicente, el cangrejo, va muy rápido, moviendo sus patas muy ligero, parece que tiene mucha prisa.
-¡Hola a todos! -dice efusivamente-. Siento deciros que no me puedo entretener, necesito llegar a mi casa cuanto antes.
-Espera un momento, que te vamos a presentar a don Pepito. Acaba de llegar de vacaciones.
Don Pepito saca uno de sus tentáculos para saludar al recién llegado y  estrechar una de las pinzas de  Vicente con mucha alegría, pero  las ventosas del pulpo se le pegan a las patas del cangrejo. ¡Madre mía! Que jaleo se han hecho, los ocho brazos del pulpo  enredados entre las patas del cangrejo. Vicente se ha llevado un gran susto. ¡Por fin consiguen separarse!
-Siento haberle asustado -dice disculpándose el pulpo-. No soy muy habilidoso con mis tentáculos. 
-¡Menudo susto me ha dado, don Pepito! Por aquí hay algunos individuos que no son de fiar. Por un momento pensé que quería comerme -le dice el cangrejo mientras se aleja  corriendo.
Todos se han quedado un poco sorprendidos ante lo ocurrido.
Doña Elisa, la estrella piensa que hay que organizarle una fiesta de bienvenida al nuevo vecino.
-¿Qué os parece si esta noche celebramos un baile para conocernos un poco? Le diremos  al calamar que venga. Él toca muy bien las maracas. 
-Pues yo con las conchas vacías de los caracoles toco la batería -añade Pepito.
-¡Ah! ¿Sí? -exclaman todos.
 -Sí y, además, sé tocar la caracola.
La estrellita le mira muy ilusionada. ¡Con lo que a ella le gusta bailar!
-Le diré a la morena que te consiga una concha vacía de caracola. A ella también le gusta mucho la fiesta y…
Todos están charlando tranquilamente, cuando de repente ven reflejadas en el agua las sombras de dos niños.
-¡Socorro, sálvese quien pueda! Ya están aquí los pescadores de todos los días. Escóndete Pepito, rápido.
A Pepito no le ha dado tiempo a meterse en la cueva y nota como una mano le coge y le sujeta; él suelta la tinta azul para escabullirse, pero ya es tarde. Los niños lo sacan del agua y lo meten en un cubo.
-¡Un pulpo! ¡Hemos cogido un pulpo!  Pepito oye gritar a Guille y a Pablo como locos. 
Cree que ha llegado su hora.
-¡Mira que   venir a esta playa para terminar en una cazuela! Con lo a gusto que estaba en el fondo del mar -piensa aterrorizado.
-Vamos a enseñárselo a mamá -dicen los chicos.
Los niños llevan el cubo con agua y, dentro va Pepito, muy asustado. El pulpo mira hacia el cielo y solo ve un montón de caras que le observan con asombro.
Después de estar enseñándolo a todos los bañistas, escucha una voz:
-Bueno chicos, ya va siendo hora de que lo echéis otra vez al mar. Ya sabéis que los pulpos están protegidos -dice la madre de los pequeños.
Ellos se meten en el agua y con mucho cuidado vuelcan el cubo para que Pepito salga sin hacerse daño.
-Después de este susto, necesitaré dos o tres días para reponerme. Además, venir de tan lejos me ha dejado agotado. 
Por fin Pepito puede descansar; acurrucado en su cueva se duerme plácidamente. 
Pero por la noche, a la entrada de su cueva están todos sus amigos llamándole, con gana de juerga. No le dejan descansar todo lo que él quisiera. 
Se han acercado a la gruta todos sus vecinos: Vicente, el cangrejo, Elisa,  la estrella, Carmelo el caballito, Casimiro, el erizo  y una morena larga, larga que le asusta hasta a él.
-No tengas miedo, está es Catalina -dice la estrella-. Te ha conseguido una concha de caracola para que hagas música.
Enseguida llega el calamar y le acompaña. Los dos  tocan la batería  sobre caracolas vacías y la cosa se empieza a animar. Unas almejas se animan y tocan las castañuelas.
 El caballito de mar con otros amigos empieza a ejecutar una danza uniendo sus colas. Llegan los boquerones, las medusas, y otros peces de muchos colores; todos bailan al compás haciendo una coreografía tan linda, que ya la quisieran en los campeonatos  del mundo en natación sincronizada.
Todos cantan una canción que está muy de moda entre los cuarenta principales de los fondos marinos, se llama: Bajo el mar.  
Bajo del mar, bajo del mar
 Nadie nos fríe ni nos cocinan en una sartén
Si no te quieres arriesgar bajo del mar te quedarás.
Y sin problemas entre burbujas tu vivirás, Bajo del mar!!!!

Se lo están pasando pipa pero ha llegado don Mero, el policía acuático  de la zona a poner orden.
-¡Ya es hora de acostarse! Las sardinas y las pescadillas se están quejando, mañana tienen que salir para realizar un largo viaje.
-¡Ooooh! Tienen que terminar la fiesta y  marcharse. Todos se despiden hasta el día siguiente. 
El pulpo Pepito piensa que en sus primeras vacaciones se lo va a pasar pipa.
Cuando sale el sol se asoma a la gruta y allí  le están esperando, Elisa, la estrella y  los demás vecinos.
-¿Qué tal has dormido? -le preguntan-. Perdona, pero ayer, con el lío de la fiesta no pudimos avisarte de que en esta playa hay muchos niños que  se entretienen pescando. ¡No puedes estar distraído ni un segundo! Ya lo sabes -le advierte su vecina-. A la única que no molestan es a Catalina, la morena, porque tiene unos dientes tan grandes que les asusta enseguida.
De repente alguien dice de nuevo.
-¡Atención! ¡A los escondites! Ya están aquí otra vez los pescadores.
Pepito ve que en un momento desaparecen todos sus amigos y él vuelve a quedarse solo. No le da tiempo a meterse en la cueva.
- Las mismas sombras de ayer y la misma mano –piensa-. Esta vez voy a defenderme, no me van a coger tan fácilmente.
Pepito extiende sus tentáculos: con dos de ellos se agarra a la roca  y con el resto empieza a presionar con sus ventosas en los dedos y en el brazo de Guille pero, este lo sujeta con la otra mano y… ¡otra vez al cubo!
-¡Otro pulpo! ¡Otro pulpo! Ya llevo dos este año -vuelve a gritar.
-Pero… ¡este niño es tonto! ¿Es que no se da cuenta de que soy el mismo de ayer?
El pulpo ya no está tan asustado como la primera vez, pero no está dispuesto a seguirles el juego a los chicos. Parece que, como sigan así, le van a dar las vacaciones.
-Seguro que mientras esté por aquí,  voy a tener que aguantar lo mismo todos los días con esos niños. Si esto se vuelve a repetir, hago la maleta y me largo.
Después del segundo susto, don Pepito no tiene ganas de muchas juergas y aunque van a buscarle las medusas, los boquerones y otros habitantes marinos, él prefiere quedarse tranquilo en su escondite.
De pronto, ve de nuevo sombras alrededor de su cueva.
-Tienen que estar por aquí, parece que este año hay muchos pulpos.
-No me lo puedo creer. ¡Otra vez dando la lata! -exclama Pepito.
-¡Aquí, aquí hay otro! -grita una voz bastante conocida por nuestro amigo. Mamá, he visto otro pulpo. ¡Tres llevo este año!
-¡Queréis dejar en paz a los pulpos! -les ordena su madre. Ya está bien. ¡Pobrecillos!
Los niños se salen del agua enfadados, pero Pepito ya no aguanta más sustos. Lo tiene decidido, allí no va a poder descansar, así que decide volver a casa.
Ya ha hecho la maleta de conchas y caracoles y se despide de todos los que le habían acogido tan amablemente, les da su dirección por si algún día quieren ir a visitarle. Todos se quedan muy tristes y le dicen adiós moviendo unas algas muy largas a modo de pañuelos. Doña Elisa, la estrella es la que está más apenada, ya tenía  preparada otra concha de caracola vacía para la próxima fiesta.
 A la mañana siguiente, los pescadores no encuentran ningún pulpo más, se les ha acabado la buena racha. Ahora se tendrán que contentar con jugar a la pelota, que también es muy divertido.
















Gonzalo, un niño de cinco años,ha dibujado a su primo Jorge y a Guille y Pablo cuando pescaron al pulpo Pepito.
¿A que está muy gracioso el dibujo?



Queridos amigos, ya sé que he estado perdida dos o tres meses, pero ya estoy aquí de nuevo con muchas ganas de escribir cuentos y que los leáis con mucho gusto.
La letra de la canción es parte del fondo de la película La Sirenita.
Un abrazo.
La abuela atómica




jueves, 5 de junio de 2014