Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

martes, 28 de agosto de 2018

El pompero, poesía infantil.







No falta a la cita que tiene en el parque,
los niños ansiosos esperan su  arte. 
 Con  traje raído y  mucho  jabón,
el pompero crea  mundos de ilusión.
Una  gran botella, una soga larga y un liquido verde con muchas burbujas
¿Tendrá algo de bruja? 
Sumerge la cuerda, la saca con gracia, la sacude al aire
e inmediatamente surge allí la magia.
Aparecen pompas de muchos colores:
unas son rosadas, hay otras moradas,
 algunas son verdes o tornasoladas.
Las hay muy redondas, también ovaladas.
El viento las mueve, y suben al cielo o caen contra el suelo.
Los niños con ellas sueñan a volar; los padres se animan a participar.
Se han vuelto unos niños que quieren jugar.
Todos gritan, ríen, tropiezan  entre ellos
los  señores grandes, también los abuelos. 
Corren tras un sueño que está sin cumplir,
 que siempre han tenido,
aunque  todos saben que nunca ha ocurrido:
coger  una pompa de jabón casero, 
guardarla con ellos, junto al corazón
 y  que no se acabe nunca la ilusión. 
El pompero mira su viejo el reloj,
va a finalizar por hoy la función.
Los niños cansados  terminan su juego,
saben que mañana volverá el pompero.

sábado, 18 de agosto de 2018

La barquita, Poesías con sabor a sal.




                                    Sobre las olas picadas,
                                    picadas en alta mar,
                                    la barquita sube y baja,
                                    tiene ganas de llegar.
                                    Protegida por el puerto
                                    allí no naufragará.
                                    Su capitán de madera
                                    de ella se encargará
                                    y entre caricias y mimos
                                    como una reina estará.

lunes, 23 de julio de 2018

El bosque de Yábaco.


Dedicado a los que les gusta soñar rodeados del frescor de bosques. Bosques habitados por  elfos, duendes, unicornios, damas verdes,  hadas, magas, dragones y personajes llenos de fantasía.

Estamos en medio del verano y un calor sofocante nos amenaza. No quería poner la portada de mi cuento El bosque de Yábaco en mi página de facebook , porque el dragón alado, con su fuego, subirá la temperatura de estos días. Sin embargo, a petición de los lectores a los que les gusta soñar con hadas y dragones lo subo de nuevo.
Estará a la venta a partir del dieciocho de octubre.En esa fecha ya no molestará tanto el fuego de su bocaza.

martes, 13 de marzo de 2018

La verdadera historia del príncipe que se convirtió en rana visita el C.E.I.P. San Cristóbal de Cartagena


El día cinco de este mes, los profesores de 3º y 4º curso del colegio San Cristóbal de Cartagena, nos invitaron  a Virginia García y a mí a charlar con los niños que habían leído el cuento.
El cambio de impresiones  sobre la historia que acababan de leer les reforzó todo lo que habían  aprendido con su lectura, además,  a los chicos les gustó conocer a la autora y la  ilustradora del cuento.
Se nota que han hecho un trabajo exhaustivo  con la historia. 
Lo han trabajado, además de cómo libro de lectura,  dentro del proyecto “Una escuela con arte” y, desde luego, mucho arte le han echado en los trabajos que han hecho.
Como siempre, cuando llegamos al centro,  los niños nos recibieron con mucha ilusión.
No solamente aprenden ellos con estas visitas sino que  nos enseñan con sus ocurrencias e ingenio. Sus profesores han tenido mucho que ver en los trabajos realizados. Enseguida se nota cuando se trabaja en el aula.
Después de las presentaciones nos enseñaron sus magníficos libros sobre nuestra historia.
Los niños atendiendo a nuestra charla
Aquí tenéis uno de sus magníficos cuentos.
Han dibujado todos los personajes, nos han dibujado a la ilustradora y a la autora.
Rigoletto
Siempreserélibre
Biografía de Virginia

Mi biografía. He salido muy favorecida.

Graciosilla no se quiere poner derecha.


Me emociona que mi cuento haya podido inspirar unos trabajos tan bonitos. Las ilustraciones de Virginia han ayudado mucho.
Han trabajado los nombres propios,

 las frases que les habían llamado la atención,
han buscado
otros títulos para el cuento,
otras portadas
 y otros finales y han hecho resúmenes; todo ello lo han guardado en unos cuentos gigantes que han hecho de tela y fieltro.

No tuvieron ningún fallo en las repuestas a nuestras preguntas. Se nota que les ha gustado mucho y lo han leído con atención.
Lo que más ha llamado la atención han sido los nombres de los personajes. Son nombres que  les puse con ironía reflejando la personalidad de los mismos.
Luego llegó lo que más les gustó, mientras
yo les firmaba los libros, Virginia hizo un dibujo grande en la pizarra mientras los peques dibujaban animales de charca.


Como podéis ver, los murales han quedado preciosos.
Siempreserélibre


Graciosilla
Rigoletto.

En el mural de Graciosilla, los niños hicieron los dibujos directamente sobre el mural y todos querían participar por lo que hubo que dejar sitio para que todos participasen en su confección.
Les doy la enhorabuena a doña Lucía Martínez, 3º, a doña María del Mar Atiénzar, 4ºA y a  don Antonio Bernal de 4º B por el magnífico trabajo realizado con sus alumnos.
Un abrazo para todos.
¿Quién se puede resistir a este precioso dibujo?



domingo, 18 de febrero de 2018

La muñeca.Poesía infantil.

Dibujo sacado de internet.
La muñequita está hecha con una gran ilusión,
un corazón desbordante y también con mucho amor;
está rellena de fresas, mandarinas y cerezas,
algunos melocotones y también dulces fresones.

Dos botones de cristal azules y transparentes,
tan bonitos como el mar adornan su cabecita. 
-De ojitos le servirán.
Los papás  le ha insuflado el hálito de la vida,
las hadas le han regalado balbuceos y sonrisas, 
y pequeñas mariposas  por el balcón se han colado,
con sus alas coloridas la pared han adornado. 

Los papás ya están en casa con su muñequita en brazos.
-¿De verdad será una niña?¿No será una muñeca?
Pregunta la madre ante tanta belleza.
El padre  está a su lado, completamente embobado.
 -Solo  una niña preciosa puede sonreír así.
 No hay muñeca en este mundo que me haga tan feliz.
Los padres se han inclinado y, dando un beso a la niña, en la cuna la han 
dejado. 

viernes, 16 de febrero de 2018

La araña encajera, poesía infantil.


La araña encajera, desde su rincón 
hace su trabajo con resignación.
Su tela de araña nunca está aseada,
se pegan los bichos, no le gusta nada.

Ella es una araña muy limpia y cabal,
¡esto de los bichos va a acabar muy mal!
Desde el agujero que hay entre el cañizo
un mundo se abre bajo el cobertizo.
Cuando el sol se pone, al atardecer, 
una niña rubia suele aparecer.
Se sienta en su silla, 
coge su almohadilla llena de alfileres,
y  despacio empieza a hacer los deberes. 
Mueve las bobinas  llenas de colores,
 de hilos muy finos, de seda y de lino.
¡Qué encaje tan lindo empieza a tejer!
Cada vez más suave, cada vez más bello, 
para que una dama lo lleve en su cuello.
Sus dedos se mueven como mariposas, 
bailan  con la brisa, que sin mucha prisa sube desde el mar
y le lleva el nácar que tiene que usar.
 Y entre las bobinas, la espuma se enreda y hace maravillas.
La arañita llora lágrimas de seda,
observa  el trabajo y se desespera.
¡Lo  que ella daría por ser encajera!


Dibujo sacado de una página de internet.


miércoles, 7 de febrero de 2018

Los inviernos de mi infancia en Madrid.



Con las temperaturas de estos días me ha venido a la memoria el frío que pasaba cuando era pequeña en el trayecto desde mi casa al colegio.
Después de ver la historia del niño de hielo, lo mío es una minucia, pero de todas formas tengo ganas de contarlo.
Era invierno. Daba igual el mes. Tanto enero como febrero eran gélidos en Madrid. Me levantaba por la mañana para ir al colegio, helada. Me ponía el uniforme azul marino, calcetines cortos, daba igual que estuviéramos bajo cero, eran las normas del colegio; yo creo que todavía no se habían inventado los leotardos o por lo menos no habían llegado a España. Mi  padre me revisaba de arriba abajo, sobre todo el cuello. El color oscuro  del uniforme y los tintes de aquella época dejaban un viso oscuro en la piel que podía confundirse con la suciedad.
-Si no te frotas bien, parece que llevas roña en el cuello –me decían.
Me tomaba el desayuno calentito, a veces un bizcocho riquísimo que hacía mi madre con la nata que recogía de la leche hervida, una taza entera de nata necesitaba para hacerlo.  Me ponía la boina y la capa. Mi madre me la liaba alrededor del cuerpo como si fuera un rollito primavera, pero aquello no abrigaba. El frío se metía por todos lados y en el momento que me agachaba para coger la cartera, la capa se desenrollaba de mi cuerpo dejándome totalmente al descubierto.  Aquello era un instrumento de tortura. De todas formas yo estaba acostumbrada y lo veía normal. La espera en la cola del autobús hacía que se me quedasen los pies helados y los sabañones florecían como si fueran flores en primavera. Mi  padre me  acompañaba al colegio todos los días; el trayecto desde mi casa duraba, al menos, media hora en  autobús. Me encantaba ver las barbas de los leones de la Cibeles hechas carámbanos de hielo.
Mi padre me repasaba las lecciones que llevaba para ese día. Recuerdo como si fuese hoy mismo  el momento en que me preguntaba lo que era una península, lo que era una isla, un cabo, lo que era un río... Normalmente repasábamos las lecciones de geografía desde el segundo piso del autobús. Siempre me gustaba subirme al piso de arriba.
Después de acompañarme, él se quedaba media hora paseando por la Gran Vía hasta que se hacía la hora de entrar al banco.
Cuando el poco calor del aula me iba calentando el cuerpo empezaba mi martirio. Los sabañones me dolían y me picaban al mismo tiempo. Me rascaba frotándome un pie contra otro.  A veces se hacía insoportable.
Como estaba lejos de casa no me daba tiempo a ir a comer. Podía haberme quedado en el cole, pero el día que lo hice, me dieron de primer plato sopa y de segundo lentejas. Me pareció una comida tan rara que le dije a mi madre que no quería comer allí, que prefería irme a casa de mi tía Maruja que vivía cerquísima del colegio. Ella me preparaba un barreño de agua caliente que aliviaba mis sabañones.
Además así tenía la oportunidad de pelearme con mi prima. Según la decoración del plato de la vajilla en donde nos servían la comida te tocaba ser reina o princesa, y claro, ninguna de las dos queríamos dejar la corona a la otra. No he vuelto a comer una tortilla de patatas tan rica como las que hacía mi tía. Además, cada día de la semana había un plato fijo. Recuerdo que los martes, creo, eran lentejas y tortilla de patatas. Claro que no se podían comparar a las del colegio.
Por la tarde, nos  tocaba  hacer labores mientras una de nosotras rezaba el rosario. Después estudio, casi nunca jugábamos. Al salir, íbamos como locas a buscar a la castañera. También vendía boniatos. A mí me gustaban más los boniatos. Aunque lo que en realidad me encantaba eran los bocadillos de calamares, se me iban los ojos cuando pasaba por algún bar de donde salía ese olorcillo. Tenía autorización para comprar a la castañera pero no a entrar sola en un bar a comprarme un bocadillo. Era todavía muy pequeña.
Cuando volvía a casa, mi madre me recibía con los brazos abiertos. Siempre me preguntaba:
-¿Qué tal en el cole?
No sé por qué motivo me enfadaba que me preguntasen eso todos los días, si yo, además, siempre sacaba buenas notas. Ahora yo les pregunto lo mismo a mis nietos y creo que a ellos también les sienta mal la preguntita.
Aún así, todo esto que cuento lo hago con cariño no tengo nada que reprocharles a aquellos tiempos. Fueron los que me tocaron vivir, fue mi  infancia y adolescencia en Madrid


Fotografía copiada de internet.