Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

domingo, 20 de enero de 2013

GUILLE Y PABLO. PIPO Y PIPA Educación infantil,1º y 2ºPrimaria de







agapornis con 24 dias (49K)

Pipo y Pipa

Guille y Pablo han ido con su mamá a un centro comercial y han visitado una pajarería en donde hay muchos animales.

La encargada está dando de comer una papilla a unos pollitos de agapornis que todavía no tienen plumas.

—¿Qué clase de pájaros son estos pollitos? —pregunta Guille a la señora que los está alimentando.

—Son agapornis papilleros.

—¿Y eso qué es? —vuelve a preguntar el niño muy extrañado.

—Son loritos pequeños. Si desde que nacen los alimentas con esta papilla, se acostumbran a ti como si fueras su madre. Los puedes amaestrar fácilmente y sacarlos de la jaula cuando quieras; siempre vuelven con su dueño.  

—¡Queremos comprar un lorito de estos mamá!

—Yo os recomiendo que os llevéis dos: un macho y una hembra. Estos pajaritos no deben vivir solos; si compráis uno, se moriría de tristeza  —les explica la señora que los está cuidando.

—¿Y eso, por qué?  —insiste Guille.

—Estos pajaritos siempre tienen la misma pareja durante toda la vida, por eso les llaman los pájaros del amor.

—¡Anda mamá, vamos a llevarnos dos agapornis a casa! —le suplican los niños a su madre.

A la mamá de Guille y Pablo, no hay que insistirle mucho cuando se refiere a animales, le gustan más que a ellos, ¡qué ya es decir! Así que accede a la petición de los niños.

—Antes de pasarlos a la jaula, los debéis de meter en una cajita con papeles suaves para que estén calentitos. ¡Ah! Y limpiadla cada dos días aproximadamente.

Después de escuchar todas las recomendaciones de la señora de la tienda compran la jaula que les indica y dos papilleros pequeñitos y se van contentísimos a casa.

Les han puesto de nombre Pipo y Pipa y ya los quieren como si fueran de la familia.

Guille les alimenta con su jeringuilla cinco veces al día y cuando los pájaros lo ven llegar, abren el pico como si fuera su mamá la que les está dando de comer. Cuando llegaron a casa tenían las plumitas blancas, pero ya les están saliendo las verdes. Su madre cree que es hora de pasarlos a la jaula y ese cambio lo hacen con mucho cuidado para que no se dañen.agapornis con 28 dias (49K) Con el tiempo Guille los ha podido amaestrar, se los pone en el hombro y se pasea con ellos por la casa. Los deja que se den una vuelta por el salón y después se meten en su jaula ellos solitos.

Un día la madre de Guille y Pablo, sin darse cuenta, se ha dejado la puerta abierta  y Pipa se  escapa. La busca por todo el jardín porque tiene la esperanza de que vuelva, pero piensa en el disgusto que se va a llevar Guille cuando vuelva.

Pablo es pequeño, no va al colegio, y se ha dado cuenta de todo lo que ha pasado con Pipa.

La mamá se va a la pajarería y compra otra hembra parecida. Esta ya es mayor  y como no ha comido nunca de la mano de Guille, el niño se extraña de que no le haga caso y no se ponga encima de su hombro. Además, algunas veces, pica a Pipo.

—¡Qué raro! —dice Guille—, Pipa se comporta de una forma muy rara. A lo mejor es que está un poco celosa.

—Claro Guille. Siempre haces más caso a Pipo. Tienes que estar un poquito más con ella –le explica su madre para evitar que se de cuenta de que esa no es su pajarita.

Pablo, con su media lengua le dice a Guille:

—“Eta no e Pipa. Pipa sa ido”.

Guillermo no le entiende y cada vez que el niño coge a los agapornis se sigue extrañando de que  Pipa no le haga caso. Pablo  le vuelve a repetir:

—“Eta no e Pipa, Pipa sa ido,” pero Guille sigue sin  entender lo que quiere decir su hermano y continúa muy feliz cuidando de sus papilleros.

Con el tiempo, Pipo y Pipa se han acostumbrado a vivir juntos. Ya no se pelean y además hacen cosas muy graciosas como dar vueltas a la derecha o a la izquierda, bailar y jugar a la pelota con una bolita muy pequeña de fieltro.

En el colegio, con el fin de fomentar el amor y el respeto por los animales, han organizado un concurso. Los niños que tienen animales en casa pueden demostrar lo que se consigue con sus mascotas  a base de cariño y tesón. ¡Allí van Guille y Pablo con sus agapornis para probar que son los mejores!

Se colocan cada uno en los extremos del escenario y un profesor se ofrece para ayudar.

—¡Abra la jaula profesor!

El profesor hace lo que le dice Guille y los dos pajaritos emprenden el vuelo colocándose cada uno sobre el hombro de uno de los niños.

—Pipo, aquí  —y Pipo sale volando a posarse en el dedo de Guille.

—Pipa, aquí  —y Pipa hace lo mismo con Pablo.

Sus compañeros les aplauden con mucho entusiasmo. Después los ponen encima de una mesita pequeña que hay sobre el escenario y les colocan una pelotita dentro de un vaso de plástico transparente. Lo empujan con el pico y juegan al fútbol.

Sus amigos se ponen de pie  y aplauden a rabiar;  el jurado les ha dado el primer premio: un viaje para ver el parque zoológico de Madrid.

Los niños están contentísimos. ¡No podían haber recibido un regalo mejor!

agaporni con 37 dias (33K)


Todas esta fotos tan bonitas las he sacado de una página en donde han fotografiado día a día la evolución de estos loros tan bonitos.  Es un reportaje precioso realizado por un amante de los animales llamado Jordi R. Si queréis enteraros bien  de toda su vida desde que nacen entrad en esta página. Os encantará,aquí la tenéis.
http://www.agaporniscoqui.es/evolucion-agapornis.html

domingo, 6 de enero de 2013

Jesús, tu mejor amigo. El último cuento de esta Navidad.

Convento franciscano de Santa Catalina del Monte.




En la homilía de la misa de hoy, un sacerdote franciscano  del precioso convento de Santa Catalina del Monte de Murcia, nos ha contado este cuento como ejemplo de la bondad de Jesús. Me ha gustado tanto que le he pedido permiso para poder subirlo a mi blog y, él, amablemente, me lo ha dado. Nadie sabe quién es el autor; dice que lo ha oído muchas veces pero ha pasado de unos a otros como ejemplo de la ayuda que podemos encontrar en Jesús.










Jesús, tu mejor amigo.

Se dice que cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el Niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.

—Acércate —le dijo Jesús— ¿Por qué tienes miedo?

—No me atrevo, no tengo nada que darte.

—Me gustaría que me dieses un regalo —dijo el recién nacido— (Jesús, como era Dios, podía hablar).

El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:

—De verdad, no tengo nada. Nada es mío, si tuviera algo, algo mío, te lo daría.  Mira.

Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.

—Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy.

—No—contestó Jesús— guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.

—Con gusto —dijo el muchacho—, pero… ¿qué?

—Ofréceme el último de tus dibujos.

El chiquillo, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran. Murmuró al oído del Niño Jesús:

—No puedo…, mi dibujo es horrible…, ¡nadie quiere mirarlo!

—Justamente, por eso lo quiero, siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.

—Pero… ¡lo rompí esta mañana! —tartamudeó el chico.

—Por eso lo quiero. Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo. Y ahora —insistió Jesús—, repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.

El rostro del muchacho se ensombreció, bajó la cabeza. Avergonzado y, tristemente, murmuró:

        —Les mentí. Dije que se me cayó de las manos, pero no era cierto. ¡Estaba enojado y lo tiré con rabia!

—Eso es lo que quería oírte decir —dijo Jesús—. Dame lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías, tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas. No tienes necesidad de guardarlas. Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.

Y así el Niño Jesús se hizo amigo de aquel niño que fue a visitarle al portal.



Ojalá que todos los amigos que tengamos sean como Jesús.


 



San Luis Potosí México
http://www.navidaddigital.com/belenes/de/chuy12rc/ San Luis Potosí Méjico.





lunes, 24 de diciembre de 2012

El belén de la Abuela Atómica. Navidad 2012-2013

 Queridos lectores, no hay nada más entrañable para mí en Navidad que hacer un belén; sin él, la Navidad no existe. En mi casa, cuando era pequeña, mi padre  quitaba una puerta de una habitación y sobre ella colocábamos el corcho para hacer las montañas y la escoria que traía mi hermano de una carbonería que había debajo de casa. Luego íbamos a la Plaza Mayor y  comprábamos el musgo y alguna figurita nueva. Cuando hago mi belén siento que mi padre me acompaña. Aquí os muestro el que he hecho este año para conmemorar el nacimiento del Niño Jesús. Espero que os guste.






OS DESEO A TODOS FELIZ NAVIDAD

martes, 11 de diciembre de 2012

Los chupetes y los tres Reyes Magos Cuento de Navidad

Dibujo reciclado de otro cuento hecho por mi nieto Guille (10 años)
                         
Este cuento está dedicado a las personas a las que se les ocurrió la feliz idea de buscar un sitio adecuado para que los niños pequeños pudiesen dejar sus chupetes cuando se hicieran mayores. ¡Qué mejor lugar que un árbol para colgarlos! A estos árboles les llaman ahora Los Árbloles de los chupetes. Entre esas personas se encuentran dos seres encantadores : La gallina pintadita Carmen y Marga Lama; las dos se han esforzado mucho para llevar este proyecto a cabo.
Un abrazo para ellas y

FELIZ NAVIDAD

Los chupetes y los tres Reyes Magos

Tres siluetas se adivinaban en la lejanía. Montadas en bonitos caballos avanzaban solemnemente  seguidas por una multitud de pajes y camellos  que, cargados con infinidad de regalos, se iban acercando según la noche se hacía más negra.

Melchor iba delante y su voz se oía cansada:

—¡Qué gana tengo de repartir todos los juguetes y volver a nuestro palacio! Cada vez estoy más viejo y el cansancio de esta noche luego me dura algunos meses. Tengo que estar varios días metido en ese menjunje de pétalos de rosas, pensamientos y alcohol para que se me quiten los dolores de las piernas. Luego mi fiel Said me frota con gel de aloe que es tan bueno para  curar las grietas de los pies y, así, me voy recuperando poco a poco. Si no fuera por al amor que les tengo a los niños, y porque sabemos la ilusión que les hace que vayamos esta noche a visitarlos, no tendría fuerza para llevar a cabo esta  empresa.

—Ttienes razón, este trabajo es muy duro;  por muy Magos que seamos, supone un gran esfuerzo realizarlo. Antes, cuando dejábamos los regalos, volvíamos a casa libres de peso y equipaje, pero  ahora… ¿qué  opináis  de la manía que les ha entrado a los padres y a los abuelos de decirles a los niños que nos tienen que dejar los chupetes para que nos los llevemos?  que si no, se quedarán sin regalos —añadió Gaspar. El año pasado regresamos a casa con 150 kilos de esa goma que a los peques les da por masticar.

—No seas protestón, Gaspar, acuérdate   que los reciclamos e hicimos unas magníficas pelotas con los nombres de los niños que nos regalaron sus chupetes y botaron tanto que llegaron hasta las estrellas —aclaró Baltasar. Ahora hay muchas estrellas que llevan los nombres de los peques. 

—Es una maravilla que con nuestro poder y la goma masticada de esos chupetes hayamos podido mandar hasta el firmamento los nombres de sus dueños. Yo creo que con los que recojamos este año, podríamos hacer lo mismo. Así no se quedará ninguna estrella sin nombre y por la noche los niños podrán hablar con ella y pedirle deseos.

Hablando y hablando, los magos llegaron a una encrucijada de caminos y entonces decidieron separarse. Cada uno sabía que sendero debía tomar, así que, seguidos por decenas de porteadores aceleraron la marcha para llegar a tiempo antes de que amaneciera.

Esa noche en todas  las casas reinaba un gran nerviosismo. Los niños habían cenado pronto y limpiado bien sus botas, habían puesto paja para los camellos y los caballos, y para los Reyes y sus criados: unos riquísimos trozos de turrón y tortas de Pascua. Además, en algunas casas había también sobre la mesa un chupete o dos. Los pequeños sabían que debían dejarlos para que se los llevasen, esa sería una señal de que se estaban haciendo mayores. Era la única forma de convencerlos de que debían abandonar esa costumbre de chupar y chupar cuando se hacían mayorcitos.

Después de varias horas de intenso trabajo, al despuntar el alba, se volvieron a encontrar en el cruce de caminos en donde se habían separado por la noche.

Todos los pajes volvían cargados con algunos sacos llenos de chupetes, todos menos uno, que no traía nada en su mochila.

Ilustración de Guille

—Parece que este año vamos a volver a hacer pelotas; habéis recogido un buen cargamento. Pero tú, Mohamed, ¿por qué no llevas ninguno? ¿Es que se te olvido traerlos?  —pregunto Gaspar— Se le han perdido los chupetes y también la casaca y el turbante —siguió el Rey muy enfadado.

—Yo, Señor —dijo preocupado el sirviente pensando  que le iban a regañar—, yo no tengo la culpa, además, si les cuento lo que  me pasó, tampoco me van a creer.

—Tú habla y veremos si nos convences o no —le ordenó Melchor.

 —Pues en Sevilla se rumoreaba que la culpa de que los niños no nos entregasen sus  chupetes es del reino vegetal que se ha hecho amigo del reino animal; vamos, eso es lo que por allí se oía.

—Pero, ¿qué acertijo es ese?, no hay quién te entienda.

—Ve como ya les decía yo que no me iban a creer. Majestad, parece ser que una flor, -reino vegetal-, se ha hecho amiga de una gallina, -reino animal-, y las dos juntas tienen unas ideas… ¿cómo diría yo?  un poco raras

—¿Una gallina y una flor? —dijeron todos los que le escuchaban soltando una carcajada.

 La gallinita es de mi sobrino Quique (5 años), la margarita, mía.

—¿Acaso las gallinas comen goma en lugar de trigo, y las flores hablan con los animales? —dijo en voz alta Hamed, otro de los pajes.

—Sí, sí, vosotros reíros, pero os voy a contar lo que me ocurrió cuando llegué a Sevilla. Empecé a repartir los juguetes y a darle de comer a los camellos con los alimentos que los niños nos habían dejado para ellos y, enseguida, me di cuenta de que en ninguna de las casas había chupetes para recoger. Entonces le pregunté a un mendigo que estaba en la calle casi sin ropa, me dio tanta pena que le di mi casaca para que se protegiese del frio y el turbante para que con el rubí que llevaba prendido pudiese comprar todo lo que necesitaba para subsistir.

—Oiga, buen hombre, ¿es que aquí en Sevilla los niños no usan chupetes para dormir? No me han dejado ninguno para llevarme —le pregunté

—Claro que tienen  chupa y algunos llevan enganchados dos o tres en el cuello, pero desde que el reino vegetal se ha hecho amigo del reino animal todo ha cambiado.

—Y dale con el acertijo, ¿se quiere explicar bien de una vez? me van a volver loco—le dije ya un poco enfadado con tanta palabrería.

—Mire, yo, a veces, voy a un parque que está por aquí cerca, el parque de los descubrimientos-, y he oído decir que una gallina pintadita se ha hecho amiga de una flor  y, ya se sabe qué  puede salir del cerebro de un ave aconsejada por una flor. Pues una idea un poco loca: han tenido la idea brillante de que los niños pequeños cuelguen sus chupetes en un árbol según se vayan haciendo mayores, así que ellas son las causantes de que no hayas encontrado ningún chupete por la ciudad.

—¿Una gallina pintadita? Pintadita ¿de qué?

—Ah, pues no sé, será pintadita de colores, creo que la gallina se llama Carmen. A lo mejor esa gallina es la que pone los huevos de Pascua, todos llenos de colorines, porque la gallina pintadita pondrá huevos ¿no cree? —preguntó el mendigo

 —¿Y la flor? —le pregunté.

—-La flor se llama Margarita.

—Cuando oí todo lo que me contaba y que encima le habían puesto  nombre a la gallina y a la flor, os digo de verdad que pensé que el mendigo se estaba riendo de mí —aclaró el paje—. Me pidió que le acompañase, que me iba a enseñar en donde estaban todos los chupetes de la ciudad y entonces nos acercamos al parque   en donde había un pequeño árbol. Vi como de   él colgaban los chupetes como si fuesen frutas maduras El mendigo me dijo que muchos días, las mamás se acercaban con sus niños y estos con lágrimas en los ojos  dejaban sus chupetes colgados del árbol, pero después, ellas les contaban cuentos o les leían poesías a sus pies  y todos se ponían muy alegres; miraban a  las ramas y se sentían protegidos por estas. Después de esta ceremonia se daban cuenta de que ya se estaban haciendo mayores y a partir de ese momento el chupete no tenía que estar en sus vidas.  Si  alguno seguía llorando y diciendo:

El árbol de de mi nieto Pablo, hermano de Guille, 6 años.

—¡Quiero mi chupete, quiero mi chupete! significaba que todavía no era lo suficientemente mayor como para desprenderse de él. Tendría que volver algunos meses más tarde.

Melchor se quedó pensativo, quería saber qué tenía que ver una gallina en todo ese embrollo y encima aconsejada por una margarita, pero se les estaba haciendo tarde y debían volver, ningún niño debía verlos, sino, se rompería el hechizo y todos los juguetes desaparecerían.

—Queridos Gaspar y Baltasar ¿qué pensáis de todo lo que nos ha contado este chiflado de Mohamed? ¿De verdad creéis que una gallina va a tener la idea   de que cuelguen los chupetes en un árbol, que sea amiga de una margarita y, además que se llame Carmen? Vamos ¡una gallina llamada Carmen!

—Melchor, es una pena que tengamos que volvernos enseguida, yo creo que Mohamed se ha perdido por Sevilla o se le ha olvidado recoger los chupetes. De todas formas tendremos los suficientes para seguir mandando nombres a las estrellas, —comentó Baltasar—. Aunque pensándolo bien no es mala idea esa del árbol de los chupetes. En cuanto hayamos regresado y descansado unos días, enviaremos a alguien de confianza para que investigue y nos aclare todo este lío; con todos los chupetes que llevamos podríamos hacer no un árbol, sino El bosque de los chupetes.

Dejaron de hablar y empezaron el viaje de regreso, les quedaba mucho camino por delante, pero a los tres les había calado la idea de la flor Margarita y de la gallina Pintadita Carmen.

 

 

 









Las ilustraciones
Ahora, voy a hablaros de los niños que han hechos las ilustraciones:
En primer lugar ni nieto Guille, 10 años: Ha reciclado el dibujo de los Reyes que me hizo para otro cuento y le ha agregado el camello. También ha dibujado al paje con el carrito de chupetes.
Pablo: mi otro nieto de 6 años, nos ha obsequiado con el ärbol de los chupetes; también le ha quedado precioso.
Mi sobrino Quique, con solo 5 años, nos ha regalado La gallina pintadita. os digo de verdad que cuando le ví con qué gracia la dibujaba me quedé con la boca abierta.
Por último yo misma hice la margarita. Me entraron ganas de dibujar al ver a los niños lo bien que lo estaban haciendo. Lo pasamos estupendamente.
Les doy las gracias por ponerme el blog tan bonito.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Las lecciones de la vida. 2º y 3er.Ciclo y Secundaria



Dedicado a todas las personas que voluntariamente se juegan la vida para salvar  la de otras  que consideran más indefensas.



Era un día de verano. La familia de Juan había acudido a la playa con la esperanza de que el agua hiciese más soportable el sofocante calor y ya llevaban más de una hora instalados debajo de la sombrilla. La habían sujetado fuertemente porque en Tarifa, cuando el viento decía de soplar, lo hacía con  furia y los bañistas estaban acostumbrados a ver los quitasoles salir volando como si fueran cometas. Juan estaba haciendo un castillo con la arena de las dunas, cuando al levantar la cabeza se dio cuenta de que pasaba algo que no era normal. Sus padres miraban al horizonte señalando un punto a lo lejos:
-Parece una barca; está tan llena que no puede avanzar. Yo diría que es una patera –dijo el padre a la madre- Creo que tienen problemas. Si no saben nadar, aunque estén cerca de la orilla pueden ahogarse, no ha sido la primera vez que ha ocurrido eso.
-Es verdad, hay que ayudarles -en ese momento todos los que estaban por allí cerca echaron a correr hacia el agua.
-¿Qué pasa papá? ¿A dónde vas?
-Juan, quédate aquí con tu hermana. No os mováis, por favor, la gente de aquella barca parece que está en apuros.
La hermana mayor de Juanito lo tenía cogido de la mano y este miraba con cara de susto lo que ocurría a su alrededor sin perderse detalle. Solo habían pasado unos minutos, cuando llegaron dos ambulancias de la Cruz Roja y de ellas bajaron muchos chicos y chicas que se dirigieron corriendo hacia la orilla. Sacaron a algunos hombres y  mujeres y los  dejaron descansando en la playa. El viaje tan largo les había extenuado.
-Juanito, mira –dijo su hermana- esos chicos son voluntarios.
-¿Y eso qué es?
-Voluntarios son las personas que ayudan a otros desinteresadamente;  no cobran por su trabajo. Ahora están ayudando a los inmigrantes que acaban de llegar.
-¿Inmigrantes? ¿Qué son inmigrantes?
-A la gente que viene de otro país  y se queda a vivir aquí, se les llama inmigrantes.
- ¡Ah! –exclamó asombrado de todo lo que sabía su hermana. Juanito vio cómo un grupo de jóvenes llevaba mantas y agua y las repartían a todos los hombres y mujeres que habían bajado de la barca.
-¿Por qué les dan mantas? si hace mucho calor.
-Seguro que ellos tendrán el frío metido en los huesos; habrán estado dos o tres noches en alta mar y allí la temperatura es más baja.
Después vieron cómo dos enfermeros llevaban en una camilla a una mujer embarazada. En otra, transportaban una persona totalmente cubierta: llevaba la cabeza tapada. Clara se quedó callada, no sabía si decirle a su hermano, que ese hombre o mujer  ya no tenía frio, ni frío ni calor, sino que había muerto en el camino, buscando un mundo, que ellos creían mejor. Él era pequeño y pensó que era mejor que sus padres, cuando volviesen, le contasen lo que ellos creyeran oportuno. Estuvieron de pie durante mucho rato viendo pasar a los pobres hombres y mujeres tapados con las mantas y con botellas de agua en la mano; les acompañaban los voluntarios. Una enfermera llevaba de la mano un niño que era como un muñeco.
-Parece un bombón de chocolate,-dijo la hermana de Juan.
Tendría cinco o seis años y miraba todo su alrededor  con unos ojos enormes que  le resaltaban en la cara como si fueran dos faros. La enfermera lo soltó de la mano para ayudar a un compañero. En ese instante, Juan se separó de su hermana y  fue  corriendo hacia donde estaba el  pequeño.
¿Jugamos? –le preguntó. Al otro niño se le iluminó la cara cuando oyó a Juanito. No le entendía, pero sabía que le estaba diciendo algo bueno. Juan le cogió de la mano y ambos echaron a correr hacia donde estaba su sombrilla. Al recién llegado se le pasaron todos los males cuando vio el cubo y la pala de Juan. Los dos querían decirse miles  de cosas pero no podían, no hablaban el mismo idioma; entonces el niño de la patera se puso a dibujar en la arena; con el dedo fue trazando la silueta de un gran árbol, alto y de tronco muy grueso; al terminarlo lo señaló y dijo:
-Baobab, Baobab;  al lado trazó una línea larga que parecía un río, con muchos cocodrilos y, junto al río, un elefante con su cría bebiendo agua. Juanito se quedó maravillado al ver los dibujos de su amigo. Cuando terminó, le señaló a Juan hacia el otro lado del mar. Juan pensó que algún día visitaría ese país tan maravilloso con árboles tan fantásticos y animales salvajes; después se pusieron a jugar al escondite. La hermana de Juan, de repente, cayó en la cuenta de que la madre  del niño lo estaría buscando preocupada y, entonces,  le llamó:
-Juan, ¿no crees que  su  mamá  se va a asustar si no lo ve? Anda, vamos a llevarlo con su familia. Cuando llegaron donde estaba el grupo, la enfermera se enfadó con Juanito y la madre  del niño empezó a llorar mientras lo abrazaba desesperadamente, las dos creían que se había perdido. Los niños se despidieron del pequeño con pena y la enfermera metió al chiquillo negro con su madre en una ambulancia. Juan estaba arrepentido de lo que había hecho, pero él solo quería hacerse su amigo. Al poco rato volvieron sus padres muy tristes.
-Mamá, cuéntame qué ha pasado por favor, ¿qué es una patera?
La madre no podía hablar, tenía un nudo en la garganta;  entonces le respondió su padre:
 -Mira hijo, Tarifa es el punto más cercano que hay desde España al continente africano, por eso, estos hombres lo han elegido para traer su barca. Parece que son de Senegal, allí son muy pobres, y  piensan que al otro lado del mar está su salvación.
-Pero papá, es verdad, aquí  están salvados. Ya no les va a pasar nada malo, ¿no?
-Hijo, seguramente, los devolverán a su país, aquí no hay trabajo para todo el mundo que entra a buscarlo; lo más grave es que venía con ellos otra patera y durante la noche han perdido su rastro. Van a empezar a buscarla los helicópteros del ejército. Clara y Juanito miraron  la cara de su madre y, al verla preocupada, se echaron en sus brazos; estuvieron así los tres durante un buen rato. Verdaderamente los que vivían a este lado del mar eran afortunados. Cuando se tranquilizaron, Juanito se levantó y, sin decir nada, echó a correr hacia donde estaban todavía algunos voluntarios y miembros de La Cruz Roja.
-¿Dónde vas? Vuelve –le dijo su padre.
-Espera  un momento,  papá, que tengo que preguntar una cosa.
El niño se acercó al  voluntario que estaba más cerca de él; era una chica un poco  mayor que su hermana:
-¿Es muy difícil hacerse voluntario?-preguntó.
-No hijo, solo tienes que querer serlo - le contestó con una sonrisa.
-Pues entonces  de mayor seré voluntario -y, diciendo esto, regresó junto a su familia.
Los padres le miraron con satisfacción, Juan había reaccionado como un hombre ante la dura lección que había recibido aquel día y que no olvidaría nunca;  sin tener que estudiar, la había aprendido en el libro que más nos enseña: el libro de la vida.

El precioso dibujo es de mi nieto Guille.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Vanesa de los cardos. Educación infantil y 1er y 2º ciclo


Vanesa de los Cardos

 

Doña  Vanesa, una elegante mariposa de bellos colores, acababa de llegar de un largo viaje  desde África- Había recorrido mil kilómetros en dos o tres días como quien no quiere la cosa, y no estaba nada cansada. Ella tenía un truco: aprovechaba los vientos que venían del desierto del Sahara y se dejaba llevar por ellos, así no tenía que realizar ningún esfuerzo.

Era primavera y necesitaba un lugar donde poner sus huevos para tener descendencia. Normalmente   utilizaba una   zona   en donde proliferaban los cardos. Allí, sus huevos, primero se convertían en unas oruguitas negras y amarillas, bastante peludas, que se alimentaban de las flores que estas plantas pinchosas daban, después se encerraban en una crisálida y,  más tarde, de cada una de ellas salía una preciosa mariposa, tan bonita, como su madre.

Vanesita, una de las orugas, estaba muy triste porque se encontraba horrorosa. No le gustaba la forma agusanada de su cuerpo ni el color a rayas negras y amarillas; tampoco le gustaba que estuviese cubierto de pelos y, por último, lo que más le desagradaba era no poder volar como su madre.

—¿Cuándo podré volar cómo tú, mamá? Es aburridísimo ir arrastrándome por el suelo mientras que tú vuelas por las alturas. Además… soy tan fea, tengo muchas ganas de parecerme a ti.

—Mira, Vanesita —le decía su madre con   mucho cariño—, tendrás que tener mucha paciencia. Para llegar a mariposa, primero hay que  ser  durante una semana, más o menos, una  oruguita  y aunque tú te veas fea, para mí eres la cosa más linda del mundo — le explicaba su mamá dándole ánimos—, luego te encerrarás en un saquito de dormir colgada de una rama y después de estar allí unos días, despertarás una mañana transformada en una linda  mariposa.

Vanesita no veía la hora de convertirse en   una Vanesa de los Cardos hecha y derecha, que era como llamaban los demás insectos a su mamá, hasta que un día se hizo   el milagro, el saquito desapareció y pudo desplegar al aire sus preciosas alas de color naranja, moteadas con lunares negros y blancos. ¡Qué guapa se veía! Ya no tenía ningún complejo, revoloteaba por aquí y por allá luciendo palmito y presumiendo delante de otros insectos a los que ella consideraba más feos. No se había dado cuenta   de que cada insecto tiene una   forma diferente porque se tiene que adaptar al medio que le rodea y, ahí, no hay ni guapos ni feos si no   que   son de una manera y no de otra porque siguen las leyes de la Madre Naturaleza

 El día amaneció precioso, el sol no calentaba demasiado y soplaba una ligera brisa que Vanesita aprovechó para levantar el vuelo y recorrer un espacio muy grande sin tener que esforzarse demasiado. Se detuvo cerca de un gran lago. Se acercó revoloteando y se dio cuenta de que había otra Vanesa de los Cardos frente a ella dentro del agua.

—¡Sal de ahí que te vas a ahogar !—exclamó Vanesita, pero la otra mariposa no la hizo caso, parecía que le estaba haciendo burla; todos los movimientos  que hacía ella, los repetía sin parar.

Tan enfadada se puso que echó a volar y volvió con su madre, creyendo que dejaba    a la otra mariposa dentro del agua.

Cuando se lo contó a doña Vanesa, ella se imaginó lo que había ocurrido y volvieron las dos juntas al lago; tenía que empezar a darle lecciones a la pequeña.

—Mira, Vanesita, ¿Cuántas mariposas ves ahí dentro?

—Dos, mamá.

—¿Y si yo me aparto de la orilla?

—Solo una, mamá.

—Entonces ¿Qué es lo que crees que ocurre?

—Pues no sé —la pobre Vanesita no se imaginaba lo que ocurrIa.

—Mira, las dos mariposas que ves ahora  somos nosotras. El agua nos devuelve nuestra imagen cuando nos acercamos al lago.

—Entonces esas alas tan bonitas ¿son mías? ¿Y ese cuerpo tan esbelto también?

—Sí, así eres tú ahora —contestó su madre.

—Pues entonces, vendré todos los días al lago a mirarme.

—Ni hablar, no sabes lo peligroso que es eso, Vanesita, aquí hay muchos  pájaros, peces, ranas y sapos que estarán encantados de que te acerques para comerte.

—¿Para comerme?, ¡Qué va mamá!  Quién va a querer comerse una cosa tan linda como yo. Los mayores siempre amargando a los jóvenes.

La madre se preocupó al escuchar a su hija.

—Prométeme que no vendrás, prométemelo.

Vanesita hizo un gesto de asentimiento con sus antenas y la madre se quedó satisfecha.

Esa noche la mariposa no dejaba de pensar en lo bonita que se había visto reflejada en el agua; la luna estaba en el cielo iluminándolo todo y ella no pudo resistirse.

—Iré una vez más, solo esta noche. Me fijaré bien cómo soy y mañana   saldré de viaje con mi madre y mis hermanas.

Vanesita voló hasta el lago;   el cielo estaba cuajado de estrellas y la luna tan brillante que parecía que era de día. Se acercó al agua y estuvo volando por encima como si estuviera interpretando un ballet acuático. No dejaba de mirarse reflejada en ese líquido espejo y de pensar en lo linda que era. Se oía un ruido sordo y seco que ella no conocía; era el croar de las ranas, también el chapotear de algunos peces que saltaban fuera del agua para capturar insectos, pero ella inconscientemente creía que el peligro no existía; de repente algo saltó a su lado y la salpicó. Se sobresaltó mucho, pero voló más alto y se recuperó pronto del susto, después volvió a interpretar su danza, cada vez más segura de la belleza de sus movimientos y de su cuerpo. De repente, algo   largo y glutinoso salió de un cuerpo viscoso con ojos saltones que se encontraba encima de una roca. No tuvo tiempo de reaccionar, era tarde para levantar el vuelo   y, Vanesita cayó   atrapada dentro del estómago de un sapo horrible, que se relamió con su captura.

 

Queridos peques, es la primera vez que termino un cuento sin final feliz pero no hacer caso de los consejos de los mayores trae a veces malas consecuencias.

 Si queréis saber más cosas sobre las mariposas podéis pinchar en este enlace y allí encontrareis cosas muy interesantes

 

http://www.kidsbutterfly.org/life-cycle/spanish

 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Guille y Pablo: Llega Cheetah. Educación infantil y primaria.


En recuerdo de  Nana  y de Cheetah, dos perritas que nos dejaron para subir al cielo de los perros. Cheetah, una  foxterrier,  se marchó ayer; allí estará con su amiga Nana y con todos demás animales que tantas alegrías nos dan durante su vida entre nosotros.Este cuento lo tenía escrito hacía tiempo, precisamente cuando Chetaah llegó a casa de mis nietos para hacer compañía a Nana. Nana murió de vieja y quedó Cheetah que se ha ido solo con cinco años.
Lo he subido ahora para hacerla un pequeño homenaje.

Cheetah
 



Nana, la perrita de Guille y Pablo, está muy viejecita y además se ha puesto enferma. Los dos niños la quieren mucho, por eso, cuando vienen de la calle van a verla, la buscan por toda la casa hasta que la encuentran.
Casi siempre está metida es su caseta porque le cuesta mucho trabajo andar. La llevan muchas veces a que la vea Susi, la veterinaria.
Esta les ha dicho que si le dan unas pastillas todos los días mejorará. Parece que le sientan bien pero, Mayca, la mamá de los niños, piensa que, además de enferma, Nana está muy sola. Antes, tenía la compañía de Pongo pero desde que este no está- se lo llevaron sus primos a una casa más grande porque necesitaba espacio para correr- está muy triste:
- Niños, he pensado que vamos a comprar otro perrito.
-¡Bien!-, gritan contentos-, así Nana tendrá compañía.
-Bueno, también hay que pensar que algún día Nana se morirá y así tendremos otro cachorrito.
-Mama, nosotros no queremos que Nana se muera-, le dicen los dos niños.
-Ya lo sé, pero es muy viejecita y está malita; lo más seguro es que se vaya al cielo de los perros en cualquier momento.
Los  niños se ponen a llorar pensando que Nana se va a morir, así  que, para que se les pase el disgusto la madre se va en busca de un libro de razas de perros que tiene desde pequeña y empieza a mirar cuál  es cachorro que más les conviene:
-A mí me gustan los Beagles-, dice Guille muy contento, pensando que podrá tener uno.
-Y a mí también-, repite Pablo al que le gustan  las mismas cosas que a su hermano.
En ese momento entra  el padre:
-¿Qué estáis haciendo?
-Estamos mirando un perrito nuevo para que le haga compañía a Nana y por si se muere pronto-, explica Pablo haciendo pucheros.
-Bueno, no llores. A lo mejor falta mucho para que eso ocurra. ¡Venga, vamos a elegir uno! y el papá se agrega al grupo para animarlos.
A  su padre le gustan los foxterrieres. Siempre ha soñado con tener un perro de esa raza. Encienden el ordenador y buscan en las páginas de venta de animales:
-¡Mirad! venden cachorros de foxterrier con pedigrí, justo lo que yo quiero-, dice. Guille se queda un poco desilusionado pero si traen un foxterrier  también lo va a querer mucho.
Su mamá llama al teléfono que indica en la página de internet, y se pone de acuerdo con el dueño de los perritos en que se lo van a mandar por  una agencia de transportes que está especializada en llevar animales de un sitio a otro. Los niños están contentísimos, van a tener un cachorrito nuevo dentro de dos días.
Les mandan una hembra y le poner de nombre Cheetah, porque los Foxterrier corren mucho lo mismo que esos felinos. El nombre lo ha elegido Guille porque dice que  el Cheetah es el animal que más le gusta.
Cuando llegan del colegio van corriendo a verla. Es una perrita preciosa  que tiene casi todo el cuerpo  blanco con algunas manchitas marrones y otras más pequeñas, negras. No para de llorar porque echa de menos a su mamá,  entonces la meten en la caseta de Nana, se acurruca junto a ella y se calla.
Los abuelos vienen a conocerla:
-¿Qué nombre le habéis puesto?
-Cheetah.
-¿Le habéis puesto nombre de mono a un perro?
-No abuela, cheetah como los leopardos.
Claro, esta palabra aunque se escribe así, se pronuncia de otra forma, por eso los abuelos entienden: Chita
-No nos gusta, parece que la llamáis Chita como a la mona de Tarzán.
Los niños se quedan un poco desilusionados por la opinión de sus abuelos pero inmediatamente se les olvida y se van a buscarla.
Le gusta mucho jugar con ellos y  desde pequeñita se la ve que tiene genio pues gruñe cuando la regañan si hace algo malo.
Es muy inquieta y no para de correr por el jardín. A veces tira alguna maceta. Cuando oye algún perro fuera, rodea la valla ladrando y trepando por ella  hasta que se va. ¡A la pobre Nana la vuelve loca!
La compañía de Cheetah ha sido muy beneficiosa para ella. Ha mejorado mucho y está más contenta, sin embargo el cachorrito se ha hecho grande y a veces las dos perras se pelean. Cheetah no respeta que Nana sea más mayor y quiere comer antes que ella, así es que Nana tiene que hacer valer sus derechos.
Aparte de los roces en la comida, se llevan muy bien y les gusta mucho dormir juntas.
Nana
Un día Nana no se puede levantar, se encuentra peor, avisan a la veterinaria  y esta le dice que la perrita se está muriendo.
La mamá empieza a llorar porque ella tiene a Nana desde hace mucho tiempo, casi desde que era una niña ¡Menos mal que los niños no están en casa!
Nana mira a Mayca y cierra los ojos para siempre. Cuando llegan Guille y Pablo, preguntan por ella porque no la ven.
-Susi se la ha llevado a la clínica para ver si mejora-, les dice su madre esperando el momento adecuado para darles la mala noticia. Ellos se conforman y juegan con Cheetah.
Los días van pasando y los niños cada vez están más encariñados con su nueva perrita. Cuando Mayca cree que ya están preparados, les dice:
- Me ha llamado Susi, Nana se ha ido al cielo de los perros.
Los dos niños se quedan callados. Pero luego Pablo le pregunta:
-¿Entonces mamá, ya no la vamos a ver más?
-No Pablo, ahora tienes a Cheetah para que te haga compañía.

Guille y Pablo sienten mucho la falta de Nana y han estado todo el día tristes, pero los niños enseguida olvidan. A la mañana siguiente, al levantarse, salen a jugar con su nuevo cachorrito; los chavales son así.