Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder
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domingo, 2 de junio de 2013

Guille y Pablo: La sorpresa de Guille. Educación Primaria.



Los amigos de Guille lo saben, las mamás del colegio lo saben y, hasta Mayca, la madre de Guille, está enterada de todo pero, a él, no le han dicho ni media palabra, quieren que sea una sorpresa. Todo el mundo está de acuerdo en que va a ser la mayor alegría que le pueden dar.
Hoy Guille ha ido a clase como todos los días sin sospechar nada, pero sus compañeros sí que están nerviosos; llevan muchos días guardando el secreto y, eso es algo muy difícil para los chicos de esa edad. Han estado cuchicheando durante el recreo y luego, en el comedor, sus compañeros Pepe, Miguel, Luis y Paco han explotado.
-Guille, vas a tener una sorpresa, adivina qué es-, le dicen poniendo cara de misterio.
Guille se ha quedado pasmado, piensa que es una broma y exclama:
-Que los tres os vais a quedar conmigo a hacer los deberes.
Guille, después de comer se queda haciendo los trabajos de clase mientras  sus amigos tienen futbol, y echa de menos su compañía cuando trabaja, por eso, también le hubiese gustado que ellos se hubiesen quedado con él.
-No, frío frío-, responden
-Ya sé, la sorpresa es que viene mi amigo Adrián-, exclama riendo.
 ¡Todos se han quedado de piedra! ¿Cómo habrá adivinado que es verdad, que Adrián está de nuevo en Murcia? Fingen como pueden.
-Sí hombre, cómo va a venir desde Ecuador-, dicen  disimulando mientras terminan de comer.
-La sorpresa  te va a hacer llorar mucho mucho y es… un sándwich de jamón y queso-, le  explican muy serios.
-Y ¿por eso voy a llorar? –pregunta extrañado.
-Sí, porque quema. Todos ríen ante las tonterías que se les están ocurriendo.
Por fin, terminan de comer y Guille, como todos los días, se va a  estudio mientras que  los otros compañeros salen al patio a jugar al fútbol. Él no sabe que su madre ya ha hablado con las monitoras para que al terminar de comer, en cuanto llegue su amigo, le dejen salir  a jugar con toda la clase para celebrar su regreso.
Cuando llega Adrián al colegio, todos los chicos que están jugando en el patio van corriendo a saludarle, Guille está dentro y no se entera. La monitora le dice que salga, que hay alguien fuera que quiere saludarle, que puede ir también a jugar con todos porque tiene el permiso de su madre.  El encuentro entre los dos amigos ha sido muy emotivo; Guille es un chico muy sensible y al ver a su amigo del alma se ha abrazado a él y no podía parar de llorar. Las madres de los demás niños, que también habían llegado para recibirle y darle la bienvenida después de tantos kilómetros de avión, se han emocionado al ver llorar así a Guillermo.
Adrián y Guille han ido juntos al colegio desde pequeños, siempre  decían que eran los mejores amigos del mundo; celebraron juntos muchos cumpleaños, Guille fue a la comunión de Adrián y este a la suya,  han pasado  jugando  muchos fines de semana, estaban en el mismo equipo de fútbol   y siempre pensaron que no habría nada en el mundo que los pudiera separar, hasta que un día… Tony, el profesor, dio la noticia en clase:
-Chicos, os tengo que decir algo que no os va a gustar mucho. Adrian, vuestro compañero, tiene que volver a su país.
 Guillermo ni siquiera podía sospechar que algún Adrián se iría de España; se había imaginado su vida siempre  al lado de su amigo. Cuando Adrián tuvo que volver a su país se le cayó el mundo encima. Sus abuelos para quitarle el disgusto se lo llevaron a la playa, le dijeron que todas las personas van dejando durante su vida montones de amigos, pero que esas amistades no se olvidan, que se guardan en el corazón como un tesoro, y le ponen el ejemplo de su madre:
-Mira Guille,  nosotros nos teníamos que mudar muchas veces de ciudad por el trabajo de tu abuelo ,y tu madre tenía que hacer amigos en cada colegio nuevo a donde llegaba y dejar a los otros con todo el dolor de su corazón, pero ahora tiene muchos amigos en muchas ciudades-, le dice su abuela.
No parece que eso le consuele mucho pero, poco a poco, entre los baños en la playa y las fiestas de San Juan se le va pasando el disgusto, aunque sigue acordándose de él.
Ahora, tiene de nuevo a Adrián a su lado. Han vuelto las meriendas en las hamburgueserías, las excursiones a la playa, las fiestas de bienvenida, pero hay que hacerle comprender que solo va a estar aquí quince días, después se marchará otra vez y eso será otro golpe para Guille. ¿Cómo lo aceptará? Espero que  mejor que la primera vez; Guille ya tiene once años y debe comprender que la vida, de vez en cuando, nos da sorpresas, unas buenas y  otras malas.
Menos mal que la madre de Adrián les ha prometido que van a volver a España una vez al año. Esta vez, la despedida será un poco menos amarga.

El dibujo en de una página para colorear "Dibujos de amigos"

¡¡Bienvenido, Adrián.!!



sábado, 1 de junio de 2013

Guille y Pablo: Conversaciones con Pablo, un futuro emprendedor.Educación Primaria.

Es la hora de la siesta y mi nieto Pablo está conmigo. Con un niño de seis años es difícil  reposar  después de comer, así que, para que se distraiga y me deje descansar  enciendo la televisión. Con el mando hago una pasada por distintos canales y elijo, con su permiso, un reportaje en la segunda cadena. Los reporteros han realizado un viaje magnifico durante dos años  alrededor del mundo y ahora están descendiendo desde el llamado Nilo Azul hasta su desembocadura. Han pasando por muchos países, algunos son muy  acogedores pero otros bastante peligrosos. Tanto él como yo estamos muy atentos observando maravillados todas las aventuras tan arriesgadas  que están viviendo estos hombres. Entonces Pablo me mira y me pregunta:
-Abuela,  ¿los percebes son caros?
 Lo que menos me podía imaginar en ese momento era que un niño  de seis años saliese con esa pregunta. Intento aguantarme la risa porque me hace mucha gracia.
-Pues sí son caros porque son difíciles de pescar.
-Se pescan donde hay muchas rocas ¿verdad?
 
Pescando percebes

-Sí y además normalmente se agarran en las zonas en donde las olas baten más fuerte. Aquí en el rio Nilo no hay percebes-, le aclaro por si no se ha dado cuenta, pero  el que sigue aclarando las cosas es él:
-Ya lo sé pero en mi playa en Campoamor si hay muchos, y este verano yo voy a vender percebes.
-Me extraña que en Campoamor haya percebes-, le digo para que me deje seguir viendo el reportaje en donde están hablando de las pirámides nubias que son una preciosidad.
-Abuela, ¿cómo se cogen los percebes?-, continúa.
-Pues con un cuchillo para poder despegarlos bien de las rocas-, le explico.
-Y ¿con tijeras no se puede?-, sigue preguntando.
-Yo creo que no, porque los romperías-, le aclaro.
 

-Pues yo este verano voy a vender percebes y pescadillas. En mi playa hay muchas, yo las he visto.
En ese momento le llama la atención las pirámides de las que están hablando y su antigüedad. El  reportero  comenta que las ruinas que tiene delante son del 2.115 antes de Cristo, pero Pablo se queda solo con el número.
-Abuela, se ha equivocado, como va a ser el 2.115 si estamos en el 2.013.
-Ha dicho antes de que naciera Jesucristo-, le explico.
-Entonces, las hicieron hace…,-inmediatamente hace la suma-, 4.128 años. ¡Qué bárbaro!-, dice, y se queda tan pancho.
 Con lo pequeño que es, cómo maneja los números; me deja totalmente asombrada y él continúa hablando:
-Abuela, para poner una tienda ¿hay que pedir permiso a alguien?- siguen proyectando el reportaje, interesantísimo, en la televisión-  pero yo ya no sé qué es más interesante si lo que ponen en la pantalla o las preguntas de mi nieto.
-Sí,  tienes que pedirlo en el ayuntamiento para que te dejen vender.
-Y para vender en la calle ¿también?
-Sí,- le contesto.
-Ah, pues mi madre tiene un amigo en el ayuntamiento que a lo mejor nos  puede dar permiso para vender los percebes y las pescadillas.  En mi playa hay muchas pescadillas.  También hay otros peces blancos ¿Tú te acuerdas cuando te pusiste las gafas de bucear, unos peces blancos que había? Pues esos no los he visto nunca en otro sitio, solo en Campoamor-, aclara.
-Bueno, seguro que sí los has visto, lo que pasa es que dentro del agua los peces parecen diferentes con los reflejos de la luz-, le contesto.
-Sabes lo que te digo, que a lo mejor mi madre no me deja vender pescadillas-dice poniéndose pensativo-,  porque el año pasado me metí donde va mi hermano Guillermo a bucear y casi me ahogo. Tuvo que entrar ella a por mí porque no llegaba a la orilla.
 Mientras, los cuatro reporteros  han llegado a los templos egipcios de  Abu Simbel y el tema de la venta callejera ha pasado a segundo término.
Templo de Abu-Simbel


-Abuela, a mí me daría miedo meterme en ese sitio, está muy oscuro. Oye, si Jesús es el verdadero Dios ¿por qué ellos creen en otro Dios?
 A ver cómo le explico esto, ¡me pone en cada aprieto!
-Ellos creen en Alá y nosotros en Jesucristo pero en realidad  solo hay un Dios, lo que pasa es que se le llama  con distintos nombres-. En ese momento eso es lo que se me ocurre para explicarle sus dudas.
Las vistas que salen  en la pantalla son una maravilla; después visitan la pirámide de Keops.
Siguen contando que está hecha con 2.300.000 bloques piedra de 2 toneladas cada uno. Pablo, con sus  seis años, inmediatamente calcula el peso de todas las toneladas.
-Abuela, son 4millones  seiscientas mil toneladas  de piedra….
 
Pirámide de Keops

No recuerdo bien las exclamaciones que siguió haciendo sobre la cantidad de piedra que utilizaron;  menos mal  que los expedicionarios llegaron a El Cairo y mi nieto dejo de darle vueltas a su cabeza. Yo también a la mía.
La conversación de esta tarde me ha devuelto la confianza en la recuperación económica de nuestro país. Si  tenemos suerte, y hay muchos niños como este preparándose en nuestros colegios, la falta de emprendedores que tenemos actualmente se acabará, y  en poco tiempo todos saldremos  de la crisis.
 
Las fotografías las he cogido prestadas de internet. Muchas gracias.
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lunes, 8 de abril de 2013

Guille y Pablo vuelven a Alicante. Educación infantil y 1º de primaria.

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Escudo de Alicante realizado con flores.


-¡Abuelo, yo nunca he ido a Alicante!- dice Pablo suplicando- ¡Guille, sí!

-Sí que has ido, lo que ocurre es que eras muy pequeño y casi no te acuerdas.

-Anda,  llévanos, aunque sean solo unos  días.

-Vale, de acuerdo, os vendréis con nosotros-dice la abuela.

¡Qué contentos están! Guille y Pablo van a pasar  unos días de vacaciones con sus abuelos en esa bonita ciudad. Guille ya ha ido varias veces , y  su hermano Pablo  también, pero como este es más pequeño, no se acuerda muy bien de cómo es; solo tenía tres años cuando estuvo por última vez y ahora ya tiene cuatro, ya es más mayor y podrá darse cuenta de todo. Llevan toda la semana hablando con  las profesoras del taller de verano diciéndolas que durante una semana no van a ir al cole, porque se van a bañar en la playa de Alicante, y a sus amigos y a sus primos también les están dando la paliza diciéndoles lo mismo.

La mamá de Guille y Pablo les ha preparado las mochilas, una con la ropa, los bañadores y las cosas de aseo y, otra, con todos los juguetes y un libro para leer en la hora de la siesta. Les ha puesto además, crema protectora pues en la playa, el sol, a veces, juega malas pasadas. Los niños están nerviosos esperando que vengan a por ellos, así  que cuando llegan sus abuelos les dicen muy contentos:

-Creíamos que ya no veníais.

Cuando se meten en el coche, se llevan una sorpresa porque también va con ellos su tía Paloma que como es muy joven le gusta mucho jugar con los niños, así es mejor, porque se van a divertir más.

 

El viaje, desde Murcia, dura una hora pero nada más montarse, Pablo pregunta:

-¿Falta mucho para llegar?

 Vuelve a repetir la misma pregunta unos segundos después, así que la abuela piensa que hay que hacer algo para distraerle y se pasan el viaje jugando a Veo Veo y cantando canciones infantiles. Por fin llegan pero como no tienen comida en la casa, se van todos al Mercado.

Plaza de abastos, mercado Central.
A Guille le gusta mucho la plaza de abastos de Alicante porque allí hay pescados de todas clases: morenas grandísimas y congrios, también atunes y emperadores gigantes, meros y unos peces rojos  que se llaman gallinetas. La cabeza de un atún tremendo está de adorno en uno de los puestos, y Guille pregunta que en cuanto la venden.

-Te la regalo si la quieres  -le dice la pescadera.

Puesto de pescado.
-¡Sí, sí!  -exclama Guille muy ilusionado.

-Pero ¡cómo vamos a llevarnos eso! -dicen asustados los abuelos-, dentro de un rato la cabeza empezará a oler mal y tendríamos que salirnos de casa.

Guille se conforma con ver los pescados, pues en dónde él vive  casi nunca traen peces grandes. Aquí, sí que es divertido. También han visto  tres mandíbulas de tiburón colgadas en otro puesto. Mientras, Pablo  va andando con la nariz tapada; dice que del pescado no le gusta ni el olor. Después pasan a la parte de la fruta y Pablo se quita la mano de la nariz y dice en voz alta:

-¡Frutita frutita, que bien huele! A Pablo sí que le gusta la fruta porque está muy buena y, además, la profesora, sus padres  y sus abuelos dicen que la fruta es muy sana. Eligen paraguayas, nectarinas, naranjas y melocotones. También les gusta mucho el pan de Alicante, la coca de moyitas y los fartons. Los abuelos les compran todo lo que los niños les piden. Después, suben por las escaleras mecánicas al piso de arriba y allí se aprovisionan de carne y de fiambre. Luego de dar unas cuantas vueltas más se van muy contentos comentando todo lo que allí han visto.


La Expalnada por la mañana
Explanada por la tarde.
Esta noche van  a cenar a un restaurante del puerto. ¡Qué bonito que está el paseo de La Explanada! Guille y  Pablo se han quedado con la boca abierta al ver tanta agitación en la calle; aunque ya lo han visitado otras veces, siempre les sorprende y  les parece  precioso. Las palmeras y los mosaicos  rojos, azules y blancos que hacen como olas en el suelo, les maravillan. Hay muchísima gente paseando, algunos son alicantinos pero, ahora en vacaciones, hay muchos turistas y todo está animadísimo.

Fotografo en la explanada
También les asombra la cantidad de personas que venden cosas encima de  mantas que ponen en el suelo: bolsos, gafas, gorros y, los  chinos y chinas que ofrecen juguetes con pilas que se mueven sin cesar al compás de una música un poco machacona, pero que alegran el ambiente. A un lado del paseo, se colocan todas juntas, unas  chicas negras guapísimas, muy altas, vestidas con túnicas de muchos colores con la cabeza llena de trencitas que están, a su vez, peinando a niñas rubias o morenas  que quieren llevar el cabello como ellas y los grupos de indios que cantan canciones de los Andes y tocan flautas hechas con caña y tambores multicolores. A los niños les encanta todo lo que ven allí, por eso tenían tantas ganas de volver.  Los abuelos les dicen que todas esas personas han venido de muy lejos porque en su país no tienen donde trabajar.  También  hay muchos pintores haciendo caricaturas. Guille y Pablo se han sentado y les han hecho un dibujo a los dos, vestidos de futbolistas, Pablo, con el nº 10 y Guille con el 9. Les ha hecho mucha ilusión y se han puesto la mar de contentos.
Artesanía con azucar.
También les gustan mucho las casetas de la feria de Artesanía que han instalado allí mismo. Después, han cruzado a la zona del puerto y  en un restaurante desde dónde se veían todos los barcos, han cenado de maravilla. A Guille, que le gusta mucho el pescado,  ha comido como los mayores; Pablo prefiere las chuletas de cordero, pero los dos han cenado muy bien.

A la mañana siguiente, se han preparado para ir a la playa bien tempranito.

Juegos para niños en El Postiguet.
-La playa que tiene Alicante se llama El Postiguet-les explica el abuelo.

-¡Menuda suerte, tener una playa en el centro de la ciudad! -dice Guille a sus abuelos. La verdad es que el niño tiene razón. Es estupendo tenerla tan cerca y poder bañarse siempre que uno quiere sin tener que marcharse lejos. Han cogido una sombrilla y dos tumbonas, pero ellos no quieren estar tumbados, quieren hacer un castillo y una muralla. Cuando llega su tía Paloma,  les ayuda a hacerla. Al terminar, se van al final de la playa  con un trozo de pan duro a una cala pequeña, a la que llaman la playa del Cocó; allí lo desmenuzan y lo  echan al mar. De repente empiezan a acudir pececillos y el agua empieza a moverse como si hirviera. Se acerca uno bastante grande, como una pescadilla, de esas de ración y a Pablo le da miedo; dice que le va a morder y se quiere salir del agua. Paloma se sale con él, pero Guille se queda con su abuela y, otros niños, se acercan a ver como comen los peces.

-¡Qué divertido abuela, cuántos peces han venido! 

Pablo  está bañándose  cuando ha levantado la cabeza y ha visto  el Castillo de Santa Bárbara. ¡Qué imponente le parece esa mole de piedra! ¡Tan alta y tan grande!

Castillo de Santa Bárbara desde la playa del Postiguet.
-Abuela, yo quiero subir allí- le dice el niño asombrado

-¡Abuela, mira, en el castillo hay una piedra que parece la cara de un jefe moro! ¿Cuando vamos a ir a verlo?- dice Guille.

-Cuando haga más fresco porque ahora hace mucho calor.

 El agua está buenísima y se bañan durante mucho rato, pues la bandera está verde y no hay peligro. Están muy contentos porque saben que después de la siesta toca ir a montar en las atracciones del parque de Canalejas.

Después de merendar se han puesto guapos y se han ido a la feria.  Cuando llegan allí se vuelven locos porque no saben en qué montarse primero; casi siempre eligen los tirantes. A su abuela se le pone el estómago a la boca cuando los ve subir tan alto, pero los otros niños también lo hacen, por eso no tienen más remedio que dejarles.

Un paseo por la feria.
Después se han montado en unas canoas indias que van por un rio artificial y las van moviendo con remos, por un momento se han imaginado que eran pieles rojas. Han repetido el viaje porque les ha encantado. Luego Guille, ha conseguido un peluche muy gracioso pescando unos patitos con una caña. Pablo se ha puesto muy contento porque se lo ha regalado a él. Ya es tarde, así  que se van a casa para poder levantarse temprano al día siguiente.

 Así, casi sin darse cuenta se les han pasado los tres días muy deprisa  y sus papás han venido a recogerlos. Ellos se marchan de Alicante con mucha pena -¿Cuándo nos vais a traer otra vez? preguntan los niños.

-Pronto, al final no hemos subido al castillo, así que esa visita queda pendiente para otro día, le responde la abuela.

Sus padres  les prometen que pronto harán otra excursión a Alicante, y entonces verán otro montón de cosas bonitas que les están esperando.

 

domingo, 3 de marzo de 2013

GUILLE Y PABLO. GUILLE Y LAS TORTUGAS MORAS . Educación infantil y 1º y 2º ciclo de primaria.




GUILLE Y PABLO

 GUILLE Y LAS TORTUGAS MORAS

 

Han pasado varios meses desde que están en su nueva casa y Guille  quiere tener sus tortugas. Todos los días le pregunta a su mamá que cuándo van a ir a recogerlas.

—Todavía no hemos preparado bien el terreno —les dice siempre su padre.

Un día, harto de  oírles protestar, se levanta temprano y arregla toda la zona en dónde van a vivir sus tortugas. Remueve la tierra para que esté blanda y cuando llegue el invierno se puedan esconder fácilmente, les construye una cueva, les pone una valla de madera para que no se salgan de su sitio. Además ha plantado muchas hierbas aromáticas: romero, tomillo, lavanda y aloe, y ha hecho unos agujeros en la tierra en donde ha puesto unos platos hondos con agua para que se puedan bañar.

—Papá, los niños de mi clase no se creen que a las tortugas de tierra les guste el agua. Me dicen que me he inventado eso de que se bañan —le comenta Guille un poco enfadado.

—No te preocupes, cuando las tengamos aquí, los traes  un día para que vean que es verdad lo que dices.

Guille se pone muy contento al oír a su padre, por fin van a ver que no miente. Como ya tienen el terreno preparado, una tarde van a casa de su abuela a recogerlas. Son cuatro hembras y dos machos que ya están muy grandes.

—Mamá, ¿cómo distingues a las hembras de los machos? —pregunta Guille.

   Las hembras tienen  un tamaño doble al del macho y la cola ancha y

corta;  los machos la tienen estrecha y larga —le responde.

Han llevado una caja grande para meterlas y su abuela se ha puesto un poco triste porque a ella le gustaba  mucho cuidarlas.

—No te preocupes abuela que, en cuanto críen, te traemos alguna para que te hagan compañía —le dice Guille para consolarla.

Ya las tienen en casa y van a ser Guille y Pablo los que se encarguen de alimentarlas. Les ponen lechuga, rúcula y canónigos, las verduras que  más les gustan. Una mañana cuando han ido a darles la comida han visto que una de ellas tiene dos bultos en los oídos y casi no puede mover la cabeza. Tampoco la puede meter dentro de la concha porque la tiene tan inflamada que no le cabe.

—Bonita se ha puesto enferma, vamos a separarla de las otras. La pondremos en una caja con tierra y comida y veremos qué pasa —les dice su madre un poco preocupada.

Bonita fue la primera cría de tortuga que nació en casa de su madre cuando ella todavía era soltera. Le costó mucho trabajo sacarla adelante, por eso la tienen mucho cariño. Como ven que han pasado dos días y la tortuguita no tiene ganas de comer, la mamá dice a los niños:

—Esta tarde, cuando vuelva de trabajar, la vamos a llevar a la veterinaria.

Por la tarde cogen a Bonita en su caja y van a la consulta.

La veterinaria mira a la tortuga, pero parece que no sabe mucho de las afecciones de estos animales.

—Lo siento,  pero no sé qué enfermedad puede tener vuestra tortuga. Tenéis que llevarla a la Facultad de Veterinaria, allí hay un departamento especializado en animales exóticos —les dice disculpándose al ver que no puede solucionarles el problema.

Piden hora como si fueran a ir al médico y el veterinario les dice al verla:

—L[i]a tortuga tiene una gran infección de oídos, sino la  operamos se morirá.

Bonita tiene cada vez más hinchada la cabeza, los niños no quieren que  se muera y empiezan a llorar cuando  le oyen. Al verlos así, su mamá le pregunta al veterinario  cuándo puede operarla:

—Puedo el viernes a las ocho de la mañana —le contesta—. Mientras cuídenla mucho. Que coma rúcula, canónigos y brócoli, porque son verduras que tienen mucho alimento.

Le han puesto toda la comida que les ha recomendado, pero la tortuga se encuentra mal y casi no come. Todos están muy preocupados. Cuando llega el día fijado, a las ocho en punto, Mayca y Guille están en la Facultad de Veterinaria para dejar a Bonita. Pablo no ha podido ir porque se ha resfriado y tiene mucha tos, así es que se ha quedado con sus abuelos.

 El profesor les tranquiliza y les dice que no se preocupen que todo va a salir bien; ellos se van más tranquilos. Por la tarde suben a por la enferma:

—Tenía una infección tan fuerte que si no la hubiésemos operado, se hubiera muerto sin remedio  —les dice el profesor.

Después de escuchar todas las recomendaciones para su cuidado, se la llevan  a casa. El veterinario les ha dicho que la bañen en una piscina pequeña porque ellas hacen caca en el agua.

—Todavía no tiene ganas de comer, le dolerá la mandíbula y por eso no quiere abrir la boca —dice Guille a Pablito.

Pasan los días y se la ve más contenta. Se baña y hace todas sus necesidades en el agua.  

—Eso es señal de que está comiendo, Bonita está fuera de peligro, la pondremos junto a sus hermanas —comenta Mayca, muy feliz  al verla  sana y salva.

Está entrando el otoño. Dentro de poco, el frio aparecerá y todas las tortugas hibernarán. Se esconderán entre la tierra y dejaremos de verlas durante todo el invierno  —le dice la mamá a Pablo.

—¿Y cómo comen si están enterradas? —pregunta Pablo.

—Durante este tiempo las tortugas están como dormidas y no necesitan comer. Eso les pasa a muchos animales, por ejemplo a los osos –-le explica Guille a su hermano.

—¿Al oso Yogui también?

—Sí, y a Bubu —añade Guille riéndose con la ocurrencia de su hermano Pablo.

 Guille ya lo sabe  porque es más mayor y ha visto que todos los años ocurre lo mismo con esos animales, pero Pablito no.  Ahora, como ya va a cumplir cuatro años su mamá empieza a explicarle algunas costumbres de los animales para que vaya aprendiendo  lo maravillosa que es la naturaleza que les rodea.




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Guille y Pablo:Guille y Pablo se mudan. Educación infantil y 1er. ciclo de primaria.

 
Guille y Pablo ya tienen casa nueva. Ha pasado mucho tiempo desde que fueron por primera vez a ver el lugar en dónde se la iban a construir pero, por fin, ya está terminada. Los chicos están muy ilusionados con cambiarse de domicilio, entre otras cosas, porque  podrán traerse de una vez  sus tortugas moras. Su madre las tiene desde hace quince años aproximadamente. Ahora, se las está cuidando su abuela Lola porque ella tiene un jardín muy grande. En la casa nueva tienen mucho sitio y su mamá dice que allí van a estar muy contentas. Han ido a comprar cajas de cartón a unos grandes almacenes y llevan haciendo paquetes  varios días. Ellos han guardado sus juguetes y sus cuentos, y ya los tienen preparados para cuando se tengan que marchar, están esperando a tener la cocina preparada. Hoy ha llegado su papá y ha dicho:
-Chicos, ya está la cocina puesta.
-¡Bien, bien!-, gritan los niños ya podemos irnos.
Guille y Pablo  están muy contentos, hoy es la primera noche que van a pasar  cada uno en su habitación nueva  pero,  cuando se acuestan y su mamá les apaga la luz, empiezan a escuchar ruidos sospechosos  a los que no están acostumbrados, les entra  mucho miedo y no se pueden dormir.
-¡Mamá! -, dice Pablo gritando para que le oiga-, ¿puedo ir a dormir con Guille?, es que tengo miedo.
-Bueno, por esta noche, vale-, le contesta su madre desde su habitación.
Dibujo realizado por mi nieto Guille.
Le sacan la cama supletoria que hay debajo de la de su hermano y los dos se acuestan juntos, pero ni por esas se pueden quedar dormidos. Esa casa  es muy grande y está muy oscura.  Por mucho que les han explicado  que no tienen que preocuparse, que no les va a pasar nada, siguen con miedo y cuando se duermen tienen pesadillas.  Al final, esa noche, su madre también tiene que dormir con ellos. A la mañana siguiente, los niños se levantan muy contentos, quieren jugar en el jardín y  ver a su primo Quique, que a partir de hoy es su vecino. Se asoman a la ventana y pueden hablar con él. Eso a ellos les gusta mucho. Quique es más pequeño, es como Pocoyo pero sin casco azul y anda, corre y se mueve como el personaje de la serie. Ese día juegan  sin parar, unas veces en casa de Quique y otras en su casa. Colocan todos los animales de juguete en el suelo y una serpiente muy grande de goma la enrollan en un árbol de manera que parece de verdad. Una señora que se ha asomado por la verja, para ver lo que hay dentro,  ha tocado al timbre de la puerta muy asustada:
-¡Mire, le llamo para avisarles de que tienen una culebra en el jardín y los niños están jugando muy cerca de ella!
Mayca, la mamá de los Guille y Pablo,  la tranquiliza:
-Gracias por avisar pero, aunque parece de verdad, es una culebra de goma-, le aclara muerta de risa.
-¡No sabe el susto que me he llevado!, le contesta la señora al otro lado del telefonillo.
Cuando se va la vecina curiosa, la madre llama a los niños:
-Guille, quita la culebra de goma del árbol, que nos van a estar  llamando todos los vecinos. ¿No ves que parece auténtica?-, les dice la mamá aguantándose, todavía, la risa.
Los niños  también se ríen, por cotilla, se ha llevado un buen susto. Si no se hubiese asomado para ver lo que había dentro, no se hubiera alarmado tanto.
La que está contentísima es Cheetah. No para de correr y de dar vueltas alrededor de la casa. Ahora sí que va a hacer ejercicio.
Los niños están impaciente por traerse las tortugas.
-Mamá, ¿cuándo vamos a ir a casa de la abuela Lola a por las tortugas?-, le preguntan .
-Todavía no podemos, tenemos que acondicionar el sitio en donde las vamos a poner. No os preocupéis que iremos pronto a por ellas.
 A Guille y a Pablo les gusta mucho su casa de día pero cuando es de noche empieza a entrarles miedo porque ven muchas sombras y oyen ruidos bastante raros. Su madre tiene que estar con ellos hasta que se duermen.
-No os preocupéis, ya veréis como poco a poco os vais acostumbrando a dormir aquí-, les dice siempre para tranquilizarlos.
A los pocos días, ya están familiarizados con todo lo que les rodea y duermen solos. Cada vez están más a gusto.
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Las ilustraciones las he tomado de distintas páginas de internet sobre mudanzas y miedos nocturnos, espero que sus creadores no lo tomen a mal, ya que mi blog no tiene ningún ánimo de lucro.

martes, 5 de febrero de 2013

Guille y Pablo: Pablo no va al colegio, se queda en casa.Educación infantil y 1er. ciclo.




Hoy Pablo no ha ido al colegio, está malito. Sus papás le han llevado a casa de sus abuelos porque ellos se tienen que ir a trabajar.  Muchos  abuelos cuidan de sus nietos cuando estos están enfermos.
 Ha llegado muy contento, porque hoy le toca a él quedarse en casa. Hace unos días  tuvo que ir a clase, mientras veía como su hermano Guille, que tosía mucho, se quedaba tan a gusto con los abuelos. Su mamá le ha dicho a su abuela que le controlen la fiebre y que si le sube mucho la avisen. Pero ha tenido suerte  y cada vez que le han puesto el termómetro, ha marcado 36,5º. Para Pablo, el termómetro, es un suplicio. Es tan nervioso, que eso de estar un ratito con el brazo quieto, para que no se le caiga, no le gusta nada en absoluto.
-Pablo, no te muevas tanto -le dice la abuela-; vas a romperlo y no vamos a saber si tienes fiebre o no. Por fin Pablo se tranquiliza y espera a que se lo quiten.

-¿Tengo  febrie?
-No se dice febrie, se dice fiebre, pero tranquilo que no tienes -le dice su abuela.
 Se ha pasado todo el día preguntando y pidiendo cosas.
-¿Cómo se hace un nudo? ¿Cómo se pelan las zanahorias? así hasta cien preguntas
 Luego se ha espabilado más todavía, ha abierto los cajones de la cocina y vuelta a empezar:
-¿Para qué sirve este martillo de madera?
-Es para ablandar la carne
- ¿Y esto?
-Para batir los bizcochos.
 Así media mañana; luego se ha cansado y ha querido dibujar. Los abuelos tienen  en un armario, debajo de la televisión, un verdadero arsenal de lápices, rotuladores y ceras para pintar, folios y además muchas láminas para que las copien y luego las coloreen.
Pablo se pone a dibujar pero todavía no sabe copiar bien. Hace muchos rayajos en el papel y cuando termina pregunta:
-Abuela esto ¿qué parece? La abuela se queda pensando y dice:
-Un árbol. Él se queda satisfecho, pero hubiera dado lo mismo que le hubiera dicho que parecía un hipopótamo, porque solo son rayas de colores.
-¿Me haces un gormiti para que lo pinte de colores? Es que es muy difícil para mí. Yo soy pequeño todavía
Entonces a la abuela se le ocurre una cosa:
-¿Tu sabes calcar?
-¿Eso qué es?
-Ven, te voy a enseñar como enseñé a tu hermano.
Entonces van a por folios y cogen también la lámina en la que está el gormiti dibujado.
-Vamos a calcar en la ventana.
Le sujeta la lámina sobre el cristal con cinta adhesiva y encima le pone el folio en blanco, luego van repasando despacito el dibujo con un lápiz. Pablo se pone contentísimo viendo lo bien que le sale su dibujo.
Le gusta mucho comer en  casa de sus abuelos, porque también están su tío José Miguel y su tía Paloma. Pablo mira el plato y se le pasan las horas muertas. Tiene que darle la comida su abuelo.
-Pablo, todavía eres muy pequeño. Aunque  ya llegues al lavabo, no sabes comer solo-, le dice su tío José Miguel intentando que se anime y coja la cuchara pero como está malito no tiene hambre.
-Bueno por lo menos tómate un yogurt, que tiene mucho calcio.
-¿Qué es el calcio, abuela?
-Es el alimento que necesitan los huesos para estar fuertes.
Parece que le ha convencido porque se lo ha tomado todo.
Pablo no ha ido al cole, pero no ha perdido el día: ha aprendido muchas cosas, a calcar apoyado en el cristal de la ventana, a hacer un nudo  y que   el calcio es estupendo para los huesos.

Los simpáticos dibujos los he sacado de los siguientes enlaces:

https://www.google.es/search?q=dibujos+ni%C3%B1os+enfermos&hl=en&tbo=u&tbm=isch&source=univ&sa=X&ei=dJURUZigL4qi0QWV0YD4BA&
sqi=2&ved=0CCsQsAQ&biw=1350&bih=732
https://www.google.es/search?q=dibujos+de+actividades+infantiles&hl=en&tbo=u&tbm=isch&source=univ&sa=X&ei=uJYRUcWzB4TI0QWwqoCoAw&ved=0CDgQsAQ&biw=1318&bih=626

domingo, 20 de enero de 2013

GUILLE Y PABLO. PIPO Y PIPA Educación infantil,1º y 2ºPrimaria de







agapornis con 24 dias (49K)

Pipo y Pipa

Guille y Pablo han ido con su mamá a un centro comercial y han visitado una pajarería en donde hay muchos animales.

La encargada está dando de comer una papilla a unos pollitos de agapornis que todavía no tienen plumas.

—¿Qué clase de pájaros son estos pollitos? —pregunta Guille a la señora que los está alimentando.

—Son agapornis papilleros.

—¿Y eso qué es? —vuelve a preguntar el niño muy extrañado.

—Son loritos pequeños. Si desde que nacen los alimentas con esta papilla, se acostumbran a ti como si fueras su madre. Los puedes amaestrar fácilmente y sacarlos de la jaula cuando quieras; siempre vuelven con su dueño.  

—¡Queremos comprar un lorito de estos mamá!

—Yo os recomiendo que os llevéis dos: un macho y una hembra. Estos pajaritos no deben vivir solos; si compráis uno, se moriría de tristeza  —les explica la señora que los está cuidando.

—¿Y eso, por qué?  —insiste Guille.

—Estos pajaritos siempre tienen la misma pareja durante toda la vida, por eso les llaman los pájaros del amor.

—¡Anda mamá, vamos a llevarnos dos agapornis a casa! —le suplican los niños a su madre.

A la mamá de Guille y Pablo, no hay que insistirle mucho cuando se refiere a animales, le gustan más que a ellos, ¡qué ya es decir! Así que accede a la petición de los niños.

—Antes de pasarlos a la jaula, los debéis de meter en una cajita con papeles suaves para que estén calentitos. ¡Ah! Y limpiadla cada dos días aproximadamente.

Después de escuchar todas las recomendaciones de la señora de la tienda compran la jaula que les indica y dos papilleros pequeñitos y se van contentísimos a casa.

Les han puesto de nombre Pipo y Pipa y ya los quieren como si fueran de la familia.

Guille les alimenta con su jeringuilla cinco veces al día y cuando los pájaros lo ven llegar, abren el pico como si fuera su mamá la que les está dando de comer. Cuando llegaron a casa tenían las plumitas blancas, pero ya les están saliendo las verdes. Su madre cree que es hora de pasarlos a la jaula y ese cambio lo hacen con mucho cuidado para que no se dañen.agapornis con 28 dias (49K) Con el tiempo Guille los ha podido amaestrar, se los pone en el hombro y se pasea con ellos por la casa. Los deja que se den una vuelta por el salón y después se meten en su jaula ellos solitos.

Un día la madre de Guille y Pablo, sin darse cuenta, se ha dejado la puerta abierta  y Pipa se  escapa. La busca por todo el jardín porque tiene la esperanza de que vuelva, pero piensa en el disgusto que se va a llevar Guille cuando vuelva.

Pablo es pequeño, no va al colegio, y se ha dado cuenta de todo lo que ha pasado con Pipa.

La mamá se va a la pajarería y compra otra hembra parecida. Esta ya es mayor  y como no ha comido nunca de la mano de Guille, el niño se extraña de que no le haga caso y no se ponga encima de su hombro. Además, algunas veces, pica a Pipo.

—¡Qué raro! —dice Guille—, Pipa se comporta de una forma muy rara. A lo mejor es que está un poco celosa.

—Claro Guille. Siempre haces más caso a Pipo. Tienes que estar un poquito más con ella –le explica su madre para evitar que se de cuenta de que esa no es su pajarita.

Pablo, con su media lengua le dice a Guille:

—“Eta no e Pipa. Pipa sa ido”.

Guillermo no le entiende y cada vez que el niño coge a los agapornis se sigue extrañando de que  Pipa no le haga caso. Pablo  le vuelve a repetir:

—“Eta no e Pipa, Pipa sa ido,” pero Guille sigue sin  entender lo que quiere decir su hermano y continúa muy feliz cuidando de sus papilleros.

Con el tiempo, Pipo y Pipa se han acostumbrado a vivir juntos. Ya no se pelean y además hacen cosas muy graciosas como dar vueltas a la derecha o a la izquierda, bailar y jugar a la pelota con una bolita muy pequeña de fieltro.

En el colegio, con el fin de fomentar el amor y el respeto por los animales, han organizado un concurso. Los niños que tienen animales en casa pueden demostrar lo que se consigue con sus mascotas  a base de cariño y tesón. ¡Allí van Guille y Pablo con sus agapornis para probar que son los mejores!

Se colocan cada uno en los extremos del escenario y un profesor se ofrece para ayudar.

—¡Abra la jaula profesor!

El profesor hace lo que le dice Guille y los dos pajaritos emprenden el vuelo colocándose cada uno sobre el hombro de uno de los niños.

—Pipo, aquí  —y Pipo sale volando a posarse en el dedo de Guille.

—Pipa, aquí  —y Pipa hace lo mismo con Pablo.

Sus compañeros les aplauden con mucho entusiasmo. Después los ponen encima de una mesita pequeña que hay sobre el escenario y les colocan una pelotita dentro de un vaso de plástico transparente. Lo empujan con el pico y juegan al fútbol.

Sus amigos se ponen de pie  y aplauden a rabiar;  el jurado les ha dado el primer premio: un viaje para ver el parque zoológico de Madrid.

Los niños están contentísimos. ¡No podían haber recibido un regalo mejor!

agaporni con 37 dias (33K)


Todas esta fotos tan bonitas las he sacado de una página en donde han fotografiado día a día la evolución de estos loros tan bonitos.  Es un reportaje precioso realizado por un amante de los animales llamado Jordi R. Si queréis enteraros bien  de toda su vida desde que nacen entrad en esta página. Os encantará,aquí la tenéis.
http://www.agaporniscoqui.es/evolucion-agapornis.html

viernes, 2 de noviembre de 2012

Guille y Pablo: Llega Cheetah. Educación infantil y primaria.


En recuerdo de  Nana  y de Cheetah, dos perritas que nos dejaron para subir al cielo de los perros. Cheetah, una  foxterrier,  se marchó ayer; allí estará con su amiga Nana y con todos demás animales que tantas alegrías nos dan durante su vida entre nosotros.Este cuento lo tenía escrito hacía tiempo, precisamente cuando Chetaah llegó a casa de mis nietos para hacer compañía a Nana. Nana murió de vieja y quedó Cheetah que se ha ido solo con cinco años.
Lo he subido ahora para hacerla un pequeño homenaje.

Cheetah
 



Nana, la perrita de Guille y Pablo, está muy viejecita y además se ha puesto enferma. Los dos niños la quieren mucho, por eso, cuando vienen de la calle van a verla, la buscan por toda la casa hasta que la encuentran.
Casi siempre está metida es su caseta porque le cuesta mucho trabajo andar. La llevan muchas veces a que la vea Susi, la veterinaria.
Esta les ha dicho que si le dan unas pastillas todos los días mejorará. Parece que le sientan bien pero, Mayca, la mamá de los niños, piensa que, además de enferma, Nana está muy sola. Antes, tenía la compañía de Pongo pero desde que este no está- se lo llevaron sus primos a una casa más grande porque necesitaba espacio para correr- está muy triste:
- Niños, he pensado que vamos a comprar otro perrito.
-¡Bien!-, gritan contentos-, así Nana tendrá compañía.
-Bueno, también hay que pensar que algún día Nana se morirá y así tendremos otro cachorrito.
-Mama, nosotros no queremos que Nana se muera-, le dicen los dos niños.
-Ya lo sé, pero es muy viejecita y está malita; lo más seguro es que se vaya al cielo de los perros en cualquier momento.
Los  niños se ponen a llorar pensando que Nana se va a morir, así  que, para que se les pase el disgusto la madre se va en busca de un libro de razas de perros que tiene desde pequeña y empieza a mirar cuál  es cachorro que más les conviene:
-A mí me gustan los Beagles-, dice Guille muy contento, pensando que podrá tener uno.
-Y a mí también-, repite Pablo al que le gustan  las mismas cosas que a su hermano.
En ese momento entra  el padre:
-¿Qué estáis haciendo?
-Estamos mirando un perrito nuevo para que le haga compañía a Nana y por si se muere pronto-, explica Pablo haciendo pucheros.
-Bueno, no llores. A lo mejor falta mucho para que eso ocurra. ¡Venga, vamos a elegir uno! y el papá se agrega al grupo para animarlos.
A  su padre le gustan los foxterrieres. Siempre ha soñado con tener un perro de esa raza. Encienden el ordenador y buscan en las páginas de venta de animales:
-¡Mirad! venden cachorros de foxterrier con pedigrí, justo lo que yo quiero-, dice. Guille se queda un poco desilusionado pero si traen un foxterrier  también lo va a querer mucho.
Su mamá llama al teléfono que indica en la página de internet, y se pone de acuerdo con el dueño de los perritos en que se lo van a mandar por  una agencia de transportes que está especializada en llevar animales de un sitio a otro. Los niños están contentísimos, van a tener un cachorrito nuevo dentro de dos días.
Les mandan una hembra y le poner de nombre Cheetah, porque los Foxterrier corren mucho lo mismo que esos felinos. El nombre lo ha elegido Guille porque dice que  el Cheetah es el animal que más le gusta.
Cuando llegan del colegio van corriendo a verla. Es una perrita preciosa  que tiene casi todo el cuerpo  blanco con algunas manchitas marrones y otras más pequeñas, negras. No para de llorar porque echa de menos a su mamá,  entonces la meten en la caseta de Nana, se acurruca junto a ella y se calla.
Los abuelos vienen a conocerla:
-¿Qué nombre le habéis puesto?
-Cheetah.
-¿Le habéis puesto nombre de mono a un perro?
-No abuela, cheetah como los leopardos.
Claro, esta palabra aunque se escribe así, se pronuncia de otra forma, por eso los abuelos entienden: Chita
-No nos gusta, parece que la llamáis Chita como a la mona de Tarzán.
Los niños se quedan un poco desilusionados por la opinión de sus abuelos pero inmediatamente se les olvida y se van a buscarla.
Le gusta mucho jugar con ellos y  desde pequeñita se la ve que tiene genio pues gruñe cuando la regañan si hace algo malo.
Es muy inquieta y no para de correr por el jardín. A veces tira alguna maceta. Cuando oye algún perro fuera, rodea la valla ladrando y trepando por ella  hasta que se va. ¡A la pobre Nana la vuelve loca!
La compañía de Cheetah ha sido muy beneficiosa para ella. Ha mejorado mucho y está más contenta, sin embargo el cachorrito se ha hecho grande y a veces las dos perras se pelean. Cheetah no respeta que Nana sea más mayor y quiere comer antes que ella, así es que Nana tiene que hacer valer sus derechos.
Aparte de los roces en la comida, se llevan muy bien y les gusta mucho dormir juntas.
Nana
Un día Nana no se puede levantar, se encuentra peor, avisan a la veterinaria  y esta le dice que la perrita se está muriendo.
La mamá empieza a llorar porque ella tiene a Nana desde hace mucho tiempo, casi desde que era una niña ¡Menos mal que los niños no están en casa!
Nana mira a Mayca y cierra los ojos para siempre. Cuando llegan Guille y Pablo, preguntan por ella porque no la ven.
-Susi se la ha llevado a la clínica para ver si mejora-, les dice su madre esperando el momento adecuado para darles la mala noticia. Ellos se conforman y juegan con Cheetah.
Los días van pasando y los niños cada vez están más encariñados con su nueva perrita. Cuando Mayca cree que ya están preparados, les dice:
- Me ha llamado Susi, Nana se ha ido al cielo de los perros.
Los dos niños se quedan callados. Pero luego Pablo le pregunta:
-¿Entonces mamá, ya no la vamos a ver más?
-No Pablo, ahora tienes a Cheetah para que te haga compañía.

Guille y Pablo sienten mucho la falta de Nana y han estado todo el día tristes, pero los niños enseguida olvidan. A la mañana siguiente, al levantarse, salen a jugar con su nuevo cachorrito; los chavales son así.

lunes, 22 de octubre de 2012

Guille y Pablo, el niño mágico 1º y 2º de Primaria



 El niño mágicoGuille y Pablo:

 El niño mágico

            Pablo está sentado viendo la televisión. A él no le gusta que le besen ni que le achuchen. Siempre que llegan sus abuelos, para no tener que darles un beso, se busca unas excusas muy raras y se esconde donde pilla: detrás del sillón, debajo de la mesa de la cocina, en el lavadero o se queda tumbado en el sofá y  se tapa con alguna manta.  Guille, que es mas mayor, sale a recibirles y les da a los dos un beso y un abrazo muy fuerte.

            —Hola Guille, ¿Estás solo? —le preguntan sus abuelos guiñándole un ojo

            —Pues sí, Pablo se ha ido.

            —No estoy, soy invisible, hoy soy  un niño mágico, así que no me busquéis  porque no me podéis ver —dice una vocecita que sale de algún rincón de la casa.

            Los abuelos le siguen el juego y empiezan a buscarle por la cocina.

            —¿Estás debajo de la mesa? A lo mejor está en un armario.

            —Creo que es verdad que se ha ido de casa.

            Guille está cansado de que todos los días haga lo mismo.

            —Está en el sofá, tapado con una manta  —susurra al oído de la abuela, un poco fastidiado.

 .          —Nos vamos a sentar a descansar un poco —dicen los abuelos y, con cuidado para no hacerle daño, se sientan en el sofá encima de él;  Pablo empieza a chillar porque le han descubierto.

            —¡Anda!, pero si estás aquí, venga danos un beso que ya te hemos pillado –le piden.

A ver :

Pito pito gorgorito

¿Dónde vas tú tan bonito?

A la era verdadera

Pin pan pun fuera

—Hoy no toca beso —dice  Pablo.

—Pues entonces, hoy, tampoco toca cuento –le contesta la abuela.

A Pablo le gustan mucho los cuentos, así que  se decide  a darles un beso; les da uno a cada uno, pero tan pequeño que casi no se nota.

—Venga, abuela que ya te lo he dado, cuéntame un cuento.

— Bueno, vale: Erase  una vez  una ranita amarilla que vivía en una charca en medio de un bosque...

—Abuela, las ranas no son amarillas, son verdes —le interrumpe Pablo.

—Pablo, hay  ranas de muchos colores

—¿Pero aquí, en este planeta?

La abuela se ríe:

—Sí es este planeta. ¿Quieres verlas en internet?

—Sí, sí, vamos a verlas.

La abuela, Guille y Pablo se meten en internet y ven la gran cantidad de ranas de colores  que hay por el mundo: naranjas, a rayas, amarillas y negras, rosas y negras a rayas, verdes con lunares negros, cabeza naranja y patas azules.

—¡Qué bonitas! abuela. Venga sigue con el cuento.

La abuela mira el reloj y ve que se ha hecho muy tarde; los niños tienen que cenar e irse pronto a la cama

—Lo siento, pero ya no es hora de seguir con el cuento, mañana cuando vuelva os  lo  seguiré contando siempre que estés dispuesto a darnos un beso al abuelo y a mí.

—Pues no sé, a lo mejor, mañana también soy mágico.

 —Este niño no tiene arreglo  —comentan riéndose  sus abuelos mientras Guille se despide  de ellos con un beso y un abrazo muy fuerte.

—¡Hay que ver que diferentes son estos chicos! No parecen hermanos.

—No te preocupes mujer, cuando se haga mayor ya se le quitará esa manía.