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lunes, 24 de diciembre de 2012
El belén de la Abuela Atómica. Navidad 2012-2013
martes, 11 de diciembre de 2012
Los chupetes y los tres Reyes Magos Cuento de Navidad
| Dibujo reciclado de otro cuento hecho por mi nieto Guille (10 años) |
Este cuento está dedicado a las personas a las que se les ocurrió la feliz idea de buscar un sitio adecuado para que los niños pequeños pudiesen dejar sus chupetes cuando se hicieran mayores. ¡Qué mejor lugar que un árbol para colgarlos! A estos árboles les llaman ahora Los Árbloles de los chupetes. Entre esas personas se encuentran dos seres encantadores : La gallina pintadita Carmen y Marga Lama; las dos se han esforzado mucho para llevar este proyecto a cabo.
Un abrazo para ellas y
Los chupetes y los tres Reyes Magos
Tres
siluetas se adivinaban en la lejanía. Montadas en bonitos caballos avanzaban
solemnemente seguidas por una multitud
de pajes y camellos que, cargados con
infinidad de regalos, se iban acercando según la noche se hacía más negra.
Melchor
iba delante y su voz se oía cansada:
—¡Qué gana
tengo de repartir todos los juguetes y volver a nuestro palacio! Cada vez estoy
más viejo y el cansancio de esta noche luego me dura algunos meses. Tengo que
estar varios días metido en ese menjunje de pétalos de rosas, pensamientos y
alcohol para que se me quiten los dolores de las piernas. Luego mi fiel Said me
frota con gel de aloe que es tan bueno para
curar las grietas de los pies y, así, me voy recuperando poco a poco. Si
no fuera por al amor que les tengo a los niños, y porque sabemos la ilusión que
les hace que vayamos esta noche a visitarlos, no tendría fuerza para llevar a
cabo esta empresa.
—Ttienes
razón, este trabajo es muy duro; por muy
Magos que seamos, supone un gran esfuerzo realizarlo. Antes, cuando dejábamos
los regalos, volvíamos a casa libres de peso y equipaje, pero ahora… ¿qué
opináis de la manía que les ha entrado
a los padres y a los abuelos de decirles a los niños que nos tienen que dejar
los chupetes para que nos los llevemos?
que si no, se quedarán sin regalos —añadió Gaspar. El año pasado
regresamos a casa con 150 kilos de esa goma que a los peques les da por
masticar.
—No seas
protestón, Gaspar, acuérdate que los
reciclamos e hicimos unas magníficas pelotas con los nombres de los niños que
nos regalaron sus chupetes y botaron tanto que llegaron hasta las estrellas —aclaró
Baltasar. Ahora hay muchas estrellas que llevan los nombres de los peques.
—Es una
maravilla que con nuestro poder y la goma masticada de esos chupetes hayamos
podido mandar hasta el firmamento los nombres de sus dueños. Yo creo que con
los que recojamos este año, podríamos hacer lo mismo. Así no se quedará ninguna
estrella sin nombre y por la noche los niños podrán hablar con ella y pedirle
deseos.
Hablando y
hablando, los magos llegaron a una encrucijada de caminos y entonces decidieron
separarse. Cada uno sabía que sendero debía tomar, así que, seguidos por
decenas de porteadores aceleraron la marcha para llegar a tiempo antes de que
amaneciera.
Esa noche
en todas las casas reinaba un gran
nerviosismo. Los niños habían cenado pronto y limpiado bien sus botas, habían
puesto paja para los camellos y los caballos, y para los Reyes y sus criados:
unos riquísimos trozos de turrón y tortas de Pascua. Además, en algunas casas
había también sobre la mesa un chupete o dos. Los pequeños sabían que debían dejarlos
para que se los llevasen, esa sería una señal de que se estaban haciendo
mayores. Era la única forma de convencerlos de que debían abandonar esa
costumbre de chupar y chupar cuando se hacían mayorcitos.
Después de
varias horas de intenso trabajo, al despuntar el alba, se volvieron a encontrar
en el cruce de caminos en donde se habían separado por la noche.
Todos los pajes
volvían cargados con algunos sacos llenos de chupetes, todos menos uno, que no
traía nada en su mochila.
| Ilustración de Guille |
—Parece
que este año vamos a volver a hacer pelotas; habéis recogido un buen
cargamento. Pero tú, Mohamed, ¿por qué no llevas ninguno? ¿Es que se te olvido traerlos?
—pregunto Gaspar— Se le han perdido los
chupetes y también la casaca y el turbante —siguió el Rey muy enfadado.
—Yo, Señor
—dijo preocupado el sirviente pensando
que le iban a regañar—, yo no tengo la culpa, además, si les cuento lo
que me pasó, tampoco me van a creer.
—Tú habla
y veremos si nos convences o no —le ordenó Melchor.
—Pues en Sevilla se rumoreaba que la culpa de que
los niños no nos entregasen sus chupetes
es del reino vegetal que se ha hecho amigo del reino animal; vamos, eso es lo
que por allí se oía.
—Pero, ¿qué
acertijo es ese?, no hay quién te entienda.
—Ve como
ya les decía yo que no me iban a creer. Majestad, parece ser que una flor, -reino
vegetal-, se ha hecho amiga de una gallina, -reino animal-, y las dos juntas
tienen unas ideas… ¿cómo diría yo? un
poco raras
—¿Una
gallina y una flor? —dijeron todos los que le escuchaban soltando una
carcajada.
| La gallinita es de mi sobrino Quique (5 años), la margarita, mía. |
—¿Acaso
las gallinas comen goma en lugar de trigo, y las flores hablan con los animales?
—dijo en voz alta Hamed, otro de los pajes.
—Sí, sí,
vosotros reíros, pero os voy a contar lo que me ocurrió cuando llegué a
Sevilla. Empecé a repartir los juguetes y a darle de comer a los camellos con
los alimentos que los niños nos habían dejado para ellos y, enseguida, me di
cuenta de que en ninguna de las casas había chupetes para recoger. Entonces le
pregunté a un mendigo que estaba en la calle casi sin ropa, me dio tanta pena
que le di mi casaca para que se protegiese del frio y el turbante para que con
el rubí que llevaba prendido pudiese comprar todo lo que necesitaba para
subsistir.
—Oiga,
buen hombre, ¿es que aquí en Sevilla los niños no usan chupetes para dormir? No
me han dejado ninguno para llevarme —le pregunté
—Claro que
tienen chupa y algunos llevan
enganchados dos o tres en el cuello, pero desde que el reino vegetal se ha
hecho amigo del reino animal todo ha cambiado.
—Y dale
con el acertijo, ¿se quiere explicar bien de una vez? me van a volver loco—le
dije ya un poco enfadado con tanta palabrería.
—Mire, yo,
a veces, voy a un parque que está por aquí cerca, el parque de los
descubrimientos-, y he oído decir que una gallina pintadita se ha hecho amiga
de una flor y, ya se sabe qué puede salir del cerebro de un ave aconsejada
por una flor. Pues una idea un poco loca: han tenido la idea brillante de que
los niños pequeños cuelguen sus chupetes en un árbol según se vayan haciendo
mayores, así que ellas son las causantes de que no hayas encontrado ningún
chupete por la ciudad.
—¿Una
gallina pintadita? Pintadita ¿de qué?
—Ah, pues
no sé, será pintadita de colores, creo que la gallina se llama Carmen. A lo
mejor esa gallina es la que pone los huevos de Pascua, todos llenos de
colorines, porque la gallina pintadita pondrá huevos ¿no cree? —preguntó el
mendigo
—¿Y la flor? —le pregunté.
—-La flor
se llama Margarita.
—Cuando oí
todo lo que me contaba y que encima le habían puesto nombre a la gallina y a la flor, os digo de
verdad que pensé que el mendigo se estaba riendo de mí —aclaró el paje—. Me
pidió que le acompañase, que me iba a enseñar en donde estaban todos los
chupetes de la ciudad y entonces nos acercamos al parque en donde había un pequeño árbol. Vi como de él
colgaban los chupetes como si fuesen frutas maduras El mendigo me dijo que
muchos días, las mamás se acercaban con sus niños y estos con lágrimas en los
ojos dejaban sus chupetes colgados del árbol,
pero después, ellas les contaban cuentos o les leían poesías a sus pies y todos se ponían muy alegres; miraban a las ramas y se sentían protegidos por estas.
Después de esta ceremonia se daban cuenta de que ya se estaban haciendo mayores
y a partir de ese momento el chupete no tenía que estar en sus vidas. Si alguno
seguía llorando y diciendo:
| El árbol de de mi nieto Pablo, hermano de Guille, 6 años. |
—¡Quiero
mi chupete, quiero mi chupete! significaba que todavía no era lo
suficientemente mayor como para desprenderse de él. Tendría que volver algunos
meses más tarde.
Melchor se
quedó pensativo, quería saber qué tenía que ver una gallina en todo ese
embrollo y encima aconsejada por una margarita, pero se les estaba haciendo
tarde y debían volver, ningún niño debía verlos, sino, se rompería el hechizo y
todos los juguetes desaparecerían.
—Queridos
Gaspar y Baltasar ¿qué pensáis de todo lo que nos ha contado este chiflado de Mohamed?
¿De verdad creéis que una gallina va a tener la idea de que cuelguen los chupetes en un árbol,
que sea amiga de una margarita y, además que se llame Carmen? Vamos ¡una
gallina llamada Carmen!
—Melchor,
es una pena que tengamos que volvernos enseguida, yo creo que Mohamed se ha
perdido por Sevilla o se le ha olvidado recoger los chupetes. De todas formas
tendremos los suficientes para seguir mandando nombres a las estrellas, —comentó
Baltasar—. Aunque pensándolo bien no es mala idea esa del árbol de los
chupetes. En cuanto hayamos regresado y descansado unos días, enviaremos a
alguien de confianza para que investigue y nos aclare todo este lío; con todos
los chupetes que llevamos podríamos hacer no un árbol, sino El bosque de los
chupetes.
Dejaron de
hablar y empezaron el viaje de regreso, les quedaba mucho camino por delante,
pero a los tres les había calado la idea de la flor Margarita y de la gallina
Pintadita Carmen.
En primer lugar ni nieto Guille, 10 años: Ha reciclado el dibujo de los Reyes que me hizo para otro cuento y le ha agregado el camello. También ha dibujado al paje con el carrito de chupetes.
Pablo: mi otro nieto de 6 años, nos ha obsequiado con el ärbol de los chupetes; también le ha quedado precioso.
Mi sobrino Quique, con solo 5 años, nos ha regalado La gallina pintadita. os digo de verdad que cuando le ví con qué gracia la dibujaba me quedé con la boca abierta.
Por último yo misma hice la margarita. Me entraron ganas de dibujar al ver a los niños lo bien que lo estaban haciendo. Lo pasamos estupendamente.
Les doy las gracias por ponerme el blog tan bonito.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Las lecciones de la vida. 2º y 3er.Ciclo y Secundaria
Dedicado a todas las personas que voluntariamente se juegan la vida para salvar la de otras que consideran más indefensas.
Era un día de verano. La familia de Juan había acudido a la playa con la esperanza de que el agua hiciese más soportable el sofocante calor y ya llevaban más de una hora instalados debajo de la sombrilla. La habían sujetado fuertemente porque en Tarifa, cuando el viento decía de soplar, lo hacía con furia y los bañistas estaban acostumbrados a ver los quitasoles salir volando como si fueran cometas. Juan estaba haciendo un castillo con la arena de las dunas, cuando al levantar la cabeza se dio cuenta de que pasaba algo que no era normal. Sus padres miraban al horizonte señalando un punto a lo lejos:
-Parece una barca; está tan llena que no puede avanzar. Yo diría que es una patera –dijo el padre a la madre- Creo que tienen problemas. Si no saben nadar, aunque estén cerca de la orilla pueden ahogarse, no ha sido la primera vez que ha ocurrido eso.
-Es verdad, hay que ayudarles -en ese momento todos los que estaban por allí cerca echaron a correr hacia el agua.
-¿Qué pasa papá? ¿A dónde vas?
-Juan, quédate aquí con tu hermana. No os mováis, por favor, la gente de aquella barca parece que está en apuros.
La hermana mayor de Juanito lo tenía cogido de la mano y este miraba con cara de susto lo que ocurría a su alrededor sin perderse detalle. Solo habían pasado unos minutos, cuando llegaron dos ambulancias de la Cruz Roja y de ellas bajaron muchos chicos y chicas que se dirigieron corriendo hacia la orilla. Sacaron a algunos hombres y mujeres y los dejaron descansando en la playa. El viaje tan largo les había extenuado.
-Juanito, mira –dijo su hermana- esos chicos son voluntarios.
-¿Y eso qué es?
-Voluntarios son las personas que ayudan a otros desinteresadamente; no cobran por su trabajo. Ahora están ayudando a los inmigrantes que acaban de llegar.
-¿Inmigrantes? ¿Qué son inmigrantes?
-A la gente que viene de otro país y se queda a vivir aquí, se les llama inmigrantes.
- ¡Ah! –exclamó asombrado de todo lo que sabía su hermana. Juanito vio cómo un grupo de jóvenes llevaba mantas y agua y las repartían a todos los hombres y mujeres que habían bajado de la barca.
-¿Por qué les dan mantas? si hace mucho calor.
-Seguro que ellos tendrán el frío metido en los huesos; habrán estado dos o tres noches en alta mar y allí la temperatura es más baja.
Después vieron cómo dos enfermeros llevaban en una camilla a una mujer embarazada. En otra, transportaban una persona totalmente cubierta: llevaba la cabeza tapada. Clara se quedó callada, no sabía si decirle a su hermano, que ese hombre o mujer ya no tenía frio, ni frío ni calor, sino que había muerto en el camino, buscando un mundo, que ellos creían mejor. Él era pequeño y pensó que era mejor que sus padres, cuando volviesen, le contasen lo que ellos creyeran oportuno. Estuvieron de pie durante mucho rato viendo pasar a los pobres hombres y mujeres tapados con las mantas y con botellas de agua en la mano; les acompañaban los voluntarios. Una enfermera llevaba de la mano un niño que era como un muñeco.
-Parece un bombón de chocolate,-dijo la hermana de Juan.
Tendría cinco o seis años y miraba todo su alrededor con unos ojos enormes que le resaltaban en la cara como si fueran dos faros. La enfermera lo soltó de la mano para ayudar a un compañero. En ese instante, Juan se separó de su hermana y fue corriendo hacia donde estaba el pequeño.
¿Jugamos? –le preguntó. Al otro niño se le iluminó la cara cuando oyó a Juanito. No le entendía, pero sabía que le estaba diciendo algo bueno. Juan le cogió de la mano y ambos echaron a correr hacia donde estaba su sombrilla. Al recién llegado se le pasaron todos los males cuando vio el cubo y la pala de Juan. Los dos querían decirse miles de cosas pero no podían, no hablaban el mismo idioma; entonces el niño de la patera se puso a dibujar en la arena; con el dedo fue trazando la silueta de un gran árbol, alto y de tronco muy grueso; al terminarlo lo señaló y dijo:
-Baobab, Baobab; al lado trazó una línea larga que parecía un río, con muchos cocodrilos y, junto al río, un elefante con su cría bebiendo agua. Juanito se quedó maravillado al ver los dibujos de su amigo. Cuando terminó, le señaló a Juan hacia el otro lado del mar. Juan pensó que algún día visitaría ese país tan maravilloso con árboles tan fantásticos y animales salvajes; después se pusieron a jugar al escondite. La hermana de Juan, de repente, cayó en la cuenta de que la madre del niño lo estaría buscando preocupada y, entonces, le llamó:
-Juan, ¿no crees que su mamá se va a asustar si no lo ve? Anda, vamos a llevarlo con su familia. Cuando llegaron donde estaba el grupo, la enfermera se enfadó con Juanito y la madre del niño empezó a llorar mientras lo abrazaba desesperadamente, las dos creían que se había perdido. Los niños se despidieron del pequeño con pena y la enfermera metió al chiquillo negro con su madre en una ambulancia. Juan estaba arrepentido de lo que había hecho, pero él solo quería hacerse su amigo. Al poco rato volvieron sus padres muy tristes.
-Mamá, cuéntame qué ha pasado por favor, ¿qué es una patera?
La madre no podía hablar, tenía un nudo en la garganta; entonces le respondió su padre:
-Mira hijo, Tarifa es el punto más cercano que hay desde España al continente africano, por eso, estos hombres lo han elegido para traer su barca. Parece que son de Senegal, allí son muy pobres, y piensan que al otro lado del mar está su salvación.
-Pero papá, es verdad, aquí están salvados. Ya no les va a pasar nada malo, ¿no?
-Hijo, seguramente, los devolverán a su país, aquí no hay trabajo para todo el mundo que entra a buscarlo; lo más grave es que venía con ellos otra patera y durante la noche han perdido su rastro. Van a empezar a buscarla los helicópteros del ejército. Clara y Juanito miraron la cara de su madre y, al verla preocupada, se echaron en sus brazos; estuvieron así los tres durante un buen rato. Verdaderamente los que vivían a este lado del mar eran afortunados. Cuando se tranquilizaron, Juanito se levantó y, sin decir nada, echó a correr hacia donde estaban todavía algunos voluntarios y miembros de La Cruz Roja.
-¿Dónde vas? Vuelve –le dijo su padre.
-Espera un momento, papá, que tengo que preguntar una cosa.
El niño se acercó al voluntario que estaba más cerca de él; era una chica un poco mayor que su hermana:
-¿Es muy difícil hacerse voluntario?-preguntó.
-No hijo, solo tienes que querer serlo - le contestó con una sonrisa.
-Pues entonces de mayor seré voluntario -y, diciendo esto, regresó junto a su familia.
Los padres le miraron con satisfacción, Juan había reaccionado como un hombre ante la dura lección que había recibido aquel día y que no olvidaría nunca; sin tener que estudiar, la había aprendido en el libro que más nos enseña: el libro de la vida.
El precioso dibujo es de mi nieto Guille.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Vanesa de los cardos. Educación infantil y 1er y 2º ciclo
Vanesa de los Cardos
Doña Vanesa, una elegante
mariposa de bellos colores, acababa de llegar de un largo viaje desde África- Había recorrido mil kilómetros en
dos o tres días como quien no quiere la cosa, y no estaba nada cansada. Ella
tenía un truco: aprovechaba los vientos que venían del desierto del Sahara y se
dejaba llevar por ellos, así no tenía que realizar ningún esfuerzo.
Era primavera y necesitaba un lugar donde poner sus huevos para
tener descendencia. Normalmente utilizaba una zona en donde proliferaban los cardos. Allí, sus huevos,
primero se convertían en unas oruguitas negras y amarillas, bastante peludas,
que se alimentaban de las flores que estas plantas pinchosas daban, después se
encerraban en una crisálida y, más tarde,
de cada una de ellas salía una preciosa mariposa, tan bonita, como su madre.
Vanesita, una de las orugas, estaba muy triste porque se
encontraba horrorosa. No le gustaba la forma agusanada de su cuerpo ni el color
a rayas negras y amarillas; tampoco le gustaba que estuviese cubierto de pelos
y, por último, lo que más le desagradaba era no poder volar como su madre.
—¿Cuándo podré volar cómo tú, mamá? Es aburridísimo ir
arrastrándome por el suelo mientras que tú vuelas por las alturas. Además… soy
tan fea, tengo muchas ganas de parecerme a ti.
—Mira, Vanesita —le decía su madre con mucho
cariño—, tendrás que tener mucha paciencia. Para llegar a mariposa, primero hay
que ser durante una semana, más o menos, una oruguita y aunque tú te veas fea, para mí eres la cosa
más linda del mundo — le explicaba su mamá dándole ánimos—, luego te encerrarás
en un saquito de dormir colgada de una rama y después de estar allí unos días,
despertarás una mañana transformada en una linda mariposa.
Vanesita no veía la hora de convertirse en una
Vanesa de los Cardos hecha y derecha, que era como llamaban los demás insectos
a su mamá, hasta que un día se hizo el milagro, el saquito desapareció y pudo
desplegar al aire sus preciosas alas de color naranja, moteadas con lunares
negros y blancos. ¡Qué guapa se veía! Ya no tenía ningún complejo, revoloteaba
por aquí y por allá luciendo palmito y presumiendo delante de otros insectos a
los que ella consideraba más feos. No se había dado cuenta de que
cada insecto tiene una forma diferente porque se tiene que adaptar al
medio que le rodea y, ahí, no hay ni guapos ni feos si no que son de
una manera y no de otra porque siguen las leyes de la Madre Naturaleza
El día amaneció precioso,
el sol no calentaba demasiado y soplaba una ligera brisa que Vanesita aprovechó
para levantar el vuelo y recorrer un espacio muy grande sin tener que
esforzarse demasiado. Se detuvo cerca de un gran lago. Se acercó revoloteando y
se dio cuenta de que había otra Vanesa de los Cardos frente a ella dentro del
agua.
—¡Sal de ahí que te vas a ahogar !—exclamó Vanesita, pero la
otra mariposa no la hizo caso, parecía que le estaba haciendo burla; todos los
movimientos que hacía ella, los repetía
sin parar.
Tan enfadada se puso que echó a volar y volvió con su madre,
creyendo que dejaba a la otra mariposa dentro del agua.
Cuando se lo contó a doña Vanesa, ella se imaginó lo que había
ocurrido y volvieron las dos juntas al lago; tenía que empezar a darle lecciones
a la pequeña.
—Mira, Vanesita, ¿Cuántas mariposas ves ahí dentro?
—Dos, mamá.
—¿Y si yo me aparto de la orilla?
—Solo una, mamá.
—Entonces ¿Qué es lo que crees que ocurre?
—Pues no sé —la pobre Vanesita no se imaginaba lo que ocurrIa.
—Mira, las dos mariposas que ves ahora somos nosotras. El agua nos devuelve nuestra
imagen cuando nos acercamos al lago.
—Entonces esas alas tan bonitas ¿son mías? ¿Y ese cuerpo tan
esbelto también?
—Sí, así eres tú ahora —contestó su madre.
—Pues entonces, vendré todos los días al lago a mirarme.
—Ni hablar, no sabes lo peligroso que es eso, Vanesita, aquí hay
muchos pájaros, peces, ranas y sapos que
estarán encantados de que te acerques para comerte.
—¿Para comerme?, ¡Qué va mamá! Quién va a querer comerse una cosa tan linda
como yo. Los mayores siempre amargando a los jóvenes.
La madre se preocupó al escuchar a su hija.
—Prométeme que no vendrás, prométemelo.
Vanesita hizo un gesto de asentimiento con sus antenas y la
madre se quedó satisfecha.
Esa noche la mariposa no dejaba de pensar en lo bonita que se
había visto reflejada en el agua; la luna estaba en el cielo iluminándolo todo
y ella no pudo resistirse.
—Iré una vez más, solo esta noche. Me fijaré bien cómo soy y
mañana saldré de viaje con mi madre y mis hermanas.
Vanesita voló hasta el lago; el
cielo estaba cuajado de estrellas y la luna tan brillante que parecía que era
de día. Se acercó al agua y estuvo volando por encima como si estuviera
interpretando un ballet acuático. No dejaba de mirarse reflejada en ese líquido
espejo y de pensar en lo linda que era. Se oía un ruido sordo y seco que ella
no conocía; era el croar de las ranas, también el chapotear de algunos peces
que saltaban fuera del agua para capturar insectos, pero ella inconscientemente
creía que el peligro no existía; de repente algo saltó a su lado y la salpicó.
Se sobresaltó mucho, pero voló más alto y se recuperó pronto del susto, después
volvió a interpretar su danza, cada vez más segura de la belleza de sus
movimientos y de su cuerpo. De repente, algo largo y
glutinoso salió de un cuerpo viscoso con ojos saltones que se encontraba encima
de una roca. No tuvo tiempo de reaccionar, era tarde para levantar el vuelo y,
Vanesita cayó atrapada dentro del estómago de un sapo horrible,
que se relamió con su captura.
Queridos peques, es la primera vez que termino un cuento sin
final feliz pero no hacer caso de los consejos de los mayores trae a veces
malas consecuencias.
Si queréis saber más
cosas sobre las mariposas podéis pinchar en este enlace y allí encontrareis
cosas muy interesantes
http://www.kidsbutterfly.org/life-cycle/spanish
viernes, 2 de noviembre de 2012
Guille y Pablo: Llega Cheetah. Educación infantil y primaria.
Lo he subido ahora para hacerla un pequeño homenaje.
![]() |
| Cheetah |
Nana, la perrita de Guille y Pablo, está muy viejecita y además se ha puesto enferma. Los dos niños la quieren mucho, por eso, cuando vienen de la calle van a verla, la buscan por toda la casa hasta que la encuentran.
Casi siempre está metida es su caseta porque le cuesta mucho trabajo andar. La llevan muchas veces a que la vea Susi, la veterinaria.
Esta les ha dicho que si le dan unas pastillas todos los días mejorará. Parece que le sientan bien pero, Mayca, la mamá de los niños, piensa que, además de enferma, Nana está muy sola. Antes, tenía la compañía de Pongo pero desde que este no está- se lo llevaron sus primos a una casa más grande porque necesitaba espacio para correr- está muy triste:
- Niños, he pensado que vamos a comprar otro perrito.
-¡Bien!-, gritan contentos-, así Nana tendrá compañía.
-Bueno, también hay que pensar que algún día Nana se morirá y así tendremos otro cachorrito.
-Mama, nosotros no queremos que Nana se muera-, le dicen los dos niños.
-Ya lo sé, pero es muy viejecita y está malita; lo más seguro es que se vaya al cielo de los perros en cualquier momento.
Los niños se ponen a llorar pensando que Nana se va a morir, así que, para que se les pase el disgusto la madre se va en busca de un libro de razas de perros que tiene desde pequeña y empieza a mirar cuál es cachorro que más les conviene:
-A mí me gustan los Beagles-, dice Guille muy contento, pensando que podrá tener uno.
-Y a mí también-, repite Pablo al que le gustan las mismas cosas que a su hermano.
En ese momento entra el padre:
-¿Qué estáis haciendo?
-Estamos mirando un perrito nuevo para que le haga compañía a Nana y por si se muere pronto-, explica Pablo haciendo pucheros.
-Bueno, no llores. A lo mejor falta mucho para que eso ocurra. ¡Venga, vamos a elegir uno! y el papá se agrega al grupo para animarlos.
A su padre le gustan los foxterrieres. Siempre ha soñado con tener un perro de esa raza. Encienden el ordenador y buscan en las páginas de venta de animales:
-¡Mirad! venden cachorros de foxterrier con pedigrí, justo lo que yo quiero-, dice. Guille se queda un poco desilusionado pero si traen un foxterrier también lo va a querer mucho.
Su mamá llama al teléfono que indica en la página de internet, y se pone de acuerdo con el dueño de los perritos en que se lo van a mandar por una agencia de transportes que está especializada en llevar animales de un sitio a otro. Los niños están contentísimos, van a tener un cachorrito nuevo dentro de dos días.
Les mandan una hembra y le poner de nombre Cheetah, porque los Foxterrier corren mucho lo mismo que esos felinos. El nombre lo ha elegido Guille porque dice que el Cheetah es el animal que más le gusta.
Cuando llegan del colegio van corriendo a verla. Es una perrita preciosa que tiene casi todo el cuerpo blanco con algunas manchitas marrones y otras más pequeñas, negras. No para de llorar porque echa de menos a su mamá, entonces la meten en la caseta de Nana, se acurruca junto a ella y se calla.
Los abuelos vienen a conocerla:
-¿Qué nombre le habéis puesto?
-Cheetah.
-¿Le habéis puesto nombre de mono a un perro?
-No abuela, cheetah como los leopardos.
Claro, esta palabra aunque se escribe así, se pronuncia de otra forma, por eso los abuelos entienden: Chita
-No nos gusta, parece que la llamáis Chita como a la mona de Tarzán.
Los niños se quedan un poco desilusionados por la opinión de sus abuelos pero inmediatamente se les olvida y se van a buscarla.
Le gusta mucho jugar con ellos y desde pequeñita se la ve que tiene genio pues gruñe cuando la regañan si hace algo malo.
Es muy inquieta y no para de correr por el jardín. A veces tira alguna maceta. Cuando oye algún perro fuera, rodea la valla ladrando y trepando por ella hasta que se va. ¡A la pobre Nana la vuelve loca!
La compañía de Cheetah ha sido muy beneficiosa para ella. Ha mejorado mucho y está más contenta, sin embargo el cachorrito se ha hecho grande y a veces las dos perras se pelean. Cheetah no respeta que Nana sea más mayor y quiere comer antes que ella, así es que Nana tiene que hacer valer sus derechos.
Aparte de los roces en la comida, se llevan muy bien y les gusta mucho dormir juntas.
| Nana |
La mamá empieza a llorar porque ella tiene a Nana desde hace mucho tiempo, casi desde que era una niña ¡Menos mal que los niños no están en casa!
Nana mira a Mayca y cierra los ojos para siempre. Cuando llegan Guille y Pablo, preguntan por ella porque no la ven.
-Susi se la ha llevado a la clínica para ver si mejora-, les dice su madre esperando el momento adecuado para darles la mala noticia. Ellos se conforman y juegan con Cheetah.
Los días van pasando y los niños cada vez están más encariñados con su nueva perrita. Cuando Mayca cree que ya están preparados, les dice:
- Me ha llamado Susi, Nana se ha ido al cielo de los perros.
Los dos niños se quedan callados. Pero luego Pablo le pregunta:
-¿Entonces mamá, ya no la vamos a ver más?
-No Pablo, ahora tienes a Cheetah para que te haga compañía.
lunes, 22 de octubre de 2012
Guille y Pablo, el niño mágico 1º y 2º de Primaria
El niño mágico
Pablo
está sentado viendo la televisión. A él no le gusta que le besen ni que le
achuchen. Siempre que llegan sus abuelos, para no tener que darles un beso, se
busca unas excusas muy raras y se esconde donde pilla: detrás del sillón,
debajo de la mesa de la cocina, en el lavadero o se queda tumbado en el sofá
y se tapa con alguna manta. Guille, que es mas mayor, sale a recibirles y
les da a los dos un beso y un abrazo muy fuerte.
—Hola
Guille, ¿Estás solo? —le preguntan sus abuelos guiñándole un ojo
—Pues
sí, Pablo se ha ido.
—No
estoy, soy invisible, hoy soy un niño
mágico, así que no me busquéis porque no
me podéis ver —dice una vocecita que sale de algún rincón de la casa.
Los
abuelos le siguen el juego y empiezan a buscarle por la cocina.
—¿Estás
debajo de la mesa? A lo mejor está en un armario.
—Creo
que es verdad que se ha ido de casa.
Guille
está cansado de que todos los días haga lo mismo.
—Está
en el sofá, tapado con una manta —susurra
al oído de la abuela, un poco fastidiado.
. —Nos
vamos a sentar a descansar un poco —dicen los abuelos y, con cuidado para no
hacerle daño, se sientan en el sofá encima de él; Pablo empieza a chillar porque le han
descubierto.
—¡Anda!,
pero si estás aquí, venga danos un beso que ya te hemos pillado –le piden.
—A ver :
Pito pito gorgorito
¿Dónde vas tú tan bonito?
A la era verdadera
Pin pan pun fuera
—Hoy no toca beso —dice Pablo.
—Pues entonces, hoy, tampoco
toca cuento –le contesta la abuela.
A Pablo le gustan mucho los
cuentos, así que se decide a darles un beso; les da uno a cada uno, pero
tan pequeño que casi no se nota.
—Venga, abuela que ya te lo he
dado, cuéntame un cuento.
— Bueno, vale: Erase una vez una ranita amarilla que vivía en una charca en
medio de un bosque...
—Abuela, las ranas no son
amarillas, son verdes —le interrumpe Pablo.
—Pablo, hay ranas de muchos colores
—¿Pero aquí, en este planeta?
La abuela se ríe:
—Sí es este planeta. ¿Quieres
verlas en internet?
—Sí, sí, vamos a verlas.
La abuela, Guille y Pablo se
meten en internet y ven la gran cantidad de ranas de colores que hay por el mundo: naranjas, a rayas,
amarillas y negras, rosas y negras a rayas, verdes con lunares negros, cabeza
naranja y patas azules.
—¡Qué bonitas! abuela. Venga sigue con el cuento.
La abuela mira el reloj y ve que se ha hecho muy
tarde; los niños tienen que cenar e irse pronto a la cama
—Lo siento, pero ya no es hora de seguir con el
cuento, mañana cuando vuelva os lo seguiré contando siempre que estés dispuesto
a darnos un beso al abuelo y a mí.
—Pues no sé, a lo mejor, mañana también soy mágico.
—Este niño no
tiene arreglo —comentan riéndose sus abuelos mientras Guille se despide de ellos con un beso y un abrazo muy fuerte.
—¡Hay que ver que diferentes son estos chicos! No
parecen hermanos.
—No te preocupes mujer, cuando se haga mayor ya se
le quitará esa manía.
jueves, 18 de octubre de 2012
Un ogro simpaticón de Liana Castello Educación infantil y 1er. ciclo de Primaria
jueves, 4 de octubre de 2012
Guille y Pablo: Guille y la decisión del lobo. 2º y 3º de Primaria.
Guille se había quedado dormido leyéndole un cuento a su hermano; Pablo siempre elegía el de Caperucita porque le hacía mucha gracia el lobo. El libro se le soltó de las manos y se cayó desde la cama al suelo. Se abrió por la primera página.
Decía así:
Por fin había terminado de llover. El sol se asomaba tímidamente entre las nubes observando lo limpio que había quedado el bosque, después del chaparrón. Él, y su aliada la lluvia, tenían los árboles y las flores de un brillante precioso, así que se sentía muy contento.
El lobo, escondido detrás de un magnífico castaño, había aguantado estoicamente el aguacero. ¡Qué le iba a hacer! Desde que a Perrault se le había ocurrido colocarlo en este cuento, estaba acostumbrado a soportar las inclemencias del tiempo, tanto en invierno como en verano, siempre lo mismo; además ya estaba un poco aburrido de esperar todos los días a que pasase Caperucita, hacerle siempre las mismas preguntas y repetir las mismas fechorías.
-¿Dónde vas, Caperucita? ¿Qué llevas en esa cestita?... No me extraña que diga que soy tonto o por lo menos desmemoriado –pensaba el lobo mientras se sacudía fuertemente las gotas de agua que habían quedado dentro de su pelo-. Si al menos pudiésemos variar el diálogo, no sé…por ejemplo: ¿Qué tal, Cape? ¿Cuándo terminas las clases? ¿Te mola tu profe? ¿Por qué no me das ahora el trozo de pastel y, así, me ahorras el trabajo de ir a casa de tu abuela? Mira que la pobre ya no está para que todos los días se lleve esos sustos, un día le va a dar un patatús, y yo tampoco tengo ganas de ponerme su camisón, que cada vez me queda más estrecho; ahora estoy más viejo y mis hechuras no son las de antes. ¡Lo que daría por un conejito al ajo cabañil! Pero aquí no hay nada que comer, solo frutos del bosque y flores. ¡Tendría que haberme hecho vegetariano y, así, estaría mucho más tranquilo!
Creo que Caperucita ya viene por allí, ¡ahí va! si la acompañan un montón de turistas japoneses. Bueno, hoy sí que habrá que representar muy bien el cuento.
El lobo se acicaló pasándose la lengua por sus patas y por la cara y, cuando ya estuvo satisfecho del resultado, empezó como todos los días su actuación:
-¡Hola, Caperucita! ¿Dónde vas tan aprisa?
-Voy a casa de mi abuelita, que está enferma.
-¿Y qué llevas en esa cestita?
-Pues un trozo de pastel y una jarrita de miel.
-¿Y dónde vive tu abuelita?
Así comenzaba otro día para el lobo, con las mismas situaciones de siempre:
-Ahora tendré que echar a correr para llegar antes que ella y asustar a la abuelita, y meterme en la cama y, luego, que si tengo los ojos y los dientes muy grandes y, después…, lo que venía después, eso sí que no lo podía resistir; cuando veía aparecer al cazador se le ponían los pelos de punta y le entraba un temblor en las patas que no podía dominar.
¡Hasta cuándo este suplicio! Lo tenía muy pensado, lo mejor sería cambiarse de cuento.
-Mañana mismo me mudo.
A la mañana siguiente, cuando Pablo se levantó, volvió a pedirle a su hermano que le leyese el cuento de Caperucita, pero cuando Guillermo lo abrió exclamó:
-¿Qué le ha pasado a este libro? No está el lobo en ninguna parte; parece como si alguien hubiese recortado los dibujos.
-Pues así no me gusta –le dijo Pablo- anda léeme otro, coge El libro de la Selva.
Guille tomó el cuento que le había dicho su hermano de la estantería y se dispuso a leérselo, mas cuando lo abrió, los dos hermanos se llevaron una agradable sorpresa: en medio de una preciosa manada estaba su lobo. Descansaba lamiéndose las patas; a su lado se podían ver los restos de un pequeño animal que acababa de cazar ; por fin, se le veía satisfecho en ese lugar; allí solo se ocupaba de hacer lo que más le gustaba en la vida, ser un lobo. Los niños lo miraron sonriendo, le hicieron un guiño y cerraron con cuidado el libro.
El dibujo lo hemos hecho entre mi nieto Guille y yo. Le convencí, a medias, de que dejase de ver el fútbol para realizarlo.
martes, 25 de septiembre de 2012
Caperucita Liberty
| Liberty con un precioso chubasquero rojo |
Caperucita LIBERTY no tiene miedo del lobo, nunca ha visto ninguno y será muy difícil que le salga alguno entre los árboles, empezando porque en las ciudades ya casi no hay árboles, así que lobos tampoco. No tiene que llevar ninguna cestita a ninguna abuelita, ni tampoco llamar a los cazadores para que la salven; esos son tonterías comparado con el trabajo que le han encomendado; es algo mucho más importante y delicado y no puede fallar nunca porque eso supondrá un gran peligro para Maite, la persona a la que ha sido designada.
| Como veis es una perrita preciosa y muy lista. |
LIBERTY es una labrador hembra de un color canela clarísimo, tanto es así que Maite, que todavía ve un 5% creía que era blanca cuando se la entregaron en el LEADER DOG for the blind en Rochester Hill, Michigan.
En España había una lista de espera de tres años y ella necesitaba sentirse libre y no depender de nadie para salir a la calle. Por eso se decidió a ir allí
Cuando hace unos meses nos contó que lo tenía todo preparado, pensamos que era una locura, una empresa muy difícil y arriesgada para una mujer con el 5% de visión. Pero la Once ya lo tenía todo organizado, se iban a marchar a Estados Unidos cinco personas a buscar a su perro guía con la única compañía de un intérprete.
Quedamos en vernos en Valencia, donde ella vive, en los jardines del rio frente al Palau y la vimos llegar triunfante y vencedora, guiada por su perra LIBERTY.
- Cuando me entregaron a LIBERTY-, nos contaba-, el instructor me dijo que al verme supo que esa era mi perra. Lo hacen así con todos; estudian a las personas primero y luego le adjudican a su guía. Me encantó su nombre “Libertad”
| Contándonos a mi hermana y a mí su bonita historia |
Nos contó tantas cosas bonitas sobre los instructores, los perros y sus dueños que estábamos emocionadas. Quizá algún día escriba un cuento sobre LIBERTY y Maite, una pareja de valientes que ahora pasean por Valencia. Cuando llegó la hora de volver nos dijo que en ese momento ya no la podíamos acariciar ni distraer porque empezaba su trabajo
-Find the bordillo-, le dijo-, Ahora Find casa
Las vimos alejarse por la rampa que teníamos enfrente y admiramos el valor de Maite, la dedicación de los instructores, el cariño de las familias que tienen a los perritos cuando nacen sabiendo que al año los tienen que devolver y la sabiduría de LIBERTY. Todos esos actos desinteresados han conseguido que Maite pasee en libertad con LIBERTY.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Guille y Pablo. Empieza un nuevo curso Ed. Infantil y 1er. ciclo de primaria.
| Dibujo realizado por Guille Martínez Ortiz |
Guille
y Pablo
Empieza
un nuevo curso
Las
vacaciones han terminado y todos los niños se preparan para empezar un nuevo
curso.
Guille y
Pablo se han levantado un poco nerviosos, por eso no tienen ganas de desayunar,
sin embargo su mamá les ha hablado de lo
importante que es el desayuno para estar fuertes y poder trabajar mucho. Los
niños se han convencido y han tomado un
poquito de zumo y un gran vaso de leche con galletas. Guille este año pasa a 2º
de primaria y Pablo a 2º de infantil.
El
colegio está en el centro de Murcia y durante el trayecto van cantando a grito
pelado Hombre lobo en París, una canción que les gusta mucho. Su mamá deja el
coche en un garaje para poder acercarlos sin prisa. Pablo, antes de salir del
coche se cuelga del agarrador con una mano, se encoge y hace tantas piruetas
que parece auténticamente un mono. Su madre le regaña, pero a él le encanta
hacerlo y, aunque promete que no lo va a hacer más, se le olvida y al día
siguiente lo vuelve a repetir.
El patio
del cole es grandísimo, con muchos árboles y columpios para que los niños y las
niñas se diviertan. Hoy es el día de bienvenida, así que estarán
solo dos horas. Mañana ya tendrán el horario completo.
Al llegar,
Pablo le ha dado un beso a su señorita y se ha puesto contentísimo al ver a
todos sus amigos. Los han colocado en fila, con una mano en el hombro del
compañero que tienen delante y haciendo el tren se han preparado para ir a
clase.
—Siempre
tenemos que entrar de esta forma, mamá —le explica mientras se despide de ella
moviendo la mano que le queda libre.
Como es
el primer día de clase no han llevado babi.
Al salir, Pablo comenta que se lo ha pasado muy bien porque solo han
jugado y se han tomado el bocadillo en
el patio.
—Mamá, la
señorita dice que estoy muy guapo y que
me he hecho muy mayor —le comenta muy orgulloso a su mamá.
Guillermo,
como es mayor, está en otra parte del edificio en una planta más arriba.
En la
clase de Guille han pasado lista y cada niño ha elegido su sitio. Se han
sentado de cuatro en cuatro, como es natural cada uno ha elegido a sus amigos.
Hoy solo
han coloreado y han hablado de las vacaciones, pero mañana tienen que traer
todos los libros forrados y los cuadernos con los nombres puestos.
En casa,
después de comer, han forrado el
material para llevarlo todo listo. Se han acostado temprano para poder levantarse
descansados.
El
segundo día de colegio ya ha sido un día normal de clase. Pablo ha venido muy
contento porque ha aprendido a escribir su nombre. Lo ha escrito en un
rectángulo de cartulina que la señorita ha pegado encima de su mesa:
—Así no
os confundiréis y cada uno de vosotros
se sentará en su sitio sin que haya problemas —ha indicado la seño a todos los
niños.
Luego han
cantado una canción muy bonita que se llama “Jugando al escondite”. Pablo no
para de tararearla en casa. Su abuela, como también se la sabe, la canta con él.
Guille ya ha empezado con las fichas y también
ha hecho un copiado.
Cuando
sus padres los ven tan mayores y trabajadores se sienten muy orgullosos de
ellos.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Mi pequeño homenaje a Roald Dahl
| Carátula de la película. |
| Ilustración de Quentin Blake. |
Me ha asombrado la psicología de su autor para entender el mundo de los niños sobre todo cuando leí la historia de su vida y me enteré que nunca trabajó en el mundo infantil.
Inmediatamente leí Charlie y la Fábrica de Chocolate y ahora empiezo con El Vicario que hablaba al revés.
En fin, estas letras son mi humilde homenaje a ROALD DAHL, un excelente escritor que cada vez es más conocido entre nuestros niños. Espero que si alguien todavía no ha tenido entre sus manos ningún cuento suyo no espere más y se decida a sumergirse en sus libros; cuando lea el primero no parará hasta saborearlos todos. Estoy segura.
