Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

jueves, 30 de octubre de 2014

El castillo del miedo. Para los que no son miedosos o eso creen.

A los que leyeron mi cuento El Castillo Encantado, parece que les dió pena de los monstruos. ¡A ver que dicen ahora! El comienzo es el mismo, pero he cambiado el final.






Se acercaba la noche de Los difuntos  y todo el mundo se  preparaba para recibirla.
 En el castillo de la bruja Terrorífica también estaban ansiosos por que llegase esa noche. Sus moradores tenían un motivo muy   especial. Este castillo solo existía durante  la noche del treinta y uno de octubre en la que se celebraba la noche de los difuntos; el resto del año desaparecía a los ojos de las personas y hasta el siguiente año no volvía a existir. La gran bruja había hechizado a sus habitantes,  decía que  no servían para nada  y que  ya no asustaban a los niños.
Cuando llegaron las doce  y un minuto de la noche, una niebla muy espesa se formó encima de un pequeño montículo y no  se deshizo hasta que todo el castillo resucitó de nuevo.
Lo primero que apareció en el centro del monte fue edificio muy negro  con torres muy altas y  ventanas  estrechas. Una pequeña luz se adivinaba dentro. De las torres salieron volando infinidad de murciélagos.  Las telas de araña tejidas minuciosamente por arañas gigantes, parecían cortinajes de tul negro  en donde se columpiaban los esqueletos.
 De repente, dos armaduras huecas sin cabeza  bajaron  el puente levadizo  y un gran ruido de cadenas resonó en todo el valle, luego se abrió la puerta  del castillo con un gran chirrido de goznes.
-¡Ayyyyy!, gritó Terrorífica-, que estaba asomada en lo alto de una torre -. ¡Nunca os acordáis de engrasarlos de un año para otro! ¡Sois unos inútiles!
 Cuando se hizo el silencio de nuevo, la puerta empezó a vomitar un  gran ejército formado por  engendros y seres repugnantes que hubiesen aterrorizado al más valiente de vosotros.
Los fantasmas  salieron en primer lugar  arrastrando sus cadenas, después les siguió un gran grupo de asquerosos zombis llenos de heridas sangrantes, ogros, vampiros, momias, decapitados, demonios y asesinos. Los esqueletos dejaron de columpiarse y siguieron a la comitiva  y, por último, decenas de brujas montadas en sus escobas salieron volando desde las almenas llenando el oscuro cielo. Cerrando la comitiva salió Frankestein. 




Cuando todo el mundo estaba fuera se oyó la voz atronadora de la gran bruja que les gritó:
-Ya sabéis estúpidos e  infectos seres,  conque uno solo de vosotros asuste a alguien  os quitaría la maldición y volveríais a vivir, sin desaparecer, como hacíamos antes pero, estoy segura  de que sois tan inútiles y necios que tampoco lo conseguiréis este año.
Al escuchar a  la gran bruja Terrorífica se indignaron de tal manera empezaron a murmurar entre ellos.
-Esto no hay quién lo aguante-, dijo un zombie que llevaba el ojo en la mano; se lo quitaba o ponía según necesitaba mirar hacia la derecha o hacia la izquierda.
-¡Estate quieto con el ojo!-, exclamó un vampiro al que le chorreaba la sangre por la comisura de los labios y goteaba hasta la camisa. Me da repelús verte.
-No debemos dejarnos avasallar por ese saco de huesos, nariz aguileña y pelos de estropajo. Este año tenemos que organizar algo terrible que nunca olviden los habitantes de Castillejo del Valle. Si desaparecemos de nuevo, le cambiaran el nombre al pueblo y dejará de llamarse así-, añadió un hombre con aspecto de pordiosero que llevaba un gran  saco a la espalda.
-El que tengas alguna idea que la diga, luego se elige por votación la mejor y la ponemos en práctica ¿vale? Sugirió una momia.
-De acuerdo-, dijeron todos sentándose en círculo para preparar su maléfico plan.
Las brujas, que iban volando en las escobas por encima de sus cabezas, al ver que la comitiva de monstruos se había sentado descendieron para aportar sus  ideas.
-Sugiero encender un buen fuego para calentarnos y realizar los  conjuros -, añadió Espantosa, otra bruja que tenía bien ganado su nombre.
Mientras Espantosa lo preparaba, se acomodaron lo mejor que pudieron: los vampiros colgaron sus capas en las ramas de los árboles para que no se les arrugasen,  los decapitados dejaron sus cabezas en el suelo pues era una lata moverse siempre de un lado a otro con la cabeza a cuestas, las brujas soltaron sus escobas, los hombres del saco se lo quitaron pues pesaban lo suyo, los esqueletos se apoyaron  en unos troncos para no desmoronarse y
Dibujo de momia para Halloween
 las momias se soltaron los vendajes que las oprimían pero, todos tuvieron que pedirles que se las volviesen a poner pues apestaban de una forma insoportable. Frankestein se sentó en una piedra para ver mejor lo que las brujas estaban echando en el fuego.
Mientras, en el pueblo,  un grupo de adolescentes tenían un plan para pasar la noche de difuntos.
-A mí no me dan miedo ni los muertos ni los zombis ni nada de esas tonterías, propongo organizar una acampada en las afueras del pueblo. ¿Quién se apunta?-, preguntó Ismael.
Los demás chicos no estaban muy seguros, ¿precisamente esa noche tenían que ir de acampada? ¡Anda que no había días para hacerlo!
-Yo no voy, con el frío que hace y encima esta noche. No contéis conmigo-, dijo Pedro.
-Eres  un gallina. Cuenta conmigo Ismael-, añadió Luis.
Quedaban tres chicos que no sabían que decir. No les hacía gracia la idea pero tampoco les gustaba que los tomasen por miedicas.
-Te lo digo esta tarde, se lo tengo que preguntar a mis padres, a lo mejor no me dejan-, les razonó Carlos.
Ismael no tenía ganas de más excusas así que dijo:
-El que quiera venir que esté esta noche a las ocho a la salida del pueblo. Iremos a la explanada que hay al lado del cementerio y ahí pondremos las tiendas.
Los chicos se despidieron y después de rogar a sus padres que los dejasen, que era una apuesta y que no les iba a pasar nada, consiguieron su permiso. Pedro ni se molestó; con lo bien que se estaba en casa viendo la tele.
Estaban contentos aunque un poco nerviosos, ir de acampada solos y, encima, cerca del cementerio era una idea brillante que solo se le podía ocurrir al loco de Ismael. Los demás no estaban de muy de acuerdo pero se callaron para que no les tachasen de cobardes. Cuando  se estaban acercando a la explanada observaron que había un grupo muy numeroso alrededor de un fuego celebrando
Halloween.   
-Oye, vaya juerga que tienen montada, esos sí que llevan buenos disfraces-, exclamó Javier sorprendido ante el realismo de los trajes.
-Mira, vamos a ponernos en el otro lado. No me gusta estar cerca de un grupo tan grande, dentro de un rato estarán todos borrachos-, dijo Ismael.
Se colocaron al otro lado del cementerio, que por cierto era bastante pequeño. Podían ver lo que ocurría en el grupo pero estos, a ellos no. Les tapaban unos cipreses.
  Los muchachos se estaban preparando para comerse los bocadillos que les habían preparado en su casa cuando escucharon un grito. Un chillido agudo que les heló la sangre.
-¿Qué ha sido eso?-, preguntó Javier. Se me han puesto los pelos de punta.
 Se quedaron quietos; el corazón les latía tan fuerte que casi oían sus palpitaciones. Parecía que  ellos  no eran tan valientes como pensaban. Se agacharon y se quedaron muy quietos. De vez en cuando veían que la mujer que estaba disfrazada de bruja echaba unos polvos a la hoguera y el fuego chisporroteaba más fuerte produciendo  llamaradas que subían hacia el cielo y llenaban los alrededores de olor a azufre.
 Espantosa  estaba haciendo un  conjuro en voz alta.  Los monstruos ya habían decidido lo que hacer para que la maldición de Terrorífica terminase esa noche. Cuando se dieron cuenta de que estaban cerca del cementerio pensaron pedir  ayuda a los difuntos que estaban allí enterrados.
-Por los poderes del infierno, os convoco para que reunáis todas vuestras fuerzas, levantéis las lápidas, salgáis de vuestras tumbas y nos acompañéis  esta noche. Sembraremos el miedo y el terror por el pueblo y nunca más se tomarán a broma esta noche tan importante para todos nosotros-, gritaba enfurecida Espantosa, mientras todas las brujas la acompañaban  bailando alrededor del fuego.
Los chicos empezaron a temblar.
-Ismael, yo, yo creo que, que, que estos no están de de broma. Me parece que son de verdad-, susurró Carlos  en voz baja y con la garganta tan seca que no le salían las palabras.
-Schssss, si estos son monstruos de verdad, estamos en peligro, pero que muy en peligro-, aseveró Tomás.
-¡Callad! Queréis que se den cuenta de que estamos aquí-, ordenó Ismael, dándose cuenta de que lo que había empezado en broma iba muy en serio.
Volvieron a mirar al círculo y cada vez había más monstruos bailando alrededor del fuego. Las momias, los vampiros y todos los demás.  Por encima de sus cabezas, formando remolinos, otras brujas  se habían montado en sus escobas acompañadas por una gran cantidad de murciélagos. Era un espectáculo espeluznante.
Los cinco chicos tenían la cabeza tapada con las sudaderas, no querían mirar lo que ocurría; bastante tenían con escuchar el conjuro y oler a azufre.
-Por los poderes del infierno, os convoco para que reunáis todas vuestras fuerzas, levantéis las lápidas, salgáis de vuestras tumbas y nos acompañéis  esta noche. Sembraremos el miedo y el terror por el pueblo y nunca más se tomarán a broma esta noche tan importante para todos nosotros-, volvía a repetir una y otra vez.
De repente, cuando los chicos creían que no podrían soportar más  el miedo que les producía aquella situación, la cosa empezó a empeorar. Se empezaron a oír chirridos penetrantes, unos cercanos y otros más alejados que les producían escalofríos. 




  Eran los sonidos producidos por las lápidas que  empezaron a deslizarse sobre las tumbas hasta que quedó un espacio suficiente para que salieran  los muertos que estaban allí enterrados. Era niebla con forma humana  y  se les notaba que disfrutaban flotando en el aire. Algunos llevaban poco tiempo enterrados y todavía no se habían deshecho del todo así que iban caminando.




Cuando Espantosa  vio que el grupo de muertos estaba fuera de sus tumbas dio un grito terrible:
-¡A Castillejo del Valle! No hay que dejar a nadie indiferente ni  a hombres  ni a mujeres ni a  niños. Nunca deben olvidar esta noche. Se quedarán helados al vernos y el frio que sentirán se les quedará en sus huesos para siempre.
Los chicos,  cuando los vieron  avanzar, se desmayaron.
Toda la comitiva salió en dirección al pueblo, algunos de los difuntos visitaron a sus familiares y uno de ellos murió de un ataque al corazón. A los pocos minutos este otro muerto se unió al grupo.
Se introdujeron en las fiestas, calles y lugares de reunión y la gente corría aterrorizada, perseguida por ese repugnante ejército. Ni dentro de sus casas se encontraban a salvo.
Empezó a amanecer y la noche de difuntos estaba llegando a su fin, los habitantes del castillo volvieron a su hogar y los muertos se introdujeron en las tumbas de nuevo.
Los chicos nunca supieron lo que pasó esa noche en el pueblo, porque nadie les habló  de ello.
A partir de entonces, desde   un  montículo cercano, un castillo muy negro  con torres muy altas y  ventanas  estrechas  parecía que vigilaba el pueblo de Castillejo del Valle: la maldición de Terrorífica había terminado.




Todas las ilustraciones las he tomado prestadas de internet.  Si alguien se molesta por ello, no tiene más que decirlo y la quitaré de mi cuento.Gracias por subirlas.

jueves, 23 de octubre de 2014

El castillo encantado. Primaria y adultos con alma de niños.

Se acercaba la noche de Los difuntos  y todo el mundo se  preparaba para recibirla.

 En el castillo de la bruja Terrorífica también estaban ansiosos por que llegase esa noche. Sus moradores tenían un motivo muy   especial. Este castillo solo existía durante  la noche del treinta y uno de octubre en la que se celebraba LaNoche de los Difuntos; el resto del año desaparecía a los ojos de las personas y hasta el siguiente año no volvía a existir. La gran bruja había hechizado a sus habitantes,  decía que  no servían para nada  y que  ya no asustaban a los niños.

Cuando llegaron las doce  y un minuto de la noche, una niebla muy espesa se formó encima de un pequeño montículo y no  se deshizo hasta que todo el castillo resucitó de nuevo.
Lo primero que apareció en el centro del monte fue edificio muy negro  con torres muy altas y  ventanas  estrechas. Una pequeña luz se adivinaba dentro. De las torres salieron volando infinidad de murciélagos. Las telas de araña tejidas minuciosamente por arañas gigantes, parecían cortinajes de tul negro  en donde se columpiaban los esqueletos.

 De repente, dos armaduras huecas sin cabeza  bajaron  el puente levadizo  y un gran ruido de cadenas resonó en todo el valle, luego se abrió la puerta  del castillo con un gran chirrido de goznes.
-¡Ayyyyy!, gritó Terrorífica-, que estaba asomada en lo alto de una torre -. ¡Nunca os acordáis de engrasarlos de un año para otro! ¡Sois unos inútiles!

 Cuando se hizo el silencio de nuevo, la puerta empezó a vomitar un  gran ejército formado por  engendros y seres repugnantes que hubiesen aterrorizado al más valiente de vosotros.

Los fantasmas  salieron en primer lugar  arrastrando sus cadenas, después les siguió un gran grupo de asquerosos zombis llenos de heridas sangrantes, ogros, vampiros, momias, decapitados, demonios y asesinos.

Los esqueletos dejaron de columpiarse y siguieron a la comitiva  y, por último, decenas de brujas montadas en sus escobas salieron volando desde las almenas llenando el oscuro cielo. Cerrando la comitiva salió Frankestein.

Cuando todo el mundo estaba fuera se oyó la voz atronadora de la gran bruja que les gritó:
-¡Ya sabéis estúpidos e  infectos seres!  conque uno solo de vosotros asuste a alguien  os quitaría la maldición y volveríais a vivir, sin desaparecer, como hacíamos antes pero, estoy segura  de que sois tan inútiles y necios que tampoco lo conseguiréis este año.

Ellos al escuchar eso se animaron unos a otros:
-De hoy no pasa, estoy seguro  de que alguien se asustará cuando nos vean llegar. Cuando os miro a todos, tan feos, me da miedo hasta a mí-, le dijo un vampiro a otro.
Empezaron a caminar hasta llegar al pueblo más cercano llamado Castillejo del Valle. Desde lejos ya se oía el bullicio, la música  y se veían las luces y los adornos que tenían puestos en las puertas de las casas.

En todos los jardines había grandes calabazas con velas encendidas dentro y la gente iba disfrazada como ellos; si se descuidaban no iban a saber quiénes eran los monstruos de verdad y quienes los disfrazados.
-Por favor, no os separéis-, ordenó uno de los fantasmas. No tenemos que perdernos.
Siguieron avanzando hasta que observaron a un grupo de niños que llevaba bolsos llenos de caramelos y golosinas.
 Ellos sí que iban disfrazados aunque casi parecían brujas y vampiros de verdad. Llamaban a las puertas y decían.
- ¿Truco o trato?
Entonces los señores de la casa, que eran bastante mayores, les contestaron:
-Trato-, y les sacaron montones de golosinas.

Esperaron a que se marchasen los niños con la ilusión de que pudieran asustarlos y al ser mayores les diera un patatús  y se muriesen del susto. Eligieron al más feo. Llamaron al timbre y esperaron.

-¡UUHHH!-, gritó un asqueroso zombi.
La señora se sobresaltó un poquito pero, enseguida llamó a su marido.
-¡Juan!, ven enseguida, mira, estos sí que van bien disfrazados-, dijo a voces a su marido que estaba en otra habitación.
El hombre salió enseguida y al verlos, sonriendo, les dio la mano.
-Enhorabuena, si hubiese un concurso de disfraces, os llevaríais el premio. Dales caramelos, mujer, que se lo merecen.

Los habitantes del castillo se alejaron desanimados. Siguieron caminando de un lado a otro.
-¡UUUGGG! ¡AAAGGGG! Gritaban como locos y todos los recibían con sonrisas y felicitaciones por lo bien que iban.

Cuando la brujas pasaron volando en las escobas por encima de las cabezas de los que estaban de fiesta gritando-¡Jijijiji! -, todos se quedaron mirándolas embobados.
-Mamá, yo quiero que me compres una escoba como esas. El año que viene me disfrazaré de bruja.
-Bueno, hija, veremos lo que cuestan. Deben ser muy caras.

Nuestros amigos, los monstruos, estaban cansados de tanto caminar, solo una vez, una niña dio un respingo cuando vio a Frankestein, pero solo un respingo.
-¿Tú crees que eso ha sido un susto?-, le preguntó Franki a un fantasma que estaba a su lado.
El fantasma le miro con sorna y le dijo:
- Vamos anda, eso no ha sido un susto, si acaso un suspiro.

Empezaba a amanecer, si no aligeraban llegarían de día y se quedarían fuera del castillo. Nuestros amigos apretaron el paso hasta donde se encontraba su hogar. Iban desilusionados sabiendo que habían fracasado de nuevo. Fueron entrando en el castillo hasta que se cerraron las puertas y se levantó el puente levadizo.

-Bueno chicos, por vuestras caras veo que este año tampoco ha habido suerte ¿verdad?-, preguntó la gran bruja.
Al escucharla, un vampiro muy elegante se dirigió a Terrorífica y le dijo:

-Te lo repito todos los años, desde que a la noche de los difuntos le llaman Halloween los niños no tienen miedo a nada.
Se fueron retirando a sus habitaciones mientras una espesa niebla,  de nuevo, fue cubriendo el castillo hasta que desapareció. Tendrían que esperar otro año a ver si había más suerte.


Como pasa el tiempo. Otra vez tenemos aquí la fiesta de Halloween y otra vez he escrito un cuento que espero que os guste.

Todas las ilustraciones y fotografías las he tomado prestadas de internet. aquí está la página.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Las aventuras veraniegas del pulpo Pepito. Para todas las edades.




 
Autores Guille y Pablo,los pescadores de pulpos.


El pulpo Pepito, autor Guille.


Pepito, el pulpo, está preparando una preciosa maleta toda forrada de conchas y  caracoles. Se va  de vacaciones por primera vez en su vida. Él vive en el fondo del mar pero quiere cambiar de ambiente como todo el mundo. ¡Por fin, ha llegado el verano!
 Elige una bonita costa del mediterráneo para pasar el mes de agosto, concretamente una playa de arenas doradas que le conquistan por su belleza.  Entre la arena hay  rocas llenas de cuevas  donde esconderse, algas, anémonas y esponjas, tan bonitas y llenas de colores, que decide quedarse allí durante un tiempo.
-Aquí pasaré mis vacaciones. Este sitio me gusta, parece tranquilo.
 Pepito, el pulpo, está tan cansado que estira sus ocho tentáculos llenos de ventosas y se pasa un rato  tomando el sol bajo las aguas cristalinas.
Busca una gruta protegida por decenas de  anémonas y de algas muy variadas. Los habitantes de la zona son peces muy amables y pacíficos, que  le reciben con las aletas abiertas.
-Nos alegra mucho conocerte, Pepito -le dicen unos boquerones que  nadan con movimientos muy elegantes delante de él, presumiendo de sus reflejos plateados.
Una preciosa estrella de mar de lindos colores se acerca avanzando por la arena con  unos movimientos tan sugerentes que parece que está bailando.
-No había venido ningún pulpo de vacaciones por estas rocas, ¡ya iba siendo hora de tener otros vecinos! -exclama muy contenta.
-Los que vivimos  aquí estamos hartos de ver siempre las mismas caras -comenta un erizo de púas negras y brillantes, mirando a doña Elisa, la estrella, con cara de aburrimiento.
Se acerca, moviéndose con elegancia, un caballito de mar al que todos saludan cariñosamente.
-¿Qué tal Carmelo? 
Carmelo enseguida ve al pulpo y empiezan a charlar como si fueran amigos de toda la vida.
Mientras están hablando, aparece por allí Vicente, el cangrejo, va muy rápido, moviendo sus patas muy ligero, parece que tiene mucha prisa.
-¡Hola a todos! -dice efusivamente-. Siento deciros que no me puedo entretener, necesito llegar a mi casa cuanto antes.
-Espera un momento, que te vamos a presentar a don Pepito. Acaba de llegar de vacaciones.
Don Pepito saca uno de sus tentáculos para saludar al recién llegado y  estrechar una de las pinzas de  Vicente con mucha alegría, pero  las ventosas del pulpo se le pegan a las patas del cangrejo. ¡Madre mía! Que jaleo se han hecho, los ocho brazos del pulpo  enredados entre las patas del cangrejo. Vicente se ha llevado un gran susto. ¡Por fin consiguen separarse!
-Siento haberle asustado -dice disculpándose el pulpo-. No soy muy habilidoso con mis tentáculos. 
-¡Menudo susto me ha dado, don Pepito! Por aquí hay algunos individuos que no son de fiar. Por un momento pensé que quería comerme -le dice el cangrejo mientras se aleja  corriendo.
Todos se han quedado un poco sorprendidos ante lo ocurrido.
Doña Elisa, la estrella piensa que hay que organizarle una fiesta de bienvenida al nuevo vecino.
-¿Qué os parece si esta noche celebramos un baile para conocernos un poco? Le diremos  al calamar que venga. Él toca muy bien las maracas. 
-Pues yo con las conchas vacías de los caracoles toco la batería -añade Pepito.
-¡Ah! ¿Sí? -exclaman todos.
 -Sí y, además, sé tocar la caracola.
La estrellita le mira muy ilusionada. ¡Con lo que a ella le gusta bailar!
-Le diré a la morena que te consiga una concha vacía de caracola. A ella también le gusta mucho la fiesta y…
Todos están charlando tranquilamente, cuando de repente ven reflejadas en el agua las sombras de dos niños.
-¡Socorro, sálvese quien pueda! Ya están aquí los pescadores de todos los días. Escóndete Pepito, rápido.
A Pepito no le ha dado tiempo a meterse en la cueva y nota como una mano le coge y le sujeta; él suelta la tinta azul para escabullirse, pero ya es tarde. Los niños lo sacan del agua y lo meten en un cubo.
-¡Un pulpo! ¡Hemos cogido un pulpo!  Pepito oye gritar a Guille y a Pablo como locos. 
Cree que ha llegado su hora.
-¡Mira que   venir a esta playa para terminar en una cazuela! Con lo a gusto que estaba en el fondo del mar -piensa aterrorizado.
-Vamos a enseñárselo a mamá -dicen los chicos.
Los niños llevan el cubo con agua y, dentro va Pepito, muy asustado. El pulpo mira hacia el cielo y solo ve un montón de caras que le observan con asombro.
Después de estar enseñándolo a todos los bañistas, escucha una voz:
-Bueno chicos, ya va siendo hora de que lo echéis otra vez al mar. Ya sabéis que los pulpos están protegidos -dice la madre de los pequeños.
Ellos se meten en el agua y con mucho cuidado vuelcan el cubo para que Pepito salga sin hacerse daño.
-Después de este susto, necesitaré dos o tres días para reponerme. Además, venir de tan lejos me ha dejado agotado. 
Por fin Pepito puede descansar; acurrucado en su cueva se duerme plácidamente. 
Pero por la noche, a la entrada de su cueva están todos sus amigos llamándole, con gana de juerga. No le dejan descansar todo lo que él quisiera. 
Se han acercado a la gruta todos sus vecinos: Vicente, el cangrejo, Elisa,  la estrella, Carmelo el caballito, Casimiro, el erizo  y una morena larga, larga que le asusta hasta a él.
-No tengas miedo, está es Catalina -dice la estrella-. Te ha conseguido una concha de caracola para que hagas música.
Enseguida llega el calamar y le acompaña. Los dos  tocan la batería  sobre caracolas vacías y la cosa se empieza a animar. Unas almejas se animan y tocan las castañuelas.
 El caballito de mar con otros amigos empieza a ejecutar una danza uniendo sus colas. Llegan los boquerones, las medusas, y otros peces de muchos colores; todos bailan al compás haciendo una coreografía tan linda, que ya la quisieran en los campeonatos  del mundo en natación sincronizada.
Todos cantan una canción que está muy de moda entre los cuarenta principales de los fondos marinos, se llama: Bajo el mar.  
Bajo del mar, bajo del mar
 Nadie nos fríe ni nos cocinan en una sartén
Si no te quieres arriesgar bajo del mar te quedarás.
Y sin problemas entre burbujas tu vivirás, Bajo del mar!!!!

Se lo están pasando pipa pero ha llegado don Mero, el policía acuático  de la zona a poner orden.
-¡Ya es hora de acostarse! Las sardinas y las pescadillas se están quejando, mañana tienen que salir para realizar un largo viaje.
-¡Ooooh! Tienen que terminar la fiesta y  marcharse. Todos se despiden hasta el día siguiente. 
El pulpo Pepito piensa que en sus primeras vacaciones se lo va a pasar pipa.
Cuando sale el sol se asoma a la gruta y allí  le están esperando, Elisa, la estrella y  los demás vecinos.
-¿Qué tal has dormido? -le preguntan-. Perdona, pero ayer, con el lío de la fiesta no pudimos avisarte de que en esta playa hay muchos niños que  se entretienen pescando. ¡No puedes estar distraído ni un segundo! Ya lo sabes -le advierte su vecina-. A la única que no molestan es a Catalina, la morena, porque tiene unos dientes tan grandes que les asusta enseguida.
De repente alguien dice de nuevo.
-¡Atención! ¡A los escondites! Ya están aquí otra vez los pescadores.
Pepito ve que en un momento desaparecen todos sus amigos y él vuelve a quedarse solo. No le da tiempo a meterse en la cueva.
- Las mismas sombras de ayer y la misma mano –piensa-. Esta vez voy a defenderme, no me van a coger tan fácilmente.
Pepito extiende sus tentáculos: con dos de ellos se agarra a la roca  y con el resto empieza a presionar con sus ventosas en los dedos y en el brazo de Guille pero, este lo sujeta con la otra mano y… ¡otra vez al cubo!
-¡Otro pulpo! ¡Otro pulpo! Ya llevo dos este año -vuelve a gritar.
-Pero… ¡este niño es tonto! ¿Es que no se da cuenta de que soy el mismo de ayer?
El pulpo ya no está tan asustado como la primera vez, pero no está dispuesto a seguirles el juego a los chicos. Parece que, como sigan así, le van a dar las vacaciones.
-Seguro que mientras esté por aquí,  voy a tener que aguantar lo mismo todos los días con esos niños. Si esto se vuelve a repetir, hago la maleta y me largo.
Después del segundo susto, don Pepito no tiene ganas de muchas juergas y aunque van a buscarle las medusas, los boquerones y otros habitantes marinos, él prefiere quedarse tranquilo en su escondite.
De pronto, ve de nuevo sombras alrededor de su cueva.
-Tienen que estar por aquí, parece que este año hay muchos pulpos.
-No me lo puedo creer. ¡Otra vez dando la lata! -exclama Pepito.
-¡Aquí, aquí hay otro! -grita una voz bastante conocida por nuestro amigo. Mamá, he visto otro pulpo. ¡Tres llevo este año!
-¡Queréis dejar en paz a los pulpos! -les ordena su madre. Ya está bien. ¡Pobrecillos!
Los niños se salen del agua enfadados, pero Pepito ya no aguanta más sustos. Lo tiene decidido, allí no va a poder descansar, así que decide volver a casa.
Ya ha hecho la maleta de conchas y caracoles y se despide de todos los que le habían acogido tan amablemente, les da su dirección por si algún día quieren ir a visitarle. Todos se quedan muy tristes y le dicen adiós moviendo unas algas muy largas a modo de pañuelos. Doña Elisa, la estrella es la que está más apenada, ya tenía  preparada otra concha de caracola vacía para la próxima fiesta.
 A la mañana siguiente, los pescadores no encuentran ningún pulpo más, se les ha acabado la buena racha. Ahora se tendrán que contentar con jugar a la pelota, que también es muy divertido.
















Gonzalo, un niño de cinco años,ha dibujado a su primo Jorge y a Guille y Pablo cuando pescaron al pulpo Pepito.
¿A que está muy gracioso el dibujo?



Queridos amigos, ya sé que he estado perdida dos o tres meses, pero ya estoy aquí de nuevo con muchas ganas de escribir cuentos y que los leáis con mucho gusto.
La letra de la canción es parte del fondo de la película La Sirenita.
Un abrazo.
La abuela atómica




jueves, 5 de junio de 2014

sábado, 17 de mayo de 2014

Mi niña tiene un pollito. Poesía para educación infantil.

 
 
Viendo el vídeo de esta niña, me quedé prendada de su desparpajo y sus ganas de trabajar, así que se me ocurrió inmediatamente una sencilla poesía que le dedico con mucho cariño.
 
 
 
 
 



                                                   
                                                  Mi niña tiene un pollito
 
Mi niña tiene un pollito

que no la deja estudiar.

Se pasea por  la mesa

¡no para de fastidiar!

Estate quieto pollito

 no me puedo concentrar,

   mañana tengo un examen

y me van a castigar.

El pollito se ha aburrido,

no tiene con quien jugar

y con la cabeza gacha

   se ha marchado a descansar.
 
                                                             


 
Little Chick Stock Vector - 4812711


El dibujo del pollito lo he sacado de Internet, de la página http://www.123rf.com/photo_4812711_little-chick.html Dibujos de pollitos.

lunes, 5 de mayo de 2014

Las aventuras de Pablo. Para todas las edades.

 
Pablo con su hermano y su primo jugando al fút
 
 


     En este cuento he puesto, con mucho cariño, algunas anecdotas de la vida de mi nieto Pablo.Yo he ido escribiendo, en forma de cuentos, las cosas que me han hecho gracia de él  y de su hermano. Lo mismo que iba recogiendo los dibujos que Guille ha hecho durante mucho tiempo y que guardo como un tesoro en una carpeta.Aquí esta el resultado,espero que os guste.
 

 -¡Pablo ha nacido!– dice la tía Paloma muy contenta-, venga, vamos todos a verlo.
Guille está muy nervioso, va a conocer a su hermano y piensa que ya no se separará más de él. Al entrar en la habitación del hospital, ve a su mamá que le llama:
-Ven Guille, mira, tu hermanito quiere conocerte.
 Guille se sube a la cama con ella y, entre los dos, sujetan en brazos a Pablo.

Le parece muy pequeño, pero es muy guapo y está muy gordito. Desde ese momento, Guille, todos los días por la mañana, se asoma a su cuna y le da un beso antes de
irse al cole.
-Está creciendo mucho-, dice a su madre con una sonrisa antes de despedirse. Efectivamente, es verdad, Pablo está muy grande porque no hace más que comer y dormir.


      Desde los tres o cuatro meses, su mamá y Mayra, su cuidadora, le llevan todos los días al trabajo y pronto se acostumbra a los sonidos de la oficina; cuando oye el ruido de las fotocopiadoras, se pone nervioso y empieza a patalear al ver salir los folios disparados de la máquina. Le dejan que ponga el dedo en el botón y cuando lo pulsa y ve salir los papeles le da mucha risa: Pablo hace fotocopias con solo tres meses.

       Enseguida, ha dejado de ser un bebé y, en la silleta, totalmente derecho, observa todo con mucha atención mientras Mayra le pasea. Es muy curioso, por eso aprende muy deprisa: con dos años sabe hablar muy bien. Le gusta chasquear la lengua y hace un ruido que parece el vuelo de un helicóptero. Los que intentan imitarlo, en seguida se dan por vencidos; les salen otros sonidos, pero no se parecen al suyo. A él, cuando les escucha, le da mucha risa.
Le gusta mucho dormirse mientras su papá le  canta la canción de los cochinitos y también que le pasee en el trasportín de su bici.

     Ya tiene tres años; es hora de ir al colegio con su hermano pero va muy contento porque sabe que Guille está en una clase muy cerquita de la suya. Por la mañana, antes de entrar, siempre se para en la puerta y le pide un beso; entonces, los dos se dan un abrazo muy fuerte como si se fueran a ir de viaje. Solo así, se queda contento.

     Pablo veranea con su familia cerca del mar y allí tiene muchos amigos y sus primos Fer y Claudia. A veces va a visitarle su primo Quique; juegan mucho con él aunque es más pequeño. Cuando terminan las vacaciones no quiere volver al colegio. Su abuela es profesora, pero desde hace un año está jubilada. Él sabe que ella también iba al cole:
-¿Cuándo empieza tu cole, abuela?
-Pablo, yo ya no voy a trabajar, me he
jubilado.



 

 
-Abuela, yo me quiero jubilar como tú para no ir al colegio. ¿Qué hay que hacer, para jubilarse? -le pregunta el niño con mucho interés.
La abuela le explica que antes de jubilarse hay que estudiar mucho y hacerse una persona preparada para tener un buen trabajo.
-¡Pero abuela, yo no me sé hacer persona! -La abuela se ríe con sus ocurrencias.
Su abuelo también está jubilado, pero Pablo siempre dice que su abuelo trabaja en el dominó.


      A Pablo no le gusta mucho dar besos, cuando llegan sus abuelos, para no tener que darles ninguno, busca unas excusas muy raras y se esconde donde pilla: detrás del sillón, debajo de la mesa de la cocina, en el lavadero o a veces, se queda tumbado en el sofá y se tapa con alguna manta.
-Hola Guille, ¿Estás solo?-, le preguntan sus abuelos guiñándole un ojo
-Pues sí, Pablo se ha ido.
-No estoy, soy invisible, soy un niño mágico, así que no me podéis ver -dice una vocecita que sale de algún rincón de la casa.
Los abuelos le siguen el juego y empiezan a buscarle por la cocina.
-¿Estás debajo de la mesa? A lo mejor está en un armario-, dice el abuelo.
-Creo que, esta vez, se ha ido de verdad de casa-, le responde la abuela.
Guille dice un poco fastidiado:
-Está en el sofá, tapado con una manta.
                 
  
-Nos vamos a sentar a descansar un poco-, comentan los abuelos guiñando un ojo a Guille y, con cuidado para no hacerle daño, se sientan encima de él. Entonces, Pablo empieza a chillar porque le han descubierto.
-Anda, pero si estás aquí, venga danos un beso que te hemos pillado, –le ruegan sus abuelos.
-A ver: Pito pito gorgorito ¿Dónde vas tú tan bonito? A la era verdadera Pin pan fuera:”pues hoy no toca beso” -, dice  Pablo con mucha cara dura. Por fin se decide  a darles uno, pero tan pequeño que casi no se nota.
-Venga, abuela que ya te lo he dado, cuéntame un cuento. A Pablo le gusta mucho que le cuenten cuentos.
- Bueno, vale, empiezo-, dice la abuela.
 -Erase una vez una ranita amarilla que vivía en una charca en medio de un bosque
-Abuela, las ranas son verdes. 
-Pablo, hay ranas de muchos colores
-¿Pero aquí, en este planeta?
-Sí, en este planeta,- le explica-,
¿Quieres verlas en internet?
-Sí, sí, vamos a verlas-, le contesta el niño muy contento.
Así se convence de que hay ranas naranjas, a rayas, amarillas y de muchos colores.

      Ha vuelto el verano otra vez y  Guille, Pablo y sus abuelos, han bajado a la piscina a refrescarse. Pablo ha echado a correr y se ha tirado sin saber nadar, sin manguitos ni flotador, en la parte más honda de la piscina de mayores. Varias personas se han dado cuenta de su imprudencia y le han sacado del agua inmediatamente. Sus abuelos casi se mueren del susto. Cuando ha salido de la piscina, Pablo, temblando, dice:
-¡Por poco me ahogo, como el año pasado!
Sus abuelos le han regañado y él, llorando, ha prometido que nunca lo va a hacer más. La verdad es que ha cumplido la promesa y  ya no se baña sin manguitos. Pero para aprender a nadar tiene que quitárselos de vez en cuando; el socorrista les ha dicho que los alterne con el chaleco salvavidas, así, un día se baña con él y al siguiente con los manguitos. Ha puesto mucho interés y, una mañana, cuando está en el agua dice:
-Mamá, quítame el chaleco, que ya floto.
Su madre duda un poco, pero al final le hace caso. ¡Por fin Pablo avanza en el agua como los peces! Ya lo ha conseguido: sabe nadar. El niño se ha inventado diferentes formas para tirarse al agua: estilo palito, rana, viejecito, cojito y bomba. El estilo rana es el que tiene más seguidores, pues va saltando como un batracio por el borde de la piscina croando sin parar hasta que se sumerge en la piscina; sus amigos le aplauden.

      Poco a poco se están terminando las vacaciones y su mamá llega con los libros que les ha comprado y con los uniformes y Guille y Pablo se ponen muy contentos. La época de los estudios está a punto de empezar.
     Son la ocho de la mañana y ha sonado el teléfono en casa de los abuelos:
-¿Mamá, puedo dejar a Pablo con vosotros? Está malito y hay que llevarlo al médico pero yo tengo que trabajar, ¿podéis hacerlo vosotros?
La abuela le dice que sí, que luego ellos lo acercarán a la doctora. Pablo llega casi sin fuerzas, no ha desayunado ni dormido. Viene llorando:
-¿Qué te pasa cielo? La doctora te mandará una medicina que te curará muy rápido-, le dice su abuela
El niño sigue llorando.
-Sí, pero ¿Y mi cumpleaños? es esta tarde.
¡Es verdad! Esa tarde tenían la fiesta del cumpleaños, Pablito no tiene consuelo. Sabe que hay muchos niños de su clase que esperan con ilusión la salida del colegio para ir a una sala de bolas donde lo iban a celebrar.
-Mira, Pablo, no te preocupes; a lo mejor para esta tarde ya estás bien. Vamos a ver lo que te dice el médico
Se ha tumbado en el sofá mientras llega la hora de ir a la pediatra. Le abrigan mucho porque hace frio. Él está muy pálido y algo mareado. Además le duele un poco la cabeza.
-A ver Pablo ¿qué te pasa? Le pregunta la pediatra.
-Pues, es que esta noche he gomitado y no podía dormir porque me dolía la cabeza.
La doctora le pone la mano en la frente y le dice:
-Tú tienes fiebre. Vamos a comprobarlo.Efectivamente,37’8.Tienes que estar en casa tranquilito.
Debe tomar mucho suero y hoy que esté a dieta. Solo alguna galleta o un poco de pan tostado. Que beba mucha agua.
-¿Y mi cumpleaños? ¿Puedo ir esta tarde a celebrarlo?
-Me temo que no, no vas a tener fuerzas, además debes reposar.
Pablo se calla pero no lo puede remediar, nada más oírla, empiezan a caerle unas lágrimas gordísimas que le mojan toda la chaqueta. Mientras sale, la abuela intenta convencerle.
-Te voy a contar lo que le pasó a tu tío José Miguel un día, cuando era un poco mayor que tú.-
Pablo se seca los ojos y escucha atentamente.
-Toda la clase se iba a esquiar a la nieve y él estaba muy contento. Tenía el equipaje preparado para salir por la mañana muy temprano. Él iba todos los días a natación, y esa tarde hizo lo mismo de siempre pero, se resbaló y se cayó al suelo rompiéndose el tobillo.
-¿Y no pudo ir de viaje, abuela?-, preguntó el niño con cara de pena.
-Pues no, le tuvimos que llevar al hospital y le pusieron una escayola. Estuvo un mes sin poder moverse.
-Sí, pero todos mis amigos me están esperando esta tarde -dijo Pablo volviéndose a acordar de su cumpleaños.
-No te preocupes, que tu mamá les va a avisar y lo celebraréis otro día.
-Abuela, ¿y el tío José Miguel pudo ir luego a la nieve?
-Pues sí, pero ese día se fueron todos sus compañeros menos él. Así es la vida Pablo, hay veces que las cosas no salen como queremos.
 Pablo parece que se convence pero, de repente, se vuelve hacia ella.
-Abuela, entonces ¿me vas a comprar cromos?-, le pregunta con voz lastimera.
-Hay que ver; como me lo pides así, es difícil decirte que no. Vale, luego te compraré dos sobres.
-No, cuatro –replica el niño.


      Pablo se ha ido haciendo mayor y es un niño muy responsable; le gustan mucho los animales: los gusanos de seda,  los perros, las tortugas moras, los agapornis. Lo que más le gusta del mundo es ir con sus papás, en verano, a alguna casa rural para ver los  animales que suelen tener allí: ovejas, cabritillos, gallinas, vacas y caballos. Luego van a visitar los parques naturales que hay cerca y así disfruta mucho. Un día sus abuelos le quieren dar una sorpresa y se lo llevan a Valencia para ver el Oceanografic y el Bioparc con su hermano Guille. ¡Allí sí que van a disfrutar! No ha montado nunca en tren, así que para él la aventura va a ser doble. Van a estar dos noches fuera y dormirán en casa de su tía Amalia y de sus primos Amalín e Inti. En la estación tienen que pasar las maletas por el escáner y eso le hace mucha gracia. Después, cuando se sube al tren, lo observa todo atentamente.
-Mira auriculares, pónmelos abuelo. ¿Dónde
está la campana del tren? –pregunta Pablo
buscándola.

-Pablo, estos trenes no llevan campana,
 esos son los de la feria –le explican.
Guille ya ha ido a Madrid, una vez, en tren, pero Pablo solo ha montado en los de juguete, por eso piensa que todos, aunque sean de verdad, llevan campana. Nada más arrancar, Pablo empieza a preguntar:
-¿En coche ya habríamos llegado?, ¿cuánto queda?
-Sí sigues así, no te vas a venir más con nosotros –le advierten los abuelos.
Poco a poco, casi sin darse cuenta, llegan a Valencia en donde les está esperando su tía. La estación es muy bonita y tiene unas cristaleras con muchas frutas que le gustan mucho. Esa tarde después de comer van al Oceanografic. Le fascina el túnel de cristal en donde ve pasar por encima de su cabeza montones de tiburones con sus peces piloto pegados a sus colas, mantas, peces luna, meros. Las mantas tienen unas caras muy graciosas cuando se pegan al cristal.
-Mirad, esa tiene cara de fantasma y esa otra de payaso-, comentan los niños muy nerviosos.
Quieren verlo todo y no paran de moverse de un lado a otro: morsas, pingüinos y ballenas Beluga. Después, van a ver el espectáculo de los delfines. Al entrar, se sientan en las gradas y uno de los adiestradores ha llamado a Guille para preguntarle si quiere tocar los delfines; él ha dicho que sí muy contento, y ha salido rápido para probarse unas botas de goma que le han dado para no mojarse los pies pero… Pablo…, el pobre, quiere también ir con Guille, sin embargo le han dicho que no hay botas de goma de su número  y no debe arriesgarse a mojarse los zapatos: se puede resbalar y caer al agua.
-Yo también quiero tocarlos –dice llorando.
Un entrenador, al verlo tan apenado, se ha acercado a él y se lo ha llevado para hacerle un regalo. Ha vuelto muy contento con una camiseta negra muy chula que le han hecho especialmente para él. Se la ha puesto y se le ha pasado el disgusto. Empieza el espectáculo y los delfines saltan y hacen muchos juegos con los adiestradores. Los niños los acarician. Guillermo también le ha dado un beso a uno de ellos.
-¿Cómo es el tacto del delfín? le preguntan los abuelos y Pablo.
-Es como si tocaras un globo mojado, pero muy suave.


Es la hora de regresar a casa de su tía; cogen un taxi, y después de jugar con sus primos se acuestan rendidos. Al día siguiente tienen muchas más cosas que ver.

     Hoy toca ir al Bioparc. Como es sábado puede ir su primo Inti con ellos. Este parque es un zoológico que está situado en la cabecera del rio, es muy bonito. Tienen que cruzar un puente muy alto para poder entrar; como Pablo se acerca demasiado a la barandilla, la abuela le pide que le de la mano, pero él niño no le hace caso, así que ella busca una excusa:
-¡Ay! Cuánto vértigo me da, ¿me podéis dar la mano? Enseguida Pablo se acerca muy protector y se agarra de la mano de su abuela.
-A mí no me da vértigo. ¿Qué es el vértigo abuela? Ella se lo explica y de esa manera consigue llevarlo sujeto hasta que pasan el puente.
Inti hace de cicerone:
-Vamos primero a ver Madagascar.
Empiezan visitando la zona dedicada a la isla de Madagascar y lo que más les gusta son los lémures y la fossa. Es la primera vez que ven una fossa. Parece una leona pequeña pero muy musculosa.
También hay leones gorilas, hipopótamos, jirafas, serpientes, búfalos y un montón de animales más. Lo que más les ha impresionado han sido los elefantes cuando se echan barro con la trompa por encima.
Los abuelos dicen que es el parque más bonito que han visto y eso que han estado en muchos.

     Cuando llegan a Murcia tienen un montón de cosas que contar a sus padres.
Pablo es un chico muy despierto; su abuelo le dice:
-Pablo, eres muy listo-, y él contesta:
-No abuelo, es que me fijo mucho.

      La otra tarde le preguntó a su abuela:
-Abuela, ¿los percebes son caros?
-Pues sí son caros porque son difíciles de pescar-, le contesta
-Se pescan donde hay muchas rocas ¿verdad?
-Sí y además normalmente se agarran en las zonas en donde las olas baten más fuerte.
-En mi playa en Campoamor hay muchos, y este verano yo voy a vender percebes.
-Me extraña que en Campoamor haya percebes-
le responde sorprendida.
-Abuela, ¿cómo se cogen los percebes?-, continúa.
-Pues con un cuchillo para poder despegarlos bien de las rocas-, le explica.
-Y ¿con tijeras no se puede?-, sigue preguntando.
-Yo creo que no, porque las romperías-, le aclara.
-Pues yo este verano voy a vender percebes y pescadillas. En mi playa hay muchas, yo las he visto.
-Sí, pero tienes que pedir un permiso en el ayuntamiento para que te dejen vender.
-Y para vender en la calle ¿también?
-Sí,- le contesta.
-Sabes lo que te digo, que a lo mejor mi madre no me deja vender pescadillas, porque el año pasado me metí donde va mi hermano Guillermo y mi primo Fernando a bucear y casi me ahogo. Tuvo que entrar ella a por mí porque no llegaba a la orilla.

     Pablo no sabe lo que será de mayor pero lo que sí sabe es manejar las matemáticas como nadie; le gusta también leer, montar en monopatín, en bicicleta y, sobre todo “EL JAMÓN DE JABUBO”, como decía cuando era pequeño. 

 También se divierte mucho cuando duerme en casa de su primo Quique.

     Hoy está muy contento porque, por primera vez, va a recibir la primera comunión. Ha estado dos años preparándose porque es algo muy importante: va a estar con Jesús cada vez que comulgue. Pablo es un niño muy bueno, así que todas las personas que están aquí, acompañándole en este día tan importante, saben que Jesús estará, siempre, muy contento con él.

     Fin

 

Autora: Conchita García de las Bayonas.
Ilustración: Guillermo Martínez Ortiz y
Pablo Martínez Ortiz.

martes, 22 de abril de 2014

Manualidades con gomitas.


Ningún niño sin saber cómo se hacen las pulseras con gomitas.


  
 
 
Ante la aceptación que han tenido entre los niños y las niñas las manualidades con gomitas subo a mi blog el link de un vídeo en donde, Teresa, una niña canaria muy simpática, explica como hacer distintas flores.  Está muy claro, así que no creo que os sea dificil seguirlo . Ahí va. http://youtu.be/yeaGditzEvo

martes, 15 de abril de 2014

Es mi mamá. Cuento infantil para niños a partir de cuatro años.


                                            ¡ Por fin nació!
Hoy estoy muy contenta porque, gracias a  Gerbera Libros Infantiles,  ya está aquí, bueno, allí, mi nuevo cuento  “Es mi mamá”. Digo allí porque se ha editado en Argentina. Los dibujos tan simpáticos  que estáis viendo han salido de la mano del gran ilustrador Maco Pacheco; sus dibujos son estupendos de verdad.
En este cuento se  trata de forma divertida la decisión  que tiene que tomar la pata Paca de adoptar a un nuevo  miembro en la familia.
La editorial Gerbera Libros Infantiles ha usado una tipografía especial para niños disléxicos, aunque no afecta  nada a  la lectura de los normo lectores. Es adecuado a partir de cuatro años. Estoy segura que os encantará.
Como ya os he dicho, este cuento se ha editado en Argentina  y no se vende en España, pero si alguno de vosotros lo queréis  leer no tenéis más que pedirlo a esta dirección.
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miércoles, 2 de abril de 2014

El ogro Zampón : Educación infantil y primaria.

Para festejar el día del libro infantil y juvenil.

 
 
  El ogro Zampón
 

Hace mucho tiempo, en un país muy lejano,  vivía un ogro muy desagradable al que apodaban Zampón; era  famoso por su tremenda glotonería y porque se comía todo lo que  se ponía a su alcance, desde pequeños animales hasta grandes ciervos.Habitaba dentro de un gran  que un bosque atravesado por un río muy caudaloso. Cuando los salmones estaban en la época del desove, era recorrido contra corriente por miles de ellos que subían a poner sus huevos hasta el lugar en donde habían nacido. En esa época, el ogro se ponía ciego de salmón y, si era necesario, se peleaba con los osos que se acercaban a sus orillas  para alimentarse. Contaban que también habían caído en sus redes algunos niños que, desobedeciendo a sus padres, se habían internado en el bosque, claro que  él siempre lo negaba y decía que eran rumores. Aun así, todos los peques de los alrededores vivían en continua zozobra y los habitantes del pueblo sufrían mucho cuando Zampón les hacía alguna visita porque  el ganado desaparecía de sus corrales y, luego, estaban durante mucho tiempo pasando hambre por su culpa. Un día, hartos de ser su despensa, fueron a quejarse a Bellorita, el hada de los bosques. Bellorita estaba muy disgustada con el comportamiento del ogro porque ella amaba a los habitantes de sus bosques y a sus animales y le fastidiaba mucho que no los dejase vivir en paz, así que Bellorita se hartó de tantas quejas y fue a hablar con el ogro:
-Zampón, ya estoy cansada de tu gula. Todo el mundo protesta porque te comes todo lo que pillas lo mismo de noche que de día.  Eso no se puede ser, ¿por qué no te acostumbras a comer frutas silvestres,  bayas y miel?
-Con esos alimentos no tengo ni para el aperitivo; ya lo sabes Bellorita, no puedo obedecerte-, dijo el ogro, mientras se limpiaba los dientes con un junco del rio, que utilizaba a modo de palillo.
El hada le escuchó enfadada y se dio cuenta de que Zampón no iba a cambiar nunca.
-Mira  lo que te digo, sino me haces caso, cada vez que te comas un animal de mis territorios, la boca se te hará más pequeña y, luego, cuando te vea,  me daré cuenta de que no me has obedecido.
 -Si se cree que me voy a quedar sin comer por esta tontería, está lista.  Estoy seguro de  que se me pasará pronto el efecto de su castigo.
Zampón se marchó a buscar  alimento; cazó  otro conejo y una perdiz  pero, cuando se dispuso a comérselos, se dio cuenta de que no tenía dientes como los osos hormigueros y, además, su lengua le había crecido bastante por lo que se le hacía un lío en la boca. Tuvo que soltar a los dos animales al comprobar que le  sería imposible comérselos.
Ese día estuvo malhumorado viendo correr a su alrededor a los cervatillos sin que pudiese hacer nada para aliviar su apetito. Se le hacía la boca agua, pero sabía que no les iba a poder hincar el diente  porque ya no tenía y, además, aunque los hubiera tenido, el tamaño de su boca era tan pequeño que no se podía meter casi nada dentro. Poco a poco empezó a desfallecer cuando el hambre le atacó como una enfermedad. Cansado,  se  sentó  encima de  un hormiguero sin darse cuenta y,  al poco rato, las hormigas empezaron a subírsele por las perneras  de los pantalones que eran muy anchas  y  empezaron a picarle en las espinillas y las pantorrillas; tuvo que levantarse de un salto y   quitárselas a base de  manotazos. Se sacudía tan fuerte que  mató  a unas cuantas; entonces, notó  que despedían un olorcillo bastante extraño, pero agradable;  sacó la lengua y observó, con horror, que por lo menos medía 60 o 70 centímetros, pero, pronto se recuperó del susto y chupó el líquido que se le había quedado en la palma de la mano. ¡Caramba, aquello no sabía mal del todo!
-“Peor es morirse de hambre”- pensó y, así, en ese momento,  decidió usar su nueva y larga lengua para algo útil, comería hormigas.
La dieta del ogro cambió; a partir de entonces solo comía cosas pequeñas como le había sugerido una vez Bellorita: bayas, fresas silvestres, moras, miel y por supuesto hormigas. También cambió su  actitud, se volvió menos fiero y  ya no les daba miedo a los vecinos a pesar de que ahora era bastante más feo que antes. Sin embargo seguía teniendo tanta hambre que, a veces, les suplicaba  que le diesen un poco de papilla, cuando  los veía  hacer la comida de los  niños. Ahora  el ogro les  daba pena y  siempre le guardaban un poco para él.
Bellorita, extrañada de que ya no fuera nadie  a quejarse,  se acercó un día  a ver a Zampón. Ya no se acordaba del castigo que le había impuesto  y, cuando se encontró con  él, no pudo dejar de reírse durante un rato viendo la pinta tan extraña que tenía.
-¿Qué te ocurre, Zampón?, con esa boca no creo que seas capaz de comer ningún animal de mi bosque. Te aconsejé que comieses miel, bayas y frutas, pero no me hiciste caso. Ahora no pareces ni un ogro ni nada. Yo no sé qué voy a hacer contigo, todos los bosques necesitan ogros que atemoricen y espanten  a  bandidos, brujas y otros individuos indeseables. Con esa pinta nadie te tendrá miedo y yo necesito asustar a seres más terribles que tú. Tendré que traer a otro ogro que infunda más temor pero que no sea tan glotón.
Zampón la escuchaba  y no podía creer lo que Bellorita le estaba diciendo. ¡Tenía que marcharse de su bosque! ¿Dónde iría? Ya no era un ogro joven y con esa cara sería el hazme reír de todos. De repente pensó que todavía podía arreglarse su problema.
-Bellorita,  sé que no te hice caso cuando me aconsejaste que  dejase en paz a tus animales, pero ya tengo menos hambre, me he acostumbrado a comer poco; si te prometo que  voy a dejar en paz a tus ciervos y a los conejos y que voy a seguir con esta dieta casi vegetariana, ¿me dejarás que siga viviendo en tu bosque?
El ogro la miraba suplicante con esa cara tan rara que Bellorita no pudo por menos de sentir lástima de él.
-Vale, te pondré a prueba dos semanas; si pasado ese tiempo no recibo ninguna queja de ti, te dejaré que sigas siendo el ogro de este bosque.
Zampón le dio las gracias y le aseguró que no se arrepentiría de su decisión. Bellorita se marchó confiada en que se portaría bien y, a la mañana siguiente, le levantó el castigo. Cuando el ogro se despertó fue como todos los días a lavarse en el río y a beber y, cuando se inclinó sobre el agua, pudo ver con sorpresa que había recobrado su aspecto anterior. Volvía a tener su cara redonda, su boca grande parecida a las de los hipopótamos y para su desgracia, también su apetito voraz. El hambre que tenía anteriormente volvió a atormentarle. Él  había hecho una promesa al hada y no quería defraudarla ni que le echase del lugar en dónde había nacido, así que se fue a ver a un granjero amigo de él.
-Matías, por favor, tienes que ayudarme, no quiero romper la promesa que le he hecho a Bellorita; déjame  encerrado en tu casa para que no pueda ir a cazar. Si no cumplo mi promesa, el hada me echará del bosque.
-No te preocupes, te encerraré con llave en una habitación de la planta de arriba y yo te daré el alimento que crea que necesitas, pero solo el necesario,  porque a nosotros tampoco nos sobra la comida. Mientras que estés aquí encerrado, puedes ayudarnos a hacer  capazos de esparto  para  que luego  pueda venderlos en el mercado.
 Zampón estuvo de acuerdo; Matías, tres veces al día, le llevaba lo necesario para no morirse de hambre y, él, a cambio,  hacía unos   cestos preciosos que  gustaban  mucho a los habitantes del pueblo vecino. Sin embargo, como era tan  tragón, la comida que le llevaba Matías  le quedaba un poco  escasa y  a veces pensaba en  saltar desde el primer piso, ir a cazar y luego volver otra vez a la casa, pero, inmediatamente, recordaba su promesa y volvía a su trabajo para olvidar los malos pensamientos. Un día estaba tan desesperado que llamó a Matías y le pidió ayuda:
-Matías, por favor, sube un momento.
-¿Qué quieres? Estoy trabajando.
-Necesito que me ayudes, no creo que pueda aguantar  más sin comer.
Matías  lo vio tan desesperado que  pensó  que había que hacer algo  para ayudar a su amigo y decidió salir todos los días con él al bosque a pasear,

así veían lo bonito que estaba, cogían flores, bayas, nueces y moras y,  después,  recolectaban  miel  y la untaban en un trozo de pan con queso que se llevaban en un pequeño zurrón y que  les sabía a gloria bendita. Entonces, Matías le hacía ver que si no cumplía la promesa iba a perder todas esas cosas tan buenas que tenían delante y, después, volvían tranquilamente a su casa. Al cabo de una semana,  el ogro notó que tenía menos hambre, que estaba logrando reducir su apetito y que, además, había adelgazado. ¡Por fin había obtenido  una recompensa por su sacrificio!


Pasaron las dos semanas y Bellorita fue al pueblo a visitarle para comprobar si había cumplido con lo prometido. Cuando le vio, no podía creerse el cambio efectuado en él: su cara ya no era una luna llena y, además, podía  llevar  zapatos porque al  tener menos barriga  llegaba a atarse los cordones.
-Vale, Zampón, veo que eres digno de confianza, te  quedarás  a vivir en mi bosque. Ahora estás más ágil y si vienen bandidos los puedes perseguir porque  puedes correr tras ellos.
Zampón recibió con mucha alegría las palabras del hada pero se dirigió a ella y le dijo:
-Bellorita, te voy a pedir un favor, me gustaría que dejaseis de llamarme Zampón, me recuerda una época de mi vida  de la que no estoy satisfecho.
-Me parece bien pero qué nombre te podemos poner, ¿se os ocurre alguna idea?-preguntó Bellorita a las personas que estaban allí reunidas.
-Bellorita, Zampón ha cumplido con lo que te prometió por eso yo creo que podríamos llamarle “Cumplidor”- dijo un chico muy avispado que vivía en la casa roja del bosque.
Todo el mundo se quedó un poco extrañado, ¿Cumplidor?, nunca habían oído un nombre tan raro, pero tampoco habían conocido a nadie que se llamase Zampón, solo a su ogro. A Bellorita se pareció bien:
-Cumplidor, me gusta, tiene sonoridad y ahora le hace justicia.
Todos los vecinos aplaudieron al niño por la idea y a Cumplidor por haber tenido fuerza de voluntad  y vencer al hambre. Así, desde aquel día, Cumplidor vigiló el bosque y lo defendió de personas indeseables y todos se hicieron sus amigos porque, gracias a él, nunca volvieron a tener miedo de nada.


Todos los dibujos y fotografías que ilustran este cuento están sacadas de internet.