Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

viernes, 27 de mayo de 2022

Guille y Pablo. Pablo se queda sin cumpleaños.

 






Pablo se queda sin cumpleaños

Son la ocho de la mañana y ha sonado el teléfono en casa de los abuelos de Guille y Pablo. Es la mamá de los niños que llama preocupada porque Pablo ha amanecido malito. Bueno en realidad ha pasado toda la noche vomitando.

—¿Mamá, puedo dejarlo contigo? Tengo que trabajar y no sé qué hacer. Tenemos que llevarlo al médico ¿Puedes hacerlo tú?

La abuela de Pablo le dice que sí, que lo lleven a su casa   y que luego ella lo acercará a la doctora.

Pablo llega casi sin fuerzas, no ha desayunado y tampoco ha podido dormir. Viene llorando:

—¿Qué te pasa cielo? Ya verás cómo la doctora te manda una medicina que te cura muy rápido.

El niño sigue llorando.

—Sí, pero… ¿Y mi cumpleaños? es esta tarde.

De repente la abuela se acuerda. ¡Es verdad! Esa tarde tenían la fiesta del cumpleaños y no lo va a poder celebrar. Pablito no tiene consuelo. Sabe que hay muchos niños de su clase que esperan con ilusión la salida del colegio para ir a una sala de bolas donde lo van a celebrar.

—Mira, Pablo, no te preocupes; a lo mejor para esta tarde ya estás bien. Vamos a ver lo que te dice la doctora.

Se ha tumbado en el sofá y le han puesto los dibujos de la Pantera Rosa. Pasado un rato, la abuela entra a buscarlo.

—Venga, ya es la hora del médico. Vámonos a ver lo que te dice.

La abuela le abriga muy bien porque hace frio. Él está muy pálido y algo mareado. Además, le duele un poco la cabeza. En la consulta han tenido suerte porque no han tenido que esperar.

—A ver Pablo ¿qué te pasa?

—Pues, es que esta noche he gomitado y no podía dormir porque me dolía la cabeza.

La doctora le pone la mano en la cara y le dice:

—Tú tienes fiebre. Vamos a comprobarlo. Le coloca un termómetro digital  en la frente y lo confirma.

—Efectivamente 37’8. Tienes que estar en casa tranquilito. Nada de salir a la calle que hace mucho frío —dirigiéndose a su abuela le dice—, debe tomar mucho suero y hoy que esté a dieta. Solo alguna galleta o un poco de pan tostado. Que beba mucha agua.

—¿Y mi cumpleaños? ¿Puedo ir esta tarde a celebrarlo?

—Me temo que no, no vas a tener fuerzas, además debes reposar.

Pablo se calla pero no lo puede remediar, nada más oírla, empiezan a caerle unas lágrimas gordísimas que le mojan toda la chaqueta. Mientras sale, la abuela intenta convencerle.

—Te voy a contar lo que le pasó a tu tío José Miguel un día cuando era un poco mayor que tú.

Pablo se seca los ojos y escucha atentamente

—Toda la clase se iba a esquiar a la nieve de viaje de fin de curso, y él estaba muy contento. Tenía todo el equipaje preparado para salir por la mañana muy temprano. Él iba todos los día a natación, y esa tarde hizo lo mismo de siempre, pero, mira por dónde, un listillo, en los vestuarios,  le robo los deportivos y él se tuvo que volver a casa con las sandalias de goma puestas. Como era invierno llevaba los pies húmedos y  se resbaló y se cayó al suelo, rompiéndose el tobillo.

—¿Y no pudo ir de viaje, abuela? —preguntó el niño con cara de pena.

—Pues no, le tuvimos que llevar al hospital y  le pusieron una escayola. Tuvo que estar un mes sin poder moverse.

—Sí, pero todos mis amigos me están esperando esta tarde —dijo Pablo volviendo a acordarse de su cumpleaños.

—No te preocupes, que tu mamá les va a avisar  y lo celebrareis otro día.

—Abuela, ¿y el tío José Miguel pudo ir luego a la nieve?

—Después ha ido varias veces, pero, ese día, se fueron todos sus compañeros menos él, que  se quedó con muchísima pena en casa, sabiendo que por culpa de otro chico, se le habían estropeado sus sueños. Así es la vida Pablo, hay veces que las cosas no salen como queremos.

 Pablo parece que se convence, pero, de repente, se vuelve hacia su abuela y le dice:

—Abuela, entonces ¿me vas a comprar cromos? —le pregunta poniendo   cara de pena.

—¡Hay que ver!, como me lo pides así, es difícil decirte que no. Vale, luego te compraré dos sobres.

—No, cuatro —replica el niño

—Tres, le regatea la abuela.

Pablo se ha convencido, hoy no tendrá su fiesta de cumpleaños, pero sabe que dentro de unos días su mamá se la celebrará; la verdad es que en el fondo es un niño con suerte.

 

 

jueves, 17 de marzo de 2022

La Luna y el Sol, lectores

Ilustración tomada de Internet por NEW-Genesis

 

La Luna lee de noche

bajo la luz de un farol.

El Sol lo hace de día,

 le gusta mucho el calor.

La Luna lee poemas

que se los escribe el Sol.

Se los lee a las estrellas

que la aplauden con ardor.

El Sol lee muchos cuentos,

dicen que es un gran lector,

todos niños le escuchan

cerca del ventilador.

Todas las tardes, el Sol,

al terminar la jornada

le escribe a su enamorada

un lindo verso de amor.

Al amanecer, la Luna,

aunque se encuentra cansada

le pone al Sol en su almohada

un poema y una flor .

 

lunes, 28 de febrero de 2022

BIBLIOTECA DE SUEÑOS







BIBLIOTECA DE SUEÑOS, así se llama la antología de cuentos infantiles que ha resultado del trabajo de 97 autores e ilustradores que, de una forma altruista, hemos trabajado con el mismo fin, editar un libro que recogiese todas nuestras historias para llenar de sueños las cabecitas de los niños lectores.
Sin embargo, no ha salido solo un tomo, sino tres maravillosos tomos de este arduo trabajo colectivo y aquí está el booktrailer para que  podáis haceros una idea de lo que se trata.
Todo lo que se recaude con su venta de donará a la asociación JUEGATERAPIA  que se dedica a llevar la ilusión a niños que lo necesitan. 
 

  




 

lunes, 21 de febrero de 2022

LA OTRA TARDE BAJÉ AL MAR

 La otra tarde bajé al mar

para buscar caracolas.

¡Quería hacerme un collar!

Anduve toda la playa

sin poderlas encontrar.

Agachadita  en la arena

busqué y busqué sin parar,

pero el agua me traía

solo espuma, nada más.

Alguna bolsa bailaba

como si bailase un vals.

Mi alma se entristeció

al verla  feliz  flotar.

¿Dónde está el mar de mi infancia

donde  me solía bañar,

 y jugaba con la arena

sin colillas que quitar?

Yo no quiero un mar sin conchas

aunque pinchen al  pisar

 y me tenga que calzar

escarpines  para andar.

 Quiero peces, sal y  viento

que me acaricie al pasar.

Ver  los barquitos  veleros

navegar sin ensuciar.

Quiero revivir mi infancia

para volver a soñar

con un mar limpio y salado,

como solía encontrar

cuando era muy pequeña

y no sabía nadar.

 

 

 

 

 

martes, 11 de enero de 2022

CARLITOS Y LA CAMISETA DE HULK

 



 Carlitos y la camiseta de Hulk

 

Carlitos está loco con su camiseta verde Es la camiseta que viste Hulk, uno

 de sus héroes favoritos. La lleva puesta todo el día encima de su ropa y

 también se la pone encima del pijama, si se descuidan sus padres.

Cuando se viste con ella se pone en jarras y saca músculo, por eso, hoy va

 detrás de su abuela como alma en pena.


—Abuela, ¡lávamela, porfi! Está manchada   de chocolate. No me la puedo

 poner así.

—Carlitos, no se va a secar, y no te la puedes poner mojada.

—¡Que sí abuela! Por favor, lávamela   y luego me la planchas.

Ahí la han tocado en su punto flaco.

—Carlitos, eso de la plancha está reñido conmigo. Yo te cuento un cuento

 si quieres, pero no me pidas que te planche nada porque no me gusta

 planchar.

Carlitos está muy enfadado. Cuando se pone de mal humor no hay quien le

 aguante.

—Anda, se me ha ocurrido una cosa— le dice la abuela—. La lavamos y

 luego la meto en la secadora y así no hay que plancharla.

A Carlitos se le ha cambiado la cara, se le ha puesto una sonrisa que

 parece un angelito. Ya se le ha pasado el disgusto, pero ahora va detrás de

 la abuela preguntando que cuando va a terminar la lavadora. Ella le lleva a

 la cocina y le dice:

—Mira, ¿ves? ¿Qué pone ahí?

—Pone 8.

—Pues hasta que no salga el cero, no se puede abrir, y ten en cuenta que la

 lavadora cuanta al revés… 8,7,6,5,4,3,2,1,0.

 A Carlitos le ha satisfecho la explicación, así que se sienta con las piernas

 cruzadas mirando como se mueve el tambor, igual que si estuviera viendo

 la televisión. Enseguida vienen Josemi y Clarita y se sientan a su lado.

 Desde el salón se oye a los tres contando en voz alta: 7, al ratito 6, y así

 hasta que la lavadora se para.

—¡Abuela! Ya se ha parado, sácala. Vamos a ponerla en la secadora.

La meten en la secadora, pero como no se ve la camiseta desde fuera, e

s más aburrido estar sentado delante de ella, así que se va a jugar con sus

 hermanos.

Al rato la camiseta ya está seca y como si la hubiesen planchado. La

 abuela se la enseña a Carlitos. Él se ha puesto contentísimo. Se la pone y

 sin decir nada se va al cuarto de baño. Se mira al espejo y saca musculitos

 como su héroe favorito.

¡Qué fácil es hacer feliz a un niño1

 

 

 

 


martes, 26 de octubre de 2021

UN DIENTE EN EL BOCADILLO

Dibujo de Guillermo Martínez Ortiz.

                                                        Un diente en el bocadillo

Parece ser que con el otoño, además de la caída de las hojas, llega la caída de los dientes, como le ha pasado a mi nieto José Miguel. Espero que os guste su aventura.

 

 

José Miguel miraba con apetito el bocadillo que le acababa de dejar su madre encima de la mesa. Era de jamón y tomate rallado. Las lonchas de jamón asomaban por los costados del pan y parecían decir “Comedme”, o eso es lo que creía escuchar José Miguel cuando las miraba. Lo del tomate, eso ya era distinto. Hubiera preferido que estuviera solo el pan, pero no había forma de que sus padres aceptasen el hecho de que a él no le gustaba la verdura.

Empezó a mordisquearlo con delicadeza para saborearlo bien. Su hermano Carlitos le miraba con envidia. Él quería otro igual, pero ya había merendado un trozo de bizcocho y su madre le dijo que después del bizcocho, un bocadillo era demasiado.

José Miguel abrió la boca todo lo que pudo porque el pan era bastante alto, casi no le cabía, hincó los dientes, y notó como algo se desprendía de su encía aunque sin hacerle daño. Miró y para su sorpresa vio un pequeño dientecito clavado en el bocadillo.

—¡Mamá, papá! ¡Se me ha caído un diente!, ¡se me ha caído un diente y no me ha dolido nada!

El niño salió corriendo a decírselo a sus padres y abuelos que estaban charlando en la cocina.

Todos le dijeron que se lo enseñara, pero cuando el niño volvió a por el bocadillo, el diente había desaparecido.

En ese momento se armó un gran alboroto; pusieron el bocadillo encima de la encimera y empezaron a diseccionarlo como si estuvieran operándolo, pero nada, el diente no aparecía.

—¡Tiene que estar ahí!, ¡tiene que estar! —decían los mayores.

—Mira bien entre el jamón —le decía José Miguel a su padre.

José Miguel seguía muy sorprendido ante el jaleo que se había armado.

—Tiene que aparecer para que lo pongas debajo de la almohada, y el ratoncito Pérez te traiga este noche un regalo —le decían sus abuelos.

José Miguel no hacía más que mirarse, en el espejo, la mella que se le había quedado en la encía, sin prestar atención al lío que se había formado en la cocina buscando su diente.

—“Pobre bocadillo” —pensaba Carlitos.

—Hay que encontrarlo para guardarlo, ahora están investigando

 si se pueden sacar células madres para curar enfermedades —

comentaban los abuelos.

De repente alguien se acordó del perro.

—¡Tango!, puede que se lo haya comido él.

Todos se fueron corriendo hacia el salón. El perro, al verlos acercarse a él como locos, se escondió debajo de la mesa.

—¡Tango!, ¡sal! —le decían a voces.

Al final, el  pobre animal obedeció. Lo primero que hicieron fue abrirle la boca por si todavía no se lo había tragado, pero los únicos dientes que se veían eran lo propios del perro, que por cierto, eran bastante grandes y fuertes. Menos mal que el boxer era un santo y aguantó sin cerrar la boca hasta que lo dejaron en paz.

—Bueno, seguro que cuando mañana limpiemos el salón aparecerá, no te preocupes —le dijo su madre viendo la cara de disgusto que tenía el niño —.  Además, el ratoncito Pérez sabe que se te ha caído, seguro que te deja algo debajo de la almohada.

—¿Y por qué lo sabe? —preguntó Carlitos.

—El ratón Pérez es un mago,  sabe todo lo que se refiere a los niños.  —le contestó su padre.

Después de un rato revolviéndolo todo, dejaron de buscar el diente.

Los abuelos se fueron a su casa y los niños a la cama. José Miguel estaba un poco triste.

—No te preocupes, ya verás como te traerá un regalo.

Carlitos y Clarita se acostaron con ganas de hacerse pronto mayores para que el ratoncito les trajese a ellos también un regalo.

Cuando la mamá se quedó sola, bajó al salón y se agachó para buscarlo detenidamente en la alfombra.

¡Allí estaba!, ¡al lado del sillón! Tanto buscar dentro del bocadillo y en la boca de Tango, y  se les había pasado mirar bien en el suelo.

Cuando subió para decírselo al niño, este ya estaba dormido, seguro que estaba soñando con un mundo de ratones y palacios de nácar.

Colocó con cuidado el dientecito debajo de la almohada y se fue a dormir.

Al día siguiente un reluciente coche rojo apareció debajo de la cabecera.

¿Cómo era posible que un ratón tan pequeño hubiese   podido subir el coche a la cama?  Se preguntó de nuevo José Miguel.

—¡Es un ratón mágico! —recibió por respuesta.

 

 

lunes, 19 de julio de 2021

Las aventuras veraniegas del pulpo Pepito. Para todas las edades.




 


El pulpo Pepito, autor Guille.

Las aventuras veraniegas del pulpo Pepito.

 

 

 

            Pepito, el pulpo, está preparando una preciosa maleta toda forrada de conchas y  caracolas. Se va  de vacaciones por primera vez en su vida. Él vive en el fondo del mar,  pero quiere cambiar de ambiente como todo el mundo. ¡Por fin, ha llegado el verano!

 Elige una bonita costa del mediterráneo para pasar el mes de agosto, concretamente una playa de arenas doradas que le conquistan por su belleza.  Entre la arena hay  rocas llenas de cuevas  donde esconderse, algas, anémonas y esponjas, tan bonitas y llenas de colores, que decide quedarse allí durante un tiempo.

—Aquí pasaré mis vacaciones. Este sitio me gusta, parece tranquilo.

 Pepito, el pulpo, está tan cansado que estira sus ocho tentáculos llenos de ventosas y se pasa un rato  tomando el sol bajo las aguas cristalinas.

Busca una gruta protegida por  anémonas y algas. Los habitantes de la zona son peces muy amables y pacíficos que  lo reciben con las aletas abiertas.

—Nos alegra mucho conocerte, Pepito —le dicen unos boquerones que  nadan con movimientos muy elegantes delante de él, presumiendo de sus reflejos plateados.

Una preciosa estrella de mar de color anaranjado se acerca avanzando por la arena con  unos movimientos tan sugerentes que parece que está bailando. 

—Nunca  había venido un pulpo de vacaciones por estas rocas, ¡ya iba siendo hora de tener otros vecinos! —exclama muy contenta.

—Los que vivimos  aquí estamos hartos de ver siempre las mismas caras  —comenta un erizo de púas negras y brillantes, mirando a doña Elisa, la estrella, con cara de aburrimiento.


Se acerca, moviéndose con elegancia, un caballito de mar al que todos saludan cariñosamente.

—¿Qué tal Carmelo?

Carmelo enseguida ve al pulpo y empiezan a charlar como si fueran amigos de toda la vida.

Mientras están hablando, aparece por allí Vicente, el cangrejo. Va muy rápido moviendo sus patas muy ligero, parece que tiene mucha prisa.

—¡Hola a todos! —dice efusivamente—. Siento deciros que no me puedo entretener, necesito llegar a mi casa cuanto antes.

—Espera un momento, que te vamos a presentar a don Pepito. Acaba de llegar de vacaciones.

Don Pepito saca uno de sus tentáculos para saludar al recién llegado y  estrechar una de las pinzas de  Vicente con mucha alegría, pero  las ventosas del pulpo se le pegan a las patas del cangrejo. ¡Madre mía!  Qué jaleo se han hecho, los ocho brazos del pulpo  enredados entre las patas del cangrejo. Vicente se ha llevado un gran susto. ¡Por fin consiguen separarse!

—Siento haberle asustado —dice disculpándose el pulpo—. No soy muy habilidoso con mis tentáculos.

—¡Menudo susto me ha dado, don Pepito! Por aquí hay algunos individuos que no son de fiar. Por un momento pensé que quería comerme —le dice el cangrejo mientras se aleja  corriendo.

Todos se han quedado un poco sorprendidos ante lo ocurrido.

Doña Elisa, la estrella piensa que hay que organizarle una fiesta de bienvenida al nuevo vecino.

—¿Qué os parece si esta noche celebramos un baile para conocernos un poco? Le diremos  al calamar que venga. Él toca muy bien las maracas.

—Pues yo con las conchas vacías de las caracolas toco la batería —añade Pepito.

—¡Ah! ¿Sí? —exclaman todos.

 —Sí y, además, sé tocar la caracola.

La estrellita le mira muy ilusionada. ¡Con lo que a ella le gusta bailar!

—Le diré a la morena que te consiga una concha vacía de caracola. A ella también le gusta mucho la fiesta y…

Todos están charlando tranquilamente, cuando de repente ven reflejadas en el agua las sombras de dos niños.

            —¡Socorro, sálvese quien pueda! Ya están aquí los pescadores de todos los días. Escóndete Pepito, rápido.

            A Pepito no le ha dado tiempo a meterse en la cueva y nota como una mano lo coge y lo sujeta; él suelta la tinta azul para escabullirse, pero ya es tarde. Los niños lo sacan del agua y lo meten en un cubo.

            —¡Un pulpo! ¡Hemos cogido un pulpo!

  Pepito oye gritar a Guille y a Pablo como locos. Cree que ha llegado su hora.

—¡Mira que   venir a esta playa para terminar en una cazuela! Con lo a gusto que estaba en el fondo del mar —piensa aterrorizado.

—Vamos a enseñárselo a mamá —dicen los chicos.

Los niños llevan el cubo con Pepito, muy asustado. El pulpo mira hacia el cielo y solo ve un montón de caras que le observan con asombro.

Después de estar enseñándolo a todos los bañistas, escucha una voz:

—Bueno chicos, ya va siendo hora de que lo echéis otra vez al mar. Ya sabéis que los pulpos están protegidos —dice la madre de los pequeños.

Ellos se meten en el agua y con mucho cuidado vuelcan el cubo para que Pepito salga sin hacerse daño.

—Después de este susto, necesitaré dos o tres días para reponerme. Además, venir de tan lejos me ha dejado agotado.

Por fin Pepito puede descansar, acurrucado en su cueva se duerme plácidamente.

Pero por la noche, a la entrada de su cueva están todos sus amigos llamándole, con gana de juerga. No le dejan descansar todo lo que él quisiera.

Se han acercado a la gruta todos sus vecinos: Vicente, el cangrejo, Elisa,  la estrella, Carmelo el caballito, Casimiro, el erizo  y una morena larga, larga que le asusta hasta a él.

Autores Guille y Pablo, los pescadores de pulpos.

—No tengas miedo, está es Catalina —dice la estrella—. Te ha conseguido una concha de caracola para que hagas música.

Enseguida llega el calamar y le acompaña. Los dos  tocan la batería  sobre caracolas vacías y la cosa se empieza a animar. Unas almejas se agregan al grupo y tocan las castañuelas.

 El caballito de mar con otros amigos empieza a ejecutar una danza uniendo sus colas. Llegan los boquerones, las medusas, y otros peces de muchos colores; todos bailan al compás haciendo una coreografía tan linda, que ya la quisieran en los campeonatos  del mundo en natación sincronizada.

Todos cantan una canción que está muy de moda entre los cuarenta principales de los fondos marinos, se llama: Bajo el mar. 

Bajo del mar, bajo del mar

 Nadie nos fríe ni nos cocinan en una sartén

Si no te quieres arriesgar bajo del mar te quedarás.

Y sin problemas entre burbujas tu vivirás, Bajo del mar!!!!

 

Se lo están pasando pipa pero ha llegado don Mero, el policía acuático  de la zona a poner orden.

—¡Ya es hora de acostarse! Las sardinas y las pescadillas se están quejando, mañana tienen que salir para realizar un largo viaje.

¡Ooooh! Tienen que terminar la fiesta y  marcharse. Todos se despiden hasta el día siguiente.

El pulpo Pepito piensa que en sus primeras vacaciones se lo va a pasar pipa.

Cuando sale el sol se asoma a la gruta y allí  le están esperando, Elisa, la estrella y  los demás vecinos.

—¿Qué tal has dormido? —le preguntan—. Perdona, pero ayer, con el lío de la fiesta no pudimos avisarte de que en esta playa hay muchos niños que  se entretienen pescando. ¡No puedes estar distraído ni un segundo! Ya lo sabes —le advierte su vecina—. A la única que no molestan es a Catalina, la morena, porque tiene unos dientes tan grandes que les asusta enseguida.

De repente alguien dice de nuevo.

EL VERDADERO PULPO PEPITO.

—¡Atención! ¡A los escondites! Ya están aquí otra vez los pescadores.

Pepito ve que en un momento desaparecen todos sus amigos y él vuelve a quedarse solo. No le da tiempo a meterse en la cueva.

“Las mismas sombras de ayer y la misma mano. Esta vez voy a defenderme, no me van a coger tan fácilmente” —piensa.

Pepito extiende sus tentáculos: con dos de ellos se agarra a la roca  y con el resto empieza a presionar con sus ventosas en los dedos y en el brazo de Guille, pero este lo sujeta con la otra mano y… ¡otra vez al cubo!

—¡Otro pulpo! ¡Otro pulpo! Ya llevo dos este año —vuelve a gritar.

—Pero… ¡este niño es tonto! ¿Es que no se da cuenta de que soy el mismo de ayer?

El pulpo ya no está tan asustado como la primera vez, pero no está dispuesto a seguirles el juego a los chicos. ¡Como sigan así, le van a dar las vacaciones!

—Seguro que mientras esté por aquí,  voy a tener que aguantar lo mismo todos los días. Si esto se vuelve a repetir, hago la maleta y me largo.

Después del segundo susto, don Pepito no tiene ganas de muchas juergas y aunque van a buscarle las medusas, los boquerones y otros habitantes marinos, él prefiere quedarse tranquilo en su escondite.

De pronto, ve de nuevo sombras alrededor de su cueva.

—Tienen que estar por aquí, parece que este año hay muchos pulpos.

—No me lo puedo creer. ¡Otra vez dando la lata! —exclama Pepito.

—¡Aquí, aquí hay otro! —grita una voz bastante conocida por nuestro amigo. Mamá, he visto otro pulpo. ¡Tres llevo este año!

—¡Queréis dejar en paz a los pulpos! —les ordena su madre—. Ya está bien. ¡Pobrecillos!

Los niños se salen del agua enfadados, pero Pepito ya no aguanta más sustos. Lo tiene decidido, allí no va a poder descansar, así que decide volver a casa.

Ya ha hecho la maleta de conchas y caracolas y se despide de todos los que le habían acogido tan amablemente, les da su dirección por si algún día quieren ir a visitarle. Todos se quedan muy tristes y le dicen adiós moviendo unas algas muy largas a modo de pañuelos. Doña Elisa, la estrella es la que está más apenada, ya tenía  preparada otra concha de caracola vacía para la próxima fiesta.

             A la mañana siguiente, los pescadores no encuentran ningún pulpo más, se les ha acabado la buena racha. Ahora se tendrán que contentar con jugar a la pelota, que también es muy divertido.

A mis nietos Guille y Pablo, pescadores de pulpos.

La letra de la canción es parte de la banda sonora de la película La Sirenita.



Gonzalo, un niño de cinco años, ha dibujado a su primo Jorge y a Guille y Pablo cuando pescaron al pulpo Pepito.
¿A que está muy gracioso el dibujo?