Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

lunes, 8 de septiembre de 2014

Las aventuras veraniegas del pulpo Pepito. Para todas las edades.




 
Autores Guille y Pablo,los pescadores de pulpos.


El pulpo Pepito, autor Guille.


Pepito, el pulpo, está preparando una preciosa maleta toda forrada de conchas y  caracoles. Se va  de vacaciones por primera vez en su vida. Él vive en el fondo del mar pero quiere cambiar de ambiente como todo el mundo. ¡Por fin, ha llegado el verano!
 Elige una bonita costa del mediterráneo para pasar el mes de agosto, concretamente una playa de arenas doradas que le conquistan por su belleza.  Entre la arena hay  rocas llenas de cuevas  donde esconderse, algas, anémonas y esponjas, tan bonitas y llenas de colores, que decide quedarse allí durante un tiempo.
-Aquí pasaré mis vacaciones. Este sitio me gusta, parece tranquilo.
 Pepito, el pulpo, está tan cansado que estira sus ocho tentáculos llenos de ventosas y se pasa un rato  tomando el sol bajo las aguas cristalinas.
Busca una gruta protegida por decenas de  anémonas y de algas muy variadas. Los habitantes de la zona son peces muy amables y pacíficos, que  le reciben con las aletas abiertas.
-Nos alegra mucho conocerte, Pepito -le dicen unos boquerones que  nadan con movimientos muy elegantes delante de él, presumiendo de sus reflejos plateados.
Una preciosa estrella de mar de lindos colores se acerca avanzando por la arena con  unos movimientos tan sugerentes que parece que está bailando.
-No había venido ningún pulpo de vacaciones por estas rocas, ¡ya iba siendo hora de tener otros vecinos! -exclama muy contenta.
-Los que vivimos  aquí estamos hartos de ver siempre las mismas caras -comenta un erizo de púas negras y brillantes, mirando a doña Elisa, la estrella, con cara de aburrimiento.
Se acerca, moviéndose con elegancia, un caballito de mar al que todos saludan cariñosamente.
-¿Qué tal Carmelo? 
Carmelo enseguida ve al pulpo y empiezan a charlar como si fueran amigos de toda la vida.
Mientras están hablando, aparece por allí Vicente, el cangrejo, va muy rápido, moviendo sus patas muy ligero, parece que tiene mucha prisa.
-¡Hola a todos! -dice efusivamente-. Siento deciros que no me puedo entretener, necesito llegar a mi casa cuanto antes.
-Espera un momento, que te vamos a presentar a don Pepito. Acaba de llegar de vacaciones.
Don Pepito saca uno de sus tentáculos para saludar al recién llegado y  estrechar una de las pinzas de  Vicente con mucha alegría, pero  las ventosas del pulpo se le pegan a las patas del cangrejo. ¡Madre mía! Que jaleo se han hecho, los ocho brazos del pulpo  enredados entre las patas del cangrejo. Vicente se ha llevado un gran susto. ¡Por fin consiguen separarse!
-Siento haberle asustado -dice disculpándose el pulpo-. No soy muy habilidoso con mis tentáculos. 
-¡Menudo susto me ha dado, don Pepito! Por aquí hay algunos individuos que no son de fiar. Por un momento pensé que quería comerme -le dice el cangrejo mientras se aleja  corriendo.
Todos se han quedado un poco sorprendidos ante lo ocurrido.
Doña Elisa, la estrella piensa que hay que organizarle una fiesta de bienvenida al nuevo vecino.
-¿Qué os parece si esta noche celebramos un baile para conocernos un poco? Le diremos  al calamar que venga. Él toca muy bien las maracas. 
-Pues yo con las conchas vacías de los caracoles toco la batería -añade Pepito.
-¡Ah! ¿Sí? -exclaman todos.
 -Sí y, además, sé tocar la caracola.
La estrellita le mira muy ilusionada. ¡Con lo que a ella le gusta bailar!
-Le diré a la morena que te consiga una concha vacía de caracola. A ella también le gusta mucho la fiesta y…
Todos están charlando tranquilamente, cuando de repente ven reflejadas en el agua las sombras de dos niños.
-¡Socorro, sálvese quien pueda! Ya están aquí los pescadores de todos los días. Escóndete Pepito, rápido.
A Pepito no le ha dado tiempo a meterse en la cueva y nota como una mano le coge y le sujeta; él suelta la tinta azul para escabullirse, pero ya es tarde. Los niños lo sacan del agua y lo meten en un cubo.
-¡Un pulpo! ¡Hemos cogido un pulpo!  Pepito oye gritar a Guille y a Pablo como locos. 
Cree que ha llegado su hora.
-¡Mira que   venir a esta playa para terminar en una cazuela! Con lo a gusto que estaba en el fondo del mar -piensa aterrorizado.
-Vamos a enseñárselo a mamá -dicen los chicos.
Los niños llevan el cubo con agua y, dentro va Pepito, muy asustado. El pulpo mira hacia el cielo y solo ve un montón de caras que le observan con asombro.
Después de estar enseñándolo a todos los bañistas, escucha una voz:
-Bueno chicos, ya va siendo hora de que lo echéis otra vez al mar. Ya sabéis que los pulpos están protegidos -dice la madre de los pequeños.
Ellos se meten en el agua y con mucho cuidado vuelcan el cubo para que Pepito salga sin hacerse daño.
-Después de este susto, necesitaré dos o tres días para reponerme. Además, venir de tan lejos me ha dejado agotado. 
Por fin Pepito puede descansar; acurrucado en su cueva se duerme plácidamente. 
Pero por la noche, a la entrada de su cueva están todos sus amigos llamándole, con gana de juerga. No le dejan descansar todo lo que él quisiera. 
Se han acercado a la gruta todos sus vecinos: Vicente, el cangrejo, Elisa,  la estrella, Carmelo el caballito, Casimiro, el erizo  y una morena larga, larga que le asusta hasta a él.
-No tengas miedo, está es Catalina -dice la estrella-. Te ha conseguido una concha de caracola para que hagas música.
Enseguida llega el calamar y le acompaña. Los dos  tocan la batería  sobre caracolas vacías y la cosa se empieza a animar. Unas almejas se animan y tocan las castañuelas.
 El caballito de mar con otros amigos empieza a ejecutar una danza uniendo sus colas. Llegan los boquerones, las medusas, y otros peces de muchos colores; todos bailan al compás haciendo una coreografía tan linda, que ya la quisieran en los campeonatos  del mundo en natación sincronizada.
Todos cantan una canción que está muy de moda entre los cuarenta principales de los fondos marinos, se llama: Bajo el mar.  
Bajo del mar, bajo del mar
 Nadie nos fríe ni nos cocinan en una sartén
Si no te quieres arriesgar bajo del mar te quedarás.
Y sin problemas entre burbujas tu vivirás, Bajo del mar!!!!

Se lo están pasando pipa pero ha llegado don Mero, el policía acuático  de la zona a poner orden.
-¡Ya es hora de acostarse! Las sardinas y las pescadillas se están quejando, mañana tienen que salir para realizar un largo viaje.
-¡Ooooh! Tienen que terminar la fiesta y  marcharse. Todos se despiden hasta el día siguiente. 
El pulpo Pepito piensa que en sus primeras vacaciones se lo va a pasar pipa.
Cuando sale el sol se asoma a la gruta y allí  le están esperando, Elisa, la estrella y  los demás vecinos.
-¿Qué tal has dormido? -le preguntan-. Perdona, pero ayer, con el lío de la fiesta no pudimos avisarte de que en esta playa hay muchos niños que  se entretienen pescando. ¡No puedes estar distraído ni un segundo! Ya lo sabes -le advierte su vecina-. A la única que no molestan es a Catalina, la morena, porque tiene unos dientes tan grandes que les asusta enseguida.
De repente alguien dice de nuevo.
-¡Atención! ¡A los escondites! Ya están aquí otra vez los pescadores.
Pepito ve que en un momento desaparecen todos sus amigos y él vuelve a quedarse solo. No le da tiempo a meterse en la cueva.
- Las mismas sombras de ayer y la misma mano –piensa-. Esta vez voy a defenderme, no me van a coger tan fácilmente.
Pepito extiende sus tentáculos: con dos de ellos se agarra a la roca  y con el resto empieza a presionar con sus ventosas en los dedos y en el brazo de Guille pero, este lo sujeta con la otra mano y… ¡otra vez al cubo!
-¡Otro pulpo! ¡Otro pulpo! Ya llevo dos este año -vuelve a gritar.
-Pero… ¡este niño es tonto! ¿Es que no se da cuenta de que soy el mismo de ayer?
El pulpo ya no está tan asustado como la primera vez, pero no está dispuesto a seguirles el juego a los chicos. Parece que, como sigan así, le van a dar las vacaciones.
-Seguro que mientras esté por aquí,  voy a tener que aguantar lo mismo todos los días con esos niños. Si esto se vuelve a repetir, hago la maleta y me largo.
Después del segundo susto, don Pepito no tiene ganas de muchas juergas y aunque van a buscarle las medusas, los boquerones y otros habitantes marinos, él prefiere quedarse tranquilo en su escondite.
De pronto, ve de nuevo sombras alrededor de su cueva.
-Tienen que estar por aquí, parece que este año hay muchos pulpos.
-No me lo puedo creer. ¡Otra vez dando la lata! -exclama Pepito.
-¡Aquí, aquí hay otro! -grita una voz bastante conocida por nuestro amigo. Mamá, he visto otro pulpo. ¡Tres llevo este año!
-¡Queréis dejar en paz a los pulpos! -les ordena su madre. Ya está bien. ¡Pobrecillos!
Los niños se salen del agua enfadados, pero Pepito ya no aguanta más sustos. Lo tiene decidido, allí no va a poder descansar, así que decide volver a casa.
Ya ha hecho la maleta de conchas y caracoles y se despide de todos los que le habían acogido tan amablemente, les da su dirección por si algún día quieren ir a visitarle. Todos se quedan muy tristes y le dicen adiós moviendo unas algas muy largas a modo de pañuelos. Doña Elisa, la estrella es la que está más apenada, ya tenía  preparada otra concha de caracola vacía para la próxima fiesta.
 A la mañana siguiente, los pescadores no encuentran ningún pulpo más, se les ha acabado la buena racha. Ahora se tendrán que contentar con jugar a la pelota, que también es muy divertido.
















Gonzalo, un niño de cinco años,ha dibujado a su primo Jorge y a Guille y Pablo cuando pescaron al pulpo Pepito.
¿A que está muy gracioso el dibujo?



Queridos amigos, ya sé que he estado perdida dos o tres meses, pero ya estoy aquí de nuevo con muchas ganas de escribir cuentos y que los leáis con mucho gusto.
La letra de la canción es parte del fondo de la película La Sirenita.
Un abrazo.
La abuela atómica




jueves, 5 de junio de 2014

sábado, 17 de mayo de 2014

Mi niña tiene un pollito. Poesía para educación infantil.

 
 
Viendo el vídeo de esta niña, me quedé prendada de su desparpajo y sus ganas de trabajar, así que se me ocurrió inmediatamente una sencilla poesía que le dedico con mucho cariño.
 
 
 
 
 



                                                   
                                                  Mi niña tiene un pollito
 
Mi niña tiene un pollito

que no la deja estudiar.

Se pasea por  la mesa

¡no para de fastidiar!

Estate quieto pollito

 no me puedo concentrar,

   mañana tengo un examen

y me van a castigar.

El pollito se ha aburrido,

no tiene con quien jugar

y con la cabeza gacha

   se ha marchado a descansar.
 
                                                             


 
Little Chick Stock Vector - 4812711


El dibujo del pollito lo he sacado de Internet, de la página http://www.123rf.com/photo_4812711_little-chick.html Dibujos de pollitos.

lunes, 5 de mayo de 2014

Las aventuras de Pablo. Para todas las edades.

 
Pablo con su hermano y su primo jugando al fút
 
 


     En este cuento he puesto, con mucho cariño, algunas anecdotas de la vida de mi nieto Pablo.Yo he ido escribiendo, en forma de cuentos, las cosas que me han hecho gracia de él  y de su hermano. Lo mismo que iba recogiendo los dibujos que Guille ha hecho durante mucho tiempo y que guardo como un tesoro en una carpeta.Aquí esta el resultado,espero que os guste.
 

 -¡Pablo ha nacido!– dice la tía Paloma muy contenta-, venga, vamos todos a verlo.
Guille está muy nervioso, va a conocer a su hermano y piensa que ya no se separará más de él. Al entrar en la habitación del hospital, ve a su mamá que le llama:
-Ven Guille, mira, tu hermanito quiere conocerte.
 Guille se sube a la cama con ella y, entre los dos, sujetan en brazos a Pablo.

Le parece muy pequeño, pero es muy guapo y está muy gordito. Desde ese momento, Guille, todos los días por la mañana, se asoma a su cuna y le da un beso antes de
irse al cole.
-Está creciendo mucho-, dice a su madre con una sonrisa antes de despedirse. Efectivamente, es verdad, Pablo está muy grande porque no hace más que comer y dormir.


      Desde los tres o cuatro meses, su mamá y Mayra, su cuidadora, le llevan todos los días al trabajo y pronto se acostumbra a los sonidos de la oficina; cuando oye el ruido de las fotocopiadoras, se pone nervioso y empieza a patalear al ver salir los folios disparados de la máquina. Le dejan que ponga el dedo en el botón y cuando lo pulsa y ve salir los papeles le da mucha risa: Pablo hace fotocopias con solo tres meses.

       Enseguida, ha dejado de ser un bebé y, en la silleta, totalmente derecho, observa todo con mucha atención mientras Mayra le pasea. Es muy curioso, por eso aprende muy deprisa: con dos años sabe hablar muy bien. Le gusta chasquear la lengua y hace un ruido que parece el vuelo de un helicóptero. Los que intentan imitarlo, en seguida se dan por vencidos; les salen otros sonidos, pero no se parecen al suyo. A él, cuando les escucha, le da mucha risa.
Le gusta mucho dormirse mientras su papá le  canta la canción de los cochinitos y también que le pasee en el trasportín de su bici.

     Ya tiene tres años; es hora de ir al colegio con su hermano pero va muy contento porque sabe que Guille está en una clase muy cerquita de la suya. Por la mañana, antes de entrar, siempre se para en la puerta y le pide un beso; entonces, los dos se dan un abrazo muy fuerte como si se fueran a ir de viaje. Solo así, se queda contento.

     Pablo veranea con su familia cerca del mar y allí tiene muchos amigos y sus primos Fer y Claudia. A veces va a visitarle su primo Quique; juegan mucho con él aunque es más pequeño. Cuando terminan las vacaciones no quiere volver al colegio. Su abuela es profesora, pero desde hace un año está jubilada. Él sabe que ella también iba al cole:
-¿Cuándo empieza tu cole, abuela?
-Pablo, yo ya no voy a trabajar, me he
jubilado.



 

 
-Abuela, yo me quiero jubilar como tú para no ir al colegio. ¿Qué hay que hacer, para jubilarse? -le pregunta el niño con mucho interés.
La abuela le explica que antes de jubilarse hay que estudiar mucho y hacerse una persona preparada para tener un buen trabajo.
-¡Pero abuela, yo no me sé hacer persona! -La abuela se ríe con sus ocurrencias.
Su abuelo también está jubilado, pero Pablo siempre dice que su abuelo trabaja en el dominó.


      A Pablo no le gusta mucho dar besos, cuando llegan sus abuelos, para no tener que darles ninguno, busca unas excusas muy raras y se esconde donde pilla: detrás del sillón, debajo de la mesa de la cocina, en el lavadero o a veces, se queda tumbado en el sofá y se tapa con alguna manta.
-Hola Guille, ¿Estás solo?-, le preguntan sus abuelos guiñándole un ojo
-Pues sí, Pablo se ha ido.
-No estoy, soy invisible, soy un niño mágico, así que no me podéis ver -dice una vocecita que sale de algún rincón de la casa.
Los abuelos le siguen el juego y empiezan a buscarle por la cocina.
-¿Estás debajo de la mesa? A lo mejor está en un armario-, dice el abuelo.
-Creo que, esta vez, se ha ido de verdad de casa-, le responde la abuela.
Guille dice un poco fastidiado:
-Está en el sofá, tapado con una manta.
                 
  
-Nos vamos a sentar a descansar un poco-, comentan los abuelos guiñando un ojo a Guille y, con cuidado para no hacerle daño, se sientan encima de él. Entonces, Pablo empieza a chillar porque le han descubierto.
-Anda, pero si estás aquí, venga danos un beso que te hemos pillado, –le ruegan sus abuelos.
-A ver: Pito pito gorgorito ¿Dónde vas tú tan bonito? A la era verdadera Pin pan fuera:”pues hoy no toca beso” -, dice  Pablo con mucha cara dura. Por fin se decide  a darles uno, pero tan pequeño que casi no se nota.
-Venga, abuela que ya te lo he dado, cuéntame un cuento. A Pablo le gusta mucho que le cuenten cuentos.
- Bueno, vale, empiezo-, dice la abuela.
 -Erase una vez una ranita amarilla que vivía en una charca en medio de un bosque
-Abuela, las ranas son verdes. 
-Pablo, hay ranas de muchos colores
-¿Pero aquí, en este planeta?
-Sí, en este planeta,- le explica-,
¿Quieres verlas en internet?
-Sí, sí, vamos a verlas-, le contesta el niño muy contento.
Así se convence de que hay ranas naranjas, a rayas, amarillas y de muchos colores.

      Ha vuelto el verano otra vez y  Guille, Pablo y sus abuelos, han bajado a la piscina a refrescarse. Pablo ha echado a correr y se ha tirado sin saber nadar, sin manguitos ni flotador, en la parte más honda de la piscina de mayores. Varias personas se han dado cuenta de su imprudencia y le han sacado del agua inmediatamente. Sus abuelos casi se mueren del susto. Cuando ha salido de la piscina, Pablo, temblando, dice:
-¡Por poco me ahogo, como el año pasado!
Sus abuelos le han regañado y él, llorando, ha prometido que nunca lo va a hacer más. La verdad es que ha cumplido la promesa y  ya no se baña sin manguitos. Pero para aprender a nadar tiene que quitárselos de vez en cuando; el socorrista les ha dicho que los alterne con el chaleco salvavidas, así, un día se baña con él y al siguiente con los manguitos. Ha puesto mucho interés y, una mañana, cuando está en el agua dice:
-Mamá, quítame el chaleco, que ya floto.
Su madre duda un poco, pero al final le hace caso. ¡Por fin Pablo avanza en el agua como los peces! Ya lo ha conseguido: sabe nadar. El niño se ha inventado diferentes formas para tirarse al agua: estilo palito, rana, viejecito, cojito y bomba. El estilo rana es el que tiene más seguidores, pues va saltando como un batracio por el borde de la piscina croando sin parar hasta que se sumerge en la piscina; sus amigos le aplauden.

      Poco a poco se están terminando las vacaciones y su mamá llega con los libros que les ha comprado y con los uniformes y Guille y Pablo se ponen muy contentos. La época de los estudios está a punto de empezar.
     Son la ocho de la mañana y ha sonado el teléfono en casa de los abuelos:
-¿Mamá, puedo dejar a Pablo con vosotros? Está malito y hay que llevarlo al médico pero yo tengo que trabajar, ¿podéis hacerlo vosotros?
La abuela le dice que sí, que luego ellos lo acercarán a la doctora. Pablo llega casi sin fuerzas, no ha desayunado ni dormido. Viene llorando:
-¿Qué te pasa cielo? La doctora te mandará una medicina que te curará muy rápido-, le dice su abuela
El niño sigue llorando.
-Sí, pero ¿Y mi cumpleaños? es esta tarde.
¡Es verdad! Esa tarde tenían la fiesta del cumpleaños, Pablito no tiene consuelo. Sabe que hay muchos niños de su clase que esperan con ilusión la salida del colegio para ir a una sala de bolas donde lo iban a celebrar.
-Mira, Pablo, no te preocupes; a lo mejor para esta tarde ya estás bien. Vamos a ver lo que te dice el médico
Se ha tumbado en el sofá mientras llega la hora de ir a la pediatra. Le abrigan mucho porque hace frio. Él está muy pálido y algo mareado. Además le duele un poco la cabeza.
-A ver Pablo ¿qué te pasa? Le pregunta la pediatra.
-Pues, es que esta noche he gomitado y no podía dormir porque me dolía la cabeza.
La doctora le pone la mano en la frente y le dice:
-Tú tienes fiebre. Vamos a comprobarlo.Efectivamente,37’8.Tienes que estar en casa tranquilito.
Debe tomar mucho suero y hoy que esté a dieta. Solo alguna galleta o un poco de pan tostado. Que beba mucha agua.
-¿Y mi cumpleaños? ¿Puedo ir esta tarde a celebrarlo?
-Me temo que no, no vas a tener fuerzas, además debes reposar.
Pablo se calla pero no lo puede remediar, nada más oírla, empiezan a caerle unas lágrimas gordísimas que le mojan toda la chaqueta. Mientras sale, la abuela intenta convencerle.
-Te voy a contar lo que le pasó a tu tío José Miguel un día, cuando era un poco mayor que tú.-
Pablo se seca los ojos y escucha atentamente.
-Toda la clase se iba a esquiar a la nieve y él estaba muy contento. Tenía el equipaje preparado para salir por la mañana muy temprano. Él iba todos los días a natación, y esa tarde hizo lo mismo de siempre pero, se resbaló y se cayó al suelo rompiéndose el tobillo.
-¿Y no pudo ir de viaje, abuela?-, preguntó el niño con cara de pena.
-Pues no, le tuvimos que llevar al hospital y le pusieron una escayola. Estuvo un mes sin poder moverse.
-Sí, pero todos mis amigos me están esperando esta tarde -dijo Pablo volviéndose a acordar de su cumpleaños.
-No te preocupes, que tu mamá les va a avisar y lo celebraréis otro día.
-Abuela, ¿y el tío José Miguel pudo ir luego a la nieve?
-Pues sí, pero ese día se fueron todos sus compañeros menos él. Así es la vida Pablo, hay veces que las cosas no salen como queremos.
 Pablo parece que se convence pero, de repente, se vuelve hacia ella.
-Abuela, entonces ¿me vas a comprar cromos?-, le pregunta con voz lastimera.
-Hay que ver; como me lo pides así, es difícil decirte que no. Vale, luego te compraré dos sobres.
-No, cuatro –replica el niño.


      Pablo se ha ido haciendo mayor y es un niño muy responsable; le gustan mucho los animales: los gusanos de seda,  los perros, las tortugas moras, los agapornis. Lo que más le gusta del mundo es ir con sus papás, en verano, a alguna casa rural para ver los  animales que suelen tener allí: ovejas, cabritillos, gallinas, vacas y caballos. Luego van a visitar los parques naturales que hay cerca y así disfruta mucho. Un día sus abuelos le quieren dar una sorpresa y se lo llevan a Valencia para ver el Oceanografic y el Bioparc con su hermano Guille. ¡Allí sí que van a disfrutar! No ha montado nunca en tren, así que para él la aventura va a ser doble. Van a estar dos noches fuera y dormirán en casa de su tía Amalia y de sus primos Amalín e Inti. En la estación tienen que pasar las maletas por el escáner y eso le hace mucha gracia. Después, cuando se sube al tren, lo observa todo atentamente.
-Mira auriculares, pónmelos abuelo. ¿Dónde
está la campana del tren? –pregunta Pablo
buscándola.

-Pablo, estos trenes no llevan campana,
 esos son los de la feria –le explican.
Guille ya ha ido a Madrid, una vez, en tren, pero Pablo solo ha montado en los de juguete, por eso piensa que todos, aunque sean de verdad, llevan campana. Nada más arrancar, Pablo empieza a preguntar:
-¿En coche ya habríamos llegado?, ¿cuánto queda?
-Sí sigues así, no te vas a venir más con nosotros –le advierten los abuelos.
Poco a poco, casi sin darse cuenta, llegan a Valencia en donde les está esperando su tía. La estación es muy bonita y tiene unas cristaleras con muchas frutas que le gustan mucho. Esa tarde después de comer van al Oceanografic. Le fascina el túnel de cristal en donde ve pasar por encima de su cabeza montones de tiburones con sus peces piloto pegados a sus colas, mantas, peces luna, meros. Las mantas tienen unas caras muy graciosas cuando se pegan al cristal.
-Mirad, esa tiene cara de fantasma y esa otra de payaso-, comentan los niños muy nerviosos.
Quieren verlo todo y no paran de moverse de un lado a otro: morsas, pingüinos y ballenas Beluga. Después, van a ver el espectáculo de los delfines. Al entrar, se sientan en las gradas y uno de los adiestradores ha llamado a Guille para preguntarle si quiere tocar los delfines; él ha dicho que sí muy contento, y ha salido rápido para probarse unas botas de goma que le han dado para no mojarse los pies pero… Pablo…, el pobre, quiere también ir con Guille, sin embargo le han dicho que no hay botas de goma de su número  y no debe arriesgarse a mojarse los zapatos: se puede resbalar y caer al agua.
-Yo también quiero tocarlos –dice llorando.
Un entrenador, al verlo tan apenado, se ha acercado a él y se lo ha llevado para hacerle un regalo. Ha vuelto muy contento con una camiseta negra muy chula que le han hecho especialmente para él. Se la ha puesto y se le ha pasado el disgusto. Empieza el espectáculo y los delfines saltan y hacen muchos juegos con los adiestradores. Los niños los acarician. Guillermo también le ha dado un beso a uno de ellos.
-¿Cómo es el tacto del delfín? le preguntan los abuelos y Pablo.
-Es como si tocaras un globo mojado, pero muy suave.


Es la hora de regresar a casa de su tía; cogen un taxi, y después de jugar con sus primos se acuestan rendidos. Al día siguiente tienen muchas más cosas que ver.

     Hoy toca ir al Bioparc. Como es sábado puede ir su primo Inti con ellos. Este parque es un zoológico que está situado en la cabecera del rio, es muy bonito. Tienen que cruzar un puente muy alto para poder entrar; como Pablo se acerca demasiado a la barandilla, la abuela le pide que le de la mano, pero él niño no le hace caso, así que ella busca una excusa:
-¡Ay! Cuánto vértigo me da, ¿me podéis dar la mano? Enseguida Pablo se acerca muy protector y se agarra de la mano de su abuela.
-A mí no me da vértigo. ¿Qué es el vértigo abuela? Ella se lo explica y de esa manera consigue llevarlo sujeto hasta que pasan el puente.
Inti hace de cicerone:
-Vamos primero a ver Madagascar.
Empiezan visitando la zona dedicada a la isla de Madagascar y lo que más les gusta son los lémures y la fossa. Es la primera vez que ven una fossa. Parece una leona pequeña pero muy musculosa.
También hay leones gorilas, hipopótamos, jirafas, serpientes, búfalos y un montón de animales más. Lo que más les ha impresionado han sido los elefantes cuando se echan barro con la trompa por encima.
Los abuelos dicen que es el parque más bonito que han visto y eso que han estado en muchos.

     Cuando llegan a Murcia tienen un montón de cosas que contar a sus padres.
Pablo es un chico muy despierto; su abuelo le dice:
-Pablo, eres muy listo-, y él contesta:
-No abuelo, es que me fijo mucho.

      La otra tarde le preguntó a su abuela:
-Abuela, ¿los percebes son caros?
-Pues sí son caros porque son difíciles de pescar-, le contesta
-Se pescan donde hay muchas rocas ¿verdad?
-Sí y además normalmente se agarran en las zonas en donde las olas baten más fuerte.
-En mi playa en Campoamor hay muchos, y este verano yo voy a vender percebes.
-Me extraña que en Campoamor haya percebes-
le responde sorprendida.
-Abuela, ¿cómo se cogen los percebes?-, continúa.
-Pues con un cuchillo para poder despegarlos bien de las rocas-, le explica.
-Y ¿con tijeras no se puede?-, sigue preguntando.
-Yo creo que no, porque las romperías-, le aclara.
-Pues yo este verano voy a vender percebes y pescadillas. En mi playa hay muchas, yo las he visto.
-Sí, pero tienes que pedir un permiso en el ayuntamiento para que te dejen vender.
-Y para vender en la calle ¿también?
-Sí,- le contesta.
-Sabes lo que te digo, que a lo mejor mi madre no me deja vender pescadillas, porque el año pasado me metí donde va mi hermano Guillermo y mi primo Fernando a bucear y casi me ahogo. Tuvo que entrar ella a por mí porque no llegaba a la orilla.

     Pablo no sabe lo que será de mayor pero lo que sí sabe es manejar las matemáticas como nadie; le gusta también leer, montar en monopatín, en bicicleta y, sobre todo “EL JAMÓN DE JABUBO”, como decía cuando era pequeño. 

 También se divierte mucho cuando duerme en casa de su primo Quique.

     Hoy está muy contento porque, por primera vez, va a recibir la primera comunión. Ha estado dos años preparándose porque es algo muy importante: va a estar con Jesús cada vez que comulgue. Pablo es un niño muy bueno, así que todas las personas que están aquí, acompañándole en este día tan importante, saben que Jesús estará, siempre, muy contento con él.

     Fin

 

Autora: Conchita García de las Bayonas.
Ilustración: Guillermo Martínez Ortiz y
Pablo Martínez Ortiz.

martes, 22 de abril de 2014

Manualidades con gomitas.


Ningún niño sin saber cómo se hacen las pulseras con gomitas.


  
 
 
Ante la aceptación que han tenido entre los niños y las niñas las manualidades con gomitas subo a mi blog el link de un vídeo en donde, Teresa, una niña canaria muy simpática, explica como hacer distintas flores.  Está muy claro, así que no creo que os sea dificil seguirlo . Ahí va. http://youtu.be/yeaGditzEvo

martes, 15 de abril de 2014

Es mi mamá. Cuento infantil para niños a partir de cuatro años.


                                            ¡ Por fin nació!
Hoy estoy muy contenta porque, gracias a  Gerbera Libros Infantiles,  ya está aquí, bueno, allí, mi nuevo cuento  “Es mi mamá”. Digo allí porque se ha editado en Argentina. Los dibujos tan simpáticos  que estáis viendo han salido de la mano del gran ilustrador Maco Pacheco; sus dibujos son estupendos de verdad.
En este cuento se  trata de forma divertida la decisión  que tiene que tomar la pata Paca de adoptar a un nuevo  miembro en la familia.
La editorial Gerbera Libros Infantiles ha usado una tipografía especial para niños disléxicos, aunque no afecta  nada a  la lectura de los normo lectores. Es adecuado a partir de cuatro años. Estoy segura que os encantará.
Como ya os he dicho, este cuento se ha editado en Argentina  y no se vende en España, pero si alguno de vosotros lo queréis  leer no tenéis más que pedirlo a esta dirección.
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miércoles, 2 de abril de 2014

El ogro Zampón : Educación infantil y primaria.

Para festejar el día del libro infantil y juvenil.

 
 
  El ogro Zampón
 

Hace mucho tiempo, en un país muy lejano,  vivía un ogro muy desagradable al que apodaban Zampón; era  famoso por su tremenda glotonería y porque se comía todo lo que  se ponía a su alcance, desde pequeños animales hasta grandes ciervos.Habitaba dentro de un gran  que un bosque atravesado por un río muy caudaloso. Cuando los salmones estaban en la época del desove, era recorrido contra corriente por miles de ellos que subían a poner sus huevos hasta el lugar en donde habían nacido. En esa época, el ogro se ponía ciego de salmón y, si era necesario, se peleaba con los osos que se acercaban a sus orillas  para alimentarse. Contaban que también habían caído en sus redes algunos niños que, desobedeciendo a sus padres, se habían internado en el bosque, claro que  él siempre lo negaba y decía que eran rumores. Aun así, todos los peques de los alrededores vivían en continua zozobra y los habitantes del pueblo sufrían mucho cuando Zampón les hacía alguna visita porque  el ganado desaparecía de sus corrales y, luego, estaban durante mucho tiempo pasando hambre por su culpa. Un día, hartos de ser su despensa, fueron a quejarse a Bellorita, el hada de los bosques. Bellorita estaba muy disgustada con el comportamiento del ogro porque ella amaba a los habitantes de sus bosques y a sus animales y le fastidiaba mucho que no los dejase vivir en paz, así que Bellorita se hartó de tantas quejas y fue a hablar con el ogro:
-Zampón, ya estoy cansada de tu gula. Todo el mundo protesta porque te comes todo lo que pillas lo mismo de noche que de día.  Eso no se puede ser, ¿por qué no te acostumbras a comer frutas silvestres,  bayas y miel?
-Con esos alimentos no tengo ni para el aperitivo; ya lo sabes Bellorita, no puedo obedecerte-, dijo el ogro, mientras se limpiaba los dientes con un junco del rio, que utilizaba a modo de palillo.
El hada le escuchó enfadada y se dio cuenta de que Zampón no iba a cambiar nunca.
-Mira  lo que te digo, sino me haces caso, cada vez que te comas un animal de mis territorios, la boca se te hará más pequeña y, luego, cuando te vea,  me daré cuenta de que no me has obedecido.
 -Si se cree que me voy a quedar sin comer por esta tontería, está lista.  Estoy seguro de  que se me pasará pronto el efecto de su castigo.
Zampón se marchó a buscar  alimento; cazó  otro conejo y una perdiz  pero, cuando se dispuso a comérselos, se dio cuenta de que no tenía dientes como los osos hormigueros y, además, su lengua le había crecido bastante por lo que se le hacía un lío en la boca. Tuvo que soltar a los dos animales al comprobar que le  sería imposible comérselos.
Ese día estuvo malhumorado viendo correr a su alrededor a los cervatillos sin que pudiese hacer nada para aliviar su apetito. Se le hacía la boca agua, pero sabía que no les iba a poder hincar el diente  porque ya no tenía y, además, aunque los hubiera tenido, el tamaño de su boca era tan pequeño que no se podía meter casi nada dentro. Poco a poco empezó a desfallecer cuando el hambre le atacó como una enfermedad. Cansado,  se  sentó  encima de  un hormiguero sin darse cuenta y,  al poco rato, las hormigas empezaron a subírsele por las perneras  de los pantalones que eran muy anchas  y  empezaron a picarle en las espinillas y las pantorrillas; tuvo que levantarse de un salto y   quitárselas a base de  manotazos. Se sacudía tan fuerte que  mató  a unas cuantas; entonces, notó  que despedían un olorcillo bastante extraño, pero agradable;  sacó la lengua y observó, con horror, que por lo menos medía 60 o 70 centímetros, pero, pronto se recuperó del susto y chupó el líquido que se le había quedado en la palma de la mano. ¡Caramba, aquello no sabía mal del todo!
-“Peor es morirse de hambre”- pensó y, así, en ese momento,  decidió usar su nueva y larga lengua para algo útil, comería hormigas.
La dieta del ogro cambió; a partir de entonces solo comía cosas pequeñas como le había sugerido una vez Bellorita: bayas, fresas silvestres, moras, miel y por supuesto hormigas. También cambió su  actitud, se volvió menos fiero y  ya no les daba miedo a los vecinos a pesar de que ahora era bastante más feo que antes. Sin embargo seguía teniendo tanta hambre que, a veces, les suplicaba  que le diesen un poco de papilla, cuando  los veía  hacer la comida de los  niños. Ahora  el ogro les  daba pena y  siempre le guardaban un poco para él.
Bellorita, extrañada de que ya no fuera nadie  a quejarse,  se acercó un día  a ver a Zampón. Ya no se acordaba del castigo que le había impuesto  y, cuando se encontró con  él, no pudo dejar de reírse durante un rato viendo la pinta tan extraña que tenía.
-¿Qué te ocurre, Zampón?, con esa boca no creo que seas capaz de comer ningún animal de mi bosque. Te aconsejé que comieses miel, bayas y frutas, pero no me hiciste caso. Ahora no pareces ni un ogro ni nada. Yo no sé qué voy a hacer contigo, todos los bosques necesitan ogros que atemoricen y espanten  a  bandidos, brujas y otros individuos indeseables. Con esa pinta nadie te tendrá miedo y yo necesito asustar a seres más terribles que tú. Tendré que traer a otro ogro que infunda más temor pero que no sea tan glotón.
Zampón la escuchaba  y no podía creer lo que Bellorita le estaba diciendo. ¡Tenía que marcharse de su bosque! ¿Dónde iría? Ya no era un ogro joven y con esa cara sería el hazme reír de todos. De repente pensó que todavía podía arreglarse su problema.
-Bellorita,  sé que no te hice caso cuando me aconsejaste que  dejase en paz a tus animales, pero ya tengo menos hambre, me he acostumbrado a comer poco; si te prometo que  voy a dejar en paz a tus ciervos y a los conejos y que voy a seguir con esta dieta casi vegetariana, ¿me dejarás que siga viviendo en tu bosque?
El ogro la miraba suplicante con esa cara tan rara que Bellorita no pudo por menos de sentir lástima de él.
-Vale, te pondré a prueba dos semanas; si pasado ese tiempo no recibo ninguna queja de ti, te dejaré que sigas siendo el ogro de este bosque.
Zampón le dio las gracias y le aseguró que no se arrepentiría de su decisión. Bellorita se marchó confiada en que se portaría bien y, a la mañana siguiente, le levantó el castigo. Cuando el ogro se despertó fue como todos los días a lavarse en el río y a beber y, cuando se inclinó sobre el agua, pudo ver con sorpresa que había recobrado su aspecto anterior. Volvía a tener su cara redonda, su boca grande parecida a las de los hipopótamos y para su desgracia, también su apetito voraz. El hambre que tenía anteriormente volvió a atormentarle. Él  había hecho una promesa al hada y no quería defraudarla ni que le echase del lugar en dónde había nacido, así que se fue a ver a un granjero amigo de él.
-Matías, por favor, tienes que ayudarme, no quiero romper la promesa que le he hecho a Bellorita; déjame  encerrado en tu casa para que no pueda ir a cazar. Si no cumplo mi promesa, el hada me echará del bosque.
-No te preocupes, te encerraré con llave en una habitación de la planta de arriba y yo te daré el alimento que crea que necesitas, pero solo el necesario,  porque a nosotros tampoco nos sobra la comida. Mientras que estés aquí encerrado, puedes ayudarnos a hacer  capazos de esparto  para  que luego  pueda venderlos en el mercado.
 Zampón estuvo de acuerdo; Matías, tres veces al día, le llevaba lo necesario para no morirse de hambre y, él, a cambio,  hacía unos   cestos preciosos que  gustaban  mucho a los habitantes del pueblo vecino. Sin embargo, como era tan  tragón, la comida que le llevaba Matías  le quedaba un poco  escasa y  a veces pensaba en  saltar desde el primer piso, ir a cazar y luego volver otra vez a la casa, pero, inmediatamente, recordaba su promesa y volvía a su trabajo para olvidar los malos pensamientos. Un día estaba tan desesperado que llamó a Matías y le pidió ayuda:
-Matías, por favor, sube un momento.
-¿Qué quieres? Estoy trabajando.
-Necesito que me ayudes, no creo que pueda aguantar  más sin comer.
Matías  lo vio tan desesperado que  pensó  que había que hacer algo  para ayudar a su amigo y decidió salir todos los días con él al bosque a pasear,

así veían lo bonito que estaba, cogían flores, bayas, nueces y moras y,  después,  recolectaban  miel  y la untaban en un trozo de pan con queso que se llevaban en un pequeño zurrón y que  les sabía a gloria bendita. Entonces, Matías le hacía ver que si no cumplía la promesa iba a perder todas esas cosas tan buenas que tenían delante y, después, volvían tranquilamente a su casa. Al cabo de una semana,  el ogro notó que tenía menos hambre, que estaba logrando reducir su apetito y que, además, había adelgazado. ¡Por fin había obtenido  una recompensa por su sacrificio!


Pasaron las dos semanas y Bellorita fue al pueblo a visitarle para comprobar si había cumplido con lo prometido. Cuando le vio, no podía creerse el cambio efectuado en él: su cara ya no era una luna llena y, además, podía  llevar  zapatos porque al  tener menos barriga  llegaba a atarse los cordones.
-Vale, Zampón, veo que eres digno de confianza, te  quedarás  a vivir en mi bosque. Ahora estás más ágil y si vienen bandidos los puedes perseguir porque  puedes correr tras ellos.
Zampón recibió con mucha alegría las palabras del hada pero se dirigió a ella y le dijo:
-Bellorita, te voy a pedir un favor, me gustaría que dejaseis de llamarme Zampón, me recuerda una época de mi vida  de la que no estoy satisfecho.
-Me parece bien pero qué nombre te podemos poner, ¿se os ocurre alguna idea?-preguntó Bellorita a las personas que estaban allí reunidas.
-Bellorita, Zampón ha cumplido con lo que te prometió por eso yo creo que podríamos llamarle “Cumplidor”- dijo un chico muy avispado que vivía en la casa roja del bosque.
Todo el mundo se quedó un poco extrañado, ¿Cumplidor?, nunca habían oído un nombre tan raro, pero tampoco habían conocido a nadie que se llamase Zampón, solo a su ogro. A Bellorita se pareció bien:
-Cumplidor, me gusta, tiene sonoridad y ahora le hace justicia.
Todos los vecinos aplaudieron al niño por la idea y a Cumplidor por haber tenido fuerza de voluntad  y vencer al hambre. Así, desde aquel día, Cumplidor vigiló el bosque y lo defendió de personas indeseables y todos se hicieron sus amigos porque, gracias a él, nunca volvieron a tener miedo de nada.


Todos los dibujos y fotografías que ilustran este cuento están sacadas de internet.

sábado, 22 de marzo de 2014

La prima de Maria Rosa

 


Otra primavera
 
Yo también tengo una prima
Que no llega la...primera
Pues se retrasa en las nubes
En los cielos, en las nieblas
Y nos pinta un arcoíris
Cuando menos te lo esperas.
 
Autora Maria Rosa Serdio González

sábado, 1 de marzo de 2014

Esto es agua. 2º y 3er. ciclo de educación primaria. Ültimo capítulo.


      Último capítulo
      La madre se quedó muy sorprendida ante la reacción de su hijo pero le encantó que el niño quisiera jugar con la pequeña. Pepe la cogió en brazos y se sentó con ella dentro de la acequia, ella no paraba de reírse, de chapotear y de gritar:
-Al-maa, al-maa. Pepe se dio cuenta de lo que quería decir:
-Esto es a, gu, a,  venga repite, a, gu, a.
Safía. repitió la palabra agua, en español, pero luego volvió a decirla en su idioma: Al, maa,  Al-maa. Pepe, mirándola pronunció Al-maa varias veces y vio que la pequeña se ponía muy contenta; los dos se tumbaron en el cauce de la acequia dejando que el agua los  refrescara. Rosario los miró y se le saltaron las lágrimas.
-Mira, José,  a ver si va a tener que venir una chiquilla desde África, para que le cambie el carácter a Pepe. 
José también estaba emocionado ante el comportamiento de los dos niños, pero a él le habían enseñado que los hombres tenían que ser duros y no debían mostrar sus emociones  así que, para disimular, les avisó alzando la voz desde donde estaba:  
-Vamos chicos, está haciendo frío. Tenemos que tener  mucho cuidado con ella, no vaya a constiparse.
Pepe salió de la acequia y ayudó a la niña. Su madre ya estaba allí con dos toallas grandes para que se tapasen. Se dirigieron a la casa rápidamente para cambiarse de ropa y allí les esperaba otra sorpresa: Safía. no había visto nunca un cuarto de baño ni sabía para qué servían los sanitarios; todos estaban sorprendidos. La pequeña, asombrada con esa habitación tan rara y, ellos, con la cara que ponía.  Después de cambiarla de ropa, Rosario abrió el grifo para terminar de asearla y Safía se quedó maravillada:  dos veces en el mismo día se había encontrado con el agua de una forma nueva para ella. Metió sus manos debajo y volvió a repetir: Al-maa.
-No, a- gu a -le insistió Pepe
-A gu a-, dijo Safía..
La niña miraba sus manos, como si no fueran parte de ella, jugar con el agua. 
Pepe estaba aturdido, nunca se hubiera imaginado que en este mundo hubiese  gente que no tenía ninguna de las comodidades  de las que él disfrutaba. Se salió del baño, dejó a Safía. jugando con el agua y de acercó a la cocina.
Su madre estaba preparando la cena.
-¿Y Safía.?
-Se ha quedado jugando con el agua, está como loca -contestó Pepe.
-Ve por ella, hay que hacerla comprender que, aunque nosotros sí que tenemos agua,   no  debemos desperdiciarla.
Fue difícil separar a la niña del grifo pero el olor que salía de la cocina hizo que  obedeciese a su hermano español.
      Después de cenar, les esperaba otra nueva sorpresa; la niña ni quería dormir en la cama ni quería dormir sola, estaba acostumbrada a hacerlo en el suelo de la tienda, sobre una alfombra y junto a toda su familia. 
-Mamá trae los sacos de dormir, los pondremos en el suelo de mi habitación, yo también dormiré como ella.
Rosario salió muy contenta.
-Mira por donde,  en lugar de  hacerle un favor a Safía  invitándola  estas vacaciones, ella se lo va a hacer a Pepe.
Con los sacos de dormir juntos, Safía. se durmió enseguida. Estaba cansadísima del viaje. Cuando Pepe pensó que ya no se podría despertar, salió de su habitación y se fue a la cocina.
-Mamá ¿sabes lo que estoy pensando? Pues, en la cara que va a poner mañana cuando vea el  zumo de naranja para desayunar y, no te digo nada, cuando se asome a la balsa de riego. Estoy deseando que se haga de día para llevarla a que la vea. No me imaginaba  las condiciones de vida de estos niños en los campos de refugiados del desierto. Ahora me doy cuenta de lo que tengo en esta casa.
-¿Comprendes ahora al abuelo?  Él sabía que sin  agua, nuestra huerta  se hubiera secado y  los naranjos y limoneros no hubieran dado tantos frutos ni podrías disfrutar de esos tomates tan sabrosos que tanto te gustan en la ensalada; por eso quiso profundizar el pozo.  El prefirió esa mejora en la huerta a un piso en el pueblo. 
-Sí mamá, parece mentira lo importante que es el agua y yo, hasta ahora, cuando os lo oía decir, pensaba en lo pesados que eran los mayores siempre con la misma manía:
-No hay que desperdiciar el agua, hay que cerrar el grifo mientras te lavas los dientes, y todas esas cosa que siempre estáis repitiendo. Sabes lo que te digo, que hoy me he dado cuenta de que tengo mucha suerte viviendo aquí. Buenas noches mamá.
-Buenas noches hijo, que descanses.
      Rosario se acostó muy contenta; Safía. le había  dado una gran lección a Pepe. Su hijo, en una tarde, había madurado más que en todo un  año.
      Safía. soñó que llovía mucho en el campamento y alrededor de su jaima crecían tantos naranjos que no podía salir de la tienda.TARONGERS3
        Pepe, esa noche no durmió, se quedó despierto escuchando  el ruido que producían  los 200 litros por segundo que salían por la tubería del pozo que casi arruina a su abuelo. José, como otras noches, tampoco lo hacía, estaba vigilando la balsa; acababa de levantar  la compuerta para que el agua diera vida, esta vez,  a la huerta del vecino.





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Todas las imágenes que ayudan a que el texto esté más bonito las he tomado de internet. Si a sus autores no les parece oportuno que las use, las quitaré si ellos me lo indican.

martes, 4 de febrero de 2014

Esto es agua. . Educación primaria 2º y 3er. ciclo. 2ª Capítulo

Campamentos de Tinduf
2º  capítulo
      Estaba terminando el curso y en el colegio convocaron a los padres a una reunión. Un  grupo de personas que trabajaban en una ONG querían conseguir familias para alojar durante los meses de julio y agosto a   niños y niñas saharauis que vivían en los campamentos.   de refugiados de Tinduf.  Por supuesto, los padres de Pepe se ofrecieron; sabían que ellos vivían en el lugar ideal  para pasar unas vacaciones estupendas. Pepe, al principio, estaba muy contento porque pensaba que ese verano iba a tener un amigo con quién jugar, pero cuando les dijeron que les había tocado una niña y, además de siete años, volvió a poner cara de acelga y no la quitó hasta que llegó el momento de ir a por ella.
-Mira Pepe, tienes que cambiar esa cara; para ella debe de ser muy duro dejar a su familia y venir a vivir  tan lejos, a un país desconocido, con gente a la que no entiende, y a  una casa que no ha visto  en su vida; de modo que o cambias de actitud o te pasas todo el verano sin coger la bicicleta -le advirtieron sus padres.
      Ese era el peor castigo que podían ponerle. ¡No podía vivir sin su bici!  Entonces, lo pensó detenidamente:
-En realidad solo son dos meses, se me pasarán pronto. 
Se metió en el coche  y los tres muy nerviosos fueron al lugar dónde les habían convocado. Las niñas y los niños, que acababan de llegar, estaban un poco asustados; con sus grandes ojos muy abiertos, esperaban escuchar su nombre para ver qué familia les había correspondido. Sin embargo los padres que los iban a acoger estaban más  inquietos aún que   los chiquillos. Todos querían que los pequeños se encontrasen a gusto en su casa.
      Por fin los llamaron:
-¿Familia Ortiz?,- preguntó una señora que llevaba de la mano una niñita que por su tamaño no aparentaba más de cuatro años:
-Esta es Safía.  Safía. aquí está tu familia española.
      Los padres recibieron todas las recomendaciones necesarias mientras Pepe y Safía. se repasaban con la mirada para quedarse con todos los detalles del otro.
        La niña sabía algunas palabras en español pero, aún así, era difícil entenderla. Rosario la cogió en brazos y le dio dos besos tan fuertes que resonaron en el salón.
-Verás qué bien te lo vas a pasar con Pepe ¿verdad Pepe?
      El chico no dijo  nada, solo las miró con cara de fastidio.
-Venga, vamos a comprarle chucherías a Safía: seguro que no está acostumbrada a ellas. 
Salieron a la calle y entraron en el primer supermercado que encontraron.  Allí pusieron a la niña delante de las golosinas.
-¿Qué  es lo que más te gusta? Elige lo que quieras -le invitó Rosario.
      Safía. estuvo dudando durante unos segundos y, enseguida, ante la sorpresa de todos, escogió una naranja que agarró con todas sus fuerzas como si fuera un objeto muy valioso.
-Mamá, esta niña es tonta, mira que elegir fruta con la cantidad de golosinas que hay aquí.
-Pepe, Safía. ha hecho una elección muy inteligente; estos niños no ven fruta fresca   casi nunca, creo que tú y yo, esta noche, vamos a tener una pequeña charla; debes conocer las condiciones de vida de estos chicos -dijo la madre reprendiéndole.
      Salieron de la tienda y Rosario le peló la naranja; Safía. la miraba y le daba bocaditos pequeños para que le durase mucho. Sus ojos cada vez más abiertos miraban con curiosidad todo lo que le rodeaba. Cogieron el coche y por fin llegaron a la huerta. Safía., acostumbrada a la tierra del desierto, casi nunca había visto árboles al natural  y, menos, llenos de fruta. Se soltó de la mano y se fue corriendo a  tocarlos. Se abrazó a uno de ellos y no quería soltarse.
-Shallara, shallara -repetía mientras tocaba la rugosa corteza del naranjo.
-Quedaos aquí con ella, voy  un momento regar -comentó José no queriendo  apartar a Safía. de su descubrimiento.
      José se dirigió hacia la compuerta  de la acequia para regar como todos los días, la levantó y, como siempre, el agua salió atropelladamente inundando  el cauce que rodeaba la huerta;  la niña escuchó un  murmullo que era casi nuevo para ella, nunca había visto correr el agua; en dónde vivía,  les llevaban el agua, una vez al mes, en camiones cisternas de las Naciones Unidas 
Cisterna de las naciones Unidas
 y la echaban en unas cubas que tenían al lado de  la jaima ; de las cubas la sacaban con garrafas de  plástico. Las  jaimas,  hechas con telas y cuerdas sujetadas al suelo, estaban en medio de la nada; tierra, y polvo por todas partes. Alguna vez, en su poblado había llovido, pero como todo estaba tan seco, el agua desaparecía rápidamente absorbida por la sed del desierto. Al principio se asustó, pero después de un rato se soltó del tronco del árbol y se fue corriendo  detrás del pequeño río de agua, riendo y gritando:  al-maa,  al-maa,  al-maa
-Ve con ella no vaya a hacerse daño -le mandó Rosario a su hijo.
http://acuarelasdejoseluisperez.blogspot.com.es/2012_01_01_archive.html

      Pepe estaba en su estado natural, es decir enfadado; echó a correr refunfuñando hasta que unas gotas le salpicaron. Safía le estaba echando agua con su pequeña mano; era completamente feliz y quería jugar con él. En ese momento a él, cosa rara, también le entraron ganas de jugar; la vio tan pequeña e indefensa  que, de repente, como si fuese de verdad su hermano, se sintió con la obligación de protegerla. Entonces  llamó a su madre:
-Mama, me voy a meter con ella en la acequia, el agua nos llega por debajo de las rodillas, no creo que  haya  peligro.








Mi agradecimiento a todas las personas que me dejan alegrar mis cuentos con sus ilustraciones y dibujos.

martes, 14 de enero de 2014

Esto es agua. Educación primaria 2º y 3er. ciclo. 1er. capítulo.


     
 A mi padre que invirtió parte de sus ahorros en una huerta para que pudiésemos disfrutar de la naturaleza, y a mis hijos que sí supieron
valorar lo que tenían.
Primer capítulo.

  Pepe nunca estaba satisfecho con las cosas que le rodeaban y vivía constantemente enfadado;  nada de lo que tenía le gustaba.  Residía  con  sus padres en una casa rodeada de huertas que habían heredado de su abuelo Pepe. 
Don José nunca la quiso vender;  quería que su nieto tuviese una infancia sana, en un lugar sin contaminación y lejos de los humos de la ciudad. 
-Si viviésemos en el pueblo, iría andando al colegio y no tendría que levantarme tan temprano -protestaba todos los días cuando entraba su madre a despertarle.
-Pero Pepe, ¿siempre con la misma cantinela? seguro que tus compañeros  tienen que levantarse a la misma hora que tú.
      Pepe no sabía valorar lo que tenía; no se daba cuenta  de que su madre, todos los días, le hacía un  zumo riquísimo con naranjas recién cogidas del árbol y  que el pan estaba tan rico porque lo cocía en un horno de leña ni  apreciaba la tortilla que se llevaba en el bocadillo hecha con huevos frescos  acabados de coger del gallinero; todas esas cosas no tenían valor para él. 
      Pepe  solo sabía protestar por todo: porque tenía que ir al colegio en un autobús que le recogía como a los niños  pequeños, porque no tenía cerca  ni el cine ni la hamburguesería, porque no podía ir al centro comercial más que los fines de semana y, con sus padres, en lugar de en pandilla como hacían sus amigos; en fin que era un autentico amargado. Hasta protestaba porque no tenía piscina, él, que se bañaba en verano en una balsa de riego grandísima que recogía continuamente el agua cristalina que salía de un pozo artesiano que había hecho su abuelo.
-200 litros por segundo, le oía decir a su padre orgulloso cuando se refería a la cantidad de agua que subía, ayudada por una bomba, del acuífero subterráneo que tenían debajo de su huerta. 
       Cuando era muy pequeño, todavía lo  recordaba, el pozo se secó y su abuelo se empeñó en profundizar  unos pocos metros más  para buscar agua; para ello tuvo  que  taladrar una roca que había debajo de donde se encontraba el pozo.
-Don José, allí en el fondo, seguro que hay agua -le dijo el pocero  y, su abuelo, aunque sabía que le iba a costar una fortuna, quiso seguir y romper la roca hasta encontrar la balsa subterránea de  agua. 
      Pepe siempre pensaba que ese dinero que gastó su abuelo en el pozo, lo tenía que haber empleado en comprar un piso en el pueblo.
      En verano, sus amigos iban a visitarle y se bañaban en la balsa de riego.
-¡Qué suerte tienes ! Tener una balsa para ti solo con este agua tan rica -le decía su amigo Ginés-. ¡Está tan fresca y limpia! 
Además, no tiene cloro como  la piscina del pueblo. Cuando me baño en ella, siempre, se me ponen los ojos malos -continuaba Chechu.
      ¿Vosotros creéis que él se conformaba? Pues no, siempre le sacaba el lado malo.
-Sí, pero aquí hay muchas ranas -añadía.
-¡Pepe! mira que eres protestón; aún con las ranas, el agua está limpísima, además, cuando nos oyen llegar se esconden. Ya me gustaría a mí tener una huerta como esta y vivir aquí, en lugar de hacerlo en un piso;  eso es más aburrido. No puedo montar en bicicleta ni tener perro -explicaba Ignacio. 
      En eso sí que les daba la razón, no podía vivir sin su bicicleta ni sin su perro Charlie. 
      Una de las cosas que más les gustaba a sus amigos era la hora del riego; ver cómo por medio de una  acequia, se podía regar la huerta que rodeaba la casa. La acequia era como un pequeño río que atravesaba el terreno. Aparentemente el cauce estaba seco hasta que su  padre  levantaba una pequeña compuerta desde la balsa de riego y, el agua que estaba esperando como si fuera la hora del recreo salía  rápida y bulliciosa e iba llenando el pequeño cauce, saltando  risueña, juguetona  y cantarina entre las piedras hasta que inundaba todos los bancales y bañaba las raíces de las hortalizas que estaban plantadas. Cuando sus amigos  veían a  su padre dirigirse hacia la compuerta le decían:
-Don José ¿le podemos ayudar? 
      Entonces, él, satisfecho, repartía una azada a cada uno y los colocaba en los sitios estratégicos para que esperasen la llegada del agua. Cuando la veían aparecer, daban un golpe en la tierra y abrían un surco para que el agua no pasase de largo sino que entrase en todos los bancales. Al principio, el agua corría rápida entre la tierra seca pero, poco a poco, el suelo sediento la iba empapando y, entonces, ya no corría sino que se quedaba quieta dejando toda la huerta fresca y limpita ya que el polvo desaparecía. Luego José  les preparaba algunas bolsas con productos de los que acababa de recoger:  naranjas, tomates, pimientos y, a veces, fresas.
-Esto por haberme ayudado -les decía guiñándoles un ojo
      Solo, cuando su hijo veía la cara de satisfacción de sus amigos se alegraba también, pensando que cuando estaban tan contentos, no debía de ser  malo vivir en un lugar como ese. 


   
      Solo, cuando su hijo veía la cara de satisfacción de sus amigos, se alegraba también, pensando que cuando estaban tan contentos, no debía de ser  malo vivir en un lugar como ese.

domingo, 22 de diciembre de 2013




Mis mejores deseos para que el Espíritu de la Navidad no sólo roce las almas, sino que cale en ellas.



Presentación de la colección de cuentos infantiles Ratón Blanco en el Museo Ramón Gaya de Murcia.



      En mi blog no tengo costumbre de hacer reseñas ni comentarios de cuentos escritos por otras personas  porque para eso hay otros blogs que se dedican ello, yo  aquí solo subo los cuentos escritos por mí. Esta vez voy a hacer una excepción porque el autor del libro, Blas Mira, que es muy amigo mío, se lo merece  y la ilustradora Virginia García dibuja maravillosamente como podréis comprobar.
Foto
Virginia y Blas
     Ayer tuve la suerte de asistir a la presentación de dos de los cuentos de la colección Ratón Blanco, de editorial DYLAR.  Blas Mira y  Virginia García hicieron las delicias de los niños y papás  que llenaron la sala del Museo Ramón Gaya. Ratón Blanco vive en la misma huerta de Virginia, vamos, que son vecinos y, claro, se conocen tan bien que  nos contaron sus aventuras de maravilla.les gustaron tanto a las personas que estaban allí que se agotaron los cuentos.
          
      Los cuentos son una preciosidad y los camellos de los Reyes Magos traen un montón para los niños de Murcia.Foto
      No puedo desvelaros más cosas de este Ratón  porque tendréis que comprobarlo vosotros mismos; sólo os diré que es muy educado y buen compañero. Estoy segura  de que os encantará.