Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

lunes, 24 de diciembre de 2012

El belén de la Abuela Atómica. Navidad 2012-2013

 Queridos lectores, no hay nada más entrañable para mí en Navidad que hacer un belén; sin él, la Navidad no existe. En mi casa, cuando era pequeña, mi padre  quitaba una puerta de una habitación y sobre ella colocábamos el corcho para hacer las montañas y la escoria que traía mi hermano de una carbonería que había debajo de casa. Luego íbamos a la Plaza Mayor y  comprábamos el musgo y alguna figurita nueva. Cuando hago mi belén siento que mi padre me acompaña. Aquí os muestro el que he hecho este año para conmemorar el nacimiento del Niño Jesús. Espero que os guste.






OS DESEO A TODOS FELIZ NAVIDAD

martes, 11 de diciembre de 2012

Los chupetes y los tres Reyes Magos Cuento de Navidad

Dibujo reciclado de otro cuento hecho por mi nieto Guille (10 años)
                         
Este cuento está dedicado a las personas a las que se les ocurrió la feliz idea de buscar un sitio adecuado para que los niños pequeños pudiesen dejar sus chupetes cuando se hicieran mayores. ¡Qué mejor lugar que un árbol para colgarlos! A estos árboles les llaman ahora Los Árbloles de los chupetes. Entre esas personas se encuentran dos seres encantadores : La gallina pintadita Carmen y Marga Lama; las dos se han esforzado mucho para llevar este proyecto a cabo.
Un abrazo para ellas y

FELIZ NAVIDAD


Tres siluetas se adivinaban en la lejanía; montadas en bonitos caballos avanzaban solemnemente seguidas por una multitud de pajes y camellos que, cargados con infinidad de regalos, se iban acercando según la noche se hacía más negra.Melchor iba delante y su voz se oía cansada:
-¡Qué ganas tengo de repartir todos los juguetes y volver a nuestro palacio! Cada vez estoy más viejo y el cansancio de esta noche, luego me dura algunos meses. Tengo que estar varios días metido en ese menjunje de pétalos de rosas, pensamientos y alcohol para que se me quiten los dolores de las piernas. Luego mi fiel Said me frota por la noche con gel de aloe que es tan bueno para curar las grietas de los pies y, así, me voy recuperando poco a poco. Si no fuera por al amor que les tengo a los niños, y porque sabemos la ilusión que les hace que vayamos esta noche a visitarlos, no tendría fuerza para llevar a cabo esta empresa.
- Pues tienes razón, este trabajo es muy duro; por muy Magos que seamos, supone un gran esfuerzo realizarlo. Antes cuando dejábamos los regalos volvíamos a casa libres de peso y equipaje pero ahora… ¿qué opináis de la manía que les ha entrado a los padres y a los abuelos de decirles a los niños que nos tienen que dejar los chupetes para que nos los llevemos? que si no, se quedarán sin regalos -, añadió Gaspar-, el año pasado regresamos a casa con 150 kilos de esa goma que a los peques les da por masticar.

Ilustración de Guille


-No seas protestón, Gaspar, acuérdate que los reciclamos e hicimos unas magníficas pelotas con los nombres de los niños que nos regalaron sus chupetes, y botaron tanto que llegaron hasta las estrellas-aclaró Baltasar- Ahora hay muchas estrellas que llevan los nombres de los peques.
- Es una maravilla que con nuestro poder y la goma masticada de esos chupetes hayamos podido mandar hasta el firmamento los nombres de sus dueños. Yo creo que con los que recojamos este año, podríamos hacer lo mismo. Así no se quedará ninguna estrella sin nombre y por la noche los niños podrán hablar con ella y pedirle deseos.
Hablando y hablando, los magos llegaron a una encrucijada de caminos y entonces decidieron separarse; cada uno sabía que sendero debía tomar, así que, seguidos por decenas de porteadores aceleraron la marcha para llegar a tiempo antes de que amaneciera.
Esa noche en todas las casa reinaba un gran nerviosismo. Los niños habían cenado pronto y limpiado bien sus botas, habían puesto paja para los camellos y los caballos y, para los Reyes y sus criados, unos riquísimos trozos de turrón y tortas de Pascua. Además en algunas casas había también sobre la mesa un chupete o dos. Los pequeños sabían que debían dejarlos para que se los llevasen, esa sería una señal de que se estaban haciendo mayores. Era la única forma de convencerlos de que debían abandonar esa costumbre de chupar y chupar cuando se hacían mayorcitos.
Después de varias horas de intenso trabajo, al despuntar el alba, se volvieron a encontrar en el cruce de caminos en donde se habían separado por la noche.
Todos los pajes venían cargados de vuelta con algunos sacos llenos de chupetes, todos menos uno, que no traía nada en su mochila.
-Parece que este año vamos a volver a hacer pelotas; habéis recogido un buen cargamento. Pero tú Mohamed ¿por qué no llevas ninguno? ¿Es que se te olvido traerlos? -, pregunto Gaspar-. Se le han perdido los chupetes y también la casaca y el turbante-, siguió el Rey muy enfadado.
-Yo, Señor, dijo preocupado el sirviente pensando que le iban a regañar-, yo no tengo la culpa, además, si les cuento lo que me pasó, tampoco me van a creer.
-Tú habla y veremos si nos convences o no-, le ordenó Melchor.
-Pues en Sevilla se rumoreaba que la culpa de que los niños no nos entregasen sus chupetes es del reino vegetal que se ha hecho amigo del reino animal; vamos, eso es lo que por allí se oía.
- ¡Pero qué acertijo es ese! no hay quién te entienda.
- Ve como ya les decía yo que no me iban a creer. Majestad, parece ser que una flor-reino vegetal- se ha hecho amiga de una gallina- reino animal- y las dos juntas tienen unas ideas… ¿cómo diría yo? Un poco raras
-¿Una gallina y una flor?-, dijeron todos los que le escuchaban soltando una carcajada.
-¿Acaso las gallinas comen goma en lugar de trigo y las flores hablan con los animales?-, dijo en voz alta Hamed, otro de los pajes.
-Sí, sí, vosotros reíros pero os voy a contar lo que me ocurrió cuando llegué a Sevilla. Empecé a repartir los juguetes y a darle de comer a los camellos con los alimentos que los niños nos habían dejado para ellos y, enseguida, me di cuenta de que en ninguna de las casas había chupetes para recoger. Entonces le pregunté a un mendigo que estaba en la calle casi sin ropa,- me dio tanta pena que le di mi casaca para que se protegiese del frio y el turbante para que con el rubí que llevaba prendido pudiese comprar todo lo que necesitaba para subsistir-.Oiga, buen hombre, ¿es que aquí en Sevilla los niños no usan chupetes para dormir? No me han dejado ninguno para llevarme-, le pregunté
-Claro que tienen chupa y algunos llevan enganchados dos o tres en el cuello; pero desde que el reino vegetal se ha hecho amigo del reino animal todo ha cambiado.
-Y dale con el acertijo, ¿se quiere explicar bien de una vez? me van a volver loco-, le dije ya un poco enfadado con tanta palabrería.
-Mire, yo, a veces, voy a un parque que está por aquí cerca- El parque de los descubrimientos- y he oído decir que una gallina pintadita se ha hecho amiga de una flor y, ya se sabe qué puede salir del cerebro de un ave aconsejada por una flor. Pues una idea un poco loca: han tenido la idea brillante de que los niños pequeños cuelguen sus chupetes en un árbol según se vayan haciendo mayores, así que ellas son las causantes de que no hayas encontrado ningún chupete por la ciudad.
-¿Una gallina pintadita? Pintadita ¿de qué?
-Ah, pues no sé, será pintadita de colores, creo que la gallina se llama Carmen. A lo mejor esa gallina es la que pone los huevos de Pascua, todos llenos de colorines, porque la gallina pintadita pondrá huevos ¿no cree? -, preguntó el mendigo
-¿Y la flor?-, le dije yo.
 La gallinita es de mi sobrino Quique (5 años), la margarita, mía.
-La flor se llama Margarita.
-Cuando oí todo lo que me contaba y que encima le habían puesto nombre a la gallina y a la flor, os digo de verdad que pensé que el mendigo se estaba riendo de mí-, aclaró el servidor-. Me pidió que le acompañase, que me iba a enseñar en donde estaban todos los chupetes de la ciudad y entonces nos acercamos al parque en donde había un pequeño árbol. Vi como de él colgaban los chupetes como si fuesen frutas maduras El mendigo me dijo que muchos días, las mamás se acercaban con sus niños y estos con lágrimas en los ojos dejaban sus chupetes colgados del árbol pero después, ellas les contaban cuentos o les leían poesías a sus pies y todos se ponían muy alegres; miraban a las ramas y se sentían protegidos por estas. Después de esta ceremonia se daban cuenta de que ya se estaban haciendo mayores y a partir de ese momento el chupete no tenía que estar en sus vidas. Si alguno seguía llorando y diciendo-¡Quiero mi chupete, quiero mi chupete! significaba que todavía no era lo suficientemente mayor como para desprenderse de él. Tendría que volver algunos meses más tarde.
Melchor se quedó pensativo, quería saber qué tenía que ver una gallina en todo ese embrollo y encima aconsejada por una margarita, pero se les estaba haciendo tarde y debían volver, ningún niño debía verles; si no, se rompería el hechizo y todos los juguetes desaparecerían.
-Queridos Gaspar y Baltasar ¿qué pensáis de todo lo que nos ha contado este chiflado de Mohamed? ¿De verdad creéis que una gallina va a tener la idea de que cuelguen los chupetes en un árbol, que sea amiga de una margarita y, además que se llame Carmen? Vamos ¡una gallina llamada Carmen!
-Melchor, es una pena que tengamos que volvernos enseguida, yo creo que Mohamed se ha perdido por Sevilla o se le ha olvidado


El árbol de de mi nieto Pablo, hermano de Guille, 6 años.




recoger los chupetes. De todas formas tendremos los suficientes para seguir mandando nombres a las estrellas,-comentó Baltasar-. Aunque pensándolo bien no es mala idea esa del árbol de los chupetes. En cuanto hayamos regresado y descansado unos días, enviaremos a alguien de confianza para que investigue y nos aclare todo este lío; con todos los chupetes que llevamos podríamos hacer no un árbol, sino Un bosque de los chupetes.
Dejaron de hablar y empezaron el viaje de regreso, les quedaba mucho camino por delante, pero a los tres les había calado la idea de la flor Margarita y de La gallina Pintadita Carmen.

Las ilustraciones
Ahora, voy a hablaros de los niños que han hechos las ilustraciones:
En primer lugar ni nieto Guille, 10 años: Ha reciclado el dibujo de los Reyes que me hizo para otro cuento y le ha agregado el camello. También ha dibujado al paje con el carrito de chupetes.
Pablo: mi otro nieto de 6 años, nos ha obsequiado con el ärbol de los chupetes; también le ha quedado precioso.
Mi sobrino Quique, con solo 5 años, nos ha regalado La gallina pintadita. os digo de verdad que cuando le ví con qué gracia la dibujaba me quedé con la boca abierta.
Por último yo misma hice la margarita. Me entraron ganas de dibujar al ver a los niños lo bien que lo estaban haciendo. Lo pasamos estupendamente.
Les doy las gracias por ponerme el blog tan bonito.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ocurrió en Navidad. 2º, 3er ciclo y Secundaria.


http://ampaceipmerida14.blogspot.com.es/2010/12/nacimientos-navidenos-en-merida.html

Leonor se había matriculado  en el Instituto de Bellas Artes; quería conseguir la titulación de Maestra de Artes plásticas pero, para eso, debía trabajar duro. Había mucha competencia y, además, no se podía permitir el lujo de suspender ninguna asignatura; en su casa casi  no tenían  ni para comer. Sus padres se habían sacrificado mucho para que ella pudiese cumplir su sueño y no pensaba defraudarlos. Siempre se ingeniaba la forma de sacar algunos dinerillos para ayudar en su manutención. Ahora se acercaba la Navidad y pensó que podría hacer en el  taller de la escuela  algunas figuritas de Belén, para luego venderlas en los puestos de la Plaza Mayor. Estuvo dándole vueltas a esa idea durante unos días hasta que se decidió y fue a ver al director  para pedirle permiso:
-¿Puedo pasar, D. Jacinto? -dijo un poco nerviosa mientras empujaba la  pesada puerta de madera del despacho. Le temblaba un poco la voz; era la primera vez que hablaba con él. El director, un poco sorprendido por la interrupción, levantó la cara del papel que estaba leyendo. Normalmente los chicos no le iban a visitar, más bien le rehuían.
-Pasa pasa,  debes  de ser nueva, no me suena tu cara.
-Sí, es que he empezado este año.
- Bien, ¿que deseas, tienes algún problema?-dijo con una voz, que a Leonor le pareció  muy cordial, mientras le hacía un gesto con la mano invitándola a que se sentase. Leonor acercó una de las  viejas sillas de terciopelo que tenía detrás y  se sentó con mucho cuidado; parecía que se iba a romper en cualquier momento.
- Perdone mi atrevimiento, pero quiero pedirle permiso para usar el  taller de cerámica. Me gustaría hacer unas cuantas figuras para el belén.
- Pues…, no sé si eso será apropiado -contestó perplejo; no se hubiese imaginado que venía a verle por ese motivo-. A lo mejor alguno de los profesores protesta. Si se estropea algo de lo que hay allí, no se podrán dar las clases. Lo comprendes ¿verdad?
-D. Jacinto, solo quiero hacer unas figuritas de belén y luego cocerlas en el horno del taller. Si pudiera usarlo,  las vendería y así me  ayudaría en los gastos. Me cuesta muy caro estudiar en Madrid; si mis padres viviesen aquí, sería distinto pero somos de un pueblo cercano a Cuenca y no estamos muy sobrados de dinero.
El director se la quedó mirando muy pensativo, parecía  una chica muy responsable y le gustó su decisión y desenvoltura.
-Está bien, tienes mi permiso, pero con la condición de que lo dejes siempre limpio para la siguiente clase. Si tengo una sola queja de algún profesor, no podrás entrar más al taller.
Leonor no pudo ocultar su alegría y se acercó con ganas de abrazarlo. Solo la mesa que había entre los dos impidió que lo hiciese. D. Jacinto se levantó y le acercó la mano.
-De acuerdo –contesto Leonor estrechándosela-, dejaré el taller tan limpio como me lo encuentre.
Salió muy contenta, había conseguido lo que quería. En el pasillo se tropezó con Enrique, un compañero de clase. Ella pensaba que Quique era el alumno más prometedor de todos los matriculados en su curso y él opinaba lo mismo de Leonor. Todavía no conocía a mucha gente ya que solo había transcurrido un trimestre, por eso, al verle quiso compartir con él  lo que acababa de conseguir.
-¡Qué alegría, Leo! Siempre pensé que eras la mejor. Verás como al final haces un trabajo estupendo.
 Estuvieron un rato comentando el tipo de figuras que iba a realizar y, después se despidieron. Cuando Enrique se quedó solo recordó, cómo Leonor, el primer día, en la hora de modelado, cogió una pequeña pella de arcilla entre sus manos y, sin ningún esfuerzo, solo con un ligero movimiento de sus dedos la transformó en un precioso pájaro. Tanto el profesor como el resto de sus compañeros quedaron asombrados ante su  destreza.  Durante los días siguientes, Leo tuvo mucho trabajo entre los exámenes y la preparación de la arcilla para hacer las figuras. Decidió modelar  las  del Nacimiento solamente. De todas formas eran  las  más importantes del belén  y como eran muy delicadas, requerían mucha maestría. Llegó el día elegido y Leonor estuvo toda la mañana trabajando en  ellas, esa mañana modeló ocho juegos completos: ocho ángeles, ocho vírgenes, ocho niños Jesús y el mismo número de San José,  mulas y  bueyes. Las dejó cociendo en el horno, y cuando comprendió que ya estarían listas volvió a por ellas. La verdad es que habían quedado preciosas, parecía que tenían vida propia, solo faltaba pintarlas, pero eso podría hacerlo en casa. Las estaba empaquetando con mucha delicadeza, cuando entró D. Luis el profesor de modelado.
-¡Ah Leonor! D. Jacinto me ha dicho que eche una ojeada a tus trabajos.
-Mire, aquí tiene, todavía no he terminado de envolverlas–dijo la chica mientras le mostraba algunas de sus figuras.
D. Luís se quedó observándolas detenidamente. Realmente estaba sorprendido.
-Son fantásticas, creo que tienes muchas posibilidades de  ser  la elegida para representar al Instituto  ante el Ayuntamiento. Bueno, como esta es tu primera Navidad con nosotros no estarás enterada de que todos los años enviamos los trabajos de tres alumnos de este Centro y el Alcalde elige entre ellos el Nacimiento que se colocará en el belén del Ayuntamiento. Te comunico que el ganador tiene una recompensa bastante sustanciosa y además una beca para el próximo curso.
- ¡Caray! Menudo regalo navideño podría hacerle a  mis padres. Si se enterasen en el pueblo  de que me han dado un premio en un Concurso de Belenes sería una noticia estupenda. Allí nunca ocurre nada extraordinario.
- Cuando termines de pintarlas, déjame un Nacimiento completo para mandarlo; los enviaré  junto con los otros dos seleccionados- le explicó D. Luís.
 Leonor  le dio las gracias y quedó con él en que al día siguiente le llevaría a la Escuela un juego terminado. A la mañana siguiente, después de darle al profesor lo que le había pedido, preparó  bien colocados en cajas siete más  para llevarlas su amigo Paco, un paisano de su pueblo  que tenía un  puesto de la Plaza Mayor. Cuando entró en los soportales de la Plaza, la inundó la alegría que allí se respiraba. Infinidad de chiquillos con sus padres paseaban por el centro buscando  con mucha algarabía todo lo necesario para celebrar las fiestas.

 Muchas de las personas que paseaban por allí llevaban en la cabeza diademas con cuernos de renos,  gorros de Papá Noel y algunos, los más atrevidos, pelucas doradas o plateadas. Había puestos con artículos de broma para el día de los Inocentes, en otros se vendían adornos navideños pero, en la mayoría de ellos ofrecían todo lo que pidiesen los   padres  más exigentes  para realizar un belén, que como es natural sería el más bonito de todos. Los abetos y el musgo colocados en medio de la Plaza le trajeron el olor de la Sierra y le recordaron su ciudad encantada. Dio una vuelta por delante de los puestos hasta que encontró a su amigo. Leonor le abrazó con alegría, en aquellos día ver una cara familiar  después de un trimestres desconectada del pueblo le pareció lo más reconfortantes que le había ocurrido desde que llegó a Madrid.
Después de los primeros saludos, Leonor le comentó a Paco para qué estaba allí y le   enseñó  los Nacimientos que había hecho; Paco se quedó maravillado.
-¡Eh, Marcelo! Ven a ver qué cosa más bonita –dijo  al vendedor del puesto de al lado que, también como él, vendía  figuritas de arcilla. Entre los dos llenaban los belenes de las casas de Madrid de lavanderas, alfareros, pescadores, soldados, casitas, puente Castillos de Herodes…
Todos  los  que veían los Nacimientos de Leo estaban de acuerdo en que eran las figuras mejor hechas de toda la Plaza Mayor.
-Mira -dijo a la chica-, no sé que pagarte por ellas. Son tan buenas que si tuviéramos que venderlas  por lo que valen realmente, nadie las podría comprar.
Leonor ante la duda de su amigo le dijo una cifra:
-¿Qué te parece  si las ponemos a diez euros cada una?, Son cuarenta y siete figuras, así que  serían en total 420 euros. Me das 210 a mí y otro tanto para ti.
Paco se quedó un momento pensativo, pero le parecieron bien las cuentas que había hecho su paisana:
-De acuerdo – dijo sacando los doscientos diez euros. Leonor se los guardó en el pantalón y se despidió con un apretón de manos.
-Si haces más figuras no te importe traérmelas, seguro que las vendo.
-Vale, no te preocupes, si hago alguna más vendré por aquí.
Leonor se fue muy contenta, tenía dinero para comprar regalos a sus padres y si además ganaba el premio, serían unas navidades inolvidables.
Nada más despedirse de Paco se encontró con su compañero Quique  que también había ido a pasear por la Plaza Mayor.
-¡Qué casualidad Leonor! ¿cómo llevas la venta de tus figuras? -Le preguntó su amigo.
-Acabo de venderlas todas. Se las ha quedado un paisano de Cuenca que todos los años pone en la Plaza un puesto para Navidad; también trae  musgo de la sierra y lo vende muy bien. Oye, sabes que me ha dicho D. Luis que le deje un juego completo para representar a la Escuela. Cuando lo escuché, me quedé de piedra, imagínate, representar al Instituto de Bellas Artes ¡No me lo puedo creer!
-Seguro que te llevas el premio, eres la mejor con diferencia. ¿Quieres tomar un café? La preguntó Quique.
-Si no te importa otro día, llevo el dinero encima y quiero dejarlo pronto en casa.
Para ella doscientos euros era todo un capital. Quique se rió y se despidieron hasta el día siguiente.  Al poco rato, Paco había vendido todos los Nacimientos que le había llevado Leonor.
A la mañana siguiente, estaban en clase de dibujo artístico cuando entró D. Luís con la cara desencajada; estuvo hablando bajito con el profesor que la impartía y cuando terminaron pidió a Leonor que lo acompañase al pasillo:
-¿Quieres salir?, tengo que decirte algo.
La chica se dio cuenta de que pasaba algo malo. No sabía lo que era, hasta  pensó que podía tratarse de sus padres.
-No sé cómo ha podido ocurrir, pero esta mañana, cuando he ido a embalar tus figuras para enviarlas al concurso, me las he encontrado rotas. Los libros que había en la leja se han volcado sobre ellas y las han destrozado. Es algo rarísimo, estaban muy bien sujetos. Yo mismo me aseguré ayer de que no se pudiesen mover- le explicó D. Luís apesadumbrado.-No sé si vas a tener tiempo de volver a hacer otras.
-De hoy a mañana, ¡imposible! - le contestó.
Leonor creía que estaba viviendo una pesadilla, no podía pasarle esto, ahora que estaba tan ilusionada y con tantas esperanzas puestas en el concurso… De repente se le habían roto todas sus ilusiones pero se acordó de los belenes de Paco y  pensó que, a lo mejor, todavía podría solucionarse el problema.
-Llevé siete juegos iguales a Paco, un vendedor de la Plaza Mayor; es posible que  le quede alguno sin vender. ¿Me da permiso para salir de clase e ir a buscarle? –preguntó con ansiedad.
 A D. Luís no le gustaba mucho la idea de que saliese de la Escuela en hora lectiva, pero ella le miraba suplicante; no podía dejarla con esa zozobra durante toda la mañana.
-Vale, pero vuelve pronto. Mira mejor haces una cosa, si le queda alguno, directamente lo llevas a esta dirección, así ganamos tiempo.
D. Luís le escribió en un papel la calle en dónde se celebraba el concurso de Belenes y Leonor echó a correr hacia la Plaza Mayor, quería ver a Paco cuanto antes y salir de dudas. Cuando llegó casi no podía hablar; tuvo que descansar durante unos segundos.
-Paco ¿te queda algún nacimiento de los que te traje ayer?-le preguntó con angustia.
-Nada más irte, un chico se los llevó todos. Dijo que este año quería regalar artesanía.
 A Leo fue como si le echasen un jarro de agua fría. Los ojos se le llenaron de lágrimas y le pidió una silla para sentarse.
-Pero niña, ¿qué te pasa? No creía que te iba a disgustar tanto que se vendiesen tus figuras ¿no era eso lo que querías?
Leonor le contó a su paisano todo lo que había ocurrido y cómo con las figuras, se habían roto sus ilusiones de un día para otro; Paco la sonrió y le dijo:
-Venga vamos,  no te preocupes, aquí está tu amigo Paco para ayudarte; hoy es tu día de suerte. Yo tengo un juego completo, me gustó tanto tu trabajo que me quedé con uno para mi casa. Ahora mismo vamos a por él y lo llevamos al Ayuntamiento, ya me lo devolverás cuando pase el concurso.
Leonor no se lo podía creer, parecía que sus problemas se iban a solucionar, así que Paco dejó el puesto a cargo de un amigo y los dos se fueron a recoger el Nacimiento sin perder tiempo.  Antes de que terminaran las clases, Leonor estaba de vuelta con su belén entregado; Paco la había llevado en su coche y por eso tardó menos de lo que pensaba. Cuando llegó  al Instituto, los chicos estaban en la hora de modelado con D. Luís.
-Cuenta, cuenta-, exclamó el profesor con mucha inquietud. Leonor con la cara resplandeciente explicó todo lo sucedido. Todos los compañeros se levantaron para felicitarla. Sin embargo, D. Luís  observó una actitud muy extraña en uno de sus alumnos; aunque también le había dado la enhorabuena a Leonor, al volverse a su mesa dio un puñetazo sobre la misma creyendo que nadie le observa. Esto le pareció bastante raro.
-¿Qué te pasa, no estás contento  de que a Leonor se le ha solucionado el problema?
-Sí, claro-, contestó de mala gana, pero no pudo dominar su enfado y en pocos segundos su cara enrojeció al ver que su plan había fracasado:
-¡Cómo es posible que se guardase un juego! yo le dije que los quería todos. Él me aseguró que me los  había vendido a mí, le dije que  los necesitaba para hacer unos regalos-, exclamó indignado.
 En ese momento a Leonor se le cayó la venda de los ojos, a ella y a otros compañeros. Se habían dado cuenta de que no todos los que se dicen amigos, lo son realmente. Entonces otra de las alumnas se levantó y dijo enojada:
- Ahora caigo, D. Luís, ayer vimos salir a  Quique de la clase en dónde usted guardaba las figuras y cuando nos vio se puso rojo como un tomate.
-A ver Quique, ¿que estabas haciendo ayer en mi clase sin mi permiso?
Quique se vio acorralado, se dio cuenta de tenía que haberse callado; había sido muy impulsivo  y por esta causa se iba a descubrir todo. Intentó serenarse para enmendar su error.
-Yo solo fui a ver  cómo le habían quedado las figuras a Leonor después de pintarlas y al cogerlas se me cayeron los libros sobre ellas sin querer. Pero, me gustaron tanto que quise quedarme con todos los Nacimientos para regalárselos a mi familia.
- ¿Sabes lo que te digo? Que  no me lo creo, las rompiste a propósito-le dijo indignada Leonor con los ojos llenos de lágrimas-, por eso estabas en la Plaza Mayor, estabas espiándome para ver dónde las dejaba y así hacerlas desaparecer. Yo creía que eras mi amigo pero por tu culpa me he llevado la mayor decepción de mi vida.
-¿Qué has hecho con los otros Nacimientos? Le preguntó el profesor muy enojado, que hasta entonces había querido guardar la calma.
Quique avergonzado de que le hubiesen descubierto empezó a contarlo todo.
-Perdóneme,  D. Luis,  pero cuando las vi tan bien hechas, me di cuenta de que las mías, al lado de las suyas, no tenían ninguna oportunidad, pensé que el premio se lo iban a dar a ella, entonces decidí romperlas. Por eso,  como yo sabía que las iba a llevar a la Plaza Mayor estuve por allí paseando hasta que me hice el encontradizo. Cuando  se fue, me acerqué al puesto y compré todos los que el vendedor me dijo que tenía. Ya se había roto el juego que había en la Escuela, yo tenía los demás, así que cómo solo quedaban dos días para la presentación, Leonor no tendría tiempo de hacer otro nuevo. En el camino pensé que era  incapaz de romperlas las demás,  por eso, mientras me acercaba a mi casa tiré  todos los paquetes  menos uno, en diferentes  contenedores de basura. Ya en mi habitación, desenvolví con cuidado las figuras, ¡eran preciosas! Parecían de verdad. Leonor, no sé cómo se me ocurrió hacerte eso, me volví loco pero es que necesito la beca para el próximo curso, sino no voy a poder seguir estudiando.
 -Mira, no tienes escusa, siempre nos lo podías haber dicho a los profesores y te habríamos ayudado-, le reprendió D. Luís muy enfadado.
-Me las vas a devolver ahora mismo, no quiero que tengas nada mío,- dijo Leonor sin parar de llorar, era el primer  gran desengaño que se había llevado en su vida.
-Tendrás una sanción. Vamos a ver al director inmediatamente- le dijo D. Luis sacándole de la clase.
 Cuando Quique abandonó la clase y aunque se había portado muy mal con ella,  Leonor sintió  pena por él. ¡Qué mal lo estaría pasando en ese momento después de lo que había hecho!
Llegaba la Navidad y a los pocos días recibió una noticia que le compensó de los malos ratos que había vivido,  Leonor que era la ganadora del concurso y todos sus profesores y compañeros se alegraron por ella; de verdad que se lo merecía. Su Nacimiento fue expuesto en el Ayuntamiento junto con figuras de otros eminentes escultores. Durante las visitas que hicieron los niños madrileños al belén  hubo algunos que se empeñaban en algo que parecía imposible:
-Papá ese nacimiento es como el nuestro. El que encontramos en la basura.
-Pero niña, como va a ser igual, si este debe ser de una gran escultora, no ves que lo han premiado, eso es imposible.
Julita siguió empeñada en la idea de que ella tenía uno como el que allí había, vamos era tan igual que estaba segura que lo había hecho la misma persona. Lo mismo ocurrió con Luisito, con Pilarín, con Guille y con D. Norberto el basurero. Todos pensaron que en esas Navidades el Niño Jesús les había hecho un regalo maravilloso: un nacimiento tan bonito como el que estaba allí expuesto. Ese regalo les había hecho muy felices. 



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 Este es mi primer cuento navideño de este año y aunque todavía queda otro, espero que os haya gustado.

 Os deseo una Feliz Navidad a todos los que os molestáis en leerme

 

 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Las lecciones de la vida. 2º y 3er.Ciclo y Secundaria



Dedicado a todas las personas que voluntariamente se juegan la vida para salvar  la de otras  que consideran más indefensas.



Era un día de verano. La familia de Juan había acudido a la playa con la esperanza de que el agua hiciese más soportable el sofocante calor y ya llevaban más de una hora instalados debajo de la sombrilla. La habían sujetado fuertemente porque en Tarifa, cuando el viento decía de soplar, lo hacía con  furia y los bañistas estaban acostumbrados a ver los quitasoles salir volando como si fueran cometas. Juan estaba haciendo un castillo con la arena de las dunas, cuando al levantar la cabeza se dio cuenta de que pasaba algo que no era normal. Sus padres miraban al horizonte señalando un punto a lo lejos:
-Parece una barca; está tan llena que no puede avanzar. Yo diría que es una patera –dijo el padre a la madre- Creo que tienen problemas. Si no saben nadar, aunque estén cerca de la orilla pueden ahogarse, no ha sido la primera vez que ha ocurrido eso.
-Es verdad, hay que ayudarles -en ese momento todos los que estaban por allí cerca echaron a correr hacia el agua.
-¿Qué pasa papá? ¿A dónde vas?
-Juan, quédate aquí con tu hermana. No os mováis, por favor, la gente de aquella barca parece que está en apuros.
La hermana mayor de Juanito lo tenía cogido de la mano y este miraba con cara de susto lo que ocurría a su alrededor sin perderse detalle. Solo habían pasado unos minutos, cuando llegaron dos ambulancias de la Cruz Roja y de ellas bajaron muchos chicos y chicas que se dirigieron corriendo hacia la orilla. Sacaron a algunos hombres y  mujeres y los  dejaron descansando en la playa. El viaje tan largo les había extenuado.
-Juanito, mira –dijo su hermana- esos chicos son voluntarios.
-¿Y eso qué es?
-Voluntarios son las personas que ayudan a otros desinteresadamente;  no cobran por su trabajo. Ahora están ayudando a los inmigrantes que acaban de llegar.
-¿Inmigrantes? ¿Qué son inmigrantes?
-A la gente que viene de otro país  y se queda a vivir aquí, se les llama inmigrantes.
- ¡Ah! –exclamó asombrado de todo lo que sabía su hermana. Juanito vio cómo un grupo de jóvenes llevaba mantas y agua y las repartían a todos los hombres y mujeres que habían bajado de la barca.
-¿Por qué les dan mantas? si hace mucho calor.
-Seguro que ellos tendrán el frío metido en los huesos; habrán estado dos o tres noches en alta mar y allí la temperatura es más baja.
Después vieron cómo dos enfermeros llevaban en una camilla a una mujer embarazada. En otra, transportaban una persona totalmente cubierta: llevaba la cabeza tapada. Clara se quedó callada, no sabía si decirle a su hermano, que ese hombre o mujer  ya no tenía frio, ni frío ni calor, sino que había muerto en el camino, buscando un mundo, que ellos creían mejor. Él era pequeño y pensó que era mejor que sus padres, cuando volviesen, le contasen lo que ellos creyeran oportuno. Estuvieron de pie durante mucho rato viendo pasar a los pobres hombres y mujeres tapados con las mantas y con botellas de agua en la mano; les acompañaban los voluntarios. Una enfermera llevaba de la mano un niño que era como un muñeco.
-Parece un bombón de chocolate,-dijo la hermana de Juan.
Tendría cinco o seis años y miraba todo su alrededor  con unos ojos enormes que  le resaltaban en la cara como si fueran dos faros. La enfermera lo soltó de la mano para ayudar a un compañero. En ese instante, Juan se separó de su hermana y  fue  corriendo hacia donde estaba el  pequeño.
¿Jugamos? –le preguntó. Al otro niño se le iluminó la cara cuando oyó a Juanito. No le entendía, pero sabía que le estaba diciendo algo bueno. Juan le cogió de la mano y ambos echaron a correr hacia donde estaba su sombrilla. Al recién llegado se le pasaron todos los males cuando vio el cubo y la pala de Juan. Los dos querían decirse miles  de cosas pero no podían, no hablaban el mismo idioma; entonces el niño de la patera se puso a dibujar en la arena; con el dedo fue trazando la silueta de un gran árbol, alto y de tronco muy grueso; al terminarlo lo señaló y dijo:
-Baobab, Baobab;  al lado trazó una línea larga que parecía un río, con muchos cocodrilos y, junto al río, un elefante con su cría bebiendo agua. Juanito se quedó maravillado al ver los dibujos de su amigo. Cuando terminó, le señaló a Juan hacia el otro lado del mar. Juan pensó que algún día visitaría ese país tan maravilloso con árboles tan fantásticos y animales salvajes; después se pusieron a jugar al escondite. La hermana de Juan, de repente, cayó en la cuenta de que la madre  del niño lo estaría buscando preocupada y, entonces,  le llamó:
-Juan, ¿no crees que  su  mamá  se va a asustar si no lo ve? Anda, vamos a llevarlo con su familia. Cuando llegaron donde estaba el grupo, la enfermera se enfadó con Juanito y la madre  del niño empezó a llorar mientras lo abrazaba desesperadamente, las dos creían que se había perdido. Los niños se despidieron del pequeño con pena y la enfermera metió al chiquillo negro con su madre en una ambulancia. Juan estaba arrepentido de lo que había hecho, pero él solo quería hacerse su amigo. Al poco rato volvieron sus padres muy tristes.
-Mamá, cuéntame qué ha pasado por favor, ¿qué es una patera?
La madre no podía hablar, tenía un nudo en la garganta;  entonces le respondió su padre:
 -Mira hijo, Tarifa es el punto más cercano que hay desde España al continente africano, por eso, estos hombres lo han elegido para traer su barca. Parece que son de Senegal, allí son muy pobres, y  piensan que al otro lado del mar está su salvación.
-Pero papá, es verdad, aquí  están salvados. Ya no les va a pasar nada malo, ¿no?
-Hijo, seguramente, los devolverán a su país, aquí no hay trabajo para todo el mundo que entra a buscarlo; lo más grave es que venía con ellos otra patera y durante la noche han perdido su rastro. Van a empezar a buscarla los helicópteros del ejército. Clara y Juanito miraron  la cara de su madre y, al verla preocupada, se echaron en sus brazos; estuvieron así los tres durante un buen rato. Verdaderamente los que vivían a este lado del mar eran afortunados. Cuando se tranquilizaron, Juanito se levantó y, sin decir nada, echó a correr hacia donde estaban todavía algunos voluntarios y miembros de La Cruz Roja.
-¿Dónde vas? Vuelve –le dijo su padre.
-Espera  un momento,  papá, que tengo que preguntar una cosa.
El niño se acercó al  voluntario que estaba más cerca de él; era una chica un poco  mayor que su hermana:
-¿Es muy difícil hacerse voluntario?-preguntó.
-No hijo, solo tienes que querer serlo - le contestó con una sonrisa.
-Pues entonces  de mayor seré voluntario -y, diciendo esto, regresó junto a su familia.
Los padres le miraron con satisfacción, Juan había reaccionado como un hombre ante la dura lección que había recibido aquel día y que no olvidaría nunca;  sin tener que estudiar, la había aprendido en el libro que más nos enseña: el libro de la vida.

El precioso dibujo es de mi nieto Guille.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Vanesa de los cardos. Educación infantil y 1er y 2º ciclo

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Dña.  Vanesa, una elegante mariposa de bellos colores, acababa de llegar de un largo viaje  desde África; había recorrido mil kilómetros en dos o tres días como quien no quiere la cosa, y no estaba nada cansada. Ella tenía un truco: aprovechaba los vientos que venían del desierto del Sahara y se dejaba llevar por ellos, así no tenía que realizar ningún esfuerzo.
Era primavera y necesitaba un lugar donde poner sus huevos para tener descendencia. Normalmente  utilizaba una  zona  en donde proliferaban los cardos. Allí, sus huevos, primero se convertían en unas oruguitas negras y amarillas, bastante peludas, que se alimentaban de las flores que estas plantas pinchosas daban, después se encerraban en una crisálida y,  más tarde, de cada una de ellas salía una preciosa mariposa, tan bonita, como su madre.
Vanesita, una de las orugas, estaba muy triste porque se encontraba horrorosa. No le gustaba la forma agusanada de su cuerpo ni el color a rayas negras y amarillas; tampoco le gustaba que estuviese cubierto de pelos y, por último, lo que más le desagradaba era no poder volar como su madre.
-¿Cuándo podré volar cómo tú, mamá? Es aburridísimo ir arrastrándome por el suelo mientras que tú vuelas por las alturas. Además… soy tan fea, tengo muchas ganas de parecerme a ti.
-Mira, Vanesita-, le decía su madre con  mucho cariño-, tendrás que tener mucha paciencia; para llegar a mariposa primero hay que  ser  durante una semana, más o menos, una  oruguita  y aunque tú te veas fea, para mí eres la cosa más linda del mundo-, le explicaba su mamá dándole ánimos-, luego te encerrarás en un saquito de dormir colgada de una rama y después de estar allí unos días despertarás una mañana transformada en una linda  mariposa



Vanesita no veía la hora de convertirse en  una Vanesa de los Cardos hecha y derecha, que era como llamaban los demás insectos a su mamá, hasta que un día se hizo  el milagro, el saquito desapareció y pudo desplegar al aire sus preciosas alas de color naranja, moteadas con lunares negros y blancos. ¡Qué guapa se veía! Ya no tenía ningún complejo; revoloteaba por aquí y por allá luciendo palmito y presumiendo delante de otros insectos a los que ella consideraba más feos. No se había dado cuenta  de que cada insecto tiene una  forma diferente porque se tiene que adaptar al medio que le rodea y, ahí, no hay ni guapos ni feos si no  que  son de una manera y no de otra porque siguen las leyes de la Madre Naturaleza
 El día amaneció precioso, el sol no calentaba demasiado y  soplaba una ligera brisa que Vanesita aprovechó para levantar el vuelo y recorrer un espacio muy grande sin tener que esforzarse demasiado. Se detuvo cerca de un gran lago. Se acercó revoloteando y se dio cuenta de que había otra Vanesa de los cardos frente a ella dentro del agua.
-¡Sal de ahí que te vas a ahogar! Exclamó Vanesita, pero la otra mariposa no la hizo caso, parecía que le estaba haciendo burla; todos los movimientos  que hacía ella, los repetía sin parar.
Tan enfadada se puso que echó a volar y volvió con su madre, creyendo que dejaba  a la otra mariposa dentro del agua.
Cuando se lo contó a Dña. Vanesa ella se imaginó lo que había ocurrido y volvieron las dos juntas al lago; tenía que empezar a darle lecciónes a la pequeña.
-Mira, Vanesita, ¿Cuántas mariposas ves ahí dentro?
-Dos, mamá.
-¿Y si yo me aparto de la orilla?
-Solo una, mamá.
-Entonces ¿Qué es lo que crees que ocurre?
-Pues no sé-, la pobre Vanesita era muy guapa pero un poco lenta de reflejos.
-Mira, las dos mariposas que ves ahora  somos nosotras. El agua nos devuelve nuestra imagen cuando nos acercamos al lago.
-Entonces esas alas tan bonitas ¿son mías? ¿Y ese cuerpo tan esbelto también?
-Sí, así eres tú ahora-, contestó su madre.
-Pues entonces, vendré todos los días al lago a mirarme.
-Ni hablar, no sabes lo peligroso que es eso, Vanesita, aquí hay muchos  pájaros, peces, ranas y sapos que estarán encantados de que te acerques para comerte.-
-¿Para comerme? ¡Qué va mamá!  Quién va a querer comerse una cosa tan linda como yo. Los mayores siempre amargando a los jóvenes.
La madre se preocupó al escuchar a su hija.
-Prométeme que no vendrás, prométemelo.
Vanesita hizo un gesto de asentimiento con sus antenas y la madre se quedó satisfecha.
Esa noche la mariposa no dejaba de pensar en lo bonita que se había visto reflejada en el agua; la luna estaba en el cielo iluminándolo todo y ella no pudo resistirse.
-Iré una vez más, solo esta noche. Me fijaré bien cómo soy y mañana  saldré de viaje con mi madre y mis hermanas.
http://ichn.iec.cat/Bages/brolles/Imatges%20grans/cVanessa%20cardui.htm

Vanesita voló hasta el lago;  el cielo estaba cuajado de estrellas y la luna tan brillante que parecía que era de día. Se acercó al agua y estuvo volando por encima como si estuviera interpretando un ballet acuático. No dejaba de mirarse reflejada en ese líquido espejo y de pensar en lo linda que era. Se oía un ruido sordo y seco que ella no conocía; era el croar  de las ranas,  también el chapotear de algunos peces que saltaban fuera del agua para capturar insectos, pero ella inconscientemente creía que el peligro no existía; de repente algo saltó a su lado y la salpicó. Se sobresaltó mucho pero voló más alto y se recuperó pronto del susto, después volvió a interpretar su danza, cada vez más segura de la belleza de sus movimientos y de su cuerpo. De repente, algo  largo y glutinoso salió de un cuerpo viscoso con ojos saltones que se encontraba encima de una roca. No tuvo tiempo de reaccionar, era tarde para levantar el vuelo  y, Vanesita cayó  atrapada dentro del estómago de un sapo horrible, que se relamió con su captura.


Queridos peques, es la primera vez que termino un cuento sin final feliz, pero no hacer caso de los consejos de los mayores trae a veces malas consecuencias.
 Si queréis saber más cosas sobre las mariposas podéis pinchar en este enlace y allí encontrareis cosas muy interesantes

Todas las fotos llevan indicado el link de su autor.

http://www.kidsbutterfly.org/life-cycle/spanish

viernes, 2 de noviembre de 2012

Guille y Pablo: Llega Cheetah. Educación infantil y primaria.


En recuerdo de  Nana  y de Cheetah, dos perritas que nos dejaron para subir al cielo de los perros. Cheetah, una  foxterrier,  se marchó ayer; allí estará con su amiga Nana y con todos demás animales que tantas alegrías nos dan durante su vida entre nosotros.Este cuento lo tenía escrito hacía tiempo, precisamente cuando Chetaah llegó a casa de mis nietos para hacer compañía a Nana. Nana murió de vieja y quedó Cheetah que se ha ido solo con cinco años.
Lo he subido ahora para hacerla un pequeño homenaje.

Cheetah
 



Nana, la perrita de Guille y Pablo, está muy viejecita y además se ha puesto enferma. Los dos niños la quieren mucho, por eso, cuando vienen de la calle van a verla, la buscan por toda la casa hasta que la encuentran.
Casi siempre está metida es su caseta porque le cuesta mucho trabajo andar. La llevan muchas veces a que la vea Susi, la veterinaria.
Esta les ha dicho que si le dan unas pastillas todos los días mejorará. Parece que le sientan bien pero, Mayca, la mamá de los niños, piensa que, además de enferma, Nana está muy sola. Antes, tenía la compañía de Pongo pero desde que este no está- se lo llevaron sus primos a una casa más grande porque necesitaba espacio para correr- está muy triste:
- Niños, he pensado que vamos a comprar otro perrito.
-¡Bien!-, gritan contentos-, así Nana tendrá compañía.
-Bueno, también hay que pensar que algún día Nana se morirá y así tendremos otro cachorrito.
-Mama, nosotros no queremos que Nana se muera-, le dicen los dos niños.
-Ya lo sé, pero es muy viejecita y está malita; lo más seguro es que se vaya al cielo de los perros en cualquier momento.
Los  niños se ponen a llorar pensando que Nana se va a morir, así  que, para que se les pase el disgusto la madre se va en busca de un libro de razas de perros que tiene desde pequeña y empieza a mirar cuál  es cachorro que más les conviene:
-A mí me gustan los Beagles-, dice Guille muy contento, pensando que podrá tener uno.
-Y a mí también-, repite Pablo al que le gustan  las mismas cosas que a su hermano.
En ese momento entra  el padre:
-¿Qué estáis haciendo?
-Estamos mirando un perrito nuevo para que le haga compañía a Nana y por si se muere pronto-, explica Pablo haciendo pucheros.
-Bueno, no llores. A lo mejor falta mucho para que eso ocurra. ¡Venga, vamos a elegir uno! y el papá se agrega al grupo para animarlos.
A  su padre le gustan los foxterrieres. Siempre ha soñado con tener un perro de esa raza. Encienden el ordenador y buscan en las páginas de venta de animales:
-¡Mirad! venden cachorros de foxterrier con pedigrí, justo lo que yo quiero-, dice. Guille se queda un poco desilusionado pero si traen un foxterrier  también lo va a querer mucho.
Su mamá llama al teléfono que indica en la página de internet, y se pone de acuerdo con el dueño de los perritos en que se lo van a mandar por  una agencia de transportes que está especializada en llevar animales de un sitio a otro. Los niños están contentísimos, van a tener un cachorrito nuevo dentro de dos días.
Les mandan una hembra y le poner de nombre Cheetah, porque los Foxterrier corren mucho lo mismo que esos felinos. El nombre lo ha elegido Guille porque dice que  el Cheetah es el animal que más le gusta.
Cuando llegan del colegio van corriendo a verla. Es una perrita preciosa  que tiene casi todo el cuerpo  blanco con algunas manchitas marrones y otras más pequeñas, negras. No para de llorar porque echa de menos a su mamá,  entonces la meten en la caseta de Nana, se acurruca junto a ella y se calla.
Los abuelos vienen a conocerla:
-¿Qué nombre le habéis puesto?
-Cheetah.
-¿Le habéis puesto nombre de mono a un perro?
-No abuela, cheetah como los leopardos.
Claro, esta palabra aunque se escribe así, se pronuncia de otra forma, por eso los abuelos entienden: Chita
-No nos gusta, parece que la llamáis Chita como a la mona de Tarzán.
Los niños se quedan un poco desilusionados por la opinión de sus abuelos pero inmediatamente se les olvida y se van a buscarla.
Le gusta mucho jugar con ellos y  desde pequeñita se la ve que tiene genio pues gruñe cuando la regañan si hace algo malo.
Es muy inquieta y no para de correr por el jardín. A veces tira alguna maceta. Cuando oye algún perro fuera, rodea la valla ladrando y trepando por ella  hasta que se va. ¡A la pobre Nana la vuelve loca!
La compañía de Cheetah ha sido muy beneficiosa para ella. Ha mejorado mucho y está más contenta, sin embargo el cachorrito se ha hecho grande y a veces las dos perras se pelean. Cheetah no respeta que Nana sea más mayor y quiere comer antes que ella, así es que Nana tiene que hacer valer sus derechos.
Aparte de los roces en la comida, se llevan muy bien y les gusta mucho dormir juntas.
Nana
Un día Nana no se puede levantar, se encuentra peor, avisan a la veterinaria  y esta le dice que la perrita se está muriendo.
La mamá empieza a llorar porque ella tiene a Nana desde hace mucho tiempo, casi desde que era una niña ¡Menos mal que los niños no están en casa!
Nana mira a Mayca y cierra los ojos para siempre. Cuando llegan Guille y Pablo, preguntan por ella porque no la ven.
-Susi se la ha llevado a la clínica para ver si mejora-, les dice su madre esperando el momento adecuado para darles la mala noticia. Ellos se conforman y juegan con Cheetah.
Los días van pasando y los niños cada vez están más encariñados con su nueva perrita. Cuando Mayca cree que ya están preparados, les dice:
- Me ha llamado Susi, Nana se ha ido al cielo de los perros.
Los dos niños se quedan callados. Pero luego Pablo le pregunta:
-¿Entonces mamá, ya no la vamos a ver más?
-No Pablo, ahora tienes a Cheetah para que te haga compañía.

Guille y Pablo sienten mucho la falta de Nana y han estado todo el día tristes, pero los niños enseguida olvidan. A la mañana siguiente, al levantarse, salen a jugar con su nuevo cachorrito; los chavales son así.

lunes, 22 de octubre de 2012

Guille y Pablo, el niño mágico 1º y 2º de Primaria



 El niño mágico

Pablo está sentado viendo la televisión. A él no le gusta que le besen ni que le achuchen. Siempre que llegan sus abuelos, para no tener que darles un beso, se busca unas excusas muy raras y se esconde donde pilla: detrás del sillón, debajo de la mesa de la cocina, en el lavadero o se queda tumbado en el sofá y  se tapa con alguna manta.  Guille, que es mas mayor, sale a recibirles y les da a los dos un beso y un abrazo muy fuerte
-Hola Guille, ¿Estás solo? -le preguntan sus abuelos guiñándole un ojo
-Pues sí, Pablo se ha ido.
-No estoy, soy invisible, hoy soy  un niño mágico, así que no me busquéis  porque no me podéis ver -dice una vocecita que sale de algún rincón de la casa.
Los abuelos le siguen el juego y empiezan a buscarle por la cocina.
-¿Estás debajo de la mesa? A lo mejor está en un armario.
-Creo que es verdad que se ha ido de casa.
Guille está cansado de que todos los días haga lo mismo. 
-Está en el sofá, tapado con una manta  -susurra al oído de la abuela, un poco fastidiado.
 . -Nos vamos a sentar a descansar un poco -dicen los abuelos y, con cuidado para no hacerle daño, se sientan en el sofá encima de él.  Pablo empieza a chillar porque le han descubierto.
-¡Anda!, pero si estás aquí, venga danos un beso que ya te hemos pillado –le piden.
-A ver :
Pito pito gorgorito
¿Dónde vas tú tan bonito?
A la era verdadera
Pin pan pun fuera
-Hoy no toca beso -dice  Pablo.
-Pues entonces, hoy, tampoco toca cuento –le contesta la abuela.
A Pablo le gustan mucho los cuentos, así que,  se decide  a darles un beso; les da uno a cada uno, pero tan pequeño que casi no se nota.
-Venga, abuela que ya te lo he dado, cuéntame un cuento.
- Bueno, vale: Erase  una vez  una ranita amarilla que vivía en una charca en medio de un bosque...
-Abuela, las ranas no son amarillas, son verdes -le interrumpe Pablo.
-Pablo, hay  ranas de muchos colores
-¿Pero aquí, en este planeta?
La abuela se ríe:
-Sí es este planeta. ¿Quieres verlas en internet?
-Sí, sí, vamos a verlas.
La abuela, Guille y Pablo se meten en internet y ven la gran cantidad de ranas de colores  que hay por el mundo: naranjas, a rayas, amarillas y negras, rosas y negras a rayas, verdes con lunares negros, cabeza naranja y patas azules.
-¡Qué bonitas! abuela. Venga sigue con el cuento.
La abuela mira el reloj y ve que se ha hecho muy tarde; los niños tienen que cenar e irse pronto a la cama
-Lo siento, pero ya no es hora de seguir con el cuento, mañana cuando vuelva os  lo  seguiré contando, siempre que estés dispuesto a darnos un beso al abuelo y a mí. 
-Pues no sé, a lo mejor, mañana también soy mágico.
 -Este niño no tiene arreglo  -comentan riéndose  sus abuelos, mientras Guille se despide  de ellos con un beso y un abrazo muy fuerte.
-¡Hay que ver que diferentes son estos chicos! No parecen hermanos. 
-No te preocupes mujer, cuando se haga mayor ya se le quitará esa 
manía.


El dibujo del sofá es de Guille. Os hubiese gustado ver a Pablo tapado con una manta sirviéndole de modelo, mientras Guille le dibujaba.


jueves, 18 de octubre de 2012

Un ogro simpaticón de Liana Castello Educación infantil y 1er. ciclo de Primaria

 
 
Liana Castello es una estupenda escritora argentina que escribe cuentos infantiles. A mí me ha gustado tanto  este que, con su permiso, lo he colgado en mi blog para que disfrutéis con el.
 
 
 
 

jueves, 4 de octubre de 2012

Guille y Pablo: Guille y la decisión del lobo. 2º y 3º de Primaria.





Guille se había quedado dormido leyéndole un cuento a su hermano; Pablo siempre elegía el de Caperucita porque le hacía mucha gracia el lobo. El libro se le soltó de las manos y se cayó  desde la cama al suelo. Se abrió por la primera página.
Decía así:
Por fin había terminado de llover. El sol se asomaba tímidamente entre las nubes observando  lo limpio que había quedado  el bosque, después del chaparrón. Él, y su aliada la lluvia, tenían los árboles y las flores de un brillante precioso, así que se sentía muy contento.
El lobo, escondido detrás de un magnífico castaño, había aguantado estoicamente el aguacero. ¡Qué le iba a hacer! Desde que a Perrault se le había ocurrido colocarlo en este cuento, estaba acostumbrado a soportar las inclemencias del tiempo, tanto en invierno como en verano, siempre lo mismo; además ya estaba un poco aburrido  de esperar todos los días a que pasase Caperucita, hacerle siempre las mismas preguntas y repetir las mismas fechorías.
-¿Dónde vas, Caperucita? ¿Qué llevas en esa cestita?... No me extraña que diga que soy tonto o por lo menos desmemoriado –pensaba el lobo mientras se sacudía fuertemente las gotas de agua que habían quedado dentro de su pelo-. Si al menos pudiésemos variar el diálogo, no sé…por ejemplo: ¿Qué tal, Cape? ¿Cuándo terminas las clases? ¿Te mola tu profe? ¿Por qué no me das ahora el trozo de pastel  y, así, me ahorras el trabajo de ir a casa de tu abuela? Mira que la pobre ya no está para que todos los días se lleve esos sustos,  un día le va a dar un patatús, y yo tampoco tengo ganas de ponerme su camisón, que cada vez me queda más estrecho; ahora estoy más viejo  y mis hechuras no son las de antes. ¡Lo que daría  por un conejito al ajo cabañil! Pero aquí no hay nada que comer, solo frutos del bosque y flores. ¡Tendría que haberme hecho vegetariano y, así, estaría mucho más tranquilo!
Creo que Caperucita ya viene por allí, ¡ahí va! si la acompañan un montón de turistas japoneses. Bueno, hoy sí que habrá que representar  muy bien  el cuento.
El lobo se acicaló pasándose la lengua por sus patas y por la cara y, cuando ya estuvo satisfecho del resultado, empezó como todos los días su actuación:
-¡Hola, Caperucita! ¿Dónde vas tan aprisa?
-Voy a casa de mi abuelita, que está enferma.
-¿Y qué llevas en esa cestita?
-Pues un trozo de pastel y una jarrita de miel.
-¿Y dónde vive tu abuelita?
Así comenzaba otro día para el lobo, con  las mismas situaciones de siempre:
-Ahora tendré que echar a correr para llegar antes que ella y asustar a la abuelita, y meterme en la cama y, luego, que si tengo los ojos y los dientes muy grandes y, después…, lo que venía después, eso sí que no lo podía resistir; cuando veía aparecer al cazador  se le ponían los pelos de punta y le entraba un temblor en las patas que no podía dominar.
¡Hasta cuándo este suplicio! Lo tenía muy pensado, lo mejor sería cambiarse de cuento.
-Mañana mismo me mudo.
A la mañana siguiente, cuando Pablo se levantó, volvió a pedirle a su hermano que le leyese el cuento de  Caperucita, pero cuando Guillermo lo abrió exclamó:
-¿Qué le ha pasado a este libro? No está el lobo en ninguna parte; parece como si alguien hubiese recortado los dibujos.
-Pues así no me gusta –le dijo Pablo- anda léeme otro, coge El libro de la Selva.
Guille  tomó el cuento que le había dicho su hermano de la estantería y  se dispuso a leérselo, mas cuando lo abrió, los dos hermanos se llevaron una agradable sorpresa: en medio de una  preciosa  manada estaba su lobo. Descansaba lamiéndose las patas;  a su lado se  podían  ver los restos de un pequeño animal que acababa de cazar ; por fin,  se  le veía satisfecho  en ese lugar; allí  solo se ocupaba de hacer lo que más le gustaba en la vida, ser un lobo. Los niños lo miraron  sonriendo, le hicieron un guiño y cerraron con cuidado el libro. 

El dibujo lo hemos hecho entre mi nieto Guille y yo. Le convencí, a medias, de que dejase de ver el fútbol para realizarlo.

martes, 25 de septiembre de 2012

Caperucita Liberty

Liberty con un precioso chubasquero rojo

Caperucita LIBERTY no tiene miedo del lobo, nunca ha visto ninguno  y  será muy difícil que le salga alguno entre los árboles, empezando porque en las ciudades  ya casi no hay árboles, así que lobos tampoco. No tiene  que llevar ninguna cestita a ninguna abuelita, ni tampoco llamar a los cazadores para que la salven; esos son tonterías comparado con el trabajo que le han encomendado; es algo mucho más importante y delicado  y no puede fallar nunca porque eso supondrá un gran  peligro para Maite, la persona a la que  ha sido designada.
Como veis es una perrita preciosa y muy lista.
 


LIBERTY es una labrador hembra de un color canela clarísimo, tanto es así que Maite, que todavía ve un 5% creía que era blanca cuando se la entregaron en  el LEADER DOG  for  the blind en Rochester Hill, Michigan.
En España había  una lista de espera de tres años y ella necesitaba sentirse libre y no depender de nadie para salir a la calle. Por eso se decidió a ir allí
 Cuando hace unos meses nos contó que lo tenía todo preparado, pensamos que era  una locura, una empresa muy difícil y arriesgada para una mujer con el 5% de visión. Pero la Once ya lo tenía todo organizado, se iban a marchar a Estados Unidos  cinco personas a buscar a su perro guía con la única compañía de un intérprete.
Quedamos en vernos en Valencia, donde ella vive, en los jardines del rio frente al Palau y la vimos llegar triunfante  y vencedora, guiada por su perra LIBERTY.
- Cuando me entregaron  a LIBERTY-, nos contaba-, el instructor me dijo que al verme  supo que esa era mi perra. Lo hacen así con todos;  estudian a las personas primero y luego le adjudican a  su guía. Me encantó su nombre “Libertad”

Contándonos a mi hermana y a mí su bonita historia


Nos contó tantas cosas bonitas sobre  los instructores, los perros y sus dueños que estábamos  emocionadas. Quizá  algún día escriba un cuento sobre LIBERTY y Maite,  una pareja de valientes que ahora pasean  por Valencia. Cuando llegó la hora de volver nos dijo que en ese momento ya no la podíamos acariciar  ni distraer porque empezaba  su trabajo
-Find the bordillo-, le dijo-,  Ahora Find casa
Las vimos alejarse por la rampa que teníamos enfrente y admiramos el valor de Maite, la dedicación de los instructores, el cariño de las familias que tienen a los perritos cuando nacen sabiendo que al año los tienen que devolver y  la sabiduría de LIBERTY. Todos esos actos desinteresados han conseguido que Maite pasee en libertad con LIBERTY.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Guille y Pablo. Empieza un nuevo curso Ed. Infantil y 1er. ciclo de primaria.






Las vacaciones han terminado para todos y los niños se preparan para empezar un nuevo curso.
Guille y Pablo se han levantado un poco nerviosos, por eso no tienen ganas de tomar nada; sin embargo su mamá les ha hablado de  lo importante que es desayunar bien para poder estar fuertes y trabajar mucho. Los niños se han convencido y  han tomado un poquito de zumo y un gran vaso de leche con galletas. Guille este año pasa a 2º de primaria  y Pablo a 2º de infantil.





El colegio está en el centro de Murcia y durante el trayecto, los tres van cantando Hombre lobo en París, que es una canción que les gusta mucho. Su mamá deja el coche en un garaje para poder acercarlos sin prisa. Pablo siempre que entra al garaje, antes de salir del coche, se cuelga del agarrador  con una mano, se encoge y hace tantas piruetas que parece auténticamente un mono. Su madre siempre le regaña, pero a él le encanta. Le dice que no lo va a hacer más pero se le olvida y al día siguiente lo vuelve a repetir.
El patio del cole es grandísimo, con muchos árboles y muchos columpios para que los niños y las niñas se diviertan. Hoy es el día de bienvenida, por eso estarán solo dos horas y, al día siguiente, ya tendrán el horario completo.

 Pablo, al llegar, le ha dado un beso a su señorita y se ha puesto contentísimo al ver a todos sus amigos. Los han colocado en fila, con una mano en el hombro del compañero que tienen delante y, así, haciendo el tren, se han preparado para ir a clase.
-Siempre tenemos que entrar de esta forma, mamá-le explica mientras se despide de ella moviendo la mano que le queda libre.
Como es el primer día de clase no han llevado babi.  Al salir, Pablo comenta que se lo ha pasado muy bien porque no  han trabajado, solo han jugado  y se han tomado el bocadillo en el patio.
-Mamá, la señorita dice que estoy muy guapo,  y que me he hecho muy mayor -le comenta a su mamá muy orgulloso cuando va a recogerlo.
Guillermo como ya es mayor se está volviendo un poco vergonzoso y no ha querido darle un beso a su profesora.Él está en otra parte del edificio y le han subido una planta más arriba.
En la clase de Guillermo han pasado lista y cada niño ha elegido su sitio

Hoy solo han coloreado y han hablado de las vacaciones pero mañana, tienen que traer todos los libros forrados y los cuadernos con los nombres puestos.
En casa, después de comer, han  forrado el material para llevarlo todo listo al día siguiente. Se han acostado temprano para poderse levantar al día siguiente descansados.
El segundo día de colegio, ya ha sido un día normal de clase. Pablo ha venido muy contento porque ha aprendido a escribir su nombre. Lo ha escrito en un rectángulo de cartulina, que la señorita ha pegado encima de su mesa:
-Así no os confundiréis  y cada uno de vosotros se sentará en su sitio sin que haya problemas-ha indicado la seño a todos los niños.
Luego han cantado una canción muy bonita que se llama “Jugando al escondite”. Pablo no para de tararearla en casa. Su abuela, como también se la sabe  la canta con él.
 Guille ya ha empezado con las fichas y también ha hecho un copiado.
Cuando sus padres les ven tan mayores y tan trabajadores, se sienten muy orgullosos de ellos.


Las ilustraciones están sacadas de páginas de internet que ofrecen amablemente los dibujos para colorear o imprimir.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Mi pequeño homenaje a Roald Dahl


Queridos amigos, estoy intentando  escribir algún comentario sobre Roald Dahl en el día de su nacimiento y  me doy cuenta de que no puedo decir nada sobre este magnífico escritor que no se sepa; por eso voy a contaros cómo  he aprendido a quererlo y gracias a quién ha sido.

Carátula de la película.
Cuando yo era una niña leía  muchos tebeos y cuentos de hadas  de la colección Azucena,  pero sobre todo estaban de moda los cuentos de Charles Perrault , de Hans Christian Andersen, de los hermanos Grimm  y de Julio Verne, sin embargo, no pude leer  de pequeña  el maravilloso libro de Matilda o  Charlie y la fábrica de chocolate. Yo primero los conocí como películas. La película de Matilda me encantó  y eso que ya tenía nietos, pero es que nunca he dejado de ser niña. Después conocí el blog Cuando Matilda se haga mayor  y su autora y todos sus seguidores me transmitieron la admiración que sentían por este escritor. En una de las entradas de este blog hablaban sobre la literatura infantil y  cómo había adultos a los que les daba vergüenza reconocer que leían cuentos y a otros que les daba igual lo que pensase la gente, si les gustaba un cuento lo leían aunque fuesen mayores.

Ilustración de Quentin Blake.
 Yo en ese momento estaba leyendo David Copperfield pero me daba vergüenza decirlo; creía que ese libro lo tendría que haber leído cuando era joven y no ahora. Sin embargo me di cuenta que había mucha gente mayor que leía literatura infantil y que disfrutaba haciéndolo como a mí me pasaba.  Desde ese momento pensé que leería lo que me apeteciese  cuando quisiera. Al terminar Copperfiel me decidí  a leer Matilda ya que en el blog que os he dicho siempre hablaban de ella y, además,  con muchísimo cariño.
Bien os diré que he disfrutado con esta historia muchísimo. Todos los personajes están también descritos que parece que los tienes delante cuando lo estás leyendo.
Me ha asombrado la psicología de su autor para entender el mundo de los niños sobre todo cuando leí la historia de su vida y  me enteré que  nunca trabajó en el mundo infantil.
Inmediatamente leí Charlie y la Fábrica de Chocolate y ahora empiezo con El Vicario que hablaba al revés.
En fin, estas letras son mi humilde homenaje a ROALD DAHL, un  excelente escritor que cada vez es más conocido entre nuestros niños. Espero que si alguien  todavía  no  ha tenido entre sus manos ningún cuento suyo no espere más y se decida a sumergirse en sus  libros; cuando lea el primero no parará hasta saborearlos todos. Estoy segura.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Historia de un rio. 2º y 3er ciclo.



Braulio estaba sentado en una roca de la orilla; bostezaba aburrido ante la perspectiva de una pesca escasa.La verdad este no era un deporte muy adecuado para sus trece años. Se estaba haciendo tarde y temía volver a casa de vacío; de repente notó un fuerte tirón de la caña.
-Ahora sí que he pescado algo grande. Esta vez no se me escapa.
Clavó la caña con fuerza entre dos piedras  y rápidamente  cogió una red  para sacar  la trucha que debía de estar enganchada en el anzuelo. Tiró con mucho cuidado para que no se le escapase, pero cuando la pieza apareció de debajo del agua, se llevó una desagradable sorpresa.
- ¡Qué asco! Ya ni siquiera se puede pescar en este río-dijo enfadado,  mientras intentaba soltar del anzuelo un zapato que se había enganchado en él. Se indigno tanto que se salió del agua y empezó a recoger todos los útiles de pescar.
-¡Ya está bien!  No pienso perder más mi tiempo con la dichosa manía de mi madre: “Braulio ve a pescar, seguro que te distraes”. Yo no vuelvo  más por aquí,  cada vez hay más basura en el rio, no me explico cómo la  gente no cuida  lo más importante que tenemos, mira que el sitio de tirar un zapato ¡es indignante!
Braulio era un chico muy concienciado con los problemas que la escasez de agua estaba generando en gran parte del planeta. Muchas veces pensaba que cuando fuera mayor se iba a hacer voluntario de Greenpeace para defender los derechos de la Tierra; Mientras lo guardaba todo, le pareció escuchar que alguien le llamaba. Miró por todos lados pero no vio a nadie.
-¡Eh, Braulio
Esta vez estaba seguro, lo había vuelto a oír  pero… ¿de dónde salía la voz?
-Aquí, soy yo.
-¿Quién anda ahí? -preguntó asustado sin  encontrar a la persona que le estaba hablando-. Estará escondido detrás de los árboles, pensó-. ¡Que salga quien sea!  Es de cobardes esconderse.
Por un momento estuvo a punto de echar a correr y buscar ayuda. No se podía esperar nada bueno  de  alguien que  le llamaba y no daba la cara.
-Aquí, soy yo, el río, ¿es que no me ves? Has estado pescando toda la tarde en mis aguas; bueno, más bien intentándolo.
El chico de repente creyó que estaba sufriendo alucinaciones, había venido sin gorra y, claro, pensó que le había dado una insolación.
-Me está bien empleado, mi madre me lo tiene dicho:”Braulio, no te olvides de la gorra que el sol  pega muy fuerte en verano”
-Perdona, pero no lo estás soñando, te estoy  hablando yo, el río en el que te bañabas hasta hace poco ¿Es que ya no te gustan mis aguas?

Braulio seguía sorprendido, no sabía qué hacer pero, la voz que le llamaba era tan tranquilizadora que, casi sin darse cuenta, como si fuera lo más normal del mundo, se fue calmando y  mirando a la corriente de agua contestó:
-Me gustaban antes cuando estaban limpias pero, ahora, ya ves lo que he pescado en ellas, un zapato viejo. Todo se está contaminando -dijo con pena.
-Pero, yo no tengo la culpa; habéis sido vosotros, los humanos los que me habéis maltratado y humillado, manchado el cauce por el que corro desde hace miles de años. ¿Te crees que me gusta? Antes los guijarros relucían cuando los rayos del sol se reflejaban en ellos, ahora casi no se ven; mi agua baja muy turbia.
 
 Braulio volvió a mirar a todos lados, seguía sin creer que estaba hablando con un accidente geográfico-era así cómo se llamaba a los ríos cuando los  estudiaba en la escuela- sin embargo, por allí no había nadie que pudiese reírse de él, así que como no sabía qué hacer, se sentó encima de los juncos que había en la orilla y escuchó al rio Grande que siguió hablándole:
-Te contaré mi historia y comprenderás cómo mi deterioro se debe casi todo, al mal uso que han hecho de mí las personas -Braulio escuchó en silencio; reconocía que  el río tenía toda la razón-. Bueno, yo sé que ese es tu nombre porque he  oído  a tu madre miles de veces pronunciarlo  cuando te bañabas, aquí, en este remanso y, no siempre le hacías caso, Braulio por aquí, Braulio por allá; necesito que alguien me defienda, además haciéndolo, defenderás  los derechos de tus hijos y de tus nietos cuando los tengas; las personas necesitan tener agua limpia en sus ríos. Escúchame con atención: Hace muchísimo tiempo nací  en medio de dos gigantescas montañas.


Desde que me asomé entre las rocas, corrí alegremente hasta la desembocadura en el mar. Siempre estaba contento porque todo lo que me rodeaba era hermoso. Durante todo el camino que hacía desde la montaña hasta el valle, me acompañaban frondosos bosques llenos de árboles corpulentos que introducían sus raíces por debajo de la tierra  húmeda hasta llegar a mí. En el cauce superior, yo corría  más rápido entre las rocas; se me antojaba que me deslizaba por  toboganes esculpidos en mi lecho  que, a veces,  formaban grandes cascadas. Después, cuando recorría el valle, lo hacía con más tranquilidad; allí  nadaban reposadamente las truchas y los barbos, haciéndome cosquillas cuando rozaban los guijarros con sus aletas  y, por fin,  después de muchos kilómetros avanzando, me encontraba con el mar. Durante los momentos en que el agua dulce salía a mi encuentro para saludarme, algunas especies  marinas que habitan en los estuarios entraban en contacto conmigo; los camarones y los cangrejos, vivían allí  y  servían de alimento a montones de aves migratorias: aparecían los patos salvajes, y las pequeñas zancudas que encontraban su comida entre los fondos del estuario. La vida bullía por todas partes y todo era gracias a mí.
-La verdad es que debe de ser bonito viajar desde las montañas hasta el mar entre tanta naturaleza- interrumpió Braulio.
 
 -Antes sí, pero ahora las cosas no son lo mismo. En la época  de la que te hablo, bajaban a mí los habitantes de los bosques: las hadas, las ninfas, los gnomos, los elfos y otros seres que, por estar siempre ocultos no te puedes ni imaginar que existen. Todos los días se aseaban en mi orilla y pasaban mucho tiempo bañándose  y jugando conmigo. Después se tendían sobre el lecho de hojas que había en mis orillas hasta que se secaban bien sus alas y sus ropas de seda. Luego llegaba el momento en el que las hadas y las ninfas se peinaban sus largos cabellos. Ellas llevaban siempre peines con  púas finísimas que les hacían los duendes con las acídulas de los pinos y, entonces, mirándose en mis aguas cristalinas, que eran como espejos, empezaban a cepillarse  el pelo que  adornaban  con flores recogidas en mis orillas o arrancadas de mis entrañas, como los nenúfares. Así pasaban las horas, todos  a mi alrededor,  porque yo les surtía de agua  limpia y fresca ya que el agua era imprescindible para su vida.
-Oye, me estás dejando de piedra- dijo Braulio asombrado-, ¿de verdad  existen los seres mágicos del bosque? yo no me lo creía  pero, si tú lo dices… Y, ahora, ¿siguen bajando a bañarse en tus aguas?
-Ahora no- contestó el rio Grande con tristeza-, hace tiempo que no veo a ninguno; ellos necesitan el agua limpia para vivir, si no mueren.
Braulio se quedó muy triste y pensativo, era una pena que esos personajes tan maravillosos hubiesen desaparecido de la tierra. El chico observó que poco a poco los pájaros habían dejado de cantar y los insectos de zumbar, parecía que todos escuchaban la historia del rio Grande.
-Sigue contándome  tu vida, por favor,- le suplicó.
-Bien, cuando se marchaban los seres mágicos  del bosque, llegaban los animales a beber. Había infinidad de aves, jabalíes, ciervos, corzos, pequeños conejos, garduñas y otros roedores; pero el más temido por todos era el oso. Normalmente, cuando este último estaba cerca de mis orillas, los demás animales se escondían y cuando él se marchaba, acudían los demás contentos ya, porque el peligro había pasado. Cuando más me  divertía  era en la época en que los salmones regresaban a su lugar de nacimiento. Disfrutaba jugando con los osos y con estos gigantescos pescados, aunque,  a veces, sufría cuando veía el esfuerzo que hacían los pobres para remontar mis aguas sin que  pudiera ayudarles. Pasó mucho sin que nada enturbiara mi vida,  hasta que  un día llegaron a mis orillas unos seres  que nunca había visto.  Ahora, ya sé que eran hombres, pero en aquella época me parecieron unos animales muy extraños; me sorprendía verlos  andar sobre dos patas y que se entendieran entre ellos  de forma diferente. Luego supe que vosotros os comunicáis  por medio del habla. Estuvieron bañándose en mis aguas y, después,  descansaron en mi orilla como hacían mis amigas las ninfas y las hadas; a partir de entonces se quedaron a vivir cerca de mí y desde aquel instante empezó mi decadencia. Observé con tristeza que desde que los hombres llegaron, los seres mágicos de los bosques no bajaban  tanto, solo  aprovechaban para hacerlo, cuando los otros estaban dormidos; yo creo que les tenían miedo. Un día, todavía lo recuerdo con tristeza, algunos ciervos y jabalíes estaban pastando tranquilamente cerca de mí, un grupo de hombres  apareció chillando, llevando en sus manos palos largos terminados en puntas de piedra. Los animales salieron asustados corriendo, pero los que no pudieron escapar acabaron muriendo atravesados por aquellas varas tan peligrosas. Fue la primera vez que asistí a una cacería. No me gustó nada, observé en aquellos seres una violencia que no había visto nunca en mis amigos, ellos  siempre mataban cuando tenían hambre, pero aquella vez me pareció que los humanos  lo hacían también para divertirse y, desde aquel momento, todo a mi alrededor empezó a experimentar grandes  cambios. Ese día, mi  agua se llenó de la  sangre de mis amigos y de la violencia de los hombres; tardé mucho tiempo en poder limpiarme y sentirme otra vez contento y despreocupado. Poco a poco, los recién llegados aprendieron a construir casas cerca de mis orillas; necesitaban de mi agua para vivir y, además, tenían bastante caza así es que el sitio era ideal para quedarse. Empezaron a podar árboles para hacerse cabañas y a cortar ramas que convertían en  leña en el invierno.  Yo lo perdonaba todo por los niños, que eran muy graciosos; a ellos les gustaba mucho estar cerca de mí y cuando llegaba la hora de sus juegos me divertía como años atrás lo hacía con los seres mágicos del bosque. Poco a poco recobré la alegría porque veía que  eran felices conmigo. Un día uno de los niños más pequeños, Olfo, en un descuido de sus padres se metió en una parte bastante profunda de mi cauce; yo bajaba con mucha fuerza porque había llovido en las montañas y la corriente era muy rápida. Quise evitarlo, pero no pude hacer nada. Olfo estaba solo y sintiéndose en peligro, estuvo pidiendo socorro durante mucho tiempo, pero nadie le oyó. Empezó a tragar agua, yo  lo quería empujar hacia la orilla con mi corriente pero, él cada vez se hundía más y más. Fue algo terrible notar el peso de su cuerpecillo sobre mi lecho y, saber que por mucho  que yo quisiera, no lo podría levantar. Mi corriente lo arrastró unos metros más abajo; allí lo encontraron sus padres. Fue la primera vez que yo vi a los humanos llorar con desesperación  y, también,   la primera vez que una mujer me maldijo con tanta rabia. Braulio, yo no lo pude evitar;  ese día mis aguas se volvieron un poco saladas; cogieron  el sabor de las lágrimas  que todos  derramamos por Olfo.
Braulio escuchaba callado, ahora, el también estaba llorando. Se secó un poco la cara y  dijo:
-No me creo que tengas sentimientos como las personas, eres un río, solo agua.
-Solo agua dices, ¡soy la vida!,-contestó indignado-, gracias a mí viven miles de personas en la ciudad y, lo peor es que no os dais cuenta de ello cuando me echáis toda la basura que se os antoja.


Braulio se dio cuenta de que el río tenía razón y le invitó a que siguiera hablando:
-Bueno no te enfades, sigue  con tu historia aunque mi madre se va a preocupar si ve que no estoy en casa a las nueve.
-Vale en seguida termino. Cada vez había más humanos viviendo en mis orillas hasta que construyeron la ciudad  en dónde tú vives ahora. Cortaron miles de árboles para hacer las casas y construyeron industrias que,  desde entonces, vierten en mis aguas aceites  y metales pesados, además  en el cauce bajo, los agricultores abonan sus cosechas con nitratos y a veces echan pesticidas. Todo eso  acaba en mis aguas. El bosque que me rodea  cada vez es más pequeño,  por eso, ahora llueve menos y mi agua está más turbia.
Braulio miró el reloj,  y aunque se estaba haciendo tarde,  estaba viviendo un momento mágico junto a su río y le daba pena dejarle, pero anochecía y pensó  que tenía que interrumpirle:
-Estoy muy a gusto a tu lado pero, tengo que irme, sino lo hago mi madre me echará una bronca y no podré venir más –dijo levantándose y sacudiéndose  las briznas de yerba que tenía en los pantalones.
-¿Me prometes que volverás? Tenemos que hablar, tienes que intentar estudiar mucho para poder ayudar a conservar toda la naturaleza que todavía queda intacta.
-Te lo prometo, en el momento que pueda regresaré; hasta la vista.
Braulio se subió en su bicicleta y se alejó con el corazón encogido, nunca hubiese pensado que los ríos tuviesen sentimientos; a lo mejor también los tenían los bosques, las montañas y, por supuesto, los animales. Toda la percepción que tenía del mundo había cambiado. Tenía que poner su grano de arena o más aún todo su empeño en conservar aquello que todavía tenía intacta su belleza. Cuando llegó a su casa salió a recibirle su perra Tula; ese día le pareció que estaba más contenta que de costumbre, era como si saludase a su compañero o más bien a su cómplice. Su madre salió a la puerta.
-¿Qué tal la pesca? ¿ha habido suerte?
-¡Qué va! Un zapato viejo. Mamá deberíamos de hacer algo para que la gente no eche basura al río. Es una pena que no haya casi pescado por causa de lo que vierten  al agua. Me han dicho que las fábricas contaminan mucho.
Su madre le escuchó sorprendida; no estaba acostumbrada a que Braulio se preocupara  tanto por cosas serias.
-Venga, sube a bañarte que es tarde. Hoy vamos a cenar a las tantas.
-Mamá, mejor me ducho, no debemos malgastar el agua.
La madre de Braulio se quedó callada, su hijo estaba muy ecologista esa tarde. Parecía que estaba madurando y eso la satisfacía mucho. Mientras  cenaban, salió un anuncio que llamó a atención de Braulio.
-Déjalo ahí, por favor mamá, quiero saber lo que dicen de Greenpeace-; la presentadora anunciaba unos campamentos: Greenpeace oferta sus  últimas plazas para campamentos de verano a para niños de 9 a 17 años-.Mamá, todavía quedan plazas para mi edad, me gustaría  ir a esos campamentos; allí te enseñan a resolver  los problemas que tenemos los hombres con el medio ambiente
-Hay que ver la perra que te ha entrado con este tema. Así, de repente, sin pensarlo, la verdad es que no sé. Ya les escribiré y  tomaremos una decisión. Ahora ya hay que acostarse que mañana te dan las notas finales ¡Ah! Y si te suspenden, no hay campamentos que valgan.
Braulio  pasó aquella noche en blanco y si dio alguna cabezada, no pudo descansar bien, pues entre sueños, veía a las ninfas y a los elfos  que con sus dedos largos y finos le acusaban de haber tirado un montón de zapatos viejos al rio. Se levantó de madrugada y no quiso dormir más, estaba muy nervioso. En los días siguientes pasaron dos acontecimientos  muy importantes para  Braulio: las notas fueron estupendas y  por otro lado  su madre le comunicó que podía ir a los  campamentos que  Greenpeace tenía organizados. Estaba deseoso de volver al lugar en el que había mantenido la conversación con el rio Grande. Aquella tarde tenía planeado acercarse para hablar con él, pero sus amigos se empeñaron en acompañarle.
-Tienes que enseñarnos a pescar. Mi padre me ha dicho que lo haces muy bien.
-Pero si ya no hay pesca en el río. Además yo no tengo gana de ir esta tarde -Braulio estaba poniendo escusas para verse libre de ellos, pero ni por esas convenció a la peña; a las cinco  estaban esperándole con las bicicletas y con las cañas.  Llegaron al sitio de siempre y no había pasado ni media hora cuando los chicos empezaron a ponerse nerviosos.
-Oye, aquí  no pica nada.
-No me creo que tú pesques algo. ¿no será que pasas por el criadero de truchas y le compras alguna a tu madre?
-¡Hay que ver las tonterías que decís! Como tengo tanto dinero, voy y me lo gasto en una trucha, este tío está tonto- contestó Braulio enfadado con  su compañero. De pronto oyeron a uno de los chicos gritar de alegría. Se  había  enganchado un pez y no era pequeño, no.  El chaval tiró con todas sus fuerzas y cuando pudo sacarlo del agua, todos los que esperaban con expectación la aparición de una brillante trucha, se llevaron un disgusto.
-¡Es el otro zapato! – dijo Braulio desternillándose de risa.
El muchacho que lo había sacado se molestó tanto por la actitud  de su amigo que tiró la caña y  se fue hacia él;  agarró a Braulio por el hombro dándole un puñetazo y allí empezó la primera pelea de su vida  y también la última. Cuando el chico logró quitarse de encima al energúmeno  de su amigo, dijo gritando:
-¡Ya está bien!  Aquí no queda pesca ¿Habéis visto lo que hay en el agua? Porquería, solo eso; se acabaron los peces los ciervos, las ranas y hasta las culebras. Todos debían de estar  aquí pero ya no hay ningún animal. Han desaparecido por nuestra culpa. En vez de pelear deberíamos  intentar limpiar todo  para el bien del rio –aclaró Braulio enfadado.
-Oye, ¿porqué no sacamos los residuos que no deban estar aquí? Yo tengo mis gafas de bucear- añadió uno de sus amigos.
-Sí, es una buena idea; ya que somos seis, tres podemos limpiar el  río y los otros  las orillas.
-Vale-dijo Javi-, antes de estar como pasmarotes, prefiero ayudar.
Y ante la mirada acuosa del rio, los chicos empezaron a trabajar como nunca lo habían hecho, los buceadores sacaron anzuelos y plomos unidos a los hilos de pescar, un neumático, dos rebecas que estaban enredadas en los juncos,  cinco cascos de botellas, más algunos trozos de cristal y bolsas de plástico a montones. Los de tierra recogieron en una de las bolsas todas las latas de refresco que había por allí tiradas, bolsas de patatas fritas, y platos  de plástico de alguna merienda, que no se habían molestado en limpiar.
-Bueno, y ahora ¿dónde echamos toda esta basura? Preguntó Javi a Braulio.
-Debemos de llevarlas a los contenedores de la ciudad. Aquí estropean el paisaje.
-Lleva razón Braulio, ahora que está más limpio, dan más ganas de volver que antes.
-Bueno, vámonos ya,  que los que no os habéis mojado no tenéis frio, pero yo me estoy helando,-dijo Félix que estaba con toda la ropa empapada-voy a coger una pulmonía.
-Echad vosotros delante, quiero buscar entre aquellos pinos. He visto más desperdicios.
Todos sus amigos emprendieron el regreso al pueblo. Cada uno llevaba una bolsa de basura que había recogido del bosque; por primera vez en mucho tiempo los habitantes de Montegrande habían puesto su grano de arena en la limpieza de la naturaleza. Braulio estuvo durante un rato paseando hasta que comprobó que no había nadie por los alrededores, no quería que se supiese su  secreto; se sentó en la orilla del río y esperó a que este le hablase. Pasó más de una hora; llegó a pensar que lo del otro día había sido solo sueño, pero…no, estaba seguro de que había hablado con el río Grande. Esperó que  le hablase pero nada,  no oía ni una palabra. Se estaba poniendo nervioso, se levanto y se dirigió a Grande algo enfadado:
-¡Qué! ¿Me vas a decir algo o no? Me gustaría hablar contigo y no sé si me escuchas.
-Pues claro que te escucho, pero es que me he quedado mudo al veros recoger tanta basura. Llevaba mucho tiempo con molestias  por culpa de  las rebecas enrolladas en mis juncos, y de los plásticos pegados en mi lecho. ¡Qué maravilla! Por fin me siento libre. Gracias Braulio.
-No, no me las des, ya he comprendido que lo que haga por ti lo estoy haciendo también por mí.
-Llevas mucha razón, mira Braulio los ríos somos como las venas de la Tierra y la basura que echáis a ellos sería comparable a vuestro colesterol. Todos los ríos van a desembocar al mar y le llevamos al pobre cantidades inmensas de  desechos que no sabe qué hacer con ellos. Si yo estoy triste, imagina cómo estará él. Los animales marinos también están muriendo por culpa de tantos plásticos en el agua. El haber recogido aquí unas cuantas bolsas a lo mejor ha salvado la vida a una tortuga o a un delfín.
-Grande, tengo que decirte algo, en realidad he venido a despedirme, vas a estar mucho tiempo sin verme; me voy con Greenpeace, quiero aprender a ser responsable con todo lo que me rodea, he convencido a mi madre, verás cómo vas a estar orgulloso de tu amigo Braulio.
-No lo dudes, por eso te elegí a ti entre todos los que han venido a mis orillas, sabía que responderías.
El muchacho  estaba contento, se sentía  integrado en  el bosque que le rodeaba; parecía que podía oír los susurros de los animales. Pensó que hacía calor, se quitó la ropa, se metió en el agua y nadó hasta la otra orilla, en donde él nunca había estado. De repente oyó risas y murmullos y, sin saber por dónde habían venido, se encontró rodeado de un montón de seres mágicos del bosque que habían bajado a darle las gracias. Confiaban en Braulio y querían compartir con él ese momento. Vislumbraban un poco de luz dentro de un futuro   bastante oscuro. La esperanza empezaba a instalarse entre ellos, quizá,  algún día la  Tierra volvería a ser  otra vez tan bella como lo había sido hace muchísimos años.



Las fotografías han sido cogidas de Internet.