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| Ilustradora, Virginia García, |
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Pitusín es muy pequeño, casi no se va
a enterar de que con febrero, el loco, ha llegado
el carnaval. Con febrero llega el frío, pero con el carnaval me río. La mamá de Pitusín ya le ha comprado
el disfraz: dos cuernecitos de plumas y los ojos
de cristal, un pico muy duro y fuerte para poder
agarrar cualquier presa por la noche que se
deje devorar. Así es el gorro de búho, no se puede
pedir más. Y debajo de
ese gorro, unos ojos muy redondos, una nariz respingona y una bonita sonrisa, que regala
Pitusín a los que no tienen prisa Cuando
pasan por su lado, todos exclaman al verle: Mira, ¡qué
bien disfrazado! Con el
gorrito de búho a la gente ha enamorado. Pitusín está contento, tiene su
primer disfraz, aunque como
he dicho antes, todavía es muy pequeño, casi no se va a enterar de que llega
el carnaval.
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6 comentarios:
Muy bonitos, tanto el cuento como la ilustración.
Un abrazo.
Muchas gracias, Macondo. Otro abrazo para ti.
Lo que lees aquí es absolutamente tierno y encantador. Nos conocimos hace poco en la feria de escritores de Los Alcázares y quiero que sepas que me pareciste un encanto de persona, y que por supuesto, aquí tienes a una nueva seguidora en este blog tan adorable. Un abrazo.
Muchas gracias Carolina. Ahora mismo no recuerdo tu cara. Voy a buscarte en las redes. Muchas gracias.
I'm getting to know your blog. I really liked it and I'm already one of your friends.
(ꈍᴗꈍ) Poetic and cinematic greetings.
💋Kisses💋
Conchita, el cuento de Pitusín tiene una ternura muy limpia y muy cercana a la experiencia real de los primeros carnavales de un niño. El ritmo de las rimas es sencillo y pegadizo, perfecto para ser leído en voz alta, casi como una pequeña canción que se puede repetir varias veces sin cansar. La imagen del búho como disfraz es muy acertada: combina lo simpático con un puntito misterioso -los ojos de cristal, el pico fuerte, la presa nocturna- pero siempre tamizado por la mirada dulce de Pitusín, con su sonrisa y su inocencia. Esa mezcla entre lo “fiero” del animal y lo entrañable del niño funciona muy bien.
También es muy bonito el detalle de que Pitusín “casi no se va a enterar” de que llega el carnaval: ahí se asoma la mirada adulta, cariñosa, que contempla al bebé disfrazado más para celebrarlo que para que él lo comprenda. Ese guiño hace que el cuento no solo llegue a los niños, sino también a las madres, padres y abuelos que lo lean. En conjunto, es un texto cálido, cercano y muy visual, que invita a imaginar la escena y, casi sin darse cuenta, a sonreír junto a Pitusín bajo su gorrito de búho. Enhorabuena.
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