Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

martes, 26 de octubre de 2021

UN DIENTE EN EL BOCADILLO

Dibujo de Guillermo Martínez Ortiz.

                                                        Un diente en el bocadillo

Parece ser que con el otoño, además de la caída de las hojas, llega la caída de los dientes, como le ha pasado a mi nieto José Miguel. Espero que os guste su aventura.

 

 

José Miguel miraba con apetito el bocadillo que le acababa de dejar su madre encima de la mesa. Era de jamón y tomate rallado. Las lonchas de jamón asomaban por los costados del pan y parecían decir “Comedme”, o eso es lo que creía escuchar José Miguel cuando las miraba. Lo del tomate, eso ya era distinto. Hubiera preferido que estuviera solo el pan, pero no había forma de que sus padres aceptasen el hecho de que a él no le gustaba la verdura.

Empezó a mordisquearlo con delicadeza para saborearlo bien. Su hermano Carlitos le miraba con envidia. Él quería otro igual, pero ya había merendado un trozo de bizcocho y su madre le dijo que después del bizcocho, un bocadillo era demasiado.

José Miguel abrió la boca todo lo que pudo porque el pan era bastante alto, casi no le cabía, hincó los dientes, y notó como algo se desprendía de su encía aunque sin hacerle daño. Miró y para su sorpresa vio un pequeño dientecito clavado en el bocadillo.

—¡Mamá, papá! ¡Se me ha caído un diente!, ¡se me ha caído un diente y no me ha dolido nada!

El niño salió corriendo a decírselo a sus padres y abuelos que estaban charlando en la cocina.

Todos le dijeron que se lo enseñara, pero cuando el niño volvió a por el bocadillo, el diente había desaparecido.

En ese momento se armó un gran alboroto; pusieron el bocadillo encima de la encimera y empezaron a diseccionarlo como si estuvieran operándolo, pero nada, el diente no aparecía.

—¡Tiene que estar ahí!, ¡tiene que estar! —decían los mayores.

—Mira bien entre el jamón —le decía José Miguel a su padre.

José Miguel seguía muy sorprendido ante el jaleo que se había armado.

—Tiene que aparecer para que lo pongas debajo de la almohada, y el ratoncito Pérez te traiga este noche un regalo —le decían sus abuelos.

José Miguel no hacía más que mirarse, en el espejo, la mella que se le había quedado en la encía, sin prestar atención al lío que se había formado en la cocina buscando su diente.

—“Pobre bocadillo” —pensaba Carlitos.

—Hay que encontrarlo para guardarlo, ahora están investigando

 si se pueden sacar células madres para curar enfermedades —

comentaban los abuelos.

De repente alguien se acordó del perro.

—¡Tango!, puede que se lo haya comido él.

Todos se fueron corriendo hacia el salón. El perro, al verlos acercarse a él como locos, se escondió debajo de la mesa.

—¡Tango!, ¡sal! —le decían a voces.

Al final, el  pobre animal obedeció. Lo primero que hicieron fue abrirle la boca por si todavía no se lo había tragado, pero los únicos dientes que se veían eran lo propios del perro, que por cierto, eran bastante grandes y fuertes. Menos mal que el boxer era un santo y aguantó sin cerrar la boca hasta que lo dejaron en paz.

—Bueno, seguro que cuando mañana limpiemos el salón aparecerá, no te preocupes —le dijo su madre viendo la cara de disgusto que tenía el niño —.  Además, el ratoncito Pérez sabe que se te ha caído, seguro que te deja algo debajo de la almohada.

—¿Y por qué lo sabe? —preguntó Carlitos.

—El ratón Pérez es un mago,  sabe todo lo que se refiere a los niños.  —le contestó su padre.

Después de un rato revolviéndolo todo, dejaron de buscar el diente.

Los abuelos se fueron a su casa y los niños a la cama. José Miguel estaba un poco triste.

—No te preocupes, ya verás como te traerá un regalo.

Carlitos y Clarita se acostaron con ganas de hacerse pronto mayores para que el ratoncito les trajese a ellos también un regalo.

Cuando la mamá se quedó sola, bajó al salón y se agachó para buscarlo detenidamente en la alfombra.

¡Allí estaba!, ¡al lado del sillón! Tanto buscar dentro del bocadillo y en la boca de Tango, y  se les había pasado mirar bien en el suelo.

Cuando subió para decírselo al niño, este ya estaba dormido, seguro que estaba soñando con un mundo de ratones y palacios de nácar.

Colocó con cuidado el dientecito debajo de la almohada y se fue a dormir.

Al día siguiente un reluciente coche rojo apareció debajo de la cabecera.

¿Cómo era posible que un ratón tan pequeño hubiese   podido subir el coche a la cama?  Se preguntó de nuevo José Miguel.

—¡Es un ratón mágico! —recibió por respuesta.

 

 

lunes, 19 de julio de 2021

Las aventuras veraniegas del pulpo Pepito. Para todas las edades.




 


El pulpo Pepito, autor Guille.

Las aventuras veraniegas del pulpo Pepito.

 

 

 

            Pepito, el pulpo, está preparando una preciosa maleta toda forrada de conchas y  caracolas. Se va  de vacaciones por primera vez en su vida. Él vive en el fondo del mar,  pero quiere cambiar de ambiente como todo el mundo. ¡Por fin, ha llegado el verano!

 Elige una bonita costa del mediterráneo para pasar el mes de agosto, concretamente una playa de arenas doradas que le conquistan por su belleza.  Entre la arena hay  rocas llenas de cuevas  donde esconderse, algas, anémonas y esponjas, tan bonitas y llenas de colores, que decide quedarse allí durante un tiempo.

—Aquí pasaré mis vacaciones. Este sitio me gusta, parece tranquilo.

 Pepito, el pulpo, está tan cansado que estira sus ocho tentáculos llenos de ventosas y se pasa un rato  tomando el sol bajo las aguas cristalinas.

Busca una gruta protegida por  anémonas y algas. Los habitantes de la zona son peces muy amables y pacíficos que  lo reciben con las aletas abiertas.

—Nos alegra mucho conocerte, Pepito —le dicen unos boquerones que  nadan con movimientos muy elegantes delante de él, presumiendo de sus reflejos plateados.

Una preciosa estrella de mar de color anaranjado se acerca avanzando por la arena con  unos movimientos tan sugerentes que parece que está bailando. 

—Nunca  había venido un pulpo de vacaciones por estas rocas, ¡ya iba siendo hora de tener otros vecinos! —exclama muy contenta.

—Los que vivimos  aquí estamos hartos de ver siempre las mismas caras  —comenta un erizo de púas negras y brillantes, mirando a doña Elisa, la estrella, con cara de aburrimiento.


Se acerca, moviéndose con elegancia, un caballito de mar al que todos saludan cariñosamente.

—¿Qué tal Carmelo?

Carmelo enseguida ve al pulpo y empiezan a charlar como si fueran amigos de toda la vida.

Mientras están hablando, aparece por allí Vicente, el cangrejo. Va muy rápido moviendo sus patas muy ligero, parece que tiene mucha prisa.

—¡Hola a todos! —dice efusivamente—. Siento deciros que no me puedo entretener, necesito llegar a mi casa cuanto antes.

—Espera un momento, que te vamos a presentar a don Pepito. Acaba de llegar de vacaciones.

Don Pepito saca uno de sus tentáculos para saludar al recién llegado y  estrechar una de las pinzas de  Vicente con mucha alegría, pero  las ventosas del pulpo se le pegan a las patas del cangrejo. ¡Madre mía!  Qué jaleo se han hecho, los ocho brazos del pulpo  enredados entre las patas del cangrejo. Vicente se ha llevado un gran susto. ¡Por fin consiguen separarse!

—Siento haberle asustado —dice disculpándose el pulpo—. No soy muy habilidoso con mis tentáculos.

—¡Menudo susto me ha dado, don Pepito! Por aquí hay algunos individuos que no son de fiar. Por un momento pensé que quería comerme —le dice el cangrejo mientras se aleja  corriendo.

Todos se han quedado un poco sorprendidos ante lo ocurrido.

Doña Elisa, la estrella piensa que hay que organizarle una fiesta de bienvenida al nuevo vecino.

—¿Qué os parece si esta noche celebramos un baile para conocernos un poco? Le diremos  al calamar que venga. Él toca muy bien las maracas.

—Pues yo con las conchas vacías de las caracolas toco la batería —añade Pepito.

—¡Ah! ¿Sí? —exclaman todos.

 —Sí y, además, sé tocar la caracola.

La estrellita le mira muy ilusionada. ¡Con lo que a ella le gusta bailar!

—Le diré a la morena que te consiga una concha vacía de caracola. A ella también le gusta mucho la fiesta y…

Todos están charlando tranquilamente, cuando de repente ven reflejadas en el agua las sombras de dos niños.

            —¡Socorro, sálvese quien pueda! Ya están aquí los pescadores de todos los días. Escóndete Pepito, rápido.

            A Pepito no le ha dado tiempo a meterse en la cueva y nota como una mano lo coge y lo sujeta; él suelta la tinta azul para escabullirse, pero ya es tarde. Los niños lo sacan del agua y lo meten en un cubo.

            —¡Un pulpo! ¡Hemos cogido un pulpo!

  Pepito oye gritar a Guille y a Pablo como locos. Cree que ha llegado su hora.

—¡Mira que   venir a esta playa para terminar en una cazuela! Con lo a gusto que estaba en el fondo del mar —piensa aterrorizado.

—Vamos a enseñárselo a mamá —dicen los chicos.

Los niños llevan el cubo con Pepito, muy asustado. El pulpo mira hacia el cielo y solo ve un montón de caras que le observan con asombro.

Después de estar enseñándolo a todos los bañistas, escucha una voz:

—Bueno chicos, ya va siendo hora de que lo echéis otra vez al mar. Ya sabéis que los pulpos están protegidos —dice la madre de los pequeños.

Ellos se meten en el agua y con mucho cuidado vuelcan el cubo para que Pepito salga sin hacerse daño.

—Después de este susto, necesitaré dos o tres días para reponerme. Además, venir de tan lejos me ha dejado agotado.

Por fin Pepito puede descansar, acurrucado en su cueva se duerme plácidamente.

Pero por la noche, a la entrada de su cueva están todos sus amigos llamándole, con gana de juerga. No le dejan descansar todo lo que él quisiera.

Se han acercado a la gruta todos sus vecinos: Vicente, el cangrejo, Elisa,  la estrella, Carmelo el caballito, Casimiro, el erizo  y una morena larga, larga que le asusta hasta a él.

Autores Guille y Pablo, los pescadores de pulpos.

—No tengas miedo, está es Catalina —dice la estrella—. Te ha conseguido una concha de caracola para que hagas música.

Enseguida llega el calamar y le acompaña. Los dos  tocan la batería  sobre caracolas vacías y la cosa se empieza a animar. Unas almejas se agregan al grupo y tocan las castañuelas.

 El caballito de mar con otros amigos empieza a ejecutar una danza uniendo sus colas. Llegan los boquerones, las medusas, y otros peces de muchos colores; todos bailan al compás haciendo una coreografía tan linda, que ya la quisieran en los campeonatos  del mundo en natación sincronizada.

Todos cantan una canción que está muy de moda entre los cuarenta principales de los fondos marinos, se llama: Bajo el mar. 

Bajo del mar, bajo del mar

 Nadie nos fríe ni nos cocinan en una sartén

Si no te quieres arriesgar bajo del mar te quedarás.

Y sin problemas entre burbujas tu vivirás, Bajo del mar!!!!

 

Se lo están pasando pipa pero ha llegado don Mero, el policía acuático  de la zona a poner orden.

—¡Ya es hora de acostarse! Las sardinas y las pescadillas se están quejando, mañana tienen que salir para realizar un largo viaje.

¡Ooooh! Tienen que terminar la fiesta y  marcharse. Todos se despiden hasta el día siguiente.

El pulpo Pepito piensa que en sus primeras vacaciones se lo va a pasar pipa.

Cuando sale el sol se asoma a la gruta y allí  le están esperando, Elisa, la estrella y  los demás vecinos.

—¿Qué tal has dormido? —le preguntan—. Perdona, pero ayer, con el lío de la fiesta no pudimos avisarte de que en esta playa hay muchos niños que  se entretienen pescando. ¡No puedes estar distraído ni un segundo! Ya lo sabes —le advierte su vecina—. A la única que no molestan es a Catalina, la morena, porque tiene unos dientes tan grandes que les asusta enseguida.

De repente alguien dice de nuevo.

EL VERDADERO PULPO PEPITO.

—¡Atención! ¡A los escondites! Ya están aquí otra vez los pescadores.

Pepito ve que en un momento desaparecen todos sus amigos y él vuelve a quedarse solo. No le da tiempo a meterse en la cueva.

“Las mismas sombras de ayer y la misma mano. Esta vez voy a defenderme, no me van a coger tan fácilmente” —piensa.

Pepito extiende sus tentáculos: con dos de ellos se agarra a la roca  y con el resto empieza a presionar con sus ventosas en los dedos y en el brazo de Guille, pero este lo sujeta con la otra mano y… ¡otra vez al cubo!

—¡Otro pulpo! ¡Otro pulpo! Ya llevo dos este año —vuelve a gritar.

—Pero… ¡este niño es tonto! ¿Es que no se da cuenta de que soy el mismo de ayer?

El pulpo ya no está tan asustado como la primera vez, pero no está dispuesto a seguirles el juego a los chicos. ¡Como sigan así, le van a dar las vacaciones!

—Seguro que mientras esté por aquí,  voy a tener que aguantar lo mismo todos los días. Si esto se vuelve a repetir, hago la maleta y me largo.

Después del segundo susto, don Pepito no tiene ganas de muchas juergas y aunque van a buscarle las medusas, los boquerones y otros habitantes marinos, él prefiere quedarse tranquilo en su escondite.

De pronto, ve de nuevo sombras alrededor de su cueva.

—Tienen que estar por aquí, parece que este año hay muchos pulpos.

—No me lo puedo creer. ¡Otra vez dando la lata! —exclama Pepito.

—¡Aquí, aquí hay otro! —grita una voz bastante conocida por nuestro amigo. Mamá, he visto otro pulpo. ¡Tres llevo este año!

—¡Queréis dejar en paz a los pulpos! —les ordena su madre—. Ya está bien. ¡Pobrecillos!

Los niños se salen del agua enfadados, pero Pepito ya no aguanta más sustos. Lo tiene decidido, allí no va a poder descansar, así que decide volver a casa.

Ya ha hecho la maleta de conchas y caracolas y se despide de todos los que le habían acogido tan amablemente, les da su dirección por si algún día quieren ir a visitarle. Todos se quedan muy tristes y le dicen adiós moviendo unas algas muy largas a modo de pañuelos. Doña Elisa, la estrella es la que está más apenada, ya tenía  preparada otra concha de caracola vacía para la próxima fiesta.

             A la mañana siguiente, los pescadores no encuentran ningún pulpo más, se les ha acabado la buena racha. Ahora se tendrán que contentar con jugar a la pelota, que también es muy divertido.

A mis nietos Guille y Pablo, pescadores de pulpos.

La letra de la canción es parte de la banda sonora de la película La Sirenita.



Gonzalo, un niño de cinco años, ha dibujado a su primo Jorge y a Guille y Pablo cuando pescaron al pulpo Pepito.
¿A que está muy gracioso el dibujo?










lunes, 14 de junio de 2021

FESTIVAL DE HAIKUS 4

 

LLEGÓ EL CALOR

EL ÁRBOL SE DESVISTE

Y SE RENUEVA..










BUSCAN LA SOMBRA

LAS HORTENSIAS EN MURCIA

HUYEN DEL SOL.



















CUÁNTA TRISTEZA

 ADIVINA EN EL ROSTRO

EL CAMKINANTE.

FESTIVAL DE HAIKUS 3

 ATARDECER

EL ALMA ATORMENTADA

BUSCA SOSIEGO.


MADURANDO AL SOL

LAS ESPIGAS SE OFRECEN

PARA SACIARNOS.






ROSA ENCENDIDA

PRESTA COLOR Y AROMA

AL CAMINANTE.

 











AZUL DE MAR

PROMESA DE DESCANSO

FIN DE PANDEMIA.

FESTIVAL DE HAIKUS 2


 

PUESTA DE SOL

PRELUDIO DE LOS SUEÑOS

EN LA LAGUNA.

 



ASÍ ES LA ROSA

EXPLOSIÓN DE COLORES

Y DE BELLEZA.









LLUEVE EN LA CIUDAD

UN RICO CHOCOLATE

ME ALEGRA EL DIA.




MAJESTUOSA

LA CATEDRAL DE MURCIA


SIEMPRE SORPRENDE.

FESTIVAL DE HAIKUS 1

  LA CHIMENEA

 SENCILLEZ Y ELEGANCIA 


ENTRE PALMERAS.


   







EL SOL SE ESCONDE

JUGANDO AL ESCONDITE

SALE LA LUNA.




TIENE LA DAMA

PARA EL MARINERITO

LINDO REGALO.


martes, 18 de mayo de 2021

LLUEVE (A mi nieta Clarita)

Dibujo realizado por Guille Martínez Ortiz

 

LLUEVE


Llueve en la ciudad,

el cielo está gris.

Clarita se enfada

pues quiere salir.


La niña se ha puesto

sus botitas rojas,

y para taparse

un paraguas rosa.


El agua salpica

con fuerza los charcos

y le está manchando

la ropa de barro.


Menos mal que lleva

sus botitas secas.

Puede caminar

 o  quedarse quieta.

 

Cómo brilla  el campo

con el chaparrón.

 Ya no llueve nada,

 va  a salir el sol.

 

Todo se ha secado,

las nubes se han ido.

Los pájaros  salen

 contentos del nido.

 

La calle se llena

de niños y juegos.

Clarita  se acerca

y salta con ellos.

 

Ya no le hacen falta

sus botitas rojas

ni la chaquetita

ni el paraguas rosa.

 

 

 

 

 

 

martes, 27 de abril de 2021

LA MOCHILA

 




  

Cuando el bichito se vaya

voy a abrirte mi mochila

y verás salir de ella

cosas que no te imaginas.

 

Al principio sentirás

los besos y los abrazos

que yo no te pude dar

y que guardé con cuidado.

¡No se fueran a escapar!

 

 Si  allí metes  tu carita

y al fondo quieres mirar,

seguro que te sorprende

lo que te vas a encontrar.

 

Podrás descubrir mil cosas

que te pondrán muy contenta:

 el cine, el circo, la feria,

 las cosquillas en la oreja,

 poder  bañarte en la playa,

 y volar una cometa.

 

 

Las comidas del domingo

con la familia reunida

y fiestas de cumpleaños

con  tarta y vela incluida.

 

Podrás ver a tus primitos

sin llevar la mascarilla,

y  que  la seño del cole

tiene una cara muy linda.

 

Verás muchas poesías

que te voy a recitar

llenas de versos y rimas

que muy pronto aprenderás.

 

 Por último vas a encontrar

muchas canciones de cuna

que no te pude cantar

cuando eras pequeñita

y que tienes que escuchar.

 

Cuando aparezca la Luna

y se asome al ventanal,

verá que duermes tranquila,

que  todo está en su lugar,

 y  que eres  muy feliz.

 ¡Ya no podré pedir más!

 

                                   



viernes, 19 de marzo de 2021

FESTIVAL DE HAIKUS 1

 



VAN DISFRAZADAS

CON PELUCAS Y FALDAS

DE HAWAIANAS.



















                                                                 LA  PRIMAVERA,

                                                                 AL SON DE LAS TROMPETAS

                                                                 NOS ENAMORA.





HA AMANECIDO

LAS FLORES SE DESPIERTAN

CON ALEGRÍA.

                                                                 

jueves, 18 de marzo de 2021

ENSALADA DE HAIKUS


                                     

                                     

                                       AGUA TURQUESA.

                                       COMO PIEDRA PRECIOSA

                                       .ADORNA EL DÍA.








CON LINDAS FLORES,

AL LLEGAR LA PRIMAVERA

SE VISTE EL CAMPO










EN PRIMAVERA

LA ABEJA NOS PREPARA

SU RICA MIEL

EL BAILE DE LOS REPOLLOS





                                                          

                                     LOS REPOLLOS SE HAN VESTIDO

                                     CON UN TRAJE DE VOLANTES,

                                      LA FUENTE ENTRE MIL SUSPIROS

                                      LOS JALEA "PA QUE BAILEN".

                                      ¿BAILARÁN POR SEVILLANAS?

                                       O ¿QUIZA POR BULERIAS?

                                       LO QUE IMPORTA ES QUE NOS BAILEN

                                       Y NOS DEN UNA ALEGRÍA.                                         


jueves, 4 de febrero de 2021

REPOSICIÓN DEL CUENTO EL PICHÓN PEREGRINO CON MOTIVO DEL DÍA DE SAN BLÁS.

 En homenaje a San Blas y a ese dicho  "EN SAN BLAS LA CIGÚEÑA VERÁS" repongo este cuento.  Espero que os guste. Es el primer cuento que escribí después de mi jubilación, por eso le tengo un cariño especial.

Los dibujos me los hizo con mucha ilusión mi amiga Laura Bueno.

        

             ¡Las cigüeñas han llegado! —gritó Josemi.

         Todos los años esperaba ilusionado el regreso de sus amigas.  Al escucharle, la  gente que se encontraba sentada en la plaza del pueblo observó como unas sombras grandes oscurecieron momentáneamente el cielo. Las manchas oscuras se fueron aproximando con lentitud hasta el campanario de la iglesia y, majestuosamente, se posaron encima de él. Como siempre, ellas volvían en primavera, y esta se acercaba. En el campo  volvían a brillar los colores con más fuerza, los árboles iban vistiéndose de pequeños brotes verdes y los días se alargaban. El tiempo estaba soleado aunque fresquito.

          Frente a la iglesia, en una casa con un pequeño huerto, vivían Josemi y Fátima. En el tejado había un palomar y las palomas tenían sus crías sin preocupación; se sentían seguras sin el peligro de las lechuzas, sus grandes enemigas.

         La paloma Sacarina, a la que llamaban así sus amigas debido al color blanco de sus plumas, había puesto cinco huevos. Cuando pasó el tiempo necesario nacieron cinco  pichoncitos de los que estaba muy orgullosa.

         Ella también se puso muy contenta con la llegada de las cigüeñas. Por fin volvería a ver a su amiga Risueña. Sacarina la respetaba mucho y admiraba la elegancia y la fuerza que trasmitía al volar. Lo que más le gustaba de su regreso es que al atardecer volvería a escuchar sus historias sobre los peregrinos que se encontraba  cuando sobrevolaba el Camino de Santiago.

         A las seis de la mañana el reloj de la torre  despertaba  a todo el mundo con sus campanadas. Todos los días, por las mañanas,  las palomas y las cigüeñas estiraban sus alas y  peinaban sus plumas.

—Buenos días, Risueña.

—Buenos días Sacarina.

         Después de los saludos cada una se iba a cumplir con sus obligaciones y cuando caía la noche se reunían para contar lo que les había ocurrido durante esa jornada. En el palomar esperaban con ansiedad la llegada de Risueña, querían escuchar sus aventuras:

         —Venga Risueña, cuenta cómo te ha ido hoy —insistían sus amigas.

         —¿Cuántos peregrinos has visto? ¿Iban andando o en bicicleta? ¿Llevaban colgada al cuello la concha de Santiago?

          Siempre le preguntaban sin parar.

         Los pichoncitos de Sacarina iban creciendo y pronto se incorporaron al grupo de admiradores que la escuchaban por las noches. Risueña contaba sus experiencias sobre el Camino de Santiago:

         —Algo tiene ese camino. Cuando los humanos lo recorren  se transforman,  se hacen amigos y se hablan como si se conocieran de toda la vida. Es fantástico ver lo bien que se portan unos con otros. ¡Con razón dicen que es un camino mágico!

 

         La curiosidad de los pichones iba en aumento, en especial la de uno de ellos que preguntaba sin parar.

—“Cuando sepa volar bien, me iré  con Risueña” — pensaba.

         Pasaban los días y los hijos de Sacarina crecían mucho; ya casi estaban listos para salir del nido.

         De vez en cuando Josemi y Fátima subían al palomar. A los niños les gustaba mucho,  aún a sabiendas de que cuando lo hacían se solían llevar una reprimenda:

         —No debéis molestar a las palomas cuando están criando.

         Sacarina estaba muy contenta con sus retoños, pero le preocupaba  mucho uno de ellos. Era muy espabilado, pero creía que lo sabía todo, su madre le llamaba Listillo.

         —Mamá, ¿puedo  acompañar a Risueña?

          —No hijo, no. Ya irás cuando seas mayor y vueles con más seguridad. Ahora tienes que tener paciencia y esperar.

         Listillo lo tenía todo planeado, el primer día que oyera que iba a hacer buen tiempo, saldría volando en busca de los señores peregrinos. ¡En su casa se aburría tanto!

         Una mañana, todavía medio dormido, oyó entre sueños a su madre hablar con Risueña:

         —Risueña, ¿cómo está hoy el tiempo? Desde el campanario verás el  horizonte sin problemas.

         Listillo levantó la pluma que tapaba sus oídos y escuchó con atención la respuesta:

         —Creo que  vamos a tener un día estupendo, no hay ninguna nube en el cielo.

         ¡Eso es lo él estaba deseando! ¡Por fin llegó la hora!

         —¡Bravo!  Hoy empezaré mi viaje —dijo para sus adentros.

         Esperó a que su mamá saliera a buscar comida y, sin pensárselo dos veces, se pasó el pico por las plumas, las ahuecó y se preparó para empezar su aventura. Se colocó con cuidado al borde del nido y miró hacia abajo. Le dio un vuelco el corazón, ¡qué alto estaba aquello! Se acordó  de que su madre siempre se ponía en el alero del tejado, se dejaba caer y, cuando estaba en el aire, abría las alas y cogía altura. ¡Solo tenía que hacer eso! Parecía fácil. Se preparó en un saliente del palomar y realizó todos los preparativos necesarios para echar a volar.

         Algún detalle se le debió de pasar por alto pues, al intentar elevar el vuelo, ocurrió todo lo contrario de lo que él esperaba, empezó a caer y a caer, dándose golpes con todos los obstáculos que encontró en la pared hasta que acabó en el suelo. Se quedó tan aturdido que estuvo algunos segundos sin saber qué había pasado ni dónde estaba. Poco a poco fue reconociendo el lugar, recordó que cuando se asomaba desde el palomar, lo veía todos los días. Era el huerto de la casa; había  muchos árboles frutales  y  dos niños jugando. Con mucho miedo y dolor, Listillo se escondió como pudo dando pequeños saltos detrás de una maceta  y estuvo largo rato hasta que se acercaron  Josemi y Fátima.

         —Josemi, mira lo que hay aquí, un pichón del palomar; se ha debido caer, parece que todavía no puede volar, le faltan algunas plumas.

         —Vamos a avisar a mamá, ¡tendremos que curarle!

          Rápidamente salieron corriendo hacia la casa:

         —¡Mamá mamá!, mira lo que hemos encontrado, una paloma herida, ¿Podrás curarla?

         —Fátima, ya sabes que cuando se cae un pájaro del nido antes de tiempo es muy  difícil que sobreviva, pero vamos a intentarlo. Pobrecito, tiene el ala rota; vamos a vendársela, a lo mejor logramos que pueda volar algún día.

         Los tres se  lo llevaron dentro de casa, empezaba a caer la noche y hacía un poco de frío.

         Mientras, en el palomar, Sacarina que había vuelto con el buche lleno de comida se encontró con que faltaba Listillo. Nadie lo había visto y sus hermanos tampoco sabían nada. La paloma no paraba de preguntar a sus vecinas, ¡estaba desesperada! Fue en  busca de Risueña.

         —Risueña, ¿has visto a Listillo? Se ha escapado del palomar. ¡Qué va a ser de él! Se acerca  la noche y se va a morir de frío.

         —Sacarina, tranquilízate,  a ver si lo veo. Enseguida vuelvo.

         Risueña solo tuvo que planear un poco desde la torre para  darse cuenta  de que en la cocina de la  casa que había debajo del palomar  estaban curando al hijo de Sacarina. Remontó el vuelo y volvió rápida con la buena nueva.

         —No te preocupes Sacarina, está en buenas manos. La madre de Josemi y Fátima le está poniendo una venda en  el ala; se ha debido de golpear al iniciar al vuelo.

         Al oírla, Sacarina no pudo contener las lágrimas; pensar que no podía tenerlo cerca le produjo una tristeza inmensa.

         Listillo estuvo toda la noche arrepentido de no haber hecho caso de los consejos de su mamá. Tendría que esperar mucho tiempo para curarse la herida y, quizá, no podría nunca volar  como su amiga la cigüeña. Lloró y lloró hasta que empezó a amanecer. Al mirar por la ventana pudo ver a su madre posada en el alfeizar de la misma, esto le consoló.      Poco a poco se quedó dormido.

         Le despertó un gran alboroto en la casa. Los padres de Josemi y Fátima leían en voz alta una lista de objetos que estaban preparando y colocando en sus mochilas: cantimplora, saco de dormir, linterna, botiquín, crema para las rozaduras... Los chicos también preparaban su equipaje: dos bastones para caminar, sombreros, tres mudas y unas botas de montaña.

         —Bueno niños ¿estáis listos? Nos vamos en seguida.

         —Sí, papá, pero… ¿Qué vamos a hacer con el pichoncito? Si lo dejamos solo, se va a morir ¡Por favor, vamos a llevárnoslo! Nos ocuparemos  de cuidarle por el camino; hemos preparado una jaula y la llevaremos enganchada de la mochila.

         —¡Pero estáis locos!  Se morirá durante el viaje.

          La madre intervino en favor de Listillo:

         —Deja que se lo lleven. Si se queda aquí, van a estar todo el tiempo sufriendo por él.

         —Bueno —dijo el padre—, vosotros veréis, pero cuando se anda mucho, cualquier peso extra se hace insoportable.

         —¿”El Camino”? —pensó Listillo—. ¿”Será ese del que todos hablan”? Si fuera aquel al que se refiere Risueña, se cumplirían todos mis deseos. Aunque no pueda volar lo veré desde la tierra como un peregrino de verdad.

         La paloma Sacarina, desde arriba, vio como se alejaban todos con su hijo en una jaula colgada a  la espalda de uno de los niños. Empezó a llorar con desconsuelo pero el pichón desde abajo le gritó:

         —¡Mamá no te preocupes por mí! ¡Me voy a Santiago, soy un peregrino!

         Desde ese día, la paloma Sacarina esperó pacientemente el regreso de su hijo asomada al alero del tejado. Pasaron dos semanas y Listillo volvió de ese viaje, cansado, pero con todas sus heridas curadas.  Santiago le ayudó para que sanaran. Su madre y sus hermanos se pusieron muy contentos cuando les vieron llegar por el sendero. A los  pocos días  sus amiguitos  le abrieron la jaula.

         —Vamos palomita, tus heridas se han curado, ¡ya puedes volar!

         Listillo levantó el vuelo un poco temeroso al principio, pero luego, siguió elevándose  como si lo hubiera hecho durante toda su vida. La sensación de libertad era maravillosa. Se posó en el palomar y todos allí, le recibieron con mucha alegría.

         —Mamá, voy a volver a hacer el Camino, pero esta vez, con Risueña.

          —Este hijo mío no tiene arreglo —dijo a todas las palomas que estaban allí celebrando  su vuelta.

         Pasaron unos meses y, un día,  una extraña pareja formada por una cigüeña y una paloma sorprendió  a los peregrinos que hacían el Camino sobrevolando sus cabezas.

         A partir de entonces, todos los años al llegar la primavera, Risueña  y Listillo  emprenden un nuevo viaje; los dos se dejan llevar por la magia y el encanto del Camino de Santiago.