Mensaje de bienvenida
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lunes, 28 de febrero de 2022
BIBLIOTECA DE SUEÑOS
lunes, 21 de febrero de 2022
LA OTRA TARDE BAJÉ AL MAR
para buscar caracolas.
¡Quería
hacerme un collar!
Anduve toda
la playa
sin poderlas
encontrar.
Agachadita en la arena
busqué y
busqué sin parar,
pero el agua
me traía
solo espuma,
nada más.
Alguna bolsa
bailaba
como si bailase
un vals.
Mi alma se
entristeció
al verla feliz
flotar.
¿Dónde está
el mar de mi infancia
donde me solía bañar,
y jugaba con la arena
sin colillas
que quitar?
Yo no quiero
un mar sin conchas
aunque
pinchen al pisar
y me tenga que calzar
escarpines para andar.
Quiero peces, sal y viento
que me
acaricie al pasar.
Ver los barquitos
veleros
navegar sin
ensuciar.
Quiero revivir
mi infancia
para volver
a soñar
con un mar
limpio y salado,
como solía
encontrar
cuando era
muy pequeña
y no sabía
nadar.
martes, 11 de enero de 2022
CARLITOS Y LA CAMISETA DE HULK
Carlitos y la camiseta de Hulk
Carlitos está loco con su camiseta verde Es la camiseta que viste Hulk, uno
de sus héroes favoritos. La lleva puesta todo el día encima de su ropa y
también se la pone encima del pijama, si se descuidan
sus padres.
Cuando se viste con ella se pone en jarras y saca músculo, por eso, hoy va
detrás de su abuela como alma en pena.
—Abuela, ¡lávamela, porfi! Está manchada de chocolate. No me la puedo
poner así.
—Carlitos, no se va a secar, y no te la puedes
poner mojada.
—¡Que sí abuela! Por favor, lávamela y luego
me la planchas.
Ahí la han tocado en su punto flaco.
—Carlitos, eso de la plancha está reñido conmigo. Yo te cuento un cuento
si quieres, pero no me pidas que te planche nada porque no me gusta
planchar.
Carlitos está muy enfadado. Cuando se pone de mal humor no hay quien le
aguante.
—Anda, se me ha ocurrido una cosa— le dice la abuela—. La lavamos y
luego la meto en la secadora y así no hay que plancharla.
A Carlitos se le ha cambiado la cara, se le ha puesto una sonrisa que
parece un angelito. Ya se le ha pasado el disgusto, pero ahora va detrás de
la abuela preguntando que cuando va a terminar la lavadora. Ella le lleva a
la cocina y le dice:
—Mira, ¿ves? ¿Qué pone ahí?
—Pone 8.
—Pues hasta que no salga el cero, no se puede abrir, y ten en cuenta que la
lavadora cuanta al revés… 8,7,6,5,4,3,2,1,0.
A Carlitos le ha satisfecho la explicación, así que se sienta con las piernas
cruzadas mirando como se mueve el tambor, igual que si estuviera viendo
la televisión. Enseguida vienen Josemi y Clarita y se sientan a su lado.
Desde el salón se oye a los tres contando en voz alta: 7, al ratito 6, y así
hasta que la lavadora se para.
—¡Abuela! Ya se ha parado, sácala. Vamos a
ponerla en la secadora.
La meten en la secadora, pero como no se ve la camiseta desde fuera, e
s más aburrido estar sentado delante de ella, así que se va a jugar con sus
hermanos.
Al rato la camiseta ya está seca y como si la hubiesen planchado. La
abuela se la enseña a Carlitos. Él se ha puesto contentísimo. Se la pone y
sin decir nada se va al cuarto de baño. Se mira al espejo y saca musculitos
como su héroe favorito.
¡Qué fácil es hacer feliz a un niño1
martes, 26 de octubre de 2021
UN DIENTE EN EL BOCADILLO
![]() |
| Dibujo de Guillermo Martínez Ortiz. |
Un diente en el bocadillo
Parece ser
que con el otoño, además de la caída de las hojas, llega la caída de los
dientes, como le ha pasado a mi nieto José Miguel. Espero que os guste su
aventura.
José Miguel
miraba con apetito el bocadillo que le acababa de dejar su madre encima de la
mesa. Era de jamón y tomate rallado. Las lonchas de jamón asomaban por los
costados del pan y parecían decir “Comedme”, o eso es lo que creía escuchar
José Miguel cuando las miraba. Lo del tomate, eso ya era distinto. Hubiera
preferido que estuviera solo el pan, pero no había forma de que sus padres
aceptasen el hecho de que a él no le gustaba la verdura.
Empezó a
mordisquearlo con delicadeza para saborearlo bien. Su hermano Carlitos le
miraba con envidia. Él quería otro igual, pero ya había merendado un trozo de
bizcocho y su madre le dijo que después del bizcocho, un bocadillo era
demasiado.
José Miguel
abrió la boca todo lo que pudo porque el pan era bastante alto, casi no le
cabía, hincó los dientes, y notó como algo se desprendía de su encía aunque sin
hacerle daño. Miró y para su sorpresa vio un pequeño dientecito clavado en el
bocadillo.
—¡Mamá,
papá! ¡Se me ha caído un diente!, ¡se me ha caído un diente y no me ha dolido
nada!
El niño
salió corriendo a decírselo a sus padres y abuelos que estaban charlando en la
cocina.
Todos le
dijeron que se lo enseñara, pero cuando el niño volvió a por el bocadillo, el
diente había desaparecido.
En ese
momento se armó un gran alboroto; pusieron el bocadillo encima de la encimera y
empezaron a diseccionarlo como si estuvieran operándolo, pero nada, el diente
no aparecía.
—¡Tiene que
estar ahí!, ¡tiene que estar! —decían los mayores.
—Mira bien
entre el jamón —le decía José Miguel a su padre.
José Miguel
seguía muy sorprendido ante el jaleo que se había armado.
—Tiene que
aparecer para que lo pongas debajo de la almohada, y el ratoncito Pérez te
traiga este noche un regalo —le decían sus abuelos.
José Miguel
no hacía más que mirarse, en el espejo, la mella que se le había quedado en la
encía, sin prestar atención al lío que se había formado en la cocina buscando
su diente.
—“Pobre
bocadillo” —pensaba Carlitos.
—Hay que
encontrarlo para guardarlo, ahora están investigando
si se pueden sacar células madres para curar
enfermedades —
comentaban
los abuelos.
De repente
alguien se acordó del perro.
—¡Tango!,
puede que se lo haya comido él.
Todos se
fueron corriendo hacia el salón. El perro, al verlos acercarse a él como locos,
se escondió debajo de la mesa.
—¡Tango!, ¡sal!
—le decían a voces.
Al final,
el pobre animal obedeció. Lo primero que
hicieron fue abrirle la boca por si todavía no se lo había tragado, pero los
únicos dientes que se veían eran lo propios del perro, que por cierto, eran
bastante grandes y fuertes. Menos mal que el boxer era un santo y aguantó sin
cerrar la boca hasta que lo dejaron en paz.
—Bueno,
seguro que cuando mañana limpiemos el salón aparecerá, no te preocupes —le dijo
su madre viendo la cara de disgusto que tenía el niño —. Además, el ratoncito Pérez sabe que se te ha
caído, seguro que te deja algo debajo de la almohada.
—¿Y por qué
lo sabe? —preguntó Carlitos.
—El ratón
Pérez es un mago, sabe todo lo que se
refiere a los niños. —le contestó su
padre.
Después de
un rato revolviéndolo todo, dejaron de buscar el diente.
Los abuelos
se fueron a su casa y los niños a la cama. José Miguel estaba un poco triste.
—No te
preocupes, ya verás como te traerá un regalo.
Carlitos y
Clarita se acostaron con ganas de hacerse pronto mayores para que el ratoncito
les trajese a ellos también un regalo.
Cuando la
mamá se quedó sola, bajó al salón y se agachó para buscarlo detenidamente en la
alfombra.
¡Allí
estaba!, ¡al lado del sillón! Tanto buscar dentro del bocadillo y en la boca de
Tango, y se les había pasado mirar bien
en el suelo.
Cuando
subió para decírselo al niño, este ya estaba dormido, seguro que estaba soñando
con un mundo de ratones y palacios de nácar.
Colocó con
cuidado el dientecito debajo de la almohada y se fue a dormir.
Al día
siguiente un reluciente coche rojo apareció debajo de la cabecera.
¿Cómo era
posible que un ratón tan pequeño hubiese podido
subir el coche a la cama? Se preguntó de
nuevo José Miguel.
—¡Es un
ratón mágico! —recibió por respuesta.
lunes, 19 de julio de 2021
Las aventuras veraniegas del pulpo Pepito. Para todas las edades.
![]() |
| El pulpo Pepito, autor Guille. |
Las
aventuras veraniegas del pulpo Pepito.
Pepito, el
pulpo, está preparando una preciosa maleta toda forrada de conchas y caracolas. Se va de vacaciones por primera vez en su vida. Él
vive en el fondo del mar, pero quiere
cambiar de ambiente como todo el mundo. ¡Por fin, ha llegado el verano!
Elige una bonita
costa del mediterráneo para pasar el mes de agosto, concretamente una playa de
arenas doradas que le conquistan por su belleza. Entre la arena hay rocas llenas de cuevas donde esconderse, algas, anémonas y esponjas,
tan bonitas y llenas de colores, que decide quedarse allí durante un tiempo.
—Aquí pasaré mis vacaciones. Este sitio me gusta, parece
tranquilo.
Pepito, el pulpo, está
tan cansado que estira sus ocho tentáculos llenos de ventosas y se pasa un
rato tomando el sol bajo las aguas
cristalinas.
Busca una gruta protegida por anémonas y algas. Los
habitantes de la zona son peces muy amables y pacíficos que lo reciben con las aletas abiertas.
—Nos alegra mucho conocerte, Pepito —le dicen unos boquerones
que nadan con movimientos muy elegantes
delante de él, presumiendo de sus reflejos plateados.
Una preciosa estrella de mar de color anaranjado se acerca avanzando
por la arena con unos movimientos tan
sugerentes que parece que está bailando. 
—Nunca había venido un
pulpo de vacaciones por estas rocas, ¡ya iba siendo hora de tener otros vecinos!
—exclama muy contenta.
—Los que vivimos aquí estamos hartos de ver siempre las mismas caras —comenta un erizo de púas negras y brillantes, mirando a doña Elisa, la estrella, con cara de aburrimiento.
Se acerca, moviéndose con elegancia, un caballito de mar al
que todos saludan cariñosamente.
—¿Qué tal Carmelo?
Carmelo enseguida ve al pulpo y empiezan a charlar como si
fueran amigos de toda la vida.
Mientras están hablando, aparece por allí Vicente, el
cangrejo. Va muy rápido moviendo sus patas muy ligero, parece que tiene mucha
prisa.
—¡Hola a todos! —dice efusivamente—. Siento deciros que no
me puedo entretener, necesito llegar a mi casa cuanto antes.
—Espera un momento, que te vamos a presentar a don Pepito.
Acaba de llegar de vacaciones.
Don Pepito saca uno de sus tentáculos para saludar al
recién llegado y estrechar una de las
pinzas de Vicente con mucha alegría,
pero las ventosas del pulpo se le pegan
a las patas del cangrejo. ¡Madre mía! Qué
jaleo se han hecho, los ocho brazos del pulpo
enredados entre las patas del cangrejo. Vicente se ha llevado un gran
susto. ¡Por fin consiguen separarse!
—Siento haberle asustado —dice disculpándose el pulpo—. No
soy muy habilidoso con mis tentáculos.
—¡Menudo susto me ha dado, don Pepito! Por aquí hay algunos
individuos que no son de fiar. Por un momento pensé que quería comerme —le dice
el cangrejo mientras se aleja corriendo.
Todos se han quedado un poco sorprendidos ante lo ocurrido.
Doña Elisa, la estrella piensa que hay que organizarle una
fiesta de bienvenida al nuevo vecino.
—¿Qué os parece si esta noche celebramos un baile para
conocernos un poco? Le diremos al
calamar que venga. Él toca muy bien las maracas.
—Pues yo con las conchas vacías de las caracolas toco la
batería —añade Pepito.
—¡Ah! ¿Sí? —exclaman todos.
—Sí y, además, sé
tocar la caracola.
La estrellita le mira muy ilusionada. ¡Con lo que a ella le
gusta bailar!
—Le diré a la morena que te consiga una concha vacía de
caracola. A ella también le gusta mucho la fiesta y…
Todos están charlando tranquilamente, cuando de repente ven
reflejadas en el agua las sombras de dos niños.
—¡Socorro, sálvese quien pueda! Ya
están aquí los pescadores de todos los días. Escóndete Pepito, rápido.
A Pepito no le ha dado tiempo a meterse
en la cueva y nota como una mano lo coge y lo sujeta; él suelta la tinta azul
para escabullirse, pero ya es tarde. Los niños lo sacan del agua y lo meten en
un cubo.
—¡Un pulpo! ¡Hemos cogido un pulpo!
Pepito oye gritar a Guille y a Pablo como locos.
Cree que ha llegado su hora.
—¡Mira que venir a
esta playa para terminar en una cazuela! Con lo a gusto que estaba en el fondo
del mar —piensa aterrorizado.
—Vamos a enseñárselo a mamá —dicen los chicos.
Los niños llevan el cubo con Pepito, muy asustado.
El pulpo mira hacia el cielo y solo ve un montón de caras que le observan con
asombro.
Después de estar enseñándolo a todos los bañistas, escucha
una voz:
—Bueno chicos, ya va siendo hora de que lo echéis otra vez
al mar. Ya sabéis que los pulpos están protegidos —dice la madre de los pequeños.
Ellos se meten en el agua y con mucho cuidado vuelcan el
cubo para que Pepito salga sin hacerse daño.
—Después de este susto, necesitaré dos o tres días para reponerme.
Además, venir de tan lejos me ha dejado agotado.
Por fin Pepito puede descansar, acurrucado en su cueva se
duerme plácidamente.
Pero por la noche, a la entrada de su cueva están todos sus
amigos llamándole, con gana de juerga. No le dejan descansar todo lo que él
quisiera.
Se han acercado a la gruta todos sus vecinos: Vicente, el
cangrejo, Elisa, la estrella, Carmelo el
caballito, Casimiro, el erizo y una
morena larga, larga que le asusta hasta a él.
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| Autores Guille y Pablo, los pescadores de pulpos. |
—No tengas miedo, está es Catalina —dice la estrella—. Te
ha conseguido una concha de caracola para que hagas música.
Enseguida llega el calamar y le acompaña. Los dos tocan la batería sobre caracolas vacías y la cosa se empieza a
animar. Unas almejas se agregan al grupo y tocan las castañuelas.
El caballito de mar
con otros amigos empieza a ejecutar una danza uniendo sus colas. Llegan los
boquerones, las medusas, y otros peces de muchos colores; todos bailan al
compás haciendo una coreografía tan linda, que ya la quisieran en los
campeonatos del mundo en natación
sincronizada.
Todos cantan una canción que está muy de moda entre los cuarenta
principales de los fondos marinos, se llama: Bajo el mar.
Bajo del mar, bajo del mar
Nadie nos fríe ni
nos cocinan en una sartén
Si no te quieres arriesgar bajo del mar te quedarás.
Y sin problemas entre burbujas tu vivirás, Bajo del mar!!!!
Se lo están pasando pipa pero ha llegado don Mero, el
policía acuático de la zona a poner
orden.
—¡Ya es hora de acostarse! Las sardinas y las pescadillas
se están quejando, mañana tienen que salir para realizar un largo viaje.
¡Ooooh! Tienen que terminar la fiesta y marcharse. Todos se despiden hasta el día
siguiente.
El pulpo Pepito piensa que en sus primeras vacaciones se lo
va a pasar pipa.
Cuando sale el sol se asoma a la gruta y allí le están esperando, Elisa, la estrella y los demás vecinos.
—¿Qué tal has dormido? —le preguntan—. Perdona, pero ayer,
con el lío de la fiesta no pudimos avisarte de que en esta playa hay muchos
niños que se entretienen pescando. ¡No
puedes estar distraído ni un segundo! Ya lo sabes —le advierte su vecina—. A la
única que no molestan es a Catalina, la morena, porque tiene unos dientes tan
grandes que les asusta enseguida.
De repente alguien dice de nuevo.
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| EL VERDADERO PULPO PEPITO. |
—¡Atención! ¡A los escondites! Ya están aquí otra vez los
pescadores.
Pepito ve que en un momento desaparecen todos sus amigos y
él vuelve a quedarse solo. No le da tiempo a meterse en la cueva.
“Las mismas sombras de ayer y la misma mano. Esta vez voy a
defenderme, no me van a coger tan fácilmente” —piensa.
Pepito extiende sus tentáculos: con dos de ellos se agarra
a la roca y con el resto empieza a
presionar con sus ventosas en los dedos y en el brazo de Guille, pero este lo
sujeta con la otra mano y… ¡otra vez al cubo!
—¡Otro pulpo! ¡Otro pulpo! Ya llevo dos este año —vuelve a
gritar.
—Pero… ¡este niño es tonto! ¿Es que no se da cuenta de que
soy el mismo de ayer?
El pulpo ya no está tan asustado como la primera vez, pero
no está dispuesto a seguirles el juego a los chicos. ¡Como sigan así, le van a
dar las vacaciones!
—Seguro que mientras esté por aquí, voy a tener que aguantar lo mismo todos los
días. Si esto se vuelve a repetir, hago la maleta y me largo.
Después del segundo susto, don Pepito no tiene ganas de
muchas juergas y aunque van a buscarle las medusas, los boquerones y otros
habitantes marinos, él prefiere quedarse tranquilo en su escondite.
De pronto, ve de nuevo sombras alrededor de su cueva.
—Tienen que estar por aquí, parece que este año hay muchos
pulpos.
—No me lo puedo creer. ¡Otra vez dando la lata! —exclama
Pepito.
—¡Aquí, aquí hay otro! —grita una voz bastante conocida por
nuestro amigo. Mamá, he visto otro pulpo. ¡Tres llevo este año!
—¡Queréis dejar en paz a los pulpos! —les ordena su madre—.
Ya está bien. ¡Pobrecillos!
Los niños se salen del agua enfadados, pero Pepito ya no
aguanta más sustos. Lo tiene decidido, allí no va a poder descansar, así que
decide volver a casa.
Ya ha hecho la maleta de conchas y caracolas y se despide
de todos los que le habían acogido tan amablemente, les da su dirección por si
algún día quieren ir a visitarle. Todos se quedan muy tristes y le dicen adiós
moviendo unas algas muy largas a modo de pañuelos. Doña Elisa, la estrella es
la que está más apenada, ya tenía preparada otra concha de caracola vacía para
la próxima fiesta.
A la mañana siguiente, los pescadores no
encuentran ningún pulpo más, se les ha acabado la buena racha. Ahora se tendrán
que contentar con jugar a la pelota, que también es muy divertido.
A mis nietos Guille y Pablo, pescadores de pulpos.
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| Gonzalo, un niño de cinco años, ha dibujado a su primo Jorge y a Guille y Pablo cuando pescaron al pulpo Pepito. ¿A que está muy gracioso el dibujo? |
lunes, 14 de junio de 2021
FESTIVAL DE HAIKUS 4
LLEGÓ EL CALOR
EL ÁRBOL SE DESVISTE
Y SE RENUEVA..
CUÁNTA TRISTEZA
ADIVINA EN EL ROSTRO
EL CAMKINANTE.
FESTIVAL DE HAIKUS 3
EL ALMA ATORMENTADA
BUSCA SOSIEGO.
MADURANDO AL
SOL
LAS ESPIGAS
SE OFRECEN
PARA
SACIARNOS.
ROSA
ENCENDIDA
PRESTA COLOR
Y AROMA
AL CAMINANTE.












